Una chica de la era moderna reencarna en el cuerpo de Madeline, la prometida del frío Duque Elías. Tras quedar embarazada y decidida a proteger el futuro de su hijo, ella empaca sus maletas y huye lejos, escondiendo su rastro.
NovelToon tiene autorización de Juna C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 14
A la mañana siguiente, Madeline despertó después de una noche inquieta. Había dado vueltas durante horas entre las sábanas, incapaz de conciliar un sueño profundo. Cada vez que cerraba los ojos, las palabras de Julián regresaban a su mente.
"Ha llegado el momento de hablar sobre la fecha de tu boda."
Aquella frase seguía resonando en su cabeza como una campana imposible de ignorar.
Cuando una doncella entró para ayudarla a prepararse, ella ya estaba sentada frente a la ventana observando el jardín. El cielo estaba despejado y los rosales se mecían suavemente bajo la brisa matutina. Todo parecía tranquilo. Demasiado tranquilo.
—Lady Madeline, la condesa ordenó que el médico la examine después del desayuno.
Madeline parpadeó lentamente. Casi había olvidado aquel pequeño detalle.
—Ya veo.
La doncella pareció sorprendida por la calma con la que lo tomó. Si tan solo supiera.
En realidad, desde la noche anterior una sensación pesada se había instalado en su pecho. No era exactamente miedo. O al menos no únicamente miedo. Era la incómoda impresión de que el tiempo comenzaba a agotarse.
Durante el desayuno apenas pudo probar bocado. El aroma de algunos platillos le revolvió el estómago de inmediato y hasta el té, que normalmente disfrutaba, le resultó extraño. Celia no dejó de observarla en ningún momento, y cuando terminaron de comer prácticamente la escoltó hasta uno de los pequeños salones donde ya esperaba el médico familiar.
Era un hombre de edad avanzada, de cabello completamente blanco y una expresión amable que inspiraba confianza.
—Lady Madeline.
—Doctor.
Tras intercambiar algunas cortesías, comenzó la revisión. Le preguntó cómo dormía, si había sufrido mareos recientemente, si se sentía cansada y cómo estaba su apetito. Madeline respondió una a una mientras el hombre tomaba notas con tranquilidad.
—¿Ha perdido el apetito? —preguntó en cierto momento.
Madeline estuvo a punto de reír.
—Más bien parece todo lo contrario.
El médico asintió y anotó algo más en su libreta.
Cuando terminó, guardó silencio.
Un silencio demasiado largo.
Madeline sintió cómo la inquietud volvía a instalarse en su pecho.
—¿Ocurre algo? —preguntó finalmente.
El hombre levantó la vista y pareció elegir cuidadosamente sus palabras.
—Lady Madeline, antes de responder, necesito hacerle una pregunta.
—¿Cuál?
—¿Recuerda cuándo fue la última vez que tuvo su periodo?
La joven se quedó inmóvil.
La pregunta llegó tan de repente que tardó varios segundos en reaccionar.
—Yo...
Frunció ligeramente el ceño.
No lo recordaba.
O quizás nunca se había detenido a pensarlo.
El médico pareció comprender su desconcierto.
—¿Ha sufrido mareos recientemente?
—Sí.
—¿Náuseas?
—También.
—¿Y más apetito de lo normal?
Madeline asintió despacio.
El hombre volvió a guardar silencio.
Demasiado silencio.
—Doctor... —llamó ella, sintiendo cómo el corazón comenzaba a acelerarse—. ¿Qué ocurre?
El médico apoyó la libreta sobre la mesa y soltó un suspiro contenido.
—No puedo afirmarlo con total certeza todavía —explicó con calma—. Lo ideal sería volver a examinarla dentro de algunas semanas para confirmarlo.
Madeline sintió que algo se tensaba dentro de ella.
—¿Confirmar qué?
El hombre vaciló apenas un instante.
—Existe la posibilidad de que esté esperando un hijo.
El mundo pareció detenerse.
Durante unos segundos no escuchó absolutamente nada. Ni el reloj marcando el paso del tiempo. Ni el viento golpeando las ventanas. Ni siquiera su propia respiración.
Un hijo.
Aquellas palabras quedaron suspendidas en su mente.
Pesadas.
Inmóviles.
La primera imagen que apareció fue la de aquella habitación después de la cacería. Las sábanas revueltas. Elías. La discusión. Las acusaciones.
Madeline bajó lentamente la mirada hacia sus manos.
—¿Está seguro? —preguntó en un susurro.
—No —admitió el médico con serenidad—. Por eso no deseo alarmarla. Todavía es pronto. Sin embargo, los síntomas coinciden y existe una posibilidad bastante alta.
