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LA DEBILIDAD DEL CEO

LA DEBILIDAD DEL CEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Romance / Romance de oficina
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: FOAR

Él tenía el poder. Ella solo quería hacer bien su trabajo.

Maximiliano Blackwood, el poderoso CEO de una de las empresas más importantes de Medellín, jamás imaginó que su nueva asistente personal se convertiría en la única mujer capaz de desestabilizarlo.

Valentina no llegó a su vida buscando amor, mucho menos a su jefe. Pero entre miradas, deseo, celos y una química imposible de ignorar, las reglas comienzan a romperse.

Porque cuando un hombre acostumbrado a tenerlo todo descubre que puede perder el control por una mujer…

ella deja de ser su asistente para convertirse en su mayor debilidad.

NovelToon tiene autorización de FOAR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 15: ESTA VEZ, SIN MIEDO

La gala continuó durante un par de horas más, pero para Valentina todo parecía haber quedado en segundo plano.

Solo podía pensar en una cosa.

El beso que casi había ocurrido.

Otra vez.

Cada vez que miraba a Maximiliano, recordaba lo cerca que habían estado.

Y él parecía estar pensando exactamente lo mismo.

—¿Quieres irte? —preguntó él finalmente.

Valentina lo miró.

—Sí.

—¿Segura?

—Completamente.

Maximiliano tomó su saco.

—Entonces vamos.

---

El automóvil avanzó por las calles iluminadas de Medellín.

Durante varios minutos ninguno habló.

Valentina miraba por la ventana.

Maximiliano conducía con una mano sobre el volante.

Finalmente, él rompió el silencio.

—¿Estás arrepentida?

Ella giró el rostro.

—¿De qué?

—De lo que pasó esta noche.

Valentina negó.

—No.

—Bien.

—¿Y tú?

Maximiliano sonrió ligeramente.

—Estoy arrepentido de una sola cosa.

—¿Cuál?

—De que nos hayan interrumpido.

Valentina soltó una pequeña risa.

—A mí también.

La mirada que él le lanzó hizo que su corazón volviera a acelerarse.

---

Cuando llegaron frente al edificio de Valentina, Maximiliano estacionó.

Ella tomó su bolso.

—Gracias por traerme.

—Siempre.

Valentina abrió la puerta.

—Buenas noches.

—Valentina.

Ella se detuvo.

—¿Sí?

—¿Quieres que suba contigo?

Ella lo miró.

La pregunta no tenía ninguna exigencia.

Solo una invitación.

Valentina respiró profundamente.

—Sí.

Maximiliano apagó el automóvil.

---

Subieron en silencio.

Cuando las puertas del ascensor se cerraron, quedaron solos.

Valentina miró los números subir.

—Esto parece una mala idea.

—Probablemente.

—Y aun así estamos aquí.

—Sí.

Ella sonrió.

—¿Siempre eres así de impulsivo?

—No.

—¿Entonces?

Maximiliano la miró.

—Contigo estoy aprendiendo.

El ascensor llegó.

Salieron.

Cuando llegaron a la puerta del apartamento, Valentina buscó las llaves.

Sus manos temblaban ligeramente.

Maximiliano lo notó.

—¿Estás nerviosa?

—Mucho.

—Podemos detenernos.

Valentina levantó la mirada.

—No quiero detenerme.

Él asintió.

—Entonces no lo haremos.

La puerta se abrió.

Entraron.

Valentina dejó el bolso sobre una mesa.

Maximiliano permaneció cerca de la puerta.

—¿Quieres que me vaya?

Ella negó lentamente.

—No.

Él dio un paso hacia ella.

—¿Segura?

—Sí.

Otro paso.

Ahora estaban frente a frente.

Valentina levantó la mirada.

—Maximiliano…

—Dime.

—Tengo miedo.

Él suavizó la expresión.

—¿De mí?

—No.

Ella negó.

—De lo que pueda sentir después.

Maximiliano tomó suavemente su mano.

—No puedo prometerte que esto no va a cambiar nada.

Ella entrelazó sus dedos con los de él.

—Creo que ya cambió.

Él sonrió.

—Entonces no tenemos nada que perder.

Valentina respiró profundamente.

Y esta vez fue ella quien se acercó.

El beso finalmente ocurrió.

Fue suave.

Lento.

Sin prisa.

Como si ambos estuvieran descubriendo algo que habían estado evitando durante semanas.

Cuando se separaron, ninguno habló inmediatamente.

Valentina apoyó la frente contra la de él.

—Por fin.

Maximiliano sonrió.

—Por fin.

Ella soltó una pequeña risa.

—Nos costó demasiado.

—Demasiado.

Él volvió a acercarse.

Esta vez el beso fue un poco más intenso, pero siguió siendo cuidadoso.

Cuando se separaron, Maximiliano acarició suavemente su mejilla.

—No sabes cuánto tiempo llevo queriendo hacer eso.

Valentina sonrió.

—Creo que ahora sí puedo imaginarlo.

---

Después se sentaron juntos en el sofá.

La emoción había bajado un poco, dejando espacio para una conversación más tranquila.

—¿Y ahora qué? —preguntó Valentina.

Maximiliano la miró.

—Ahora hacemos las cosas bien.

—¿Cómo?

—Sin esconder lo que sentimos, pero sin apresurarnos.

Ella asintió.

—Me gusta.

—Y hay algo más.

—¿Qué?

—En la oficina seguiremos siendo profesionales.

—Eso será difícil.

—Lo sé.

Valentina sonrió.

—Especialmente después de esto.

Maximiliano soltó una pequeña risa.

—Precisamente por eso.

Ella apoyó la cabeza sobre su hombro.

Por primera vez, estar junto a él no se sintió extraño.

Se sintió natural.

—¿Sabes qué es lo más raro? —preguntó ella.

—¿Qué?

—Hace unas semanas ni siquiera podía imaginarme besándote.

—¿Y ahora?

Valentina levantó la cabeza.

—Ahora estoy pensando que quizá fue lo único que tardamos demasiado en hacer.

Maximiliano sonrió.

---

Cuando llegó el momento de irse, Maximiliano se levantó.

—Nos vemos mañana.

Valentina lo acompañó hasta la puerta.

Antes de salir, él tomó su mano.

—Buenas noches, Valentina.

—Buenas noches.

Se inclinó y le dio un último beso.

Esta vez breve.

Pero suficiente para hacerla sonreír.

Cuando la puerta se cerró, Valentina se apoyó contra ella.

Se llevó los dedos a los labios.

Había cruzado una línea.

Pero no sentía culpa.

Solo felicidad.

---

En el ascensor, Maximiliano miró su teléfono.

Tenía un mensaje de su padre.

“Mañana quiero que vengas a cenar. Tenemos que hablar de Valentina.”

Su sonrisa desapareció.

Guardó el teléfono.

Sabía que tarde o temprano tendría que enfrentar a su familia.

Pero ahora había algo diferente.

Ya no estaba defendiendo una posibilidad.

Estaba defendiendo a la mujer que comenzaba a amar.

Y esta vez no pensaba permitir que nadie decidiera por él.

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