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La Rosa De Las Cenizas.

La Rosa De Las Cenizas.

Status: Terminada
Genre:Aventura de una noche / Romance paranormal / Completas
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Rosa es una joven humana que intenta reconstruir su vida en la moderna e imponente metrópolis de Silverwood tras la misteriosa muerte de su familia. Buscando un momento de escape, se entrega a una ardiente e intensa aventura de una noche con un desconocido de magnetismo animal en el club más exclusivo de la ciudad. Lo que ella cree que fue un encuentro pasajero se convierte en una obsesión cuando despierta con una extraña quemadura en su clavícula en forma de rosa marchita.

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Capítulo 09

El estruendo no fue un simple sonido; fue una onda expansiva que hizo vibrar el cristal del ventanal hasta que este emitió un quejido agónico. Rosa, paralizada en el centro del despacho, observó con los ojos desorbitados cómo la realidad de la Torre Vance se fracturaba. Lo que había sido un templo de orden corporativo se transformaba en el campo de batalla de una guerra que ella, en su ignorancia, había creído extinta.

—¡Mantente alejada del vidrio! —la voz de Ethan, antes aterciopelada y posesiva, era ahora un rugido gutural que apenas sonaba humano.

La oficina privada se estremeció violentamente cuando algo golpeó la puerta doble de roble con la fuerza de un ariete. Las astillas saltaron por los aires y, en ese instante, Rosa vio la transformación. No fue un proceso gradual; fue una ruptura de la carne. Ethan cayó de rodillas mientras su ropa se desgarraba bajo la presión de unos músculos que crecían y se deformaban, oscureciéndose hasta tomar la textura de una piel cubierta de pelaje espeso y azabache. Sus huesos crujieron con un sonido sordo, doloroso, mientras su cuerpo se alargaba y su columna se curvaba hacia adelante.

Donde un segundo antes estaba el hombre que la había reclamado con un beso cargado de promesas, ahora se alzaba una criatura colosal: un lobo de proporciones imposibles, con el pelaje negro como el carbón y unos ojos ambarinos que brillaban con una furia implacable y una luz animal. El peso de su presencia era tan absoluto que Rosa sintió que el aire se volvía sólido.

La puerta cedió del todo, y tres figuras incursionaron en la oficina. No eran hombres; eran sombras distorsionadas, con ojos lechosos y garras que dejaban marcas profundas en el mármol del suelo. La manada del Norte. El líder de los atacantes, un hombre de hombros anchos y mirada cruel, sonrió al ver a la bestia.

—Ethan... o debería decir, pequeño Alpha —se mofó el intruso, desenvainando un arma corta que brillaba con un resplandor metálico—. La Rosa de las Cenizas no pertenece a un perro que juega a ser empresario. Es nuestra.

El lobo azabache no esperó. Se lanzó hacia adelante, un torbellino de oscuridad y fuerza bruta. El choque fue brutal; los muebles de diseño fueron reducidos a escombros en segundos. Rosa, acurrucada tras lo que quedaba del escritorio, observaba con horror y una fascinación visceral cómo Ethan destrozaba a sus oponentes. Sus garras cortaban el aire con una velocidad supersónica, y cada mordida era una sentencia. No había piedad en su ataque; era la furia de un protector defendiendo lo que, por destino, le pertenecía.

—¡Rosa, atrás! —el gruñido de la bestia resonó no en el aire, sino directamente en la mente de ella, una conexión mental que la estremeció hasta los huesos.

Pero la emboscada no terminaba. De las sombras de los pasillos, más atacantes aparecieron, lanzando dardos y armas de plata. La plata, ese metal maldito que quemaba la piel de su especie, brilló en la penumbra. Ethan esquivó la mayoría, pero un movimiento en falso, una distracción causada por el intento de un atacante de alcanzar a Rosa, le costó caro.

Un arquero, oculto tras los restos de una columna, disparó. La flecha, una punta de plata refinada bañada en un veneno que parecía una neblina negruzca, se hundió en el costado del lobo.

