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Renací y me casé con el bombero que me salvó

Renací y me casé con el bombero que me salvó

Status: Terminada
Genre:Reencarnación(época moderna) / Multi-reencarnación / Mujer despreciada / Venganza / La mimada del jefe / Completas
Popularitas:116.6k
Nilai: 4.6
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

En su primera vida, Valentina Solares lo entregó todo por Diego Estrada. A cambio, él la traicionó con Camila, permitió que usaran su cuerpo para gestar el hijo de ambos y la abandonó cuando más lo necesitaba. Valentina murió frente a un hospital creyendo que nunca podría recuperar lo que le habían quitado.
Entonces despierta cinco años en el pasado, en medio del secuestro que marcó el comienzo de su desgracia.
Esta vez no va a suplicar. Romperá su compromiso, recuperará la investigación que le robaron y hará caer, uno por uno, a quienes construyeron su felicidad sobre el sufrimiento de ella. Pero Diego también recuerda la vida anterior y está decidido a volver a controlarla.
Para escapar de su familia adoptiva y cambiar un destino que parece escrito, Valentina toma la decisión más arriesgada de todas: casarse de inmediato con Sebastián Montero, un reservado capitán de bomberos que siempre aparece cuando todo arde.
Valentina cree que ha firmado un matrimonio de conveniencia. Lo que ignora es que Sebastián ya le salvó la vida una vez, que lleva diecisiete años buscándola y que, detrás del uniforme, oculta la identidad del heredero de una de las familias más poderosas del país.
Mientras sus enemigos intentan destruirla y su esposo convierte un contrato en el único hogar que ha conocido, Valentina deberá decidir qué desea más: cobrar cada deuda del pasado o atreverse a vivir el amor que nunca creyó merecer.

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20

Capítulo 20 — Secuestrada y rescatada

El auto negro de Rodrigo frena en seco a mi lado.

La ventanilla baja. Su rostro aparece, frío, afilado.

—Sube.

Doy un paso atrás. Mi voz sale firme.

—No es necesario, señor Solares. Desde que dejé la casa, no pienso volver.

Rodrigo frunce el ceño. Parece genuinamente sorprendido de que yo prefiera una vida modesta antes que volver al lujo de la Casona Solares.

Ya ni siquiera lo llamo «hermano».

—¿En serio? ¿Por unos regaños te vas de la casa?

Su voz destila desprecio.

—Camila sufrió mucho por tu culpa. No te disculpaste y encima haces berrinche.

—Ahora mismo, vas a volver conmigo.

Giro sobre mis talones para esquivar el auto. Rodrigo abre la puerta de un golpe, me agarra la muñeca y me empuja dentro del asiento trasero.

El motor ruge. El auto sale disparado.

Me incorporo como puedo. Me duele el tobillo: al lanzarme dentro del coche, Rodrigo me lo torció. En cuestión de minutos, la hinchazón se vuelve púrpura.

Aprieto los dientes. Respiro hondo.

—Señor Solares, dejé la casa como ustedes querían. Le abrí paso a Camila. ¿Por qué siguen sin dejarme en paz?

Mi voz sale helada.

—Lo de la tesis de Camila, ¿también me lo van a echar a mí?

Rodrigo mira por el retrovisor. Mi cara pálida y delgada le provoca un leve destello de incomodidad. Lo noto, pero no le importa lo suficiente.

—Esta vez lo dejamos pasar. No voy a pelear contigo por eso.

—Pero la plaza de residencia en el Hospital Central será de Camila. No te metas.

Mi corazón se hunde.

Conozco el poder de los Solares. Con los recursos de Rodrigo, un escándalo de plagio no es más que una molestia menor. Gastarán lo que haga falta para pavimentarle el camino a Camila.

En mi vida anterior, cuando a mí me acusaron falsamente de plagio, mis hermanos adoptivos me trataron como una mancha en el apellido. Me bloquearon de sus contactos. Me echaron de la casa. No investigaron. No gastaron un centavo en mi defensa. Solo miraron mientras me destruían.

Comparado con lo que hacen ahora por Camila, la diferencia es un abismo.

Rodrigo continúa con voz gélida:

—El mes que viene es la boda con Diego. En unos días enviaré a alguien a que te prueben el vestido de novia. No hagas pasar vergüenza a la familia.

—Estas dos semanas, te quedas en la casa. No sales a ningún lado.

—Y si me entero de que te escapas para ir con esos amigos tuyos, no me voy a molestar en ser amable con ellos.

