una niña arrancada de su casa, un silencio que duele a todos los que la conocen y un secreto que se esconde bajos las propias narices del jefe de la mafia Alemana.
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El hombre de los problemas
Los días en aquel lugar eran sumamente repetitivos.
Por las mañanas bien temprano, Zonia debía levantarse y contaba con muy pocos minutos para asearse o bañarse, todo dependía siempre de que hubiese agua caliente.
El desayuno era siempre sencillo, un poco de té con pan duro de algún día anterior.
Brakaj, era el dueño del lugar, conocido por sus malos hábitos y su violencia cuando la droga o el alcohol ingresaba en su sistema.
Hace tiempo había comprado a la niña, nunca pregunto nada, solamente vio la posibilidad de hacerla sumisa y venderla al mejor postor.
Era un trámite o un negocio.
Nunca le tomo cariño, ni que hablar de tenerle compasión, le enseñó que cada llanto, grito o pregunta, se respondía con un golpe o incluso con días, encerrada en su habitación sin comida.
Las mujeres del lugar, se habían encariñado tanto con la niña, que jamás permitieron qué pasara un solo día sin alimento, pero sí le enseñaron el valor del silencio.
Poco a poco, las palabras habían ido desapareciendo.
Día tras día, los recuerdos se iban olvidando.
Cada tanto, muy cada tanto un sueño siempre se repetía, un abrazo bien fuerte, una despedida dolorosa y una canción de cuna, pero Zonia jamás entendió de donde venía todo aquello.
Aprendió el idioma de escuchar a los demás, pero aun estando a veces sola con las mujeres, jamás volvió a decir nada.
A veces gestos, otras simplemente una mirada, todas sabían perfectamente cómo entenderla.
la limpieza del lugar corría por su cuenta, desde hacía varios días llevaba un grillete de metal en el cuello con un candado cuya llave solamente tenía Brakaj.
se había atrasado acomodando una pieza y eso le había valido un recordatorio Severo de que en aquel lugar el tiempo era oro.
la casona, era demasiado grande para que ella la limpiara sola, pero si quería comer, era su deber hacerlo.
A veces las chicas la ayudaban, siempre y cuando no fuesen descubiertas o no abandonaran sus obligaciones.
Zonia se encargaba de las más de 15 piezas y de los 8 baños, los únicos dos lugares que tenía prohibido pisar eran, el despacho/habitación del viejo y el salón principal, que también funcionaba como bar.
Brakaj no quería que nadie la viera jamás, así que ella siempre estaba en el primer piso o en la cocina, a la cual bajaba por una escalera escondida para los clientes.
Ese día en especial extrañaba a Elena.
La muñeca que le había regalado se había descosido y seguramente solo ella podría repararla.
Virginia, la nueva cocinera, era una mujer de más de 50 años que siempre la esperaba con algún budín, pero el día de hoy no había aparecido.
En aquella casa, eran muy pocas las que vivían y de ellas, Nataly era la más antigua.
-princesa, aquí estás...
Zonia dejo el balde con agua en el piso y volteó a ver a la chica que la había llamado.
-el viejo quiere que te vayas a tu cuarto.
La chica la miró con horror, no limpiar las habitaciones rápido era ser castigada y ya tenía suficiente con ese metal que le apretaba el cuello.
Empezó a hiperventilar, Nataly entendió su miedo y la abrazó con fuerza.
-princesa, tranquila, vienen negocios.
Aquello fue suficiente para calmar la angustia y el miedo de Zonia.
Esas palabras significaban que en la planta superior, estarían paseándose hombres malos que no debían verla.
Eso ocurría al menos dos veces al mes.
Zonia se la pasaba encerrada en su cuarto y cuando se iban, tenía menos tiempo para limpiar todo.
Asintió dejando caer sus hombros.
-ve tranquila, mientras dormías, limpie los baños sin que el viejo me viera.
Le dio un beso en la frente y la acompaño a su cuarto, antes de cerrar la puerta le dejo sobre una cómoda, varios caramelos que le había robado a un ebrio.
Zonia se sentó en el alféizar de la ventana y miro como el día se iba aclarando completamente, era raro que los negocios fueran de día.
Luego de un rato, tomo de debajo de su colchón un viejo libro con una historia de princesas qué siempre le había leído Marta.
Zonia, a su corta edad, era sumamente inteligente, pero solo Nataly lo sabía.
Cuando el sol comenzaba a esconderse, se escuchó un fuerte ruido en toda la casa.
Ella pensó que quizás, algún ebrio estaba armando lío en el salón, pero los gritos comenzaron poco después.
Escucho pasos apresurados fuera de su puerta y atino a hacer lo único que siempre hacía cuando algún problema se acercaba, se escondió bajo la cama.
De pronto la puerta de su habitación se abrió, golpeando bruscamente contra la pared.
Un hombre ingresó y reviso el lugar.
Desde donde estaba, ella no podía verlo, solamente veía sus pies recorrer todo.
Sabía que no era Brakaj, pues el viejo solía cojear de una pierna.
Se quedó quieta en su escondite, aun cuando sabía que si el hombre era listo, podía dar con ella, pero por gracia del destino, así como entró se fue, dejando la puerta abierta.
Luego de varios minutos o quizás horas, Nataly ingreso gritando su nombre.
Sabía donde se escondía cuando tenía miedo de ser golpeada, así que no dudo en ponerse de rodillas en el piso para encontrarla.
-ven princesa, ya se han ido
le extendió su mano y la ayudo a salir de aquel lugar.
-al parecer el viejo estúpido tiene problemas con la mafia, le dieron unos buenos golpes, así que no lo veremos por unos días.
La abrazó y le acarició la espalda, demostrándole qué ya no había nada más que temer.
Le tomo la mano y la saco de aquella pieza rumbo a la cocina.
Viviana había llegado antes del lío y ya estaba preparando la cena.
-Oh princesa, me alegro de que estés bien.
Le dijo mientras la abrazaba también con fuerza.
-lo mejor que pudiste hacer fue esconderte.
-ese viejo algún día hará que nos maten a todos.
-Nataly, habla más bajo. ¿Quieres ser castigada de nuevo?. Aparte la mafia solo se cobra con lo que le deben o en su lugar con sus familias. Bien saben ellos que no valemos nada para Brakaj.
-¿cómo está?
-inconsciente. Le dieron una buena paliza y le cortaron tres dedos.
Viviana le sirvió un tazón de sopa a Zonia y preparo otro para Nataly, las otras chicas ni bien Brakaj cayó desmayado habían aprovechado para irse, pues sabían que no se recuperaría pronto.
Las tres mujeres se quedaron en la cocina hasta tarde, Zonia las escuchaba hablar de todo el lío que se había armado y de lo asustadas que estaban cuando las reunieron a todas en una habitación y las dejaron con dos hombres armados.
-es hora de dormir princesa. Mañana deberemos limpiar demasiada sangre.
Zonia ya no se asustaba con eso, había días malos, en donde los hombres borrachos golpeaban a las mujeres o donde se peleaban entre ellos y siempre le tocaba limpiar el desastre.
-vamos, te cepillaré el pelo.
Nataly la acompaño hasta su cuarto y una vez que estuvo a punto de retirarse al suyo, le pidió que solamente por precaución trabara su puerta.
a veces y solo a veces, aquella chica temía que el viejo abusara de la pequeña princesa.
pero, con la q llegó te dará la fuerza y el poder de defenterte