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Me llamaron inútil, pero soy la dueña de todo

Me llamaron inútil, pero soy la dueña de todo

Status: Terminada
Genre:Venganza / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:410.5k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Santi Suki

Valentina lo dio todo por su matrimonio. Dejó atrás una vida de lujos, una empresa familiar multimillonaria y un apellido de peso para convertirse en la esposa de Andrés: un hombre bueno, pero incapaz de defender a su propia familia.

Durante años, su suegra la humilló. Su cuñada la despreció. Le dijeron mantenida, inútil, una carga. Le exigieron dinero, sacrificios y silencio. Y Valentina aguantó. Por amor. Por sus hijos. Por la esperanza de que algún día Andrés abriera los ojos.

Hasta que un día dejó de aguantar.

Lo que nadie sabe —ni la suegra que la insulta, ni la cuñada que la menosprecia, ni siquiera el marido que la dejó ir— es que Valentina Montero es la accionista mayoritaria del Grupo Montero, la misma empresa donde Andrés trabaja como simple empleado.

Ahora, desde las sombras, Valentina reconstruye su vida, protege a sus hijos y observa cómo la verdad empieza a salir a la luz. Porque tarde o temprano, todos van a descubrir quién es realmente la mujer a la que llamaron inútil.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Unos diez años atrás...

Valentina recordaba con toda claridad el día en que conoció a la familia de Andrés. No fue en su propia casa, la lujosa. Tampoco en algún restaurante de categoría de los que solía frecuentar. Fue en una fonda sencilla a la orilla de la calle, cerca de la oficina donde Andrés trabajaba como empleado común.

Aquel día, Valentina había llegado primero al restaurante junto con Andrés. Estaba sentada, tiesa como una tabla, con el corazón latiéndole desde hacía rato. Tenía las manos heladas de los nervios. De vez en cuando se acomodaba el borde de la blusa, que ya estaba perfectamente en su lugar. Apretaba el bolso que llevaba en el regazo sin darse cuenta.

Era la primera vez que iba a conocer a la familia de Andrés en persona. Y por algún motivo, sentía que la estaban poniendo a prueba.

Andrés, sentado a su lado, la miró de reojo y sonrió.

—Tranquila —le susurró con suavidad, tocándole la mano por debajo de la mesa—. Les vas a encantar.

Ese gesto pequeño la calmó un poco. Valentina lo miró y sonrió con timidez.

En aquel entonces, su corazón rebosaba de amor.

Confiaba ciegamente en el hombre que tenía al lado. Creía que mientras Andrés estuviera con ella, todo iba a estar bien.

Al poco rato se abrió la puerta del restaurante. Don Eduardo entró primero, seguido por doña Carmen, Luciana, y Gabriel, que en esa época todavía era un adolescente. Matías era apenas un niño.

Andrés se puso de pie al instante.

—Papá... mamá, ella es Valentina. La mujer de la que les hablé —los saludó con una sonrisa.

Valentina se levantó rápido e inclinó la cabeza con cortesía.

—Buenas tardes, señor... señora.

—Buenas tardes —respondieron casi al unísono.

Pero enseguida Valentina volvió a ponerse nerviosa al notar que la mirada de doña Carmen se posaba directamente sobre ella. La mujer la examinó de pies a cabeza con detenimiento.

Una mirada que hizo que Valentina se sentara aún más derecha. Sin darse cuenta, se alisó la falda por debajo de la mesa.

—Bonita, la muchacha —comentó doña Carmen al fin, con una sonrisa escueta.

Valentina asintió con educación.

—Gracias, señora.

La conversación inicial fue bastante cordial. Don Eduardo le hizo varias preguntas sobre su trabajo.

Siguiendo las instrucciones de Rodrigo —su primo—, Valentina no reveló su verdadera identidad. Por el bien de ella misma y también de la familia de Andrés. No convenía que la diferencia de nivel económico impidiera que estuvieran juntos.

Mientras tanto, Gabriel y Matías se dedicaban a comer. Luciana, de vez en cuando, le echaba miradas discretas al bolso y al reloj de Valentina.

Andrés no dejaba de observar a su futura esposa. Cuando trajeron las bebidas, fue el primero en pasarle un vaso.

—Tu té helado.

Valentina sonrió apenas.

—Gracias.

De vez en cuando, Andrés le preguntaba en voz baja:

—¿Estás a gusto? ¿Quieres pedir algo más?

Esas pequeñas atenciones le calentaban el corazón a Valentina. Se sentía bien tratada por el hombre que también la amaba.

