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ERES MIA, AUNQUE TU NO LO SEPAS.

ERES MIA, AUNQUE TU NO LO SEPAS.

Status: Terminada
Genre:Venganza de la Esposa / Ella Mayor Que Él / CEO / Completas
Popularitas:602k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

La noche del cumpleaños número dieciocho de su hija, el mundo de Alma Montoya se derrumba frente a trescientas personas.

Su esposo entra al salón tomado del brazo de otra mujer.
Y no llega solo.

A su lado viene una joven de dieciocho años… idéntica a él.

La misma edad que Lucía.

La misma edad de la mentira que acaba de destruir veinte años de matrimonio.

En cuestión de horas, Alma pierde mucho más que un esposo. Descubre que el hombre al que amó le robó la clínica de su familia, su fortuna y cada cosa que construyeron juntos mientras llevaba una doble vida a sus espaldas. Pero lo peor llega cuando Lucía, su hija enferma del corazón, colapsa en medio del escándalo.

Traicionada, humillada y sin un lugar al que ir, Alma cree haber tocado fondo… hasta que un desconocido aparece bajo la lluvia.

Máximo Salas es joven, poderoso y peligrosamente observador. Un hombre que conoce demasiado sobre ella, sobre Darío y sobre la trampa que destruyó su vida. Lo que Alma no sabe es

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20

Máximo y Elena llegaron a las cuatro de la tarde sin avisar, aunque Alma sospechaba que Máximo nunca hacía nada sin haberlo calculado antes.

Elena entró primero con una bolsa de fruta y esa energía suya de persona que llega a quedarse, aunque solo venga de visita. Cuando vio a Lucía en el sofá fue directo hacia ella con los brazos abiertos y Lucía, que llevaba dieciocho años siendo hija única de una madre que la quería pero que a veces la quería con demasiada preocupación encima, se dejó abrazar con una sonrisa de quien descubre que le gusta que la mimen y no lo sabía.

— Qué niña tan bonita — dijo Elena tomándole la cara entre las manos. — Y qué valiente. Tu mamá me contó todo.

— Mi mamá exagera.

— Tu mamá no exagera nada. — Elena se sentó a su lado sin soltarle la mano. — Cuéntame de la universidad. ¿Cuándo empieza?

Lucía empezó a hablar y Elena la escuchó con esa atención completa que tienen las personas que genuinamente disfrutan escuchar, y Alma las observó desde la cocina con Agatha a su lado y pensó que su hija llevaba años necesitando exactamente eso sin que ninguna de las dos lo supiera nombrar.

Máximo se quedó en la entrada.

— ¿Podemos hablar un momento? — le dijo a Alma en voz baja.

Salieron al pasillo.

— Ángela necesita salir de su apartamento — dijo Máximo directo. — Darío ya tiene la dirección y después de lo de anoche no voy a dejar que vuelva a dormir ahí.

— Ya lo sé. Ella también lo sabe, aunque no lo diga.

— Tengo un apartamento disponible en el cuarto piso. Seguridad igual que aquí, acceso biométrico, el edificio la protege de la misma manera. — La miró. — No es el tuyo. Es el suyo. Con su propia puerta y su propia llave y la independencia que necesita para no sentir que le están haciendo un favor.

Alma lo miró.

— ¿Cómo sabes que ese es exactamente el argumento que necesita escuchar?

Máximo sonrió apenas.

— Porque llevo semanas prestando atención.

Ángela llegó a las cinco con tres maletas, una caja de cartón con dos botellas de vino asomando por arriba y el bolso donde guardaba la pistola colgado al hombro con la misma naturalidad con que otra persona cargaría una cartera de supermercado.

Máximo la esperaba en el lobby.

La miró llegar con todo ese equipaje y no dijo nada, lo cual fue inteligente de su parte.

— No me mires así — dijo Ángela dejando una maleta en el suelo. — Soy modelo retirada. Viajo con lo necesario.

— Tres maletas y dos cajas de vino.

— Lo necesario. — Lo miró. — Y antes de que digas algo quiero que quede claro que esto es temporal. Solo mientras pasa la tormenta y ese desgraciado deja de mandar matones a mi parqueadero.

— Claro.

— Y pago renta.

— Como quieras.

— Y no quiero que nadie me diga a qué hora llegar ni a qué hora irme.

— Nunca se me ocurriría.

Ángela lo estudió un momento con esa mirada suya de quien busca el truco en las cosas que parecen demasiado fáciles.

— ¿Por qué eres tan razonable? Me pone nerviosa.

— Es un defecto — dijo Máximo tomando dos de las maletas. — El ascensor está por aquí.

