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Linaje De Sombras: El Pacto Blackwood

Linaje De Sombras: El Pacto Blackwood

Status: En proceso
Genre:Acción / Dominación / Amor-odio
Popularitas:31.6k
Nilai: 5
nombre de autor: EJ CB

​Elena Vargas vive para un solo propósito: destruir a la familia que le arrebató todo. Armada con un odio forjado en cenizas y protegida por la lealtad inquebrantable de sus dos "hermanas", Valeria y Maira, Elena se infiltra en el imperio de los Blackwood para desenterrar un misterio que lleva diez años sangrando.
​Sin embargo, en el centro de la red la espera Samael Blackwood, un hombre cuya dominación es ley y cuya presencia es un abismo. Entre ellos estalla un amor salvaje y prohibido; una guerra de voluntades donde la pasión se confunde con la venganza y cada caricia es un duelo a muerte.

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Capítulo 19: La Marca de Caín

El refugio actual era lo opuesto al lujo de la mansión Blackwood: un taller mecánico en el corazón del barrio Perpetuo Socorro, en Medellín. El olor a aceite quemado, caucho y soldadura ocultaba cualquier rastro humano. Afuera, la ciudad rugía con el tráfico del mediodía, ignorando que en sus entrañas se escondían los fugitivos más buscados del país.

Elena Vargas estaba sentada sobre un capó oxidado, limpiando su daga de plata con movimientos mecánicos. Su rostro, esa "gema tallada", mostraba las ojeras de quien ha visto el fin del mundo y ha vuelto para contarlo. Cerca de ella, Valeria descansaba en un catre, con el rostro vendado y una mirada de hielo que seguía evitando a Samael.

—¡Lo tengo! ¡Por todos los santos, lo tengo! —el grito de Maira hizo que Elena saltara del capó.

Maira estaba frente a un microscopio electrónico conectado a su portátil. Su rostro estaba pálido, y sus dedos, generalmente rápidos, golpeaban la mesa con un tic nervioso.

—¿Qué encontraste, Mai? —preguntó Elena, acercándose.

—No es solo sangre, Leni. El altar de la cascada... no era solo una cerradura mecánica. Era un inyector. Cuando ustedes pusieron sus manos en las hendiduras, el mecanismo no solo leyó su ADN; les implantó algo. Una colonia de nanotransmisores biológicos que se alimentan de la hemoglobina.

Samael, que estaba apoyado contra la pared del fondo con su imponente figura, se enderezó de golpe. Su mirada de gris acero se volvió gélida.

—Explícate.

—Están emitiendo una frecuencia de radio de baja intensidad —continuó Maira, girando la pantalla—. Pero aquí está lo aterrador: la señal solo es detectable cuando están cerca el uno del otro. Sus sangres se han mezclado a nivel molecular. Son como dos mitades de un faro. Si están juntos, emiten un pulso que cualquier satélite de inteligencia militar puede rastrear.

—Morgana no tiene esa tecnología —dijo Samael, su voz era un trueno bajo—. Eso es de "El Directorio". Una organización que ni siquiera mi madre se atreve a mencionar.

......................

Elena sintió un frío repentino. Miró a Samael. La idea de que su propio cuerpo estuviera traicionándola, convirtiéndola en un objetivo andante cada vez que se acercaba al hombre que deseaba, era la forma definitiva de dominación. Estaban encadenados por la biología, sentenciados a ser encontrados si cedían a la pasión que los consumía.

Valeria se levantó del catre con un esfuerzo evidente.

—¿Entonces el plan es que se mantengan separados? —preguntó Val con una sonrisa amarga—. Porque a juzgar por cómo se miran, eso va a ser más difícil que robarle a Morgana.

—No podemos separarnos —respondió Samael, caminando hacia Elena con una determinación depredadora—. Si nos separamos, perdemos la única ventaja que tenemos sobre El Directorio: la capacidad de sobrecargar la señal si la intensidad de nuestra unión aumenta.

Esa noche, mientras Maira y Valeria vigilaban el perímetro exterior del taller y Beatriz descansaba en una habitación insonorizada, Elena y Samael se quedaron solos en la oficina del piso superior, una habitación pequeña llena de calendarios viejos y el zumbido de un ventilador oxidado.

La tensión entre ellos no era solo sexual; era una necesidad de supervivencia. Elena sentía el pulso en su cuello latiendo al unísono con el de Samael. La marca en su palma, donde su sangre se había mezclado, ardía con una luz invisible.

