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MARIONETA: LAZOS DE SANGRE Y OBSESIÓN

MARIONETA: LAZOS DE SANGRE Y OBSESIÓN

Status: Terminada
Genre:CEO / Arrogante / Dominación / Completas
Popularitas:588
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa





Han transcurrido tres años desde aquella noche en que Antonia recuperó su libertad y Aarón comprendió que el amor no se encadena, sino que se respeta. Tres años en los que cada uno ha reconstruido su vida sobre las cenizas del pasado: Antonia brilla como actriz consagrada, dueña de su escenario y de su destino; Aarón ha redimido sus errores, saneado su imperio y se ha convertido en un hombre íntegro, serio y reservado, guiado por la lealtad y la palabra dada; Vicent ha construido junto a él una nueva etapa, firme y honesto; e Irina dirige con dedicación su fundación, transformando su experiencia en refugio para quienes lo necesitan.

La paz parece definitiva… hasta que las sombras regresan con un rostro aún más cruel.

El nuevo titiritero, Julian Van Thal, un hombre influyente, frío y sin escrúpulos, heredero de un imperio aún más vasto que el que alguna vez tuvo.

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Capitulo 20

La noticia llegó como un golpe frío una tarde lluviosa. El administrador del teatro buscó a Antonia en el camerino, con el rostro desencajado y un papel en la mano que temblaba entre sus dedos.

—Antonia… tengo que decirte algo —dijo con voz quebrada—. Nos han notificado el cierre inmediato. Inspección, permisos revocados, presiones desde arriba… todo en un solo día. El teatro cierra sus puertas.

Antonia se quedó inmóvil, sintiendo que el suelo se le movía bajo los pies.

—¿Cierran? ¿Por qué ahora? ¿Qué pasó?

—No hay explicaciones claras —respondió él bajando la mirada—. Solo sé que las presiones vienen de muy alto. Alguien con mucho poder ha decidido que este lugar deje de funcionar. Y todos sabemos para quién brillas tú aquí.

Antonia apretó los puños, con la rabia mezclándose con el miedo.

—Julian —susurró—. Es él. Quiere quitarme mi lugar, mi voz, mi vida… para obligarme a ir a la suya.

—No puedo luchar contra esto sola —admitió el administrador—. Tienen influencia, dinero, contactos que nosotros no tenemos. Lo siento mucho, Antonia.

Ella salió del teatro con el corazón desbocado y llamó a Aarón temblando de rabia y desesperación. En menos de quince minutos él llegó, no con furia, sino con calma firme, la calma de quien ya esperaba algo así.

—Lo sé —dijo apenas la vio—. Me enteré antes de que me llamaras. Julian ha movido todos los hilos. Cree que quitándote el escenario, te quitará tu fuerza. Se equivoca.

—Va a cerrar el teatro —dijo ella con la voz rota—. Es mi casa, Aarón. Todo lo que construí… ¿lo va a destruir solo para obligarme?

—No lo va a destruir —respondió él tomándola de las manos—. Porque yo estoy aquí. Conozco ese mundo, las mismas puertas que él toca, las mismas personas que él cree que le pertenecen. Y no va a tener todo su camino libre.

—¿Puedes detenerlo? —preguntó ella mirándolo a los ojos—. No quiero que pelees mis batallas por mí, pero… no quiero perderlo todo.

—No lo haré por ti —corrigió él con ternura—. Lo haremos juntos. Yo pongo los contactos, la experiencia, la estrategia. Tú pones la voz, la dignidad, la fuerza que te hace ser tú. Y te prometo que no va a lograr lo que quiere.

Durante las horas siguientes, Aarón se puso en movimiento. Habló con abogados, con autoridades, con socios antiguos que le debían favores y con otros que simplemente respetaban su palabra. Explicó la situación, mostró pruebas de las presiones, puso su propia reputación como garantía. Y cuando Julian creía tener todo listo para el anuncio definitivo, la noticia llegó de vuelta: el teatro no cerraba. Las inspecciones se suspendían, los permisos se renovaban, las presiones se desvanecían como si nunca hubieran existido.

En su despacho, Julian escuchó el informe con el rostro endurecido, apretando el borde del escritorio con tanta fuerza que los nudos se le pusieron blancos.

—¿Me estás diciendo que se ha bloqueado todo? —preguntó con voz gélida—. ¿Que nadie se atrevió a cumplir lo que pedí?

—Alguien más poderoso ha intervenido —respondió su asistente con cautela—. Ha neutralizado cada paso, cada llamada, cada orden. Ha cerrado todas las puertas que tú abriste.

—¿Quién? —exigió Julian levantándose de un golpe—. ¿Quién se atreve a interponerse en mi camino?

—Aarón De Santis —fue la respuesta baja y clara—. Él está protegiéndola. Ha puesto su nombre, su influencia y su fortuna en esto. No la deja sola.

Julian soltó una risa seca y peligrosa, caminando despacio hacia la ventana. La rabia no lo consumió; lo transformó en algo más frío y decidido.

—Aarón De Santis… —repitió saboreando el nombre—. El hombre que la tuvo y la perdió. Cree que puede recuperarla rodeándola de cuidados y protección. Qué tierno.

—¿Retiramos la presión? —preguntó su asistente.

Julian negó con la cabeza lentamente, sus ojos brillando con una determinación oscura.

—No. Esto no es un obstáculo. Es un desafío. Cree que su dinero y sus contactos pueden mantenerla lejos de mí. Lo demostraré equivocado. No importa quién se ponga delante. Ni De Santis, ni nadie. Ella será mía. Y cuanto más luche por mantenerla libre… más le costará al final.

—¿Qué hacemos ahora?

—Seguimos —ordenó Julian girándose con la mirada feroz—. Cambiamos de táctica. No atacamos el lugar. Atacamos los cimientos. Si él quiere jugar a ser su escudo… lo haré añicos. Y cuando caiga, ella verá que solo tiene un lugar seguro: a mi lado.

Mientras tanto, en el teatro, Antonia abrazó a Aarón con alivio, con gratitud y con algo más profundo que empezaba a echar raíces.

—Lo lograste —dijo ella—. No sé cómo, pero lo hiciste.

—No lo hice solo —respondió él acariciándole el rostro—. Lo logramos. Y esto es solo el comienzo, Antonia. Ahora él sabe que no estás sola. Y eso lo va a poner más peligroso.

—Lo sé —asintió ella con firmeza—. Pero ya no tengo miedo de estar acompañada. Que venga. Que intente todo lo que quiera. No me va a quebrar.

Aarón la miró con orgullo y amor profundo.

—Así se habla. Y pase lo que pase… no te soltaré.

—Y yo a ti —prometió ella.

Antonia apretó su mano con fuerza, con los ojos brillantes de determinación.

—Cree que quitándome el teatro me quita todo —dijo con voz firme—. No sabe que yo soy más que un escenario. Soy más que un lugar.

Aarón le acarició la mejilla con admiración.

—Eres mucho más. Y eso es lo que él nunca va a entender. Él quiere poseer tu brillo. No sabe que tú eres la luz.

—Que intente apagarme —respondió ella levantando la barbilla—. No puede. No mientras tenga voz para cantar y corazón para elegir mi camino.

—Así le demuestras que se equivoca —prometió él—. Y yo estaré a tu lado. No para sostenerte, sino para caminar contigo.

—Juntos —repitió ella—. Y no nos rendiremos. Jamás.

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