SE TRATA DE UNA DOCTORA INDEPENDIENTE QUE ENFRENTA LA TRAICIÓN Y LA HUMILLACIÓN SIN DEJARSE PISOTEAR. ESTA NOVELA TIENE TODOS LOS INGREDIENTES PARA SER UN DRAMA SUMAMENTE ATRAPANTE Y EMOCIONANTE.
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LA REACCIÓN DE JULIÁN Y LA VICTORIA ABSOLUTA
Julián se quedó petrificado en su asiento. Al intentar levantarse para protestar, dos agentes de seguridad privada de la fundación se apostaron discretamente a su espalda, entregándole en mano la notificación judicial de alejamiento y la citación ante la fiscalía.
Elena descendió del estrado con el aplauso atronador de la élite de la ciudad. Sin elevar la voz y sin haber mencionado el nombre de su esposo en tono de reproche personal, lo había despojado de su poder, de su reputación y de su libertad en una sola noche.
El estruendo de los aplausos tras el discurso de Elena aún resonaba en el Gran Salón del Hotel Grand Majestic. Mientras los fotógrafos rodeaban a Elena y a Mateo Valderrama, Beatriz se encontraba petrificada a un lado del escenario, con la copa de champán temblando entre sus dedos.
Julián acababa de ser abordado discretamente por el equipo de seguridad privada, dejando a Beatriz completamente sola, despojada de la protección que él le había prometido y expuesta ante los murmullos de la alta sociedad.
Al ver que Elena caminaba hacia la zona VIP para un breve respiro, Beatriz, acorralada por la desesperación y el orgullo herido, irrumpió en el pasillo lateral cortándole el paso.
—¡Es un atrevimiento lo que acabas de hacer! —exclamó Beatriz con la voz contenida pero temblorosa, los ojos desorbitados por el impacto del anuncio público—. ¡Usar un escenario benéfico para atacarnos! ¡Intentar destruir mi reputación profesional frente a toda la junta!
Elena se detuvo. No dio un solo paso atrás. Con la parsimonia y el temple de quien sostiene un bisturí en una cirugía a corazón abierto, se giró despacio para mirarla de frente. Vestida con su traje azul noche impecable, la diferencia de porte y distinción entre ambas era abrumadora.
—Medir tus palabras sería un sabio consejo antes de hablar de reputación, Beatriz —respondió Elena con una voz serena, modulada y helada.
—¡Tú no sabes nada! —escupió Beatriz, dando un paso al frente en un intento de intimidarla—. Julián me eligió a mí porque estaba harto de tu frialdad, de tu superioridad moral y de tu maldito apellido. ¡Crees que por tener dinero y el respaldo de Mateo Valderrama puedes aplastar mi carrera médica!
Elena alzó una ceja de forma imperceptible. Su rostro permaneció sereno, desprovisto de odio o rencor, mostrando únicamente una distancia glacial.
—Tu carrera médica no la destruí yo, Beatriz. La destruiste tú misma en el momento en que decidiste cambiar tu ética profesional por los restos de la ambición de un hombre mediocre.
—¡Julián es el administrador del hospital! —replicó la joven, alzando la barbilla con un resto inútil de arrogancia.
—Julián era el administrador —corrigió Elena, remarcando el tiempo pasado con precisión fría—. En este instante, sus firmas están revocadas, las cuentas de la fundación congeladas y los guardias de seguridad lo están escoltando a la salida para entregarle una citación de la fiscalía por malversación de fondos. Y si revisas tu correo corporativo, verás que tu suspensión inmediata también acaba de ser notificada.
Beatriz palideció de golpe. La copa que sostenía estuvo a punto de resbalarse de las manos.
—¿Qué... qué estás diciendo?
—Que cuando un barco se hunde, los cobardes como Julián siempre entregan a los tripulantes más débiles para intentar salvarse —dijo Elena, acortando el medio metro que las separaba para mirarla directamente a los ojos—. Él me vendió a mí durante años, y esta noche, para intentar frenar la auditoría, usó tu firma en las facturas falsas de Pharmatech. Te usó como escudo, Beatriz.
El silencio que siguió fue denso. Los ojos de Beatriz se llenaron de una mezcla de rabia, vergüenza y un terror absoluto al comprender que Elena no solo lo sabía todo, sino que tenía el control total de la situación.
—Esa es la diferencia entre nosotras —añadió Elena con dignidad inquebrantable—. Tú necesitaste un engaño y la complicidad de un ladrón para intentar escalar. Yo solo necesité mi trabajo, mi apellido y la verdad para ponerte en tu lugar.
Elena le dio la espalda con elegancia. Al llegar al final del pasillo, donde Mateo Valderrama la esperaba respetuosamente, se detuvo un instante sin volverse.
—Recoge tus cosas del hospital antes del amanecer, Beatriz. A partir de mañana, la entrada se te prohibirá en cualquier instalación del grupo Morales.
Elena tomó el brazo que Mateo le ofreció y avanzó con la frente en alto hacia los salones principales, dejando a Beatriz parada en la penumbra del pasillo, devorada por la ruina de sus propias decisiones.