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Los Herederos De Los Elementos

Los Herederos De Los Elementos

Status: En proceso
Genre:Escuela / Mundo mágico / Romance
Popularitas:798
Nilai: 5
nombre de autor: Itzel Velasco

En la Academia Real Arcana, la misteriosa Yoselin despierta el poder oculto de cinco princesas y enseña a los orgullosos príncipes que la unión y el amor son su mayor fuerza para enfrentar al Rey del Vacío.

NovelToon tiene autorización de Itzel Velasco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: Un verano de nuevos comienzos

Después de la reunión de las Familias Imperiales, los reyes decidieron suspender las clases durante dos semanas.

Oficialmente eran vacaciones.

En realidad, era una medida para mantener a todos bajo vigilancia mientras los caballeros investigaban los movimientos del enemigo.

Los jardines del Palacio Imperial nunca habían estado tan llenos de risas.

Por primera vez en mucho tiempo, las princesas podían disfrutar de un poco de tranquilidad.

Aurora caminaba junto a Dante por los jardines de fuego.

A diferencia de meses atrás, ya no existía aquel incómodo silencio entre ellos.

—Has mejorado mucho con la espada —dijo Dante.

Aurora sonrió orgullosa.

—Mi instructora es muy estricta.

—Lo sé...

Pero también creo que la alumna es muy talentosa.

Aurora sintió cómo sus mejillas se calentaban.

Era la primera vez que Dante la elogiaba de esa manera.

En otro jardín, Flora y Oliver cuidaban un enorme árbol sagrado.

—Antes pensaba que nunca podría controlar mi poder.

Oliver sonrió.

—Ahora eres capaz de hacer florecer un bosque entero.

Flora bajó la mirada con timidez.

—Gracias por creer en mí.

Oliver negó lentamente.

—No...

Gracias por demostrarme que estaba equivocado.

Muy cerca del lago imperial, Maya y César caminaban en silencio.

De repente, César tomó una pequeña piedra y la lanzó al agua.

Las ondas comenzaron a expandirse.

—¿Sabes?

Siempre pensé que necesitabas que alguien te protegiera.

Maya levantó una ceja.

—¿Y ahora?

César sonrió.

—Ahora creo que serías capaz de protegerme tú a mí.

Maya soltó una pequeña risa.

Era la primera vez que conversaban sin discutir.

Mientras tanto, Brisa entrenaba con Uriel en un enorme acantilado.

El viento soplaba con fuerza.

Uriel observó cómo Brisa controlaba una corriente de aire con una facilidad que meses atrás parecía imposible.

—Lo estás haciendo increíble.

Brisa lo miró sorprendida.

—¿De verdad?

—Nunca te mentiría.

Ella sonrió con una felicidad que hacía mucho no sentía.

En el campo de entrenamiento, León practicaba con su espada.

Frente a él estaba Ángel.

El joven sonrió al bloquear uno de los ataques de León.

—Cada día eres más fuerte.

León bajó la espada.

—Todo es gracias a Yoselin.

Ángel negó con una sonrisa.

—No.

Ella te enseñó el camino...

Pero eres tú quien ha decidido recorrerlo.

León sintió cómo su corazón latía con fuerza.

Cada día era más fácil hablar con Ángel.

Cada día disfrutaba más su compañía.

En ese momento, una voz alegre interrumpió el entrenamiento.

—¡Hermano!

Ambos voltearon.

Un joven de cabello castaño claro y ojos verdes corría hacia ellos.

Ángel sonrió.

—León, quiero presentarte a mi hermano menor.

Él extendió la mano.

—Mucho gusto.

Soy Adrián.

León respondió al saludo con una sonrisa.

Adrián parecía amable y lleno de energía.

Muy cerca de allí, Elisabeth caminaba sola entre los jardines.

Aún pensaba en todo lo que había ocurrido durante las últimas semanas.

Necesitaba un momento de tranquilidad.

Sin darse cuenta, chocó con alguien.

—¡Lo siento!

Los dos hablaron al mismo tiempo.

El joven que estaba frente a ella sonrió con amabilidad.

—No fue tu culpa.

Elisabeth levantó la vista.

Era el muchacho que había llegado con Ángel.

—Soy Adrián.

Mucho gusto.

Ella respondió con una pequeña sonrisa.

—Elisabeth.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

Después ambos comenzaron a reír.

Habían descubierto que los dos eran igual de distraídos.

Sin saberlo, aquel encuentro marcaría el inicio de una hermosa amistad.

Mientras tanto, Daniel buscaba a Yoselin por todo el palacio.

Finalmente la encontró en la biblioteca.

Ella observaba un antiguo libro de magia.

—Así que aquí estabas.

Yoselin levantó la vista.

—Necesitaba un poco de silencio.

Daniel caminó hasta sentarse a su lado.

Durante varios minutos ninguno habló.

El silencio era cómodo.

Ya no resultaba incómodo como antes.

—¿Sigues sintiendo dolor? —preguntó Daniel de repente.

Yoselin cerró el libro.

—Un poco.

—¿Por qué no se lo dices a los demás?

Ella sonrió con tristeza.

—Porque ya tienen suficientes preocupaciones.

Daniel suspiró.

—Siempre haces lo mismo.

Intentas proteger a todos...

Y te olvidas de ti.

Yoselin desvió la mirada.

—Es más fácil así.

Daniel negó con la cabeza.

—No.

No lo es.

Solo hace que cargues con todo tú sola.

Las palabras quedaron suspendidas entre los dos.

Después de unos segundos, Daniel extendió la mano.

—Ven.

Ella lo miró confundida.

—¿A dónde?

—A caminar.

Prometo que durante una hora no hablaremos de guerras, enemigos ni entrenamientos.

Solo quiero que disfrutes un poco de estas vacaciones.

Yoselin dudó.

Hacía mucho tiempo que nadie se preocupaba por verla sonreír.

Finalmente aceptó.

—Está bien.

Pero solo una hora.

Daniel sonrió satisfecho.

Mientras caminaban por los jardines, comenzaron a hablar de cosas sencillas.

De sus comidas favoritas.

De las travesuras de cuando eran niños.

De los sueños que tenían antes de convertirse en guerreros.

Por primera vez, Yoselin reía sin preocuparse por el peso del mundo.

Y Daniel descubrió que aquella risa era mucho más hermosa de lo que había imaginado.

Desde una ventana del palacio, Aurora observó la escena y sonrió.

—Creo que mi hermano ya no puede ocultarlo.

Elisabeth, que acababa de regresar de conocer a Adrián, siguió la dirección de su mirada.

Daniel y Yoselin caminaban uno al lado del otro, riendo como si el resto del mundo hubiera desaparecido.

Elisabeth sonrió con ternura.

—Solo espero que algún día ella también se permita ser feliz.

Sin embargo, muy lejos del palacio, una figura envuelta en sombras observaba un mapa iluminado por siete puntos de luz.

El hombre de la máscara rota apretó el puño.

—Disfruten estas vacaciones...

Porque serán las últimas antes de que la guerra comience de verdad.

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