Una vez creí en los cuentos de hadas, pero tarde me di cuenta de que solo eran una mentira que nos cuentan de niños para desviarnos de la maldad de este mundo en el cual por desgracia y caí y morí sabiendo que él no me amaba.
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Capítulo 19: Luz...
NIKOLAY
Abrí los lentamente al sentir algo frío en mi frente, y el calor del cuerpo de Scarlett, además, de sus ronquidos suaves que era algo a lo que ya me estaba acostumbrando. Incluso me estaba acostumbrando a tener a alguien cerca, sobre todo luego del accidente.
El accidente me aisló de todo y de todos. Sin embargo, ya no me sentía incómodo teniendo a alguien cerca de mí. Scarlett era alguien con quien podía convivir sin miedo. Ella dormía plácidamente en mis brazos, ajena a todo lo que estaba pasando a su alrededor. La miraba dormir, su respiración era tranquila, regular.
Se removió un poco entre mis brazos lanzando un largo suspiro y después de eso se quedó quieta. Durmiendo. Se veía exhausta, tras haberme cuidado de la fiebre que tuve anoche.
Al mirar hacia las oscuras cortinas supe que había amanecido, la luz tenue de la mañana apenas entraba en la habitación. Empecé a acariciar su cabello con mi mano, era suave, rizado, un poco más largo.
—Gracias por venir a mi vida...—Dije en murmullo que no supe sí ella escuchó o no, porque sin esperarlo me abrazó y se quedó así un rato. No la detuve, ni mucho menos la alejé.
Transcurrió un rato y ella abrió los ojos lentamente, me miró y dijo aún somnolienta:
—¿Te sientes mejor?—Asentí y de a poco fue despertando hasta darse cuenta de que los dos estábamos abrazados, juntos en la misma cama y mismo espacio. Abrió los ojos de golpe, despertando por completo.
Trató de soltarse, pero no se lo permití.
—¡Suéltame!—Pidió, pero no cedí.—Ya veo que te sientes mejor, pero por favor, suéltame.
Fue entonces que harté. La hice mirarme, sujetando su rostro dije:
—Escúchame muy bien porque solo lo diré una vez...—Respiré profundo y se lo dije—Mientras yo sea la oscuridad y la destrucción, tú serás la luz y la creación, juntos somos un ser completo y perfecto, te amo tanto que me es tan absurdo decirte estas palabras, pero debo decirlas. De no hacerlo no podré seguir respirando el mismo aire que tú, mirar las mismas cosas que ves, la manera en que las ves...
Todo lo que veo en ti... es perfección, luz y tranquilidad en mi vida.—Me miró perpleja. Se soltó de mi agarre y fue hacia la ventana, no corrió las cortinas simplemente miró a través de ella lo que había afuera. El bosque, un lugar único y sagrado para la madre naturaleza.
Me levanté de la cama y fui hacia ella. La abracé por detrás. No se inmutó. Ni siquiera se sorprendió.
—Una vez...—dijo rompiendo el silencio—Una vez corrí ese riesgo y casi termino muerta, por no escuchar a quienes se preocupan en verdad por mí. Amé profundamente y eso casi me mata...
¿Cómo puedo confiar en que no volveré a pasar por lo mismo?—Levantó la vista, me miró con ese brillo en sus ojos que reflejaban esperanza, pero también miedo. Miedo por volver a salir herida.
—Yo no soy como él, jamás te haré daño. Primero quemo al mundo que fue injusto contigo antes de tan siquiera pensar en hacerte daño, prefiero sacrificar a cualquier cosa menos a ti.
Ese hombre... nunca volverá a tu vida, él ya fue devorado por las bestias que rondan por el bosque, simplemente velo como una especie de karma por lo que él te hizo.
Un silencio no incómodo se instaló en la habitación. Era un silencio palpable, visible, prácticamente se podía tocar con los dedos. Ella no dijo nada, simplemente el miedo de ser tratada como un objeto era evidente, pero sabía que había algo más.
Sin embargo, no me atreví a decir algo. No quería alejarla más. Ella me hacía tanto bien que incluso mis noches al dormir eran mejores, pacíficas y tranquilas.
—¿Sigues amando a Sarai?—Preguntó Scarlett rompiendo el silencio que se había instalado entre los dos.
Era una pregunta a la cual no tenía una respuesta concreta. Sin embargo, estaba seguro de que ya no quería seguir recordando a Sarai de la misma forma en que la amé.
—No necesito amar a alguien que ya no me hace bien, además, yo fui quien lo arruinó. Así que... es algo que he comenzado aceptar.
Ella no dijo nada. Simplemente correspondió al abrazo.
—Cuando amas a alguien... simplemente no puedes dejarlo ir la noche a la mañana, no es fácil y tampoco es menos doloroso. Te desgarra por dentro hasta que sientes cómo cada fibra de tu cuerpo tiembla de desesperación y frustración, porque sabes que hiciste todo por evitar que llegar a un punto en el que simplemente no hay nada que hacer.—Ella estuvo de acuerdo con lo que dije, pero aun así no decía nada.
Ella se quedó apretando con fuerza mis antebrazos temblando, estaba temblando. No de miedo, sino de incertidumbre.
—Me doy cuenta de que aún sientes algo por Sarai.—Habló rompiendo el silencio.
—Sarai, es mi pasado. Tú eres mi presente y futuro.
La escuché sonreír.
—A veces ese pasado nos puede perseguir tarde o temprano.
—Entonces que sea tarde.—Objeté y ella finalmente me miró.
—¿Cómo sabes que será de esa forma?—Me preguntó ella mirándome con una mezcla de sorpresa e incertidumbre.
—Porque esta vez es diferente, y poco me importa sí ella aparece, no me interesa nada más de ella. Tú eres la luz ha llegado a calmar a mis demonios dentro de mí. Sin esa luz el mundo conocerá la ira de estos.
Sus ojos se suavizaron un poco, pero no demasiado veía en ellos aún esa incertidumbre. La tomé del rostro con cuidado, ella no apartó la mirada. Todo lo contrario. Siguió mirándome no con miedo, sino con una mezcla de ternura y de algo parecido al respeto.
Sin esperarlo toco mi máscara con cuidado. Usó la punta de sus dedos tocándola con una delicadeza y cuidado que me hizo estremecer. Su toque llegó hasta la barbilla, sin embargo, quitó su mano. No por miedo, sino respeto. Ella no quería tomar el borde de la máscara.
—¿Por qué te escondes debajo de esa máscara?—Su pregunta me tomó desprevenido. No supe qué decir.—No veo la necesidad de que te escondas.
—No puedo mostrarte...—apenas pude decir. Ella sonrió comprensiva.
—No hace falta—dijo manteniendo su sonrisa.— hazlo cuando te sientas cómodo. No te obligaré a nada.
Sus palabras fueron honestas y sinceras. No hubo un discurso, nada. Fue directa.
Luego de eso nos alejamos de la ventana y en ese momento ella tomó las cortinas y las corrió. Sin aviso, sin dramas. La luz entró de lleno, cerré los ojos casi de automático al sentirla en ellos.
Era extraño y a la vez agradable. Era una sensación cálida y reconfortante. La habitación se iluminó casi de inmediato.
—Estoy harta de caminar en la oscuridad.—Dijo ella harta.
—No era necesario que hicieras eso.—Ella me ignoró. Salió de la habitación y corrió el resto de las cortinas de la casa. Al ver la casa iluminada por la luz del sol... fue algo irreal.
—Por supuesto que sí—objetó—, no puedes vivir en la oscuridad para siempre.—ella estaba decidida a todo para que la casa volviera a tener luz.