Marcos Castro, el implacable director de Apex Dynamics, cree que el control lo es todo hasta que la humilde camarera Sara tropieza con él. Ella trabaja sin descanso para pagar deudas médicas y posee una dignidad inquebrantable que fascina a Marcos, desatando en él una peligrosa obsesión.Para acercarse, él le ofrece empleo en su empresa. Sin embargo, Sara desconfía de los ricos y rechaza sus lujos, obligando al magnate a bajarse de su pedestal para ganarse su corazón. Entre el orgullo y una pasión salvaje e incontenible, ambos inician un intenso juego de seducción.La situación se complica cuando los secretos del pasado de Sara salen a la luz y un enemigo corporativo intenta usarla para destruir la compañía. El hermético empresario tendrá que decidir si es capaz de quemar su propio imperio con tal de proteger a la mujer que se convirtió en su dulce perdición.
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CAPITULO 19. EL BUFETE DE MENDEZ.
La mañana del sábado amaneció con un cielo limpio y un sol radiante que iluminaba las calles de la capital. A pesar de ser un día no laborable para los juzgados, las imponentes oficinas del bufete de Raúl Méndez, situadas en el ático de uno de los rascacielos más exclusivos del centro financiero, permanecían abiertas exclusivamente para recibir a la dinastía familiar. El despacho respiraba un ambiente de lujo sobrio y clásico: paredes revestidas de madera de caoba, estanterías repletas de gruesos tomos jurídicos encuadernados en piel y grandes ventanales que dominaban toda la ciudad.
Marcos Atelier y Sara entraron al despacho principal, flanqueados por la imponente presencia de su tío Luke. Sara vestía un elegante vestido de punto gris perla de corte sofisticado y un abrigo ligero azul noche, manteniendo esa sencillez hermosa y esa dignidad intacta que desarmaba a cualquiera. Marcos caminaba a su lado con su habitual estampa robusta, vistiendo un pantalón oscuro y una camisa azul marino fina, manteniendo su mano grande cerrada con firmeza sobre los dedos fríos de ella en un agarre protector inamovible.
Detrás de la inmensa mesa de escritorio de nogal, se puso en pie un hombre de unos sesenta y cinco años, de cabello cano perfectamente engominado y unos ojos oscuros, afilados e inteligentes que recordaban a los de un halcón. Raúl Méndez vestía un traje de sastre de tres piezas impecable. Al ver entrar al grupo, una sonrisa sutil y afectuosa transformó su rostro severo, extendiendo su mano hacia el viejo abogado.
—Luke, viejo amigo. Ha pasado demasiado tiempo desde la junta de Navidad de tu tía Katerina —saludó Raúl Méndez con una voz profunda, pausada y cargada de una seguridad aplastante—. Cuando Alexander me llamó anoche diciendo que la nueva generación de la familia necesitaba mi ayuda en un caso de custodia de urgencia, cancelé todas mis citas del fin de semana. Tomad asiento, por favor.
Marcos ayudó a Sara a sentarse en una de las butacas de piel negra, colocándose de pie justo detrás de ella, con su mano posada sobre su hombro, dejándola envuelta en su fragancia a cuero negro y cedro ahumado. Luke ocupó el asiento contiguo, depositando el fajo de folios arrugados de la demanda de Julián sobre la mesa del jurista.
—Aquí tienes el fajo de la notificación, Raúl —explicó Luke, yendo directo al grano con su habitual seriedad—. Como te adelantó mi hijo, Julián es un auténtico mindundi de la periferia, un insolvente que no tiene ni un céntimo donde caerse muerto. Sin embargo, está respaldado por un bufete de primera línea de la capital. Alguien con mucho dinero y poder corporativo está detrás de todo esto, usándolo como marioneta para asfixiar a Sara y atacar los intereses de la fábrica de mi sobrino Marcos.
Raúl Méndez se colocó sus gafas de lectura de montura fina y tomó las hojas del expediente legal, guardando un silencio absoluto durante quince largos minutos. Sus dedos pasaban las páginas con una parsimonia clínica, analizando cada término, cada argumento y la jurisprudencia que el bufete contrario había citado. Sara contenía la respiración, sintiendo que el nudo de angustia volvía a oprimirse en su pecho, pero la firmeza del agarre de Marcos en su hombro la mantuvo firme.
Finalmente, el prestigioso abogado de familia se quitó las gafas, cerró la carpeta con un golpe suave y miró directamente a las pupilas color miel de Sara con una compasión y una seguridad infinitas.
—La demanda es agresiva, Sara, no lo voy a negar —comenzó Raúl Méndez de forma muy humana—. Está diseñada para provocar el pánico absoluto en una madre trabajadora, acusándote de inestabilidad habitacional y falta de tiempo para el menor debido a tus antiguos tres empleos extenuantes. Es la clásica estrategia de los bufetes de lujo: asfixiar psicológicamente al rival antes de entrar a la sala del tribunal para obligarlo a ceder. Pero se han equivocado por completo de árbol genealógico. No saben que ahora estás blindada por el apellido Atelier.
El jurista se reclinó en su sillón de piel, entrelazando las manos sobre la mesa mientras trazaba la contraestrategia legal más demoledora de la saga.
—Lo primero que vamos a hacer el lunes a primera hora es interponer la contestación a la demanda y solicitar una medida cautelar inversa —anunció Raúl Méndez con una gélida brillantez—. Adjuntaremos tu nuevo contrato laboral indefinido en Apex Dynamics, que demuestra unos ingresos excelentes y un horario fijo e impecable para cuidar de tu hijo. Aportaremos los informes médicos actualizados de la salud de tu madre y, lo más importante, solicitaremos un peritaje psicológico de urgencia para el pequeño Matías. El apego exclusivo y el bienestar del niño están contigo; ningún juez del país le va a otorgar la custodia a un padre que ha estado ausente cinco años frente a una madre guerrera que ha demostrado un sacrificio impecable.
Marcos se inclinó sobre la mesa, cruzando su mirada oscura con la del abogado.
—¿Y qué pasa con la mano negra que financia a Julián, Raúl? ¿Cómo los frenamos en el juzgado? —preguntó Marcos con un murmullo ronco y potente.
—Ahí es donde aplicaremos mi golpe maestro, Marcos —sentenció Raúl Méndez con una sonrisa de lo más astuta—. En la misma contestación, exigiremos al juez de primera instancia que imponga una fianza de arraigo judicial y una auditoría de fondos obligatoria a Julián. Si un ciudadano que se declara insolvente y sin recursos contrata a un bufete de miles de euros por hora, tiene la obligación legal de demostrar ante el tribunal la procedencia lícita de ese dinero bajo pena de fraude procesal. En cuanto los abogados contrarios vean que el juez va a rastrear sus cuentas y que sus nombres van a quedar expuestos en una investigación penal por financiación oculta, el pánico va a cambiar de bando. Julián y su adinerado protector van a temblar antes de que termine la semana.
Sara soltó un largo suspiro, sintiendo que una oleada de puro alivio y un agradecimiento humano incalculable le inundaban el alma por completo. Miró a Raúl Méndez, el sabio cirujano de las leyes que una vez salvó a Katerina, y comprendió que la muralla legal de la familia acababa de desarmar la primera gran trampa de las sombras.