NovelToon NovelToon
La esposa muda del jefe de la mafia

La esposa muda del jefe de la mafia

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Amor tras matrimonio / Arrogante / Mafia / Novia sustituta / Ascenso de clase social / Enfermizo / Romance oscuro
Popularitas:27
Nilai: 5
nombre de autor: Ruby_Blair

Durante quince años, Paloma Linares vivió encerrada en un ático porque su familia consideraba su silencio una vergüenza. La noche en que su gemela huye de su propia boda, la visten de novia y la entregan en su lugar.
Su esposo es Alejandro Iturralde: heredero de un imperio millonario, supuesto paralítico y el hombre más temido de la Ciudad de México. Ante la prensa dirige hoteles y constructoras. En las sombras manda la Casa Iturralde, una organización en la que nadie desobedece al jefe dos veces.
Cuando se cierran las puertas de la recámara, Alejandro la llama por el nombre de su hermana… y se levanta de la silla de ruedas.
Paloma solo alcanza a escribirle tres palabras en la palma:
NO SOY ELLA.
Él descubre la sustitución, pero en vez de devolverla decide conservar a la esposa que nunca pidió. Lo que empieza como una trampa se convierte en una obsesión ardiente, peligrosa y cada vez más difícil de ocultar.
Pero Paloma no piensa cambiar el ático de sus padres por una jaula de oro. Entre noches incendiarias, una guerra por el control de la Casa y un embarazo que puede convertirla en el blanco de todos sus enemigos, ella tendrá que encontrar su propia voz. Y Alejandro descubrirá que puede poner de rodillas a una ciudad entera, pero no puede darle órdenes al corazón de su esposa.
El hombre al que todos obedecen tendrá que aprender a escuchar a la única mujer que no puede hablar.

NovelToon tiene autorización de Ruby_Blair para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Capítulo 11: Aguas termales

Paloma se quedó en la puerta de la cocina con el plato en las manos, esperando a ver qué hacía Alejandro. En más de dos semanas nadie se había sentado en esa silla. Ella ni siquiera se había atrevido a mirarla mucho rato, porque la regla de él era clara desde el primer día: no comían en la misma mesa.

Alejandro no alzó la voz.

—Ese lugar es de la señora de la casa.

Xio soltó una risita, como si le hubieran hecho un cumplido, y no se movió. Él ya no la miraba a ella. Giró la cabeza hacia la cocina y señaló con dos dedos la silla que tenía a su derecha.

—Siéntate. Aquí.

Paloma tardó en entender que se lo decía a ella. Desde que llegó a esa casa comía en el banco junto a la estufa, y ahora él mismo le quitaba la regla delante de otra persona, sin explicarle nada. Caminó hasta la mesa sin sentir los pies, dejó su plato junto al de él y se sentó. Del otro lado del mantel, a Xio se le congeló la sonrisa.

—Mañana lavas la alberca —le dijo Alejandro a Xio—. Toda, con cepillo, cada día. O te largas.

Xio buscó a Paloma con los ojos, igual que en el ático cuando la regañaban y Paloma era la única que nunca la delataba. Paloma sacó el pizarrón de la bolsa y destapó el plumón. Xio era lo único bueno que le había dejado el ático, y no quería verla de rodillas junto a una alberca por su culpa. Alcanzó a escribir *No la castigues, ella* cuando la voz de él la detuvo.

—Y si la señora pide por ti, te largas igual.

Xio se levantó, dejó la silla chueca y salió del comedor sin despedirse. Paloma borró el pizarrón con la palma. Ni siquiera sabía cómo iba a terminar la frase: *ella es mi amiga*, o *ella no sabía*. Lo único que sabía era que Xio se había sentado en ese lugar sonriéndole a su esposo y no había volteado a verla a ella ni una vez. Alejandro empezó a comer como si no hubiera pasado nada, y Paloma comió también, despacio, en el lugar que según él era suyo.

* * *

Xio lavó la alberca durante más de tres semanas. Cada mañana Paloma la veía desde la ventana de su cuarto, de rodillas en la orilla, tallando los azulejos con una cara que en el ático nunca le había visto, y cada mañana decidía no bajar. Dos veces por semana iba a sus clases en Seña y Voz; el primer día le devolvió a Gabriel el saco que se le había quedado en la bolsa desde lo de los reporteros, lavado y planchado, y él se rio de que lo hubiera cuidado tanto.

En Bosque Alto, ahora ella y Alejandro comían juntos. A veces él dejaba el tenedor y le deletreaba algo con el alfabeto manual, letra por letra y mal, y nunca le explicó de dónde lo había sacado. Una noche quiso pedirle la sal y le salió una letra que no existía; Paloma se tapó la boca con la servilleta para que no la viera reírse, y él siguió comiendo muy serio, con las orejas rojas.

* * *

El viernes 15 de mayo, en el desayuno, Alejandro anunció que la pierna lo estaba matando y que se iba a Ixtapan de la Sal, a las aguas termales, hasta el domingo. Nana Toña le preparó una bolsa con pomadas y analgésicos. Paloma, que lo había visto caminar sin cojear por su cuarto, bajó la vista al plato para no reírse.

—Tú vienes —le dijo él, sin levantar los ojos del periódico.

