Una noche de fiesta fue el inicio de su condena. Matteo "El Halcón" Moretti, el criminal más temido del país, puso sus ojos en ella y decidió que le pertenecía.
Arrancada de su vida sencilla, Ana descubre que su cautiverio no fue un error: ella es la heredera perdida de la Dinastía Castellanos, un imperio que todos creen muerto.
Atrapada entre la obsesión del hombre que la compró y la traición de quien decía amarla, Ana deberá elegir: ser una víctima sumisa o convertirse en la reina que destruirá a sus enemigos.
¿Qué pesa más: el miedo al monstruo que la posee o la sed de venganza?
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Sueños de cristal
El sol de la tarde se filtraba por las cortinas de la sala, iluminando los libros de cálculo y los planos que abarrotaban la mesa del comedor. Ana cerró su computadora con un suspiro de satisfacción profunda. Después de cinco años de desvelos, café frío y exámenes interminables, la meta estaba ahí, a solo un paso.
El saber que pronto terminaría su carrera, que ella y Miguel finalmente podrían casarse y, sobre todo, que sus padres ya no tendrían que trabajar tanto, la llenaba de una paz que no podía describir. Para Ana, el título de ingeniera no era solo un cartón; era la llave maestra para transformar la vida de quienes amaba. Visualizaba su primer sueldo no en lujos, sino en las reparaciones que la casa familiar necesitaba.
—Ya no tendrán que preocuparse por las cuentas —susurró para sí misma, mirando una vieja fotografía de sus padres.
A veces, Ana sentía una extraña desconexión al mirar los retratos familiares. Ella, con sus ojos color miel y rasgos finos, parecía una pincelada de óleo en un lienzo de carboncillo al lado de la robustez de Lorenzo y Teresa. Pero sacudía esos pensamientos con rapidez; ellos le habían dado todo, y su lealtad hacia ellos era inquebrantable.
Esa armonía se completó cuando escuchó el timbre. Miguel entró con esa sonrisa que siempre lograba desarmarla. Él era su puerto seguro, el hombre que respetaba sus espacios y creía en ella más que ella misma.
Miguel la rodeó por la cintura. —Falta poco, ingeniera —le susurró al oído, dejando un beso cálido en su sien.
—Así es —respondió ella con voz suave—. Ya casi podré ayudarlos y dejar de ser una carga.
Hablaron de planes sencillos: un apartamento pequeño, una boda íntima, la seguridad de un mañana predecible. Ana era feliz en esa normalidad, ignorante de que su "normalidad" estaba construida sobre un campo de minas.
La tranquilidad se rompió con el vibrar de su teléfono. Sus amigas de la universidad exigían una última noche de fiesta antes de la entrega final del proyecto.
—Ve, amor. Te lo mereces —la animó Miguel con una generosidad que, tiempo después, Ana recordaría como una señal que no supo leer.
El aire en "Eclipse", la discoteca de moda, estaba saturado de luces de neón y el pulso vibrante de la música. Ana, luciendo un vestido sencillo que resaltaba sus curvas sin pretenderlo, se dejaba llevar por el ritmo.
—¡Mírate, Ana! —gritó Elena—. Mañana volverás a ser la ingeniera seria, ¡pero hoy eres nuestra!
Entre cócteles, la conversación se volvió íntima.
—Hablando de ser "seria"... —Carla se acercó a su oído—. Ahora que hay planes de boda... ¿Miguel ya sabe lo que es bueno o sigues guardando el postre para la luna de miel?
Ana sintió que sus mejillas se encendían.
—Sabes que Miguel es un caballero. Queremos que nuestra primera noche oficial sea en nuestro propio hogar, cuando seamos marido y mujer. Quiero que sea... puro.
—Eres una romántica empedernida —suspiró Carla—. Pero tienes algo real.
Ana asintió, sintiéndose afortunada. Mientras levantaba su copa para brindar por ese amor puro, una sensación gélida le recorrió la nuca. El aire a su alrededor se volvió pesado, como si el oxígeno hubiera sido succionado de la pista.
Sin saber por qué, Ana dejó de bailar y levantó la vista hacia la zona VIP, una estructura de cristal oscuro que dominaba el club. Allí, oculto tras el reflejo de las luces, un hombre permanecía inmóvil.
Matteo "El Halcón" Moretti no bebía ni hablaba. Sus ojos, oscuros y letales, estaban fijos en ella. Para él, Ana no era una ingeniera ni la prometida de nadie. Era una pieza de arte perdida que acababa de redescubrir. Él conocía el secreto que ella ignoraba; sabía que esa chica "clase media" llevaba en sus venas la sangre de la dinastía que su propia familia había ayudado a derrocar.
—¿Ana? ¿Qué miras? —preguntó Elena.
—Nada... Solo sentí que alguien me observaba.
Ana intentó retomar el ritmo, pero la paz de sus ojos miel se había enturbiado. No sabía que, en la planta de arriba, Matteo acababa de hacer una señal casi imperceptible a sus hombres.
Jessica, la cuarta amiga, también había puesto sus ojos en el balcón VIP. A diferencia de Ana, Jessica ambicionaba el poder que esos hombres emanaban. Sintió una punzada de envidia al notar hacia dónde se dirigía la mirada del Halcón. Ana, la "niña buena", acababa de capturar la atención del depredador más peligroso de la ciudad sin siquiera intentarlo.
La orden estaba dada. La inocencia de Ana tenía las horas contadas, y el precio de su libertad estaba a punto de ser tasado en sangre.
pero estaría muerta como le dijo matteo
ojalá no sea verdad
pero ellos también no debieron actuar a si humillandote lo hiciste para salvarle la vida
si ella es tomada una heredera 🤔
pero cuando se entere de lo que tenía pensado el miguelito con ella como verá esto por una parte se puede decir matteo la salvo de ese maldito
ojalá Matteo se entere sus informantes se están pasando el por qué el miguelito quiere a toda costa a Ana
entonces el sabrá que viene de una familia fuerte🤔
pero será que le hicieron algo para a si poder tener a su merced a Ana