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Me llamaron inútil, pero soy la dueña de todo

Me llamaron inútil, pero soy la dueña de todo

Status: Terminada
Genre:Venganza / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:602.6k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Santi Suki

Valentina lo dio todo por su matrimonio. Dejó atrás una vida de lujos, una empresa familiar multimillonaria y un apellido de peso para convertirse en la esposa de Andrés: un hombre bueno, pero incapaz de defender a su propia familia.

Durante años, su suegra la humilló. Su cuñada la despreció. Le dijeron mantenida, inútil, una carga. Le exigieron dinero, sacrificios y silencio. Y Valentina aguantó. Por amor. Por sus hijos. Por la esperanza de que algún día Andrés abriera los ojos.

Hasta que un día dejó de aguantar.

Lo que nadie sabe —ni la suegra que la insulta, ni la cuñada que la menosprecia, ni siquiera el marido que la dejó ir— es que Valentina Montero es la accionista mayoritaria del Grupo Montero, la misma empresa donde Andrés trabaja como simple empleado.

Ahora, desde las sombras, Valentina reconstruye su vida, protege a sus hijos y observa cómo la verdad empieza a salir a la luz. Porque tarde o temprano, todos van a descubrir quién es realmente la mujer a la que llamaron inútil.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Unos diez años atrás...

Valentina recordaba con toda claridad el día en que conoció a la familia de Andrés. No fue en su propia casa, la lujosa. Tampoco en algún restaurante de categoría de los que solía frecuentar. Fue en una fonda sencilla a la orilla de la calle, cerca de la oficina donde Andrés trabajaba como empleado común.

Aquel día, Valentina había llegado primero al restaurante junto con Andrés. Estaba sentada, tiesa como una tabla, con el corazón latiéndole desde hacía rato. Tenía las manos heladas de los nervios. De vez en cuando se acomodaba el borde de la blusa, que ya estaba perfectamente en su lugar. Apretaba el bolso que llevaba en el regazo sin darse cuenta.

Era la primera vez que iba a conocer a la familia de Andrés en persona. Y por algún motivo, sentía que la estaban poniendo a prueba.

Andrés, sentado a su lado, la miró de reojo y sonrió.

—Tranquila —le susurró con suavidad, tocándole la mano por debajo de la mesa—. Les vas a encantar.

Ese gesto pequeño la calmó un poco. Valentina lo miró y sonrió con timidez.

En aquel entonces, su corazón rebosaba de amor.

Confiaba ciegamente en el hombre que tenía al lado. Creía que mientras Andrés estuviera con ella, todo iba a estar bien.

Al poco rato se abrió la puerta del restaurante. Don Eduardo entró primero, seguido por doña Carmen, Luciana, y Gabriel, que en esa época todavía era un adolescente. Matías era apenas un niño.

Andrés se puso de pie al instante.

—Papá... mamá, ella es Valentina. La mujer de la que les hablé —los saludó con una sonrisa.

Valentina se levantó rápido e inclinó la cabeza con cortesía.

—Buenas tardes, señor... señora.

—Buenas tardes —respondieron casi al unísono.

Pero enseguida Valentina volvió a ponerse nerviosa al notar que la mirada de doña Carmen se posaba directamente sobre ella. La mujer la examinó de pies a cabeza con detenimiento.

Una mirada que hizo que Valentina se sentara aún más derecha. Sin darse cuenta, se alisó la falda por debajo de la mesa.

—Bonita, la muchacha —comentó doña Carmen al fin, con una sonrisa escueta.

Valentina asintió con educación.

—Gracias, señora.

La conversación inicial fue bastante cordial. Don Eduardo le hizo varias preguntas sobre su trabajo.

Siguiendo las instrucciones de Rodrigo —su primo—, Valentina no reveló su verdadera identidad. Por el bien de ella misma y también de la familia de Andrés. No convenía que la diferencia de nivel económico impidiera que estuvieran juntos.

Mientras tanto, Gabriel y Matías se dedicaban a comer. Luciana, de vez en cuando, le echaba miradas discretas al bolso y al reloj de Valentina.

Andrés no dejaba de observar a su futura esposa. Cuando trajeron las bebidas, fue el primero en pasarle un vaso.

—Tu té helado.

Valentina sonrió apenas.

—Gracias.

De vez en cuando, Andrés le preguntaba en voz baja:

—¿Estás a gusto? ¿Quieres pedir algo más?

Esas pequeñas atenciones le calentaban el corazón a Valentina. Se sentía bien tratada por el hombre que también la amaba.