El rugido que soltó Ethan fue desgarrador, una nota de dolor puro que hizo que Rosa gritara involuntariamente. El lobo se desplomó, sus patas gigantescas perdiendo fuerza mientras su cuerpo empezaba a encogerse, a luchar por volver a su forma humana bajo el efecto del veneno. La sangre, oscura y humeante, comenzó a manchar la alfombra persa.

—¡Ethan! —Rosa corrió hacia él, ignorando el peligro. Los atacantes, viendo a su presa principal herida, se prepararon para el golpe final.

Pero la marca en la clavícula de Rosa estalló en un fulgor dorado cegador. Una ola de energía pura, la esencia misma de la Rosa de las Cenizas, irradió de su cuerpo, arrojando a los atacantes hacia atrás como si hubieran chocado contra un muro invisible. El poder no era suyo, pero fluía a través de ella como un río desbordado, un instinto ancestral que le ordenaba proteger al guardián.

Los enemigos, aterrados por el despliegue de un poder que consideraban una leyenda, se retiraron a las sombras, sabiendo que el precio por seguir ahí sería más de lo que estaban dispuestos a pagar.

Rosa llegó hasta el cuerpo de Ethan. Ya no era un lobo, sino un hombre moribundo, con la piel pálida y el costado ardiendo por el contacto con la plata. Sus ojos, antes llenos de arrogancia y poder, apenas se mantenían abiertos, buscando desesperadamente el rostro de ella.

—Rosa... —susurró él, con sangre en los labios—. Debes... debes irte. El veneno... me está consumiendo.

—No te voy a dejar —declaró ella, con una resolución que la sorprendió incluso a sí misma. Sentía el vínculo palpitando, una urgencia magnética que le indicaba un camino, un lugar, un refugio.

Con una fuerza sobrenatural, impulsada por el lazo de pareja que la unía a él, Rosa se agachó y pasó sus brazos bajo los hombros de Ethan. A pesar de su tamaño, él se sentía extrañamente ligero, como si ella estuviera canalizando la fuerza de toda la tierra. Lo arrastró lejos de los ventanales, hacia la salida de emergencia de la Torre, consciente de que los ojos de la ciudad ya no eran seguros.

El bosque neblinoso de la periferia parecía llamarlos, una extensión de árboles ancestrales donde la tecnología terminaba y la magia que corría por sus venas podía respirar. Bajo la luz de una luna que empezaba a ocultarse tras nubes de tormenta, Rosa comenzó su peregrinaje, arrastrando al hombre que le había arrebatado su libertad, el Alpha que ahora era su única razón para seguir luchando, hacia la profundidad de un bosque que prometía ser, a la vez, su tumba o su salvación. Cada paso era una batalla contra el agotamiento, pero mientras la marca en su piel siguiera latiendo, Rosa no se detendría. Estaban conectados por el fuego, por la sangre y por el destino, y ella estaba decidida a que ni siquiera la muerte pudiera romper el contrato que los había unido.

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Alma Morales
Que se supono que realmente es ella??? para el y su manada😱
Alma Morales
Todo esta muy confuso
Yondri Hernandez
eh leído muchas novelas de lobos pero me llama mucho la atención que en esta la protagonista no sabe nada de nada hasta que escucho la palabra alfa
Alma Morales
Guardiana o carcelero 🤬🤬🤬
Alma Morales
Que capitulo tan fuerte ,por lo que entendí en ella reencarno algo que el estaba buscando ,aunque todavia bo sabemos si el es el bueno o el malo???
Alma Morales
Ese Alfa es muy arrogante y no le da tregua a Rosa
✨✨Esmeralda Guzman✨✨
pobre Rosa no pudo escapar
Alma Morales
Un Alfa la marcó, será su destinada 😱😱😱😱
Alma Morales
Que le traerá el destino después
Alma Morales
horaleeeeee que encuentro tan intenso 😱😱😱😱
Alma Morales
Intrigante comienzo 😱😱😱😱
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