Y mientras más veía cómo Andrés la cuidaba frente a su familia, más segura se sentía de haber elegido a ese hombre como esposo.

Hasta que la conversación viró hacia la boda. El ambiente en la mesa se puso ligeramente más serio. Doña Carmen carraspeó antes de hablar. Valentina se enderezó de inmediato.

—Mira, Valentina —dijo, dejando el vaso de té sobre la mesa—. Nosotros somos una familia humilde.

Valentina asintió despacio.

—Sí, señora.

—Entonces, la boda la queremos sencilla.

Don Eduardo asintió, secundándola.

—Lo importante es que sea legal —agregó, despreocupado—. Nada de extravagancias.

Valentina escuchó en silencio. En realidad, a ella nunca le había importado si la fiesta era grande o pequeña. Casarse con la persona que amaba ya era suficiente para hacerla feliz.

Entonces doña Carmen volvió a hablar.

—Sí. Sobre todo porque tú... —La mujer se detuvo un instante y le clavó la mirada—. Ya no tienes padres, ¿verdad?

La frase le apretó el pecho a Valentina como un puño. Aunque fue dicha en tono casual, dolió igual. Porque esa era la herida más grande de su vida. Había perdido a su padre y a su madre desde niña.

Hasta ese día, la parte de ella que había perdido a su familia seguía sintiéndose vacía. Aun así, Valentina mantuvo una sonrisa tenue. Bajó la cabeza con compostura y contestó en voz baja:

—Sí, señora.

Doña Carmen asintió levemente.

—Entonces no hay necesidad de complicarse con ceremonias grandes.

Valentina apretó los puños despacio por debajo de la mesa. Había una tristeza que le brotó de golpe. Porque, de algún modo, esas palabras sonaban como si ella no mereciera demasiado esmero.

En ese momento eligió callarse. Le lanzó una mirada fugaz a Andrés. Y cuando él le tomó la mano con suavidad debajo de la mesa, toda esa tristeza volvió a tragársela sola. Porque en ese entonces amaba demasiado a Andrés. Y por él, estaba dispuesta a ceder en casi todo.

Los dedos tibios de Andrés le apretaron la mano con delicadeza, como queriendo calmar la incomodidad que ella contenía desde hacía rato.

Valentina giró un segundo. Andrés le sonrió apenas. Su mirada parecía decirle: Estoy aquí.

Y lo extraño era que ese gesto simple siempre lograba ablandarla. Aunque en el fondo del corazón, las palabras de doña Carmen le habían dejado una punzada.

Lo de ser huérfana. Lo de la boda sencilla. Todo sonaba como si nada necesitara prepararse demasiado porque ella "no tenía a nadie".

Pero Valentina eligió el silencio. No porque no pudiera hablar. Tampoco porque le faltara dignidad. Sino porque en ese momento amaba demasiado a Andrés.

No quería incomodar a nadie. No quería que su futuro esposo pasara vergüenza frente a su propia familia. Así que Valentina se tragó todo lo que sentía, sola.

—¿Tú qué opinas, Andrés? —preguntó Valentina en voz baja, volteando a verlo. Su mirada era tierna. Había una esperanza pequeña en ella.

Andrés le devolvió la mirada con una sonrisa cálida.

—Yo estoy contigo en lo que decidas.

La respuesta era sencillísima. Pero para Valentina, en ese momento, fue suficiente. Porque lo único que necesitaba era la certeza de que Andrés estaba de su lado.

Y por ese hombre, Valentina aceptó todo. Incluso que la dote fuera de apenas mil ochocientos dólares.

Valentina siguió sonriendo con felicidad. Aunque si fuera honesta, podría haber aspirado a mucho más. Tenía buena educación, una carrera exitosa, un rostro hermoso y una personalidad noble.

Había otros hombres que probablemente le habrían ofrecido mucho más. Pero en aquel entonces, Valentina no pensaba en nada de eso. Solo pensaba en Andrés.

Cuando terminó la reunión familiar, Andrés iba a llevarla a casa, pero su primo se le adelantó y pasó a recogerla.

—¿En serio eso fue todo? —protestó Rodrigo, incrédulo.

Valentina, que se estaba quitando los tacones, soltó una risa breve.

—¿Por qué? ¿Qué tiene?

—¿Que qué tiene? —Su primo casi se le salen los ojos—. ¡Tú eres riquísima, hermosa, empresaria exitosa!

Rodrigo caminaba de un lado a otro, refunfuñando.

—¡Cualquier otro hombre te habría dado el triple!

Valentina se limitó a sentarse con una sonrisa, escuchando el berrinche de su primo. Lejos de enojarse, parecía una loca enamorada.