Y mientras más veía cómo Andrés la cuidaba frente a su familia, más segura se sentía de haber elegido a ese hombre como esposo.

Hasta que la conversación viró hacia la boda. El ambiente en la mesa se puso ligeramente más serio. Doña Carmen carraspeó antes de hablar. Valentina se enderezó de inmediato.

—Mira, Valentina —dijo, dejando el vaso de té sobre la mesa—. Nosotros somos una familia humilde.

Valentina asintió despacio.

—Sí, señora.

—Entonces, la boda la queremos sencilla.

Don Eduardo asintió, secundándola.

—Lo importante es que sea legal —agregó, despreocupado—. Nada de extravagancias.

Valentina escuchó en silencio. En realidad, a ella nunca le había importado si la fiesta era grande o pequeña. Casarse con la persona que amaba ya era suficiente para hacerla feliz.

Entonces doña Carmen volvió a hablar.

—Sí. Sobre todo porque tú... —La mujer se detuvo un instante y le clavó la mirada—. Ya no tienes padres, ¿verdad?

La frase le apretó el pecho a Valentina como un puño. Aunque fue dicha en tono casual, dolió igual. Porque esa era la herida más grande de su vida. Había perdido a su padre y a su madre desde niña.

Hasta ese día, la parte de ella que había perdido a su familia seguía sintiéndose vacía. Aun así, Valentina mantuvo una sonrisa tenue. Bajó la cabeza con compostura y contestó en voz baja:

—Sí, señora.

Doña Carmen asintió levemente.

—Entonces no hay necesidad de complicarse con ceremonias grandes.

Valentina apretó los puños despacio por debajo de la mesa. Había una tristeza que le brotó de golpe. Porque, de algún modo, esas palabras sonaban como si ella no mereciera demasiado esmero.

En ese momento eligió callarse. Le lanzó una mirada fugaz a Andrés. Y cuando él le tomó la mano con suavidad debajo de la mesa, toda esa tristeza volvió a tragársela sola. Porque en ese entonces amaba demasiado a Andrés. Y por él, estaba dispuesta a ceder en casi todo.

Los dedos tibios de Andrés le apretaron la mano con delicadeza, como queriendo calmar la incomodidad que ella contenía desde hacía rato.

Valentina giró un segundo. Andrés le sonrió apenas. Su mirada parecía decirle: Estoy aquí.

Y lo extraño era que ese gesto simple siempre lograba ablandarla. Aunque en el fondo del corazón, las palabras de doña Carmen le habían dejado una punzada.

Lo de ser huérfana. Lo de la boda sencilla. Todo sonaba como si nada necesitara prepararse demasiado porque ella "no tenía a nadie".

Pero Valentina eligió el silencio. No porque no pudiera hablar. Tampoco porque le faltara dignidad. Sino porque en ese momento amaba demasiado a Andrés.

No quería incomodar a nadie. No quería que su futuro esposo pasara vergüenza frente a su propia familia. Así que Valentina se tragó todo lo que sentía, sola.

—¿Tú qué opinas, Andrés? —preguntó Valentina en voz baja, volteando a verlo. Su mirada era tierna. Había una esperanza pequeña en ella.

Andrés le devolvió la mirada con una sonrisa cálida.

—Yo estoy contigo en lo que decidas.

La respuesta era sencillísima. Pero para Valentina, en ese momento, fue suficiente. Porque lo único que necesitaba era la certeza de que Andrés estaba de su lado.

Y por ese hombre, Valentina aceptó todo. Incluso que la dote fuera de apenas mil ochocientos dólares.

Valentina siguió sonriendo con felicidad. Aunque si fuera honesta, podría haber aspirado a mucho más. Tenía buena educación, una carrera exitosa, un rostro hermoso y una personalidad noble.

Había otros hombres que probablemente le habrían ofrecido mucho más. Pero en aquel entonces, Valentina no pensaba en nada de eso. Solo pensaba en Andrés.

Cuando terminó la reunión familiar, Andrés iba a llevarla a casa, pero su primo se le adelantó y pasó a recogerla.

—¿En serio eso fue todo? —protestó Rodrigo, incrédulo.

Valentina, que se estaba quitando los tacones, soltó una risa breve.

—¿Por qué? ¿Qué tiene?

—¿Que qué tiene? —Su primo casi se le salen los ojos—. ¡Tú eres riquísima, hermosa, empresaria exitosa!

Rodrigo caminaba de un lado a otro, refunfuñando.

—¡Cualquier otro hombre te habría dado el triple!

Valentina se limitó a sentarse con una sonrisa, escuchando el berrinche de su primo. Lejos de enojarse, parecía una loca enamorada.

