Para sellar un acuerdo diplomático, un imponente emperador galáctico acepta comprometerse con un omega del salvaje planeta de las bestias. Sin embargo, un inesperado error en los registros altera los planes: en su lugar, recibe a un dulce e inocente gamma. A pesar de la confusión y el choque cultural, este tierno e inesperado compañero empezará a derretir el frío corazón del soberano.
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Cap 20
La luz de la mañana en la capital de Astris se filtraba a través de los inmensos ventanales de los aposentos privados, bañando la estancia con un brillo plateado. Sentado en su imponente sillón, el emperador Zarek sostenía con suma delicadeza un plato de porcelana fina. En su regazo, perfectamente acurrucado, se encontraba Nesta. El pequeño gamma, que vestía un suéter color crema que le cubría las manos, movía su afelpada colita felina de un lado a otro con pura felicidad mientras su nuevo protector le daba de comer trozos de panqueques con miel en la boca. Cada vez que Nesta tragaba, sus pomposas orejas daban un tierno espasmo de satisfacción y emitía un ronroneo que vibraba contra el pecho de Zarek, quien esbozaba una sutil y extraña sonrisa. El temible emperador parecía estar completamente encantado con su papel de niñero real.
La pacífica burbuja se rompió cuando las puertas blindadas se deslizaron hacia los lados. Alistair ingresó al salón a paso rápido, con el semblante pálido y una evidente mirada de pánico que no pudo ocultar.
—Zarek, lamento interrumpir el desayuno, pero la situación en el puerto privado se ha salido de control —anunció el canciller principal con voz apresurada—. Acaban de aterrizar invitados de alta prioridad del sector periférico. Intentamos aplicar el protocolo de seguridad, pero ellos…
Antes de que Alistair pudiera terminar de anunciarlos, un estruendo resonó en el pasillo. La puerta fue empujada de golpe y el colosal líder del clan del planeta de las bestias entró al salón como un torbellino, con el pelaje de su capa agitándose y su imponente aura de alfa alerta. Detrás de él, marchando con expresiones listas para la batalla, ingresaron Bane, Rul y Kala. La familia entera había viajado a máxima velocidad hiperespacial durante toda la noche, armados hasta los dientes, guiados por la desesperación de recuperar al consentido de la casa.
Nesta, que estaba a punto de recibir otro bocado de miel, se giró hacia la entrada. Al reconocer los rostros de su familia, sus grandes ojos felinos se inundaron de lágrimas cristalinas en un segundo. El pequeño gamma dejó caer el tenedor y, sin pensarlo, se escurrió de los brazos de Zarek con una agilidad sorprendente.
—¡¡Papá!! —exclamó Nesta con un tierno chillido, corriendo a toda prisa por el suelo de obsidiana.
El líder del clan se arrodilló de inmediato, abriendo sus enormes y robustos brazos. Nesta se estampó contra el pecho de su padre, rodeando su cuello con fuerza mientras escondía su naricita en su hombro, dejando escapar unos sollozos de puro alivio.
—¡Mi bebé, mi pequeño Nesta! —exclamó el padre con la voz quebrada, abrazándolo contra sí con una fuerza posesiva, mientras revisaba que no tuviera ningún rasguño—. ¿Estás bien? ¿Te hicieron algo malo?
—¡Los extrañé mucho, mucho! —lloriqueó Nesta, apartando un poco el rostro para mirar a los demás con sus orejas pomposas caídas hacia atrás—. Extrañé a Rul, a Kala y Bane… El palacio es muy grande y me dio un poco de miedo.
Al ver la escena, Rul y Bane se acercaron de inmediato, acariciándole el cabello y las orejas con infinita dulzura, mimándolo al unísono como estaban acostumbrados a hacerlo en su hogar. El tierno felino, al recibir tantas atenciones, comenzó a ronronear entre las lágrimas, aferrándose a su hermano Rul.
En el otro extremo de la habitación, el ambiente se enfrió a niveles bajo cero. Zarek seguía sentado en su sillón, con los cubiertos de plata congelados en sus manos enguantadas. Al ver a su tierno gamma correr hacia los brazos de otro alfa y frotar su rostro con tanta familiaridad contra ellos, una oleada de celos posesivos y territoriales, destructiva y feroz, golpeó el pecho del emperador. Sus ojos grises se ensombrecieron con una furia gélida y sus garras imperiales se tensaron contra la porcelana. Quería levantarse, apartar a esos intrusos de un golpe y reclamar lo que ya consideraba suyo; sin embargo, su fría lógica de gobernante y el hecho de que fueran la familia directa de Nesta lo obligaron a contenerse para no asustar al muchacho.
Tragándose el amargo sabor de los celos, Zarek se puso de pie con una elegancia implacable. Su capa negra ondeó sutilmente mientras daba unos pasos hacia el centro del salón, recuperando su máscara de severidad absoluta. Alistair dio un paso atrás, rezando internamente para que las dos facciones no se despedazaran allí mismo.
—Líder del clan, alfas de la periferia —habló Zarek, su voz profunda resonando con una autoridad pesada que hizo que los hermanos mayores enderezaran la postura—. El Imperio de Astris reconoce su llegada. A pesar de la informalidad de su entrada, les doy la bienvenida a mi palacio. Ya que han viajado toda la noche, les sugiero que se sienten y nos acompañen a desayunar. Hay comida suficiente para todos.
Zarek clavó su mirada gris directamente en el padre de Nesta, extendiendo una mano hacia la mesa en un gesto que pretendía ser cortés, pero que cargaba una advertencia territorial implacable. Quería que Nesta volviera a su lado de inmediato.
El líder del clan, sin embargo, no se dejó intimidar por el aura opresiva del emperador. Se puso de pie lentamente, manteniendo a Nesta firmemente cargado en uno de sus brazos como si fuera un bebé desvalido. El gamma se acurrucó en el pecho de su padre, sosteniendo a su mascota esponjosa que había saltado a su regazo, mirando a Zarek con una timidez inocente.
El imponente alfa salvaje miró al monarca de Astris directamente a los ojos, con una firmeza inquebrantable.
—Agradezco su hospitalidad, emperador Zarek, y me alivia ver que mi hijo no ha sido maltratado en sus tierras —declaró el padre de Nesta con voz ronca y decidida—. Pero no hemos venido aquí para compartir un banquete ni para discutir tratados diplomáticos. Solo he venido con mis hijos por una única razón: nos llevaremos de vuelta al gamma a nuestro planeta ahora mismo. Nesta regresa a casa con su familia.