Isabella sabe convertir cualquier viaje en una experiencia inolvidable.
Alessandro Moretti sabe conseguir todo lo que desea.
Entre destinos de lujo, miradas que dicen demasiado y una atracción imposible de ignorar, ambos descubrirán que hay encuentros que no estaban en ningún itinerario.
Porque algunas tentaciones llegan para cambiarte el destino.
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Cruda verdad
La casa estaba en silencio.
Isabella había dejado el bolso sobre una silla y todavía llevaba puesto el abrigo.
No había tenido tiempo de quitarse el collar que Alessandro le había regalado.
Sus dedos tocaron la pequeña estrella.
Sonrió.
Pero la sonrisa duró poco.
Su teléfono volvió a vibrar.
Daniel.
Isabella respiró profundamente antes de contestar.
—Hola.
—Pecas.
Solo escuchar aquella palabra hizo que algo se le estrujara en el pecho.
—Hola.
—¿Ya llegaste?
—Sí.
—¿Dónde estabas?
Isabella cerró los ojos.
—Con Alessandro.
Hubo silencio al otro lado.
No era necesario explicar quién era, pero lo hizo, sus palabras salieron sin poder detenerlas.
Daniel sabía perfectamente quién era Alessandro. Ese jefe que había mostrado más interés del necesario, aquel que había captado la atención de Isabella y Emma.
El hombre tenía todo y a pesar de su mala fama como rompe corazones parecía ser un buen tipo. A Daniel le molestaba la cercanía entre ellos, pero Isabella merecía lo mejor y sabía que su trabajo le apasionaba. Era incapaz de cortarle las alas, pero la necesitaba, la extrañaba por alguna extraña razón sentía que el CEO le había robado algo importante.
—Has estado demasiado tiempo fuera de casa.
—Lo sé. Prometo compensarles, es fin de año y algunos negocios deben quedar listos.
—Entiendo y no quiero discutir contigo, te extraño.
—Daniel...
—Pecas, escúchame.
Su voz era tranquila, pero firme.
—Estos últimos meses casi no has estado aquí, tienes un trabajo fijo, ahora solo trabajas para una sola persona y aun así siento que es más absorbente que cuando tenías 3 o 4 al mismo tiempo.
Isabella se sentó lentamente.
—He tenido mucho trabajo, auque es una sola empresa son muchos itinerarios.
—Lo sé, lo sé, pero quiero estar contigo, Emma quiere estar contigo.
—Todo lo que hago es por ustedes.
—También lo sé.
Aquella respuesta le dolió más.
—Dani yo...
—Pecas necesito que entiendas algo.
Isabella guardó silencio.
—Emma y yo queremos pasar fin de año contigo.
Ella bajó la mirada.
—Daniel...
—Emma te necesita y yo también. Trata de terminar el trabajo del treinta y uno mañana y así pasamos un lindo día juntos.
El corazón de Isabella se apretó.
—Llegaré tarde... No creo...
—Isabella ¿Es normal que quiera estar con mi esposa y con mi hija en una fecha así?
Isabella cerró los ojos.
No había reproche en sus palabras o tal vez si y quizás por eso dolían más.
—Tienes razón.
—No quiero que trabajes. Habla con tu jefe.
—No trabajaré, hablaré con Alessandro.
—No quiero que estés pensando en llamadas, hoteles, clientes o problemas.
—Lo intentaré.
—Quiero que estés aquí, por completo.
Isabella respiró profundamente.
—Voy a estar.
—¿Prometido?
Ella tragó saliva.
—Prometido.
Daniel guardó silencio unos segundos.
—Em está preparando algo para ti.
Isabella sonrió.
—¿Qué cosa?
—No me quiso decir.
—Seguro será una de sus locuras.
Daniel rio suavemente.
—Es igualita a ti.
Aquello hizo que Isabella cerrara los ojos.
—Dani...
—¿Sí?
—Te quiero.
Hubo una pausa.
—Yo también, Pecas.
La llamada terminó.
Isabella permaneció sentada.
Miró nuevamente el collar, la pequeña estrella descansaba sobre su pecho Y sintió que acababa de partirse en dos.
Al otro lado de la ciudad, Alessandro estaba frente a una pequeña caja negra.
Matteo estaba sentado frente a él.
—No puedo creer que finalmente lo hayas hecho.
Alessandro abrió la caja.
Dentro había un anillo, Sencillo, elegante, Perfectamente elegido.
Matteo lo observó.
—¿Estás seguro?
