Leandro está en campaña de buscar un esposo para su madre y un buen padre para él. ¿Este pequeño niño de tan solo 10 años podrá encontrar al hombre perfecto? O en su travesía descubrirá secretos escondidos de traiciones y engaños pasados que sufrió su madre.
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Sin aprender la lección.
Al día siguiente, paso a retirar a Roxana de la estación. Ella corre, gimiendo, a mis brazos, afligida por la humillación de la cárcel. Su aspecto es, en verdad, lamentable; como si hubiera vivido la noche más infernal de su existencia.
—¿Cómo fuiste capaz de dejarme en ese lugar, Octavio? —grita, la voz hecha jirones de dolor y rencor mientras golpea mi pecho con fuerza.
—No era mi decisión. Debiste pensar en las consecuencias de tus actos al volverte loca e insultar a todos, luego de intentar lastimar a un niño y agredir a su madre —respondo, con una firmeza helada.
—¡Esa perra me rompió la nariz! ¡Ella se estaba vengando de mí! Y su hijo es igual o peor que esa bruja molestando a mi bebe. _ Grita volviendo a perder los estribos en medio de la calle atrayendo toda la atención. - ¿Ahora la defiendes después de lo que te hizo?
—Briella estaba defendiendo a su hijo de tu brutalidad. Cualquier madre en su lugar habría hecho exactamente lo mismo — respondo de inmediato, soltándome de su agarre, con un gesto de repugnancia.
—¡No lo hagas! ¡No la defiendas, Octavio! ¡Todo esto es culpa de ella!
—Todo esto es culpa tuya por malcriar a Rodo y enseñarle a ser un abusivo —contestó soportando rabia contenida en cada sílaba— Ya sé toda la verdad, sé las estúpidas ideas que le metiste en la cabeza al niño. Roxana, recuerda bien que yo no estoy obligado a responder por ustedes y de seguir así esto acabara mal para ti.
—¡Rodo es tu hijo! ¡Tienes que protegerlo! ¿Ahora porque esa mujer regreso nos piensas botar a la calle como algo que ya no te sirve para aplacar el dolor? _ sus ojos me miraban con un desprecio increíble. Pero me tenia que mantener firme por Rodo y su futuro.
—Eso haré, lo protegeré de ti y tus malas enseñanzas. Y no comiences con eso otra vez, no hables de ella de esa manera —dije, mi voz un filo cortante— Tampoco pienso pagar ni un centavo para liberarlo de sus responsabilidades ni de las tuyas.
Roxana al verse acorralada porque no cedía ni un poco opto por su siguiente chantaje.
—¡No puedes ser tan insensato! Es un niño, solo estaba siendo algo rudo... pero no es malo. Además nadie nos asegura de que ese "niño" sea tan inocente y honesto como dicen. Sabes muy bien que nuestro Rodo es caprichoso, si, pero no malo.
Pierdo la paciencia ante dos palabras, es verdad Rodo antes no era así, pero con la charla de anoche me di cuenta de que todo esto se generó gracias a esta mujer. Una mala madre solo puede educar a malos hijos.
—Veo que de nada te sirvió este tiempo a solas —murmuro, con una tristeza que me marchita el alma al pensar en mi hijo — Roxana, ¿quién eres en realidad? Porque la que está enfrente mío no la reconozco en lo absoluto.
—¡Eres cruel! ¡Estás siendo cruel porque es ella la que provocó todo esto! ¡Esa mujer que te abandonó sin siquiera darte la cara... mientras yo, que me quedé a tu lado todos estos años, soy la mala ahora! ¡YO QUE TE DI UNA FAMILIA!
—Roxana... —intento hablar con calma , pero ella se aleja, un torbellino de emociones.
—Me voy. Volveré más tarde a casa —dice, y se marcha corriendo por la calle, la figura de su furia desdibujándose en la distancia.
No lo puedo creer. No pensé que nuevamente esa estúpida aparecería en nuestras vidas. Con ella aquí, todo se puede ir al diablo... ¡y no lo pienso permitir! No despues de tantos años de duro trabajo.. Necesito desahogarme, ojalá Marcia esté en casa.
Tomo un taxi a su casa y, para mi suerte, ¡sí está la perra!
—Roxana, ¿qué diablos haces aquí a esta hora? —pregunta Marcia, abriendome la puerta con una sorpresa que se congela en sus ojos.
—Necesito descargar mi frustración —digo, entrando sin invitación, mi presencia una irrupción en el silencio de su hogar.
—¿Qué te pasó en la cara? —mira mi nariz, aún vendada, una cicatriz de mi batalla, una humillación que no pienso olvidar.
—Fue la maldita de Briella Santilla. _ aprieto los dientes al mencionar ese nombre maldito.
