Hay sentimientos que nacen sin pedir permiso... y secretos que pueden cambiarlo todo
Ella nunca imaginó que conocer a aquella persona cambiaría su manera de ver el mundo. Entre miradas, conversaciones inesperadas y momentos que parecían insignificantes, comenzó a surgir algo que ella no se atrevía a reconocer
Pero todo no es tan sencillo como parece. Hay cosas que deben permanecer ocultas, emociones que cuestan admitir y secretos que, tarde o temprano, terminan saliendo a la luz
Mientras intenta descubrir qué significa realmente lo que siente, tendrá que enfrentarse a sus miedos, a las dudas y a las circunstancias que amenazan con separarlos
Porque aveces el amor más intenso es precisamente aquel que nadie puede conocer
¿ Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para proteger un amor que debe permanecer en secreto?
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Volver a encontrarse
El sábado llegó. Desde por la mañana, Carla no había dejado de recordarle a Lucía que tenían que ir a casa de Jessica.
—No te olvides —le escribió.
—No me voy a olvidar —respondió Lucía.
—Bien. Porque Jessica nos está esperando.
Lucía dejó el teléfono sobre la cama. Por alguna razón, sentía nervios. No sabía si Javier estaría allí. Y aunque una parte de ella prefería que no apareciera, otra parte tenía curiosidad por verlo.
No quería volver a sentirse como aquella niña que se quedaba callada cuando él entraba en una habitación. Ahora era diferente. Habían hablado. Se conocían un poco más. Pero aun así, los nervios seguían allí.
Cuando llegaron a la casa, Jessica salió a recibirlas.
—¡Por fin!
—Te dijimos que vendríamos —respondió Carla.
Sofía llegó unos minutos después. Las cuatro comenzaron a conversar en el salón. Lucía se sentía cómoda. Hasta que escuchó una voz desde el pasillo.
—¿Ya llegaron?
Su corazón dio un pequeño salto. Javier apareció. Esta vez no fue como aquella primera vez. No hubo un simple saludo desde lejos. Javier se acercó.
—Hola, Lucía.
Ella sonrió.
—Hola.
—Hace tiempo que no nos vemos.
—Sí.
—Aunque hablamos bastante por mensajes.
Lucía soltó una pequeña risa.
—Eso es verdad.
Carla observaba la escena en silencio. Sofía también. Pero ninguna comentó nada.
Javier se quedó conversando con ellas durante un rato. Preguntó por los estudios de Lucía y recordó inmediatamente lo que ella le había contado sobre su trabajo escolar.
—¿Así que sigues siendo la mejor de tu clase?
Lucía negó con la cabeza.
—No siempre.
—Rufino habría estado orgulloso de escuchar aquello.
—Eso no me lo creo —respondió Javier.
—Pues tendrás que creerme.
Todos rieron. Lucía se sorprendió al notar lo natural que se sentía aquella conversación. Ya no era la niña que no podía pronunciar una palabra frente a él. Podía bromear. Podía ser ella misma. Y eso le gustaba.
Más tarde, mientras Carla y Jessica estaban en otra habitación y Sofía hablaba con Layla, Lucía se quedó unos minutos en el salón. Javier estaba allí.
—¿Puedo preguntarte algo? —dijo él.
Lucía lo miró.
—Claro.
—¿Por qué me escribiste después de tanto tiempo?
Lucía se quedó callada. No podía decirle toda la verdad de golpe. No podía decirle todo lo que había sentido durante esos años.
Así que respondió con calma:
—Porque me acordé de ti.
Javier sonrió ligeramente.
—Yo también me había acordado de ti alguna vez.
Lucía levantó la mirada.
—¿De verdad?
—Sí.
Hubo un breve silencio.
—Eras muy callada cuando te conocí —añadió él.
Lucía sonrió.
—Ya me lo habías dicho.
—Y ahora hablas mucho más.
—He cambiado.
—Sí. Se nota.
Aquellas palabras hicieron sonreír a Lucía. No necesitaba que Javier dijera nada más. Por primera vez, sentía que él realmente la estaba conociendo. No como la niña tímida de aquel cumpleaños. Sino como Lucía.
Cuando llegó la hora de regresar a casa, las amigas se despidieron de Jessica y Layla. Lucía se quedó unos segundos en la puerta. Javier estaba detrás.
—Nos vemos, Lucía.
Ella se giró.
—Nos vemos.
Caminó junto a Carla y Sofía. Después de unos minutos, Carla rompió el silencio.
—Bueno...
Lucía la miró.
—¿Qué?
Carla sonrió.
—Nada.
Sofía soltó una carcajada.
—Otra vez con tus "nadas".
Lucía también comenzó a reír. Pero mientras caminaba entre sus dos mejores amigas, pensó en algo que la hizo sonreír. Quizá había pasado demasiado tiempo intentando entender lo que había sentido por Javier.
Quizá ahora simplemente debía dejar que las cosas sucedieran con naturalidad. Sin apresurarse. Sin imaginar un futuro que todavía no existía.
Porque, por primera vez, ya no estaba enamorada de un recuerdo. Estaba empezando a conocer a una persona real. Y Javier sentía curiosidad por la persona en la que Lucía se había convertido, pero sin apresurar nada.
Sofía y Carla seguían ahí, caminando a su lado, haciendo bromas como siempre. La amistad seguía fuerte, y eso era lo que más le importaba a Lucía. Sabía que pasara lo que pasara, podía contar con ellas.
aunque no sé cómo, por la distancia