Alessandro cerró la caja.
—No.
Matteo levantó una ceja.
—¿No?
—Tengo muchas dudas.
—Eso sí me sorprende, el rey de l mujeres ¿Dudando?.
Alessandro se recostó en el sofá.
—No sé si ella está preparada.
—No pues, y tú estás preparadisimo.
—Tampoco, lo sé.
Matteo soltó una carcajada.
—Entonces están perfectamente preparados.
Alessandro sonrió.
Pero inmediatamente volvió a ponerse serio.
—Es diferente, Matteo.
—Lo sé.
—Nunca había pensado en esto. Nunca me vi atado a una mujer.
—¿Pedirle que sea tu novia? Es normal.
—No es eso. Nunca había tenido la necesidad de querer que una mujer se quedara.
Matteo lo observó en silencio.
—¿La amas?
Alessandro tardó unos segundos.
—Como un loco.
La respuesta salió sin esfuerzo.
Sin miedo.
—La amo, la amo y no puedo ocultarlo más.
Mateo sonrió.
—Entonces... ¿Detuviste la investigación? Ese detective que contrataste para saber todo de tu Isabella.
-Lo llamaré para cancelarlo.
Alessandro miró la caja.
—Deseo que diga que sí.
—¿Y si dice que no?
Él sonrió.
—No va a decir que no.
—¿Tan seguro estás? - Preguntó Matteo, quería irritarlo.
Alessandro se levantó.
—He pasado toda mi vida consiguiendo lo que quiero, esta no será la excepción.
—Las personas no funcionan como los negocios y menos las mujeres.
—Lo sé. Sé que Isa es distinta.
—Entonces no conviertas esto en una negociación, deja de ser tan cuadrado.
Alessandro se acercó a la ventana.
—¿Pasarán fin de año juntos?
Él sonrió.
—La verdad, no. Ella dijo que la pasaría con su familia, pero "Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña"
—Eso sí quiero verlo.
Alessandro metió la caja en el bolsillo interior de su saco.
—Después de media noche iré por ella.
—¿Por qué esperar?
—Porque quiero que sea especial, pediré la mano a su hermano, creo que ella le teme un poco, debe ser muy rígido.
Matteo lo miró y soltó una risilla.
—¿Y si te dice que no? Me imagino al hermano diciendo: Señor he leído sobre usted y es un mujeriego, no le voy a dar la mano de mi hermanita.
Alessandro se volvió.
—So no lo hace, lo convenceré.
Matteo sonrió.
—Ahí está otra vez el hombre arrogante.
Alessandro negó con la cabeza.
—Esta vez no es arrogancia.
Tocó el bolsillo donde guardaba el anillo.
—Es esperanza.
Durante los días siguientes, Isabella intentó concentrarse en el trabajo.
Pero no podía.
Cada vez que miraba el collar, pensaba en Alessandro. Cada vez que escuchaba a Emma, pensaba en su casa y cada vez que pensaba en fin de año, sentía que el pecho se le hacía pequeño.
Alessandro, mientras tanto, parecía más decidido que nunca.
Le escribía, La llamaba, Le enviaba fotografías de lugares donde quería llevarla.
Incluso había empezado a hablar de viajes para el próximo año.
—Quiero llevarte a Italia.
—Ya he estado en Italia.
—Pero no conmigo y si no te gusta entonces te llevaré a otro lugar.
—Aless...
—Quiero que el próximo año tengamos más tiempo.
Isabella se quedó callada.
—¿Estás ahí?
—Sí.
—Estás muy callada.
—Estoy cansada.
—Entonces descansa.
Ella sonrió.
—Lo intentaré.
Alessandro no sabía que esas palabras escondían una despedida.
Él pensaba en futuro.
Ella pensaba en cómo sobrevivir al presente.
El treinta y uno de diciembre llegó.
La ciudad estaba completamente iluminada.
Fuegos artificiales preparados, Restaurantes llenos,Hoteles decorados, Familias reunidas.
Parejas brindando por un nuevo comienzo, Alessandro estaba frente al espejo.
Su traje estaba impecable.
La caja del anillo aún descansaba en el bolsillo.
Matteo apareció detrás de él.
—¿Nervioso?
—No, estoy en lo mío - Mintió.
—Mentiroso.
Alessandro sonrió.
—Quizás un poco.
—¿Y si te rechaza?
—No me rechazará.
—¿Y si te dice que necesita tiempo?
—Le daré tiempo.
—¿Y si no quiere ser tu novia?