En la carretera, Alejandro hizo una sola llamada. Pidió que le regresaran a su tío el proyecto que le había mandado esa semana, que si tanto le gustaba lo firmara él, y colgó. Pasando Villa Guerrero, la Suburban empezó a echar humo por el cofre y se detuvo a la orilla del camino. Fermín se bajó a revisar el motor. Alejandro miró la carretera vacía hacia los dos lados, abrió la puerta y se bajó caminando, sin esperar la silla.

Le tendió la mano. Paloma dudó un segundo y la tomó. Del otro lado de la cuneta empezaban los campos de flores: hileras de crisantemos amarillos, gladiolas rojas y blancas hasta donde alcanzaba la vista, y más allá una milpa. Paloma se detuvo en la orilla. Quince años en un ático, y la primera vez que salía de la ciudad era así, de la mano de un hombre que se suponía que no podía caminar.

—El mes que entra tengo junta en Japón —dijo él, mirando las flores y no a ella—. Te llevo al Fuji.

Paloma sacó el pizarrón.

*Nunca he salido de la Ciudad de México.*

—Pues vas a empezar lejos. —Le miró el puño de la blusa—. Y te voy a comprar ropa. Esa blusa ya se está deshilachando.

Paloma se tapó el puño con la otra mano, avergonzada, y en ese momento él dio un paso y se hundió hasta el tobillo en una plasta de vaca. Alejandro miró hacia abajo sin cambiar de cara. Se quitó los dos zapatos, unos italianos hechos a mano que seguramente costaban más que todo lo que ella tenía, los aventó a la zanja y regresó a la camioneta en calcetines, muy derecho, con toda la dignidad del mundo.

Paloma se dobló de risa a la mitad del camino. No le salió ningún sonido, solo le temblaban los hombros y se le salían las lágrimas. Cuando levantó la cara, él se había detenido y la estaba mirando fijo, como si no supiera qué hacer con lo que veía.

Fermín consiguió que mandaran otra camioneta desde Ixtapan. Paloma se quedó dormida en el camino y despertó en la entrada del ryokan con la mejilla sobre el hombro de él. Se enderezó de golpe. Alejandro se sobó el brazo.

—Se me durmió —dijo, y fue todo.

* * *

El Ryokan Tres Volcanes tenía baños privados de piedra al aire libre, y Fermín había reservado el más apartado. En la recepción Alejandro llegó en la silla; en el baño se levantó, se metió al agua caliente con una camiseta vieja y le hizo señas para que se sentara en la orilla. Paloma se sentó lejos del borde, abrazada a las rodillas. Nunca se acercaba al agua. Nunca había sabido por qué.

Él respiró hondo y se hundió.

Paloma contó. Treinta segundos, un minuto. Al minuto y medio se arrodilló en la orilla y golpeó el agua con la mano abierta, pero la superficie siguió quieta.

Abrió la boca para gritar su nombre y solo le salió aire. Buscó el celular para que la app gritara por ella, y los dedos le temblaban tanto que escribió letras sin sentido tres veces seguidas. Pasaron dos minutos. Pensó en llamar a Fermín y se dio cuenta de que ni siquiera podía decirle dónde estaban.

Alejandro salió del agua riéndose, con el pelo pegado a la frente.

—Dos minutos y medio. En la prepa aguantaba… —Le vio la cara y la sonrisa se le borró—. Perdón. Perdóname, no sabía… Perdóname.

Paloma le pegó en el pecho con los dos puños, una vez y otra, hasta que se le acabó la fuerza. Tenía las mejillas mojadas y no sabía si era por el agua o por ella. Luego lo agarró del cuello de la camiseta empapada, lo jaló hacia ella y lo besó.

Él se quedó quieto un instante. Después se apartó apenas, lo suficiente para verle los ojos.

—¿Estás segura?

Paloma asintió. Le tomó la cara con las dos manos y lo besó otra vez, más despacio, y esta vez él le devolvió el beso. No pasó de ahí. Esa noche durmieron en dos futones separados por un brazo de distancia, y Paloma tardó horas en dormirse, oyéndolo respirar en la oscuridad, con los labios todavía calientes.

A la mañana siguiente, en el desayuno, no se atrevía a mirarlo y se estaba mordiendo el labio sin darse cuenta. Alejandro estiró la mano por encima de la mesa y le puso el pulgar sobre la boca.

—Cuando te pones nerviosa te muerdes el labio. —Retiró la mano—. Ya no.

* * *

El domingo en la tarde, de regreso a la ciudad, Paloma iba sentada junto a él en la Suburban arreglada, con la cabeza llena de flores amarillas. Fermín manejaba en silencio y Alejandro revisaba correos. Pasando la caseta, le vibró el celular. Era un mensaje de Gabriel.

*Paloma, la gala Voces en Señas es el 13 de junio en el Auditorio Reforma. Quiero que tú encabeces la danza en señas. Ensayos martes y jueves por la mañana.*

Lo leyó dos veces. Era la primera vez que alguien quería ponerla arriba de un escenario en lugar de esconderla. Miró de reojo a Alejandro, que no había levantado la vista del teléfono, y volteó el celular bocabajo sobre sus piernas.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play