NovelToon NovelToon
FIRMÉ MI LIBERTAD

FIRMÉ MI LIBERTAD

Status: En proceso
Genre:La Vida Después del Adiós / Mujer fuerte/hombre frágil / Pareja destinada / Divorcio
Popularitas:618
Nilai: 5
nombre de autor: Y.Valeri

FIRMÉ MI LIBERTAD

Huyó para recuperar su vida. Nunca imaginó que su pasado volvería a buscarla.

Aymara tenía todo lo que muchos envidiaban: una familia adinerada, una posición privilegiada y un matrimonio aparentemente perfecto. Pero detrás de aquella vida se escondían las mentiras, las traiciones y el control de un hombre que había conseguido arrebatarle incluso su propia identidad.

Una noche, Aymara decide desaparecer.

Después de recorrer carreteras sin destino, llega a Brumaluna, un pequeño pueblo rodeado de montañas y un lago donde nadie conoce su pasado. Allí comienza de nuevo bajo el nombre de Bella Monreal.

Por primera vez en años, puede tomar sus propias decisiones. Y cuando conoce a Rodrigo, el reservado administrador de un hotel, descubre que el amor no tiene por qué significar perderse a sí misma.

Pero la tranquilidad que tanto le costó construir es más frágil de lo que imagina.

Un accidente, recuerdos perdidos y secretos que no pueden permanecer ocultos amenaza

NovelToon tiene autorización de Y.Valeri para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una razón para quedarme

A la mañana siguiente, Rodrigo encontró a Bella intentando enganchar sola la casa rodante.

—¿Se va?

Ella levantó la vista.

-No.

La respuesta salió demasiado rápido.

Rodrigo escondió una sonrisa.

—Entonces eso simplifica bastante la conversación.

Bella se limpió las manos en el pantalón.

—Solo quiero moverla.

—Hay un espacio detrás del hotel. Está cercado y no se ve desde la calle.

Ella lo miró con atención.

—¿Por qué me ofrece eso?

Rodrigo tardó un segundo en responder.

—Porque anoche miró por la ventana cinco veces para comprobar que seguía ahí.

Bella sintió calor en el rostro.

—No estaba vigilando.

—Perfecto. Entonces fueron cinco casualidades.

Él no insistió.

Le mostró el terreno y la dejó decidir. Bella revisó el portón, la salida lateral y la distancia hasta la carretera antes de asentir.

—Ahí está bien.

Rodrigo no preguntó por qué necesitaba conocer todas las salidas.

Eso le gustó más de lo que debía.

Después caminó hasta la plaza.

Brumaluna de día era distinto. Había niños saliendo de una escuela cercana al lago, ancianos ocupando las mismas bancas y comerciantes que parecían conocerse por nombre.

Bella entró al pequeño supermercado de la calle principal por agua, fruta y algo que pudiera comer sin cocinar.

La mujer detrás del mostrador la estudió.

—Nueva.

No era una pregunta.

—De paso.

—Todos somos de paso hasta que dejamos de serlo.

Bella alzó una ceja.

—Eso suena una frase que le dice a todos los turistas.

—No tenemos suficientes turistas para practicar.

La mujer levantó la mano.

—Amy.

—Bella.

Esta vez el nombre salió con menos dificultad.

Amy tendría unos treinta y tantos, cabello rizado y una energía imposible de esconder.

—¿La del hotel?

Bella se tensó.

—¿Cómo sabe?

—Porque Rodrigo vino anoche a comprar algo de comer y dijo que tenía una huésped que parecía no haber probado comida en tres días.

Bella cierra los ojos.

—Voy a matarlo.

Amy.

—Entonces sí se va a quedar.

La conversación debería haber terminado allí.

No terminó.

Amy le habló de la plaza, de un sendero fácil alrededor del lago y de Monteluz, la ciudad más cercana, a menos de una hora. Bella escuchó sin contar nada de sí misma.

Rodrigo estaba reparando una lámpara en el corredor.

—Amy me contó lo de la sopa.

—Eso fue rápido.

—¿Siempre habla de los huéspedes?

—Solo de los que amenazan con matarme.

Bella se quedó inmóvil.

Rodrigo la miró.

—Era una broma.

-Perder.

Pero su cuerpo había reaccionado a la palabra antes que ella.

