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La Debilidad Del Mafioso

La Debilidad Del Mafioso

Status: En proceso
Genre:Madre soltera / Malentendidos / Traiciones y engaños / Reencuentro / Matrimonio arreglado / Amor-odio
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Dane Benitez

Dasha Lincor es la joven y exitosa heredera de un imperio canadiense, una mujer que usa el trabajo para construir un muro contra el dolor de un pasado trágico. Su única luz son los gemelos, Kiara y Kael, de quienes asume la tutela tras la muerte inesperada de su mejor amiga y madre de los niños. Pero la estabilidad de Dasha es atacada: una batalla legal por la custodia, liderada por una abuela implacable, amenaza con arrebatarle a los niños, forzándola a buscar desesperadamente la imagen de "familia" que el tribunal exige

Azrael Smirnova, el millonario ruso y temido lider de una organización criminal, ve en la desesperación de Dasha su oportunidad. Dasha acepta el pacto de conveniencia, sin sospechar que su esposo no solo es un hombre peligroso, sino que el nexo de Azrael con su pasado es un secreto tan oscuro que podría costarle su " nueva familia"

NovelToon tiene autorización de Dane Benitez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 20

DASHA

Siento que el corazón se me va a salir por la boca. ¿Qué carajo ha sido eso? Siento que la cara me arde y la piel también; es como si lo que acabo de hacer con Azrael en mi sillón hubiese prendido una hoguera dentro de mí...

Todo parece haber ido tan rápido. Aún puedo sentir su boca sobre la mía, sus dientes sobre mis pechos y su lengua justo allí, en el punto más sensible de todo mi cuerpo.

Cruzo el pasillo y abro la puerta de la habitación de Kael: todo en orden, está bajo sus sábanas profundamente dormido. Me paso luego a la de Kiara, donde la consigo sentada en la cama con su peluche entre los brazos.

—Oh, mi amor, ¿qué pasa? ¿No puedes dormir? —asiente—. ¿Quieres tomar lechita?

Me hace que sí con la cabeza, así que la lleno de besos y bajo con ella hacia el salón. El puchero que trae desaparece y parece una lombriz cuando empieza a retorcerse entre mis brazos al ver al hombre en el salón...

—Hey, hey, ¿qué ocurre? —la bajo, ya que el miedo me hace resbalar por lo rápido que se mueve, y en cuanto toca el piso no pasa nada de tiempo para cuando se va sobre Azrael y se le guinda de la pierna. No sé por qué hace tal cosa cada vez que lo ve.

Azrael, por su parte, no dice ni hace nada; tal parece que se ha acostumbrado a tal situación. Sin embargo, vuelvo a explicarle a Kiara que no debe hacer eso y la tomo llevándola conmigo a la cocina. Le digo a Azrael que nos acompañe y este lo hace...

Dejo a Kiara en la silla junto a la barra del desayuno mientras busco en los estantes la leche. Estoy de espaldas a ambos; sin embargo, puedo sentir la mirada penetrante de él sobre mí...

Recuerdo lo que me dijo Sienna y le preparo su leche tal cual; también preparo dos cafés para nosotros.

Le sirvo la leche a Kiara en su vaso y, cuando se lo doy, esta tiene la vista fija en Azrael, quien solo se limita a mirarla.

—Toma, cariño —llamo su atención.

Le entrego su vaso mientras me devuelvo a tomar la taza de café que le doy a Azrael; nuestros dedos se rozan cuando se la entrego y es imposible no sentir el mismo cosquilleo.

—No son horas para andar despierta —le dice Azrael a Kiara, quien lo mira con ojos entornados, hace pucheros y se encoge de hombros señalando el vaso que le acabo de dar.

Kiara le ofrece leche y este sacude la cabeza en negación; sin embargo, me quedo con la boca abierta cuando ella se baja de la silla donde está y va a buscar el bote de galletas que está en la otra encimera. Toma dos galletas, le da una a Azrael y la otra se la come ella.

No puedo evitar sentir un pinchazo en el centro del pecho cuando este sonríe con gracia.

—Pero miren a esta pequeña traicionera —me quejo, y ella ni se inmuta.

Tardo diez minutos en devolverla a la cama y volverla a dormir... Y, cuando vuelvo al salón, Azrael está sentado en el sofá con el móvil en la mano. Son las una de la mañana y él no hace el mismo afán de querer irse...

—Azrael...

—Sí, Dasha —suelta el móvil y pone toda su atención en mí...

Me siento frente a él y me pongo un cojín sobre las piernas cuando siento sus ojos posarse allí.

—¿No te parece que debemos hablar de lo que pasó hace un rato? —me atrevo a decirlo; sin embargo, lo considero un error cuando se lleva los dedos a los labios mientras sonríe de la forma más sexy y provocativa que he visto hacerlo en un hombre de su tipo.

—¿Qué tanto hay que hablar, según tú? —suelta recostándose en el sillón mientras no aparta los ojos de mí.

—Venga, no tenemos mucho tiempo de conocernos, eres mi socio, no sé nada de ti, no sabes nada de mí y...

—Me gustas, te gusto. ¿Cuál es el problema? —me interrumpe.