—¿Volvió? —Marcia se queda helada, el shock petrificándola— Pasa y cuéntame todo, mi esposo está durmiendo, así que hablemos despacio.
—Ayer fue el peor día de mi vida, Marcia... y ahora no sé qué hacer. Con esa mujer aquí, todo mi plan se puede ir al carajo.
—Bueno, yo diría que has tenido muchos años de gracia, amiga —dice Marcia, sirviéndome un vaso de agua, su voz teñida de un cinismo sutil.
—Pasaron once años desde que logré echarla... y Octavio nunca me propuso casamiento. ¿A eso le llamas tener suerte?
—Te deja vivir en su casa, te deja usar la posición de la señora de la casa, te da dinero y vives bien... incluso le dio su apellido al hijo de alguien más y lo ha mantenido todos estos años —contesta sin descaro, enumerando mis privilegios con una frialdad que me irrita— ¿Dices que no tienes suerte?
Sus palabras lejos de hacerme sentir mejor, solo me ponen más furiosa de lo que ya estoy, porque soy una farsante que usa una posición que no es suya en realidad . Una que puede ser arrebata en cualquier momento y todo por esa maldita mujer.
—No es lo mismo. En aquel entonces, por más que buscara meterme en su cama, Octavio siempre "respetó" su matrimonio. Incluso logré que admitiera que aún me amaba... pero no quiso tocarme por respeto a su esposa. Cuando la logré correr, pensé que tenía por fin mi oportunidad... pero el muy imbécil estaba demasiado deprimido como para fijarse en mí.
Con mi embarazo en avance, no tuve más opción que decirle la verdad y convencerlo de que le diera su apellido para protegerlo. Pero a pesar de que aceptó al niño, no hizo lo mismo conmigo. Once años ya pasaron y nada he logrado... como si eso no fuera poco, esa mujer tiene un hijo casi de la misma edad y algo me dice que ese mocoso es hijo de Octavio. Si es verdad, ese bastardo le quitará todo a mi hijo... ¡y yo me quedaré en la calle otra vez!
—¿No supiste nada más de aquel hombre, Roxana? —pregunta Marcia, con una curiosidad insidiosa.
—No. Ese maldito que me juró dejar a su esposa por mí... al final me botó apenas supo que estaba embarazada. Al principio, su esposa fue la que me obligó a regresar a este asqueroso lugar. Cuando él vino por mí, pensé que todo estaría bien de vuelta y que por fin había dejado a esa bruja... pero después de un par de encuentros, se fue de regreso con ella y no me quedo opción que quedarme con Octavio para poder seguir viviendo bien. La sola idea de ser madre soltera y tener que trabajar todavía me aterra hasta los huesos, yo no nací para eso.
— Ja ja ja Tu naciste para ser la siemore amante, pero ya estabas viviendo en casa de Octavio para ese entonces. ¿Cómo le hacías para que no sospechara de nada?
— Y tu la siempre perra envidiosa qué no se atreve a lo que yo si. _ suelto con veneno, pero es la única amiga que tengo, no me puedo dar el lujo de pelearme con ella también. - Amiga, es Octavio, él me creería cualquier cosa que yo le diga, y más si lloro un poco —reí, con un cinismo que me carcomía— Además, los dos siempre trabajaban podía hacer lo que quisiera, cuando quisiera. Disfrutaba crear conflicto entre ellos dos... y también el alojamiento gratis. Hasta que el tiempo se me comenzó a acabar. Como ese hombre dejó de responderme luego de saber que tendría al niño, no podía perder la oportunidad de al menos usar a Octavio como salvavidas.
—¡Eres demasiado cruel, amiga! —dice Marcia, con un desprecio palpable en su voz— Nunca lo quisiste de verdad y solo volviste para arruinar su vida y su matrimonio.
—Bueno, yo no le pedí que me amara de tal manera —respondo, encogiendo los hombros con indiferencia— Pero ya estoy llegando a mi límite, Marcia. Si Octavio se sigue negando a hacerme su esposa, no me quedará de otra que buscar a alguien más en su lugar. Escuché de Nadia que pronto vendrá un empresario extranjero... la muy tonta no para de hablar del australiano ricachón.
—¿No me digas que serás capaz de robarle el novio a esa niña que te quiere tanto? —pregunta horrorizada.
—Es una estúpida que vive en la fantasía del amor —digo, con desdén— Además, ya me mostró una foto de él y está muy bueno el condenado. Un hombre así no se merece a una niña ingenua... sino más bien a una verdadera mujer como yo. Escúchame bien, Marcia, no me detendré hasta obtener lo que quiero. ¡Pero primero le daré una lección a esa perra de Briella!
Sin dudas esa mujer me las pagará, y luego me iré lejos dejándome a Rodo a Octavio. Yo seré una mujer libre y rica mientras ellos dos jamás lograrán superar mi presencia en sus vidas.