Alessandro respiró profundamente.
—Entonces tendré que convencerla.
Matteo negó con la cabeza.
—No puedes conquistar todo con esa sonrisa baja bragas.
Alessandro sonrió.
- No me digas que mojaste las tuyas.
- Que no lo sepa Sofi.
Ambos soltaron una carcajada.
—Hasta ahora ha funcionado bastante bien y deja de hacerme preguntas estúpidas, en vez de ayudarme me echas la sal ¿Eres mi amigo o enemigo?.
—Hombre calma, estoy nervioso. Mi amigo sentando cabeza, qué emoción.
Alessandro sonrió sin decir palabra.
-Ella debe saberlo.
-¿Qué?.
Matteo señaló su pecho.
—Ya la tienes aquí y es una fortuna que nadie se ha dado el lujo de presumir.
Alessandro bajó la mirada.
Por primera vez aquella noche pareció realmente vulnerable.
—Tengo miedo de perderla, no puedo mentirte, eres mi amigo. Estoy ansioso.
Matteo lo miró con ternura.
—Entonces no tengas miedo de decirle lo que sientes.
Alessandro asintió.
—Lo haré.
Mientras tanto, Isabella estaba en en su casa. Había dejado sobre la cama el vestido que pensaba usar. Aunque le habia insinuado a Alessandro que no iría, iba intentar escaparse, pero Daniel habia sido claro.
Su teléfono vibró, Un mensaje de Alessandro.
“Después de la media noche quiero decirte algo importante.”
Isabella lo leyó varias veces.
Sintió un vacío en el estómago, Sabía lo que significaba. Él quería hablar de ellos, de un futuro, de algo más serio Y ella acababa de prometerle a Daniel que pasaría la noche con él y con Emma y le quedaría difícil cumplirle.
Escribió:
“Yo también necesito decirte algo”
No llegó a enviarlo.
Borró el mensaje.
Volvió a escribir.
“Alessandro, no podré estar contigo despues de la fiesta de fin de año.”
Lo miró.
Borró nuevamente.
Se sentó al borde de la cama.
Las lágrimas comenzaron a aparecer, se consideraba una mujer fuerte a pesar de todo lo que había vivido, pero reconoció que se habia enamorado.
—Perdóname...
No sabía a quién se lo estaba diciendo.
Alessandro miró el reloj.
Faltaban pocas horas para medianoche, estaba con su familia.
Tomó el teléfono.
Ningún mensaje de Isabella.
Sonrió.
Pero habia un mensaje del detective.
—Señor Moretti, encontré algo que puede interesarle.
- Cancela todo, no quiero saber nada.
Guardó el teléfono.
No podía imaginar que fuese algo malo Y mucho menos podía imaginar que aquella noche, convencido de que estaba a punto de comenzar una nueva etapa con la mujer que amaba, terminaría descubriendo que Isabella llevaba mucho tiempo viviendo una vida que él desconocía.
Finalmente volvio a tomar el teléfono.
“Señor Moretti entiendo que no quiera saber nada, pero esto tal vez le interese, la señora Laurent esta casada con Daniel Carter y tienen un hija Emma Carter”
Alessandro lo recibió segundos después.
Leyó, Una vez, Dos veces.
Su sonrisa desapareció lentamente.
Mateo lo observó.
—¿Qué pasó?
Alessandro levantó la mirada.
-Iré a averiguar algo.
Mateo se quedó callado.
Alessandro guardó el teléfono.
—¿Todo bien?
—Sí.
Pero no estaba bien.
Durante unos minutos permaneció en silencio.
Luego tomó las llaves, Matteo frunció ceño.
—¿A dónde vas?
Alessandro miró hacia la puerta.
—A buscarla.
Alessandro sacó su móvil y le enseñó el mensaje a Matteo.
—Alessandro no vayas amigo, puedes hablar con ella mañana.
—No voy a discutir ¿Crees que podría estar bien sin respuestas?
—Sé que las necesitas, pero no quiero verte lastimado.
Él metió una mano en el bolsillo interior de su saco y tocó la pequeña caja.
—Quiero seguir con mi plan y comenzar el año con ella, no creo lo del detective.
Mateo suspiró.
—¡No vayas!
Alessandro se quedó pensativo.
—Iré.
Abrió la puerta.
—Necesito verla y que me diga que es mentira.
Y salió.
- Te acompaño.
Ambos emorendieron el viaje, sin saber que estaban conduciendo directamente hacia la cruda verdad.