Rodrigo dejó la herramienta sobre una mesa.

—Perdón.

—No hizo nada.

—Aun así.

Bella lo vislumbró. Sam jamás pidió perdón sin añadir una explicación que terminara convirtiéndolo en víctima.

Rodrigo simplemente volvió a la lámpara.

Esa noche, Bella abrió el teléfono nuevo y escribió un mensaje a su padre.

«Sí, bien.»

La respuesta llegó minutos después.

«Entonces seguí.»

Bella disimula.

Luego vio un segundo mensaje.

«No uses las tarjetas. Sam preguntó por movimientos de tus cuentas.»

El corazón le tocó una vez, fuerte.

«¿Cómo sabe?»

Su padre tardó.

«Porque está intentando encontrar cualquier rastro.»

Bella miró la puerta cerrada.

«Papá, salite de esto.»

«No puedo. Encontré cosas.»

Ella se incorporó.

«¿Qué cosas?»

No hubo respuesta inmediata.

Llamó.

Su padre rechazó la llamada.

Un minuto después llegó un mensaje.

«Nada que tengas que resolver hoy. Dormi.»

Bella escribió tres veces y borró las tres.

Finalmente dejó el teléfono boca abajo.

Afuera se escuchaban risas. Alguien caminaba por el corredor. Una motocicleta pasó lejos.

Brumaluna continuaba viviendo como si Sam no existiera.

Bella se acercó a la ventana.

Rodrigo estaba cerrando el portón del estacionamiento.

Cuando terminó, levantó la vista.

La encontró observándolo.

No hizo preguntas.

Solo alzó una mano.

Bella respondió igual.

Después cerró la cortina.

Por primera vez desde que huyó, el miedo tuvo que compartir espacio con otra cosa.

Aquel mismo día volvió a caminar hasta el lago. Ya reconocía la esquina donde el viento golpeaba con más fuerza y la banca desde la que se veía el muelle sin quedar en medio del paso. Le sorprendió darse cuenta de que estaba acumulando pequeñas referencias. No eran recuerdos importantes, pero eran suyos.

Cuando regresó al hotel, Rodrigo estaba revisando unas facturas detrás del mostrador. Levantó la vista y le preguntó si había encontrado lo que buscaba. Bella estuvo a punto de responder que no buscaba nada. En cambio dijo: —Creo que sí. Rodrigo no pidió explicaciones. Esa noche, por primera vez, Bella dejó las llaves de la casa rodante dentro del bolso en lugar de dormir con ellas sobre la mesa de noche.

Curiosidad.

A la mañana siguiente, Bella salió antes de que el hotel terminara de despertarse. Caminó hasta la casa rodante y abrió la puerta sin entrar. Durante varios minutos se quedó mirando el pequeño espacio donde había dormido desde que llegó. Todavía podía marcharse. No había desempacado del todo, no había comprado nada que no cupiera en una bolsa y nadie en Brumaluna sabía lo suficiente de ella como para reclamarle una despedida. Esa posibilidad, que una semana antes habría sentido como seguridad, empezó a parecerle cansancio.

Fue Amy quien terminó de romperle la idea de una salida inmediata. La encontró de regreso en el supermercado y, sin preguntarle cuánto tiempo pensaba quedarse, le señaló un estante vacío que necesitaba ordenar. Bella la ayuda casi por reflejo. Diez minutos se convirtieron en media hora. Hablaron de cosas pequeñas: del clima del lago, de una señora que siempre olvidaba su lista de compras, de qué pan era mejor al día siguiente. Nadie le preguntó a Sam. Nadie le pidió explicaciones. Cuando salió, llevaba una bolsa con fruta que Amy insistió en cobrarle un precio normal y una sensación extraña de haber participado durante un rato en una vida corriente.

Esa noche no tomó ninguna decisión solemne. No se prometió quedarse. Solo abrió una de las maletas que seguían cerradas y guardó tres blusas en el armario del cuarto. Después de colocar el cepillo de dientes en el baño en lugar de devolverlo al neceser. Eran gestos mínimos, casi ridículos. Pero Bella entendió que quizás quedarse no empezaba con una declaración. Tal vez empezaba así: ocupando un cajón, aprendiendo una calle y permitiendo que el día siguiente tuviera una dirección conocida.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play