Me estremezco. Rodrigo es capaz de cumplir esa amenaza. En mi vida pasada, por un capricho de Camila, mandó que atropellaran a alguien. Un hombre así no tiene límites.

No quiero poner en peligro a Sebastián ni a Isabella.

Bajo la mirada. Aprieto la tela de mi falda.

—Entendido.

—————————————————————————————————

El auto se detiene frente a la Casona Solares. Rodrigo abre la puerta trasera.

—Baja.

No me muevo. Lo miro sin expresión.

—No puedo caminar.

Rodrigo ve mi tobillo hinchado. Frunce el ceño.

—¿Te torciste el pie? ¿Por qué no lo dijiste antes?

Esbozo una sonrisa amarga.

—¿Acaso me habrías escuchado?

Cierra la puerta de un portazo. Minutos después, los empleados vienen con una silla de ruedas y me llevan adentro.

En la sala, Camila está sentada junto a Andrés. Con los ojos rojos, el rostro demacrado, llora entre sollozos. Al verme, se encoge contra él, como si yo la aterrorizara.

Las miradas de los dos hermanos me atraviesan.

Desde la silla de ruedas, doy instrucciones al mayordomo.

—Llamen a un médico. Necesito que me atiendan el tobillo.

Rodrigo le da permiso con un gesto. Andrés me fulmina.

—Valentina, ¿no piensas explicar lo del video? ¿Tú armaste lo de la tesis de Camila? Ella está así de mal y tú sigues atacándola.

Ladeo la cabeza.

—¿Qué video? ¿El de Rodrigo y Camila en una situación comprometedora?

El silencio cae como un bloque de concreto.

Los empleados miran al suelo. Nadie respira.

—¡Cierra la boca! —Rodrigo estrella el cenicero contra el piso. Los pedazos de vidrio vuelan hasta mis pies.

En mi vida anterior, yo habría temblado. Habría pedido perdón con tal de no perder la aprobación de estos dos hombres que nunca me vieron como familia.

Esta vez, sacudo los fragmentos de cristal de mi falda. Sonrío.

—Ya que la relación entre el señor Solares y Camila es un secreto a voces, ¿por qué no formalizarla?

El rostro de Camila se congela.

—Claro que también hay que considerar a Andrés. No creo que esté dispuesto a renunciar a Camila tan fácilmente. Dos hermanos enamorados de la misma mujer... si eso se supiera, toda la alta sociedad de Puerto del Sol temblaría.

Los empleados intercambian miradas. Nadie dice una palabra, pero veo cómo procesan la información.

Rodrigo me ordena que me encierren en la habitación de huéspedes. Me confiscan el teléfono. No me envían cena.

—————————————————————————————————

La noche se arrastra. El hambre me perfora el estómago. Me acurruco en la cama, toco mi vientre vacío. Los ojos se me cierran de agotamiento.

Pasada la medianoche, un ruido me despierta. Un rasguño metálico en la ventana.

Abro los ojos.

La ventana se abre desde afuera. Un hombre alto está en cuclillas sobre el alféizar, con esos ojos oscuros fijos en mí. El brillo de la luna le recorta la silueta.

Me ve despierta. Salta dentro de la habitación con la agilidad de alguien acostumbrado a escalar edificios en llamas.

Me siento de golpe. El sueño desaparece.

—Sebastián...

No esperaba que, después de una sola noche sin volver al departamento, él viniera a buscarme hasta aquí.

Camina hasta la cama. Mira mi tobillo vendado. Sus ojos se oscurecen.

—¿Qué pasó?

Encojo el pie instintivamente.

—¿Cómo me encontraste?

Su voz es baja, controlada.

—Te llamé más de una docena de veces. No contestaste. La dueña de la cafetería me dijo que un hombre te había llevado.

Sin decir más, me retira la manta. Me levanta en brazos y camina hacia la puerta.

Con una sola mano me sostiene. Con la otra, manipula la cerradura hasta que cede. Abre la puerta y sale.

Recostada contra su pecho, escucho los latidos de su corazón. Rápidos. Fuertes. El aroma a pino que siempre lleva me envuelve. Sus brazos, firmes y seguros, me sostienen como si yo pesara menos que el aire.

Parpadeo. La garganta se me cierra. La nariz me arde. Quiero llorar, pero me contengo.

Atraviesa la sala, toma mi bolso del sofá y sale por la puerta principal. Sin esconderse. Sin agachar la cabeza. Como si este lugar le perteneciera y estuviera recuperando algo que es suyo.

Me coloca en el asiento del copiloto. Me abrocha el cinturón. Sube al auto y pisa el acelerador.