—Lo importante es que me caso con la persona que amo —contestó quedamente.

Su primo se agarró la cabeza, frustrado.

—¡Estás ciega de amor, prima!

Valentina solo se rio. Porque en aquel momento su amor por Andrés era tan grande y tan real que cosas como el monto de la dote dejaban de importar.

Incluso el anillo que Andrés le dio fue de lo más modesto. Un aro de oro blanco de un gramo.

Y sin embargo, cuando Andrés se lo puso en el dedo el día de la boda, a Valentina se le llenaron los ojos de lágrimas de emoción.

Porque lo que ella veía no era el precio del anillo. Era la sinceridad del hombre que tenía enfrente. Veía en Andrés un hogar. Un lugar al que volver. Un hombre que la protegería toda la vida.

Y por esa convicción, Valentina estuvo dispuesta a renunciar a muchas cosas propias. A vivir con sencillez. A ceder. A aceptar cada petición de la familia de Andrés sin protestar.

Porque en aquel entonces, Valentina creía de verdad que el amor bastaba para hacer feliz un matrimonio.

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Mercedez Peréz
asi espero. que no le cuente nada a los parasitos de familia que tiene sino le sacan asta las gana de comer nuevamente
Mercedez Peréz
a todos ay que leerle los cuarenta y cho en mi casa mando yo si.el quiere siguir siendo dominado por la madre que se quede con ella y ella diga basta y a otro con el muerto
Vanessa Gonzalez
Preciosa tu novela escritora 👏👏👏 felicidades 🥳🎉🎊 la disfrute de principio a fin bendiciones 🙏🙏🙏 desde Cuba 🇨🇺
Era C Garnica (Era C.)
Que mal me cae todo eso de que se aprovechen de las nueras 😭 y ellas por quedar bien con la familia postiza hacen lo que sea eso es injusto bola de viejas huevonas
Beruska Sanchez
tiene dinero de todo y vive así. de pana la novela es sosa insípida poco inspiradora
Patricia Guerrero
Fascinante, me gustó mucho buen relato y un sabor agradable de mensajes sobre la comprensión, el apoyo y la unión de la familia. lectura fácil, son dejar cabos sueltos, me hizo reír, llorar, añorar, recapacitar. Estas lecturas vale la pena, deja una enseñanza y reflexión. gracias.
Rocio Rincon
bonita historia y enseñanzas
Gloria botero
Genial 🥰🥰🥰 me encanto la historia 👏👏
jacquelinne reyes
muy buena novela gracias a Dios no tuvo nada de mafia
anbell
una historia diferente de alegrías y desánimo.. de una reconciliación familiar con un final feliz ..con una lección de vida
Yoleyma Garcia
Ya me aburrió la novela, siempre lo mismo, una mujer con dinero, dueña de una empresa, imposible que aguante a un tipo sin personalidad propia, además que gastó los ahorros y no le dijo nada al esposo, ese mismo día lo mandó a dormir a casa de lis padres, es indignante
Ricardo Ramon Carrizo
excelente, felicitaciones 👏
Viviana Patricia Keller
muy bueno
Viviana Patricia Keller
muy bueno
Guadalupe Mora Zetina
Andrés tu no tienes por qué estar cargando con problemas que no son tuyos que tú hermano se faje bien los pantalones y que se enseñe a de decir no que no siga siendo un pelele en manos de la familia de su esposa y tu hermano que les diga que ya no van a tener nada de el y si su esposa quiere irse que se valla que le pruebe a ver si es lo mismo ya estuvo suave de mantener a familias parásitos y vividoras ya estuvo por qué tú hermano sigue así de todos modos se acabará su matrimonio por qué el se va a cansar y a fastidiar que no sea tonto
Mirla Loyo
el problema de la familia de Andrés fue la mamá..y el padre por ser tan pasivo y tratar de participar en la destrucción de su hijo mayor, sin considerarlo, ni darle un hasta acá a la familia por comodidad de él mismo 😡
Dharahel
/Heart//Heart//Heart//Heart//Heart/
Mirla Loyo
lo insólito es que la vieja aparentaba una vida de lujos que no se podía dar ya que eran unos patas en el suelo 🤷‍♀️🤣
Mirla Loyo
que descarada ésa HDP viendo lo que vive y sufre Gabriel y aún no ve lo que padeció su hijo mayor 😡
Mirla Loyo
pero que vaina, una cosa es ser solidaria con la familia de vez en cuando, pero otra es estar resolviendo los peos a diario, Andrés debe poner una raya para los límites 😡
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