Madeline sintió que la garganta se le secaba.
—¿Una posibilidad alta...?
—Sí. Aunque aún debemos ser prudentes.
La joven permaneció inmóvil, incapaz de apartar la mirada de sus propias manos.
Porque si aquello era cierto...
Si realmente estaba embarazada...
Entonces todo acababa de cambiar.
No solo sus planes.
No solo su futuro.
Todo.
Madeline le pidió al médico que, por el momento, no dijera nada a sus padres. La sola idea de que Julián descubriera aquella posibilidad hizo que sintiera un escalofrío recorriéndole la espalda.
El hombre pareció notar su angustia.
—Pierda cuidado, lady Madeline —dijo con tono tranquilizador mientras guardaba sus instrumentos—. Aún no puedo afirmar nada con certeza. Por ahora solo es una sospecha y no sería correcto alarmar a su familia sin pruebas.
Aquellas palabras lograron aliviarla un poco.
—Gracias, doctor.
Cuando el hombre abandonó la habitación, Madeline soltó el aire que había estado conteniendo.
Durante varios segundos permaneció inmóvil sobre la cama, intentando ordenar sus pensamientos.
¿Cómo había podido ser tan descuidada?
Ahora que lo pensaba con calma, los síntomas estaban ahí.
Los antojos.
El cansancio constante.
Las náuseas.
La sensibilidad a ciertos olores.
Y lo peor era que, después de aquella noche en la cacería, había estado tan preocupada por todo lo ocurrido que jamás se le pasó por la cabeza tomar alguna medida para evitar un embarazo.
—Carajo, Madeline... —murmuró cubriéndose el rostro con ambas manos—. ¿Cómo pudiste olvidar algo tan importante?
La respuesta era simple.
Había estado demasiado ocupada intentando sobrevivir.
Al poco tiempo, Celia entró en la habitación con expresión preocupada.
—¿Qué te dijo el médico?
Madeline se obligó a sonreír.
—Nada grave. Parece que solo estoy algo agotada. Me recomendó descansar más y cuidar mejor mi alimentación.
La condesa la observó durante varios segundos, como si intentara determinar si estaba diciendo la verdad.
Finalmente sonrió.
—Eso me tranquiliza.
Se acercó para acariciarle suavemente el cabello.
—No te esfuerces demasiado.
Madeline asintió.
Aquella pequeña muestra de afecto hizo que una punzada de culpa atravesara su pecho.
Porque estaba a punto de marcharse sin decirle nada.
Cuando Celia salió de la habitación, el silencio regresó.
Madeline permaneció sentada unos instantes observando la puerta cerrada.
Luego bajó una mano hasta su abdomen.
Apenas unas semanas atrás aquel pensamiento le habría parecido absurdo.
Ahora no.
Si realmente estaba embarazada...
Tenía aún más motivos para huir.
Las palabras de Elías volvieron a resonar en su cabeza.
"Los hijos solo serían un estorbo."
Madeline cerró los ojos.
Quizá él ni siquiera recordaba haber dicho aquello.
Pero ella sí.
Y tampoco había olvidado la frialdad con la que la había acusado después de despertar juntos.
No.
No podía quedarse.
Si Julián descubría la verdad, seguramente utilizaría aquel embarazo para forzar la boda.
Y si Elías llegaba a enterarse...
Ni siquiera quería imaginarlo.
Se puso de pie de golpe.
Ya había tomado una decisión.
Solo quedaba actuar.
Durante el resto del día terminó de preparar todo lo necesario. Escogió varios vestidos sencillos que llamaran poco la atención, reunió algunas pertenencias indispensables y escondió cuidadosamente el dinero que había conseguido con la venta de sus joyas.
Cuando cayó la noche, se colocó ropa discreta, una capa oscura y unas botas cómodas para viajar. El dinero permanecía sujeto bajo sus faldas, bien asegurado.
Su corazón latía tan rápido que parecía querer escapar de su pecho.
Era ahora o nunca.
Solo tenía que salir de la mansión.
Solo tenía que llegar al carruaje que había planeado utilizar.
Solo tenía que...
Toc.
Toc.
Toc.
Los golpes en la puerta la hicieron congelarse.
Su respiración se detuvo.
Durante un segundo nadie habló.
•
•
•
•
es sabía como ese Nathan que estuvo ahí espero que veamos pronto llegue lejos como también a ese tonto que le perdió
de irse más lejos y espero
que su madre la ayude a que no la
molesten temprano para darle tiempo
descubrirá que se escapó embarazada