El apartamento del cuarto piso era más pequeño que el de Alma, pero tenía una terraza que Ángela recorrió dos veces antes de decir nada. Vista a la ciudad, suficiente espacio para una mesa y dos sillas, una jardinera vacía contra la pared.

— La jardinera la lleno yo — anunció.

— Lo que quieras.

Ángela se volvió hacia él con los brazos cruzados.

— Una cosa más. — Lo señaló con un dedo. — Lo que sea que sientes por mi amiga, trátala bien. Porque si la lastimas te juro por todo lo que es sagrado que esa pistola tiene balas y yo tengo muy buena puntería.

Máximo la miró sin inmutarse.

— Lo sé — dijo. — Por eso me cuido de ti, como te dije anoche.

Ángela lo miró un segundo.

Luego soltó la carcajada.

— Vete — dijo señalando la puerta. — Anda con tu mamá y deja que me instale.

Esa noche cenaron las cuatro en el apartamento de Alma.

Agatha había hecho sancocho desde temprano, de esos que necesitan horas para quedar bien, con el pollo, la papa criolla, el plátano y ese olor que llena toda la casa y que es casi imposible no asociar con algo bueno. Ángela puso el vino. Lucía puso la música, algo suave que nadie pidió pero que quedó perfecta de fondo.

Se sentaron las cuatro alrededor de la mesa y comieron sin apuro, sin teléfonos, sin el peso específico de los últimos días que había estado presente en cada comida desde la noche del cumpleaños.

Ángela contó una historia de sus años de modelo que hizo reír a Agatha hasta que tuvo que apoyarse en la mesa. Lucía preguntó detalles que Ángela exageró con total convicción. Alma tomó vino y escuchó y se dejó estar ahí, simplemente estar, sin calcular nada ni planear nada ni aguantar nada.

Cuando Agatha levantó los platos y Ángela abrió la segunda botella Lucía miró la mesa y las miró a las tres con esa expresión suya de cuando algo le importaba de verdad pero no sabía bien cómo decirlo.

— Esto sí parece familia — dijo.

Ángela levantó la copa.

— La que uno escoge — dijo. — Que siempre es mejor que la que le toca.

Agatha asintió desde la cocina sin decir nada.

Alma no dijo nada tampoco.

Se quedó con la copa en la mano mirando la mesa, las tres mujeres, la luz amarilla del comedor, el olor a sancocho que todavía flotaba en el aire, y sintió algo que no supo nombrar del todo pero que le dolió de una manera bonita, de esas que duelen porque son verdad y porque uno no sabía que las necesitaba hasta que las tiene enfrente.

Tomó un sorbo de vino.

— Gracias — dijo. Para las tres. Para nadie en particular.

No hizo falta decir más.

1
Maria Orleyda Bizcaino Leon
ay no! al fin novela y para que los guardaespaldas
Catalella
siiiiiiiiiiiii
Antonia Pulido
será que está embarazada?
Antonia Pulido
desgraciado no quiere ni a su hija
Antonia Pulido
maximo tiene que acabar con ese desgraciado
Antonia Pulido
ese es otro engendro desgraciado
Cliente anónimo
Máximo es caído de la mata Niñato 😱
Antonia Pulido
me perdí o la culebra se torció? no entiendo
Beliza Fornez
Por lo menos cuando en 20 años este vieja, tiene un padre todavía joven 🤭
Beliza Fornez
Ok Máximo lo que necesita es una madre y la consiguió en Alma a pesar de tener a Elena
Cliente anónimo
Que enredo es esto
María Alejandra Hernández Román
Autora. Los cuerpos que van a la morge no son viables para donación. Se escucha jalado de los pelos
María Alejandra Hernández Román
que cagada . Para que ponen en la historia unos guardaespaldas que no van tener una función real ???? no es la primera vez
María Alejandra Hernández Román
No lo conoce por eso se dejó joder 🤣🤣🤣🤣
Cliente anónimo
Y esos hombres estupido son gietdsespaldas 🤣
Lotatrive Lopez
Me gustó mucho la novela.
Lotatrive Lopez
Gracias por compartir su novela.
Me quedaron dudas, que le dijo Alma en el oído a Vanessa en la morgue.
Qué decía la carta que Lucrecia le dejó a Alma????
Beliza Fornez
Que chimbo esos de seguridad y Lucia no y que no conocía de la existencia de Vanessa . En las novelas ocurren cada incoherencia que ni te cuento 😂
luzteresa Caraballo
quiero muchísimo sexo sexo sexo
luzteresa Caraballo
cuando van a tener sexo quiero muchísimo sexo sexo sexo
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