—Ese... ese es el problema —digo poniéndome de pie y encaminándome hacia la ventana que da vista al patio trasero.

—¿Cuál, Dasha? ¿Cuál es el jodido problema? Dímelo y lo resolveré.

Siento su cercanía detrás de mí cuando se levanta y me sigue.

—No quiero nada serio, Azrael...

Me toma de los hombros y me hace girar para que lo mire... Me coloca los mechones de cabello detrás de la oreja.

—Hagamos un trato, Dasha Lincor —habla a centímetros de mi boca—. Eres adulta y yo también lo soy. Me gustas y te gusto; no quieres nada serio y yo tampoco quiero. Así que dejemos esto como un acuerdo de placer, deseo y satisfacción, Dasha. Un juego donde los únicos que saben las reglas somos tú y yo.

Me mira en espera de una respuesta. Proceso sus palabras; sus dedos me acarician las mejillas y el ligero roce me distrae. Asiento y, segundos después, sus labios toman los míos y tiran de ellos.

—Tenemos un trato, Dasha: solo deseo —habla al soltarme un poco.

—Solo placer —continuo yo, rodeándole el cuello con mis brazos.

—Tú no quieres amor, ni yo lo sé dar.

Dicho aquello, vuelve a pegar sus labios a los míos, sellando así este acuerdo; el cual no sé cómo acaba, pero el que sin duda disfrutaré mientras dure...

...

Algunos días después...

Me recojo el cabello en lo alto de la cabeza en un moño y medio me pinto los labios; tomo el abrigo y las llaves del auto, y bajo al salón donde los niños, ya vestidos, juegan en la alfombra.

—Es hora de irnos, pequeños.

Se ponen de pie y se apresuran a la salida. Hoy es la misa de Sienna; aún no creo que ya haya pasado un mes desde su muerte. Creo que ha sido muy poco tiempo para todo lo que ha pasado: el acuerdo con Azrael, la demanda de Elena, mi nuevo papel con los niños...

Sin embargo, me repito una y otra vez que puedo con esto y con todo lo que sea.

Subo a los niños a las sillitas en la parte trasera de mi auto y pongo el vehículo en marcha rumbo a la iglesia. Tristán ya está allí y me imagino que los pocos presentes que fueron invitados también.

Estos días después de mi conversación con Azrael —la cual se extendió entre besos y caricias que me volvían loca hasta más o menos las tres de la mañana, cuando casi tuve que echarlo de mi casa, ya que si no lo hacía iba a terminar cayendo en la red tan excitante que exuda de él—, las cosas en la empresa van mejor. Ya hemos empezado a trabajar en la línea nueva, los niños van bien en el colegio, aunque Kiara aún sigue sin decir palabra. El psicólogo me ha dicho que ambos van progresando.

Por otro lado, he estado preparándome para la audiencia en dos días; iré con Parker como abogado. Sin embargo, Azrael también me ha ofrecido —mejor dicho, ha puesto a mi disposición— a los suyos.

Y aunque me esté muriendo de nervios por lo que pueda pasar, no le demostraré nada a Elena y lucharé hasta el final con tal de sacarla de la vida de mis niños.

Damián es otro que ha estado intenso intentando quedar conmigo; sin embargo, después de lo que ocurrió en casa, he desistido de él de forma definitiva.

Tristán ha sido un apoyo fundamental en eso, y aunque no le haya contado en absoluto lo que pasó con Azrael y cómo disfruté que me diera un puto orgasmo en mi sala, sé que ya sospecha algo.

—Tía Dasha —habla Kael.

—Sí, amor —lo miro a través del retrovisor.

—¿Tu amigo Azrael irá también a la misa de mamá? —pregunta, y la mención de su nombre me eriza el vello de la nuca.

—No lo sé, cariño. Quizás no... ¿Por qué?

Pone cara de decepción.

—Quería mostrarle algo...

—¿Mostrarle el qué?

Sacude la cabeza negándose a decirme qué era lo que quería mostrarle a Azrael.

—Venga, muéstrame a mí si es muy importante, amor.

—No, no, no —sacude la cabeza y lo dejo estar, ya que hemos llegado a la iglesia.

Estaciono y bajo del auto. Los bajo a ellos, me alisto, arreglo el vestido de Kiara cuando la dejo en el suelo y acomodo el cabello de Kael antes de tomarlo de la mano para entrar.

Desde que pongo un pie en la entrada y veo al otro extremo el afiche con la foto de Sienna y su nombre junto a un lazo negro, la tristeza me golpea de frente. Aún no me acostumbro del todo.

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ana rosa cobos torres
que hermoso espécimen
Nayeli Chab Rodriguez
Su hija a de ser Sienna
Vidash: Te invito a que no te pierdas de ningún capítulo 🥰🤭🤭
total 1 replies
ShaLop
Hermoso el protagonista 🤭🤭
Ana VR
yo siempre me pregunto, de donde salen estos dioses griegos 😍😍
alegra: loo mismo me preguntó yo🤔🥰
total 2 replies
Tere Jimenez
muy guapo gracias por compartir tu novela
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