—Lo importante es que me caso con la persona que amo —contestó quedamente.

Su primo se agarró la cabeza, frustrado.

—¡Estás ciega de amor, prima!

Valentina solo se rio. Porque en aquel momento su amor por Andrés era tan grande y tan real que cosas como el monto de la dote dejaban de importar.

Incluso el anillo que Andrés le dio fue de lo más modesto. Un aro de oro blanco de un gramo.

Y sin embargo, cuando Andrés se lo puso en el dedo el día de la boda, a Valentina se le llenaron los ojos de lágrimas de emoción.

Porque lo que ella veía no era el precio del anillo. Era la sinceridad del hombre que tenía enfrente. Veía en Andrés un hogar. Un lugar al que volver. Un hombre que la protegería toda la vida.

Y por esa convicción, Valentina estuvo dispuesta a renunciar a muchas cosas propias. A vivir con sencillez. A ceder. A aceptar cada petición de la familia de Andrés sin protestar.

Porque en aquel entonces, Valentina creía de verdad que el amor bastaba para hacer feliz un matrimonio.

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Maria Riquelme
Hermosa novela, muchas gracias escritora, por darnos estás lecciones de vida, donde el dinero ayuda pero no hace la verdadera felicidad me gustó mucho porque además todos se dieron cuenta de que estaban muy equivocados en su forma de ser en un principio
Maria Riquelme
Espero que ANDRES aprenda que no tendrá una nueva oprtunidad, y ojalá los padres ni los hermanos sepan quien es en realidad VALENTINA, porque si lo llegan a saber ahí si que no dejarán de estar pidiendo dinero y se creerán con derechos además pensaran que es obligación de ella darles lo que ellos pidan, espero que de verdad ANDRÉS haya cambiado y no les de más dinero
Erika Pérez Ac
madres, cómo diablos el niño se va a montar en el cuerpo d su papá,si aún está supuestamente arriba dl auto 🤭🤭😁😁😁
Erika Pérez Ac
No q andaba en la moto 🤭
Maria Riquelme
Espero que esto le haya dado una buena lección a ANDRÉS y no vuelva a alimentar a los parásitos de su familia, ahora que se las arreglen solos ya bastante exprimieron su hijo y hermano, que por ser el mayor creían que ellos eran la prioridad, y ahora él por fin abrió los ojos
Maria Riquelme
Es verdad entonces que tiene que reponer el dinero en el trabajo o es solo una trampa para poder sacarse de encima a todos esos parásitos de su familia?
Maria Riquelme
No creo que ANDRES vaya a encontrar a VALENTINA si busca un auto ptoruquey ella solo usaba una moto 😂🤣🤭👏
Maria Riquelme
Escritora creo que te equivocaste porque primero la alcancía tenia forma de robot y en el párrafo después ya era gallina
Maria Riquelme
Mejor vaya donde su madre o hermana que es a quien les da dinero sin que ellas hagan algo por ellos, que reciben gratis y allá le recorta dinero para dárselos a ellos
Arminda Caballero
la verdad muuy bueno!!
Erika Pérez Ac
si ya pasaron días como dice en los párrafos d más arriba ,como Luciana no fue x la niña,si Andrés la dejo un día 🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Stella Mendieta
y rodrigo no hablaste mas
Erika Pérez Ac
Q 🚓,si se fue en la 🏍️,🤭🤭🤭
Rosaura Román
Mateo es un Cupido 😍
MARIELA GONZALEZ
muy muy muy hermosa novela....me encantó....muchas felicidades autora y Mil bendiciones
Maggi González
Me agrado mucho tú historia, no hubo tanta maldad, todos cambiaron para bien FELICITACIONES 👏👏👏👏
Mayra Mendez
yo soy muy rencorosa y mi suegra también me ha hecho cosas no tan feas como a ella pero no disculpo y nunca la llamaría madre para mí mi única madre es la que me parió nadie más.
Maria Riquelme: Para mi también, además mi negra nunca me quiso porque yo era separada, tampoco ni siquiera le dije suegra, yo le decía señores además ella tampoco quería a mi hija que era su nieta, ya que ella decía que yo le estaba metiéndole un cachito a su hijo
total 1 replies
Iraida Guzman
El hombre es un monigote de la mamá y ella una estúpida que teniendo dinero aguanta tanto por nada no tiene autoestima todo por un Pipi que puede encontrar en cualquier parte
Patricia Ayala
es la misma situación que pasó con Valentina, se las están devolviendo
Gladys Muñoz
no sé sintió es un fracasado de mierrrrr
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