El auto se aleja de la Casona Solares. Mi cuerpo tenso empieza a relajarse. Los párpados me pesan. Me quedo dormida.

Cuando abro los ojos, estoy en la habitación de huéspedes del departamento. Mi tobillo tiene una venda nueva. El dolor ha disminuido.

Sebastián está de pie junto a la puerta. Tiene ojeras oscuras, como si no hubiera dormido en toda la noche.

Me trae un plato de crema de arroz. Lo deja en la mesita de noche.

—¿Necesitas que te lleve al baño?

Me ruborizo. Tartamudeo.

—No... no hace falta. Puedo sola.

Me mira con escepticismo, la vista fija en mi tobillo morado.

—¿Segura?

Intento mover la pierna. Una descarga de dolor me recorre. Muerdo el labio.

—Aguanta.

Su aliento cálido me roza la frente. Me levanta en brazos otra vez y camina hacia el baño.

Me sienta sobre la tapa del inodoro. Me pone el cepillo de dientes y el vaso en las manos.

—Cuando termines, avísame.

Se da la vuelta y sale.

Enciendo el teléfono después de desayunar. Decenas de llamadas perdidas saltan a la pantalla. Doce de Sebastián. Muchos mensajes de Isabella.

Doce llamadas.

Me quedo mirando la pantalla. Algo tibio y desconocido me presiona el pecho.

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Leticia Baeza Vazquez
esta está idiota quien después de pasar una buena noche nesecita pensar q idiota yo quiero a Sebastián si ella no lo quiere osea q mujer tan pendeja y estúpida
Leticia Baeza Vazquez
una renacida estúpida q no ve el futuro está de la chingada osea no se supone q sabe lo q ba a ocurrir y resulta más pendeja todavía estás mierdas q escribes son un asco
Leticia Baeza Vazquez
no puedo con esta grandísima idiotaaaaaaa
Leticia Baeza Vazquez
la verdad pura estupides escribes le falta carácter ala tipa pendeja está osea toda una eminencia y no se d fiende si le dicen preséntate en esta fiesta lo hace la estúpida q no tiene dignidad
Leticia Baeza Vazquez
así o más estúpida la protagonista la verdad lo q escribe la escritora puras malditas estupideces
Leticia Baeza Vazquez
es una maldita inmadura estúpida
Leticia Baeza Vazquez
esta si q es idiota x q diablos no le dice q es el esposo y se deja de mamadas tiene 24 putos años y no madura
Leticia Baeza Vazquez
esta si q es estúpida y alo grande es casi una premio novela y x un mamaracho casi lo pierde osea pendeyalo grande
Leticia Baeza Vazquez
cómo me cagan las amigas metiches y x q diablos sigue llendo a buscar a esa casa no se supone w ya saco todo no mames escritora
Leticia Baeza Vazquez
bueno no q no tiene nada y no termina de recoger sus porquerias osea esta confusa está novela , no entiendo x q le dan bien ala novela q digamos tan buena no está
Maria Riquelme
Excelente novela felicitaciones escritora, solo me hubiese gustado que VALENTINA al final por lo menos estuviera embarazada
Maria Riquelme
Creo que a ella la habien adoptado desde bebé con unos meses solamente desde un horfanato
Maria Riquelme
Quién sabe, a lo mejor sabe por todo lo que VALENTINA, pasó esos años
Maria Riquelme
Escritora una consulta. CAMILA es prima o hermana de RODRIGO, ANDRES y VALENTINA? Porque ya he leído dos o tres veces que se dicen prima, y al principio eran hermanas 🤭🤭🤭
Maria Riquelme
Yo solo vuelvo a leer la parte que no entendí o recuerdo lo leído antes y esa parte que se debió antes la uno, y sigo leyendo porque es muy buena la novela y me gusta mucho
Maria Riquelme
Así es adoptada pero yo creo que lo dices porque el señor ese le dijo que se parecía a MERCEDES su madre adoptiva a los ejor se parece un poco además ellos la adoptaron desde UE era muy pequeñita
Maria Riquelme
Como es que CAMULA no puede tener hijos ahora si se supone que en la otra vida de VALENTINA cuando las taparon y Diego la eligió a ella y a CAMILA la hirieron, la dejaron si poder embarazarse, pero ahora la salvaron a ella no entiendo porque otra vez no puede .
Maria Riquelme
Algo que no entiendo todavía, es si ella ahora que volvió después de que la atropellaron está casada o todavía no?
Miriam Colín
La maldita zorra se llevará una gran sorpresa igual que los idiotas de los hermanos.
Sonia Niño
creo que se le chispotio un capítulo anterior
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