Bienvenidos a La Prometida del Enemigo. 🖤
Dos familias enfrentadas. Un matrimonio arreglado. Un secreto oculto durante años.
Lo que comienza como una unión por obligación se convertirá en una historia de amor, traición, poder y venganza. Nada es lo que parece, y cada capítulo revelará una nueva verdad.
¿Están listos para descubrir quién es realmente la prometida del enemigo?
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Capítulo 1: Un "sí" sin amor
El enorme salón brillaba bajo la luz de cientos de lámparas de cristal. Las paredes, decoradas con detalles dorados y arreglos florales blancos, reflejaban la elegancia de una boda que parecía salida de un cuento de hadas.
Pero aquella ceremonia estaba muy lejos de ser un cuento.
Valeria Rossi respiró profundamente mientras observaba su reflejo en el espejo. El vestido blanco caía con delicadeza sobre su figura y el velo cubría parte de su rostro. Cualquiera habría pensado que era la mujer más feliz del mundo.
No lo era.
—Señorita... ya es hora —dijo una empleada con una sonrisa amable.
Valeria respondió con una leve inclinación de cabeza.
—Gracias.
A pesar de todo, nunca perdía la educación.
Mientras caminaba hacia la puerta, varias personas la felicitaron. Ella respondió con una sonrisa amable a cada una. Saludó a los músicos, agradeció a quienes acomodaban los últimos detalles y hasta dedicó unas palabras de ánimo a una joven que, por los nervios, había dejado caer una bandeja.
Ese era su carácter.
Siempre amable.
Siempre atenta.
Con todos...
Excepto con una persona.
Las puertas del salón se abrieron lentamente.
Más de quinientos invitados se pusieron de pie.
Empresarios, políticos, celebridades y representantes de algunas de las familias más poderosas del país observaban en absoluto silencio.
Al final del pasillo estaba él.
Adrián Moretti.
Vestido con un impecable traje negro, permanecía inmóvil, con el rostro serio y la mirada tan fría como el hielo.
Ni una sonrisa.
Ni una emoción.
Solo la expresión de un hombre que estaba allí porque debía cumplir con su deber.
Valeria comenzó a caminar hacia el altar.
Cada paso parecía más pesado que el anterior.
Cuando llegó frente a Adrián, levantó la vista y sus miradas se encontraron por primera vez en todo el día.
No había cariño.
No había ilusión.
Solo orgullo.
El sacerdote comenzó la ceremonia.
Las palabras pasaban casi desapercibidas para ambos.
Cuando llegó el momento de intercambiar los anillos, Adrián tomó la mano de Valeria con absoluta delicadeza.
Ella no retiró la mano, pero tampoco lo miró.
—Prometo cumplir con este matrimonio —dijo él con una voz firme.
Valeria sostuvo su mirada.
—Yo también cumpliré... porque es mi obligación.
El sacerdote sonrió, intentando aliviar la tensión que todos podían sentir.
—Entonces...
Antes de continuar, Adrián se inclinó apenas hacia ella.
Solo ella pudo escuchar sus palabras.
—No esperes nada de mí.
Valeria respondió sin titubear.
—Qué coincidencia... porque yo tampoco espero nada de vos.
El sacerdote terminó la ceremonia.
—Los declaro marido y mujer.
Los aplausos llenaron el salón.
Las cámaras comenzaron a tomar fotografías mientras los invitados sonreían emocionados.
Pero los recién casados parecían dos completos desconocidos.
Durante la recepción, Valeria conversó con los empleados del salón, agradeció el servicio y hasta jugó unos minutos con la pequeña hija de uno de los fotógrafos, quien se había acercado con curiosidad a ver el vestido.
Todos comentaban lo mismo.
—La señora Moretti es realmente encantadora.
Adrián observó la escena desde la distancia.
No entendía cómo una mujer capaz de tratar con tanta dulzura a todo el mundo se transformaba en una estatua de hielo apenas lo tenía enfrente.
Minutos después, una mujer mayor se acercó a Valeria.
—Felicitaciones, querida. Forman una pareja hermosa.
Valeria sonrió con cortesía.
—Muchas gracias.
Adrián apareció a su lado.
La mujer los miró emocionada.
—Se nota que están muy enamorados.
Valeria y Adrián guardaron silencio durante unos segundos.
Finalmente, ambos sonrieron... una sonrisa perfectamente ensayada para las cámaras.
Cuando la mujer se alejó, Valeria habló en voz baja.
—Somos muy buenos actores.
—Eso parece.
—Mientras estemos frente a los invitados, mantendremos las apariencias.
—Estoy de acuerdo.
No hicieron falta más palabras.
Era un pacto silencioso.
Horas después, abandonaron el salón rumbo a la mansión Moretti.
El vehículo avanzaba por la ciudad mientras un incómodo silencio los acompañaba.
Valeria observaba las luces por la ventana.
Adrián revisaba unos documentos en una tableta, como si acabara de salir de una reunión de negocios y no de su propia boda.
Finalmente, ella rompió el silencio.
—Tengo una condición.
Él levantó la vista.
—Te escucho.
—No pienso depender de vos para nada.
Adrián asintió con tranquilidad.
—Perfecto. Yo tampoco pienso controlar tu vida.
—Otra cosa...
—Decila.
—No entres a mi habitación sin avisar.
Él soltó una leve risa, casi imperceptible.
—Podés estar tranquila. No tengo intención de hacerlo.
Ella lo miró de reojo.
—Me alegra que coincidamos en algo.
Cuando el automóvil atravesó los enormes portones de la residencia Moretti, Valeria quedó en silencio.
Frente a ellos se alzaba una mansión imponente, iluminada por decenas de faroles y rodeada de extensos jardines.
Era más grande de lo que había imaginado.
Sin embargo, algo llamó su atención.
Había demasiados hombres vestidos de negro caminando por el lugar.
No parecían simples empleados.
Sus movimientos eran precisos, atentos, casi militares.
Valeria frunció el ceño.
Aquella casa escondía algo.
Y, por alguna razón que no podía explicar, sintió que su nueva vida acababa de abrir la puerta a un mundo completamente desconocido.
Sin saberlo, el verdadero matrimonio no acababa de comenzar...
El verdadero juego apenas estaba por empezar.