—Dime que es mentira —susurró Elena, mientras Samael la acorralaba contra el escritorio de madera podrida—. Dime que no estamos marcados por ellos.

—Estamos marcados desde antes de nacer, Leni —respondió él, su voz ronca vibrando en la penumbra—. Pero esta marca... esta es la única que elegimos aceptar cuando abrimos esa puerta.

Samael la besó con una pasión salvaje que buscaba desafiar a los satélites, a Morgana y al destino mismo. Elena respondió con una urgencia eléctrica, desgarrándole la camisa con una ferocidad que buscaba la piel, el calor, la confirmación de que seguía siendo humana. Él la alzó, sus manos grandes y de dedos largos apretando sus glúteos bajo el pantalón táctico, y la sentó sobre el escritorio.

Él no fue sutil. Le bajó el cierre del traje con un movimiento dominante, dejando sus pechos firmes y de piel canela expuestos al aire caliente del taller. Samael bajó su cabeza, devorando sus pezones con un hambre que le arrancó a Elena gemidos de pura agonía placentera. Ella arqueó la espalda, sintiendo cómo el pulso de los nanotransmisores en su sangre se aceleraba, creando una vibración interna que la hacía vibrar desde los huesos.

—Siento... siento que me quemo —gimió ella, enterrando las uñas en los hombros anchos de Samael.

—Deja que arda —gruñó él, deshaciéndose de su propia ropa.

La penetró con una fuerza devastadora, una embestida profunda que pareció sincronizarse con el latido del taller. El contacto fue más que físico; fue una colisión de dos frecuencias que buscaban anularse. El ritmo era frenético, una lucha de dominación carnal donde cada estocada de Samael enviaba oleadas de calor por el cuerpo de Elena. Ella lo rodeó con sus piernas, apretándolo contra ella con una necesidad casi mística, queriendo fundirse tanto que los rastreadores no pudieran distinguir dónde terminaba uno y empezaba el otro.

El sudor les cubría la piel, brillando bajo la luz mortecina de una lámpara de aceite. Elena sentía que su visión se llenaba de estática, un efecto secundario de la sobrecarga biológica que Maira había advertido. Los gemidos de ella se volvieron rítmicos, acompasados con el movimiento posesivo de Samael, quien la sujetaba por la nuca con una mano mientras con la otra le recorría la columna, marcando su territorio en cada vértebra.

El clímax llegó como una supernova, un estallido de sensaciones que los dejó a ambos gritando en silencio, con los cuerpos entrelazados y vibrando en una frecuencia que rompió el cristal de una ventana cercana. Se quedaron así, jadeando, aferrados el uno al otro en la oscuridad, mientras el zumbido en sus sangres se calmaba lentamente hacia un ronroneo satisfactorio.

Media hora después, Maira entró en la oficina sin avisar, con el rostro lleno de terror.

—¡Lo hicieron! ¡Sobrecargaron el sistema! —gritó, señalando su tableta—. La señal se volvió tan intensa que creó un punto ciego en el satélite por diez minutos. Pero eso también significa que acabamos de enviarle nuestra ubicación exacta a El Directorio antes de que el satélite se reiniciara.

Samael se levantó, vistiéndose con la elegancia peligrosa de siempre, aunque sus ojos todavía guardaban el azul tormentoso de la pasión.

—¿Cuánto tiempo tenemos?

—Diez minutos antes de que el equipo de extracción llegue aquí —respondió Maira, empezando a empacar los servidores—. Y no vienen por el dinero de Morgana. Vienen por ustedes. Quieren los "huéspedes" del experimento Blackwood.

Elena se puso en pie, ajustándose el equipo con la frialdad de una gema tallada para cortar. Miró a Valeria, que entraba con el fusil cargado.

—¿Lista para otro baile, Val?

—Si sobrevivimos a esta, Leni, me vas a tener que explicar por qué la oficina huele a sexo y a electricidad —dijo Valeria, aunque su mirada hacia Samael era un poco menos hostil.

Elena cargó su arma. El misterio de los Blackwood se había expandido hacia algo mucho más grande y letal. Ya no se trataba solo de una herencia o una venganza; se trataba de dos personas cuyas sangres estaban unidas por una ciencia maldita, huyendo de una organización que los veía como propiedad.

—Nos vamos al centro —ordenó Elena—. Si quieren encontrarnos, que lo hagan en medio de la multitud.

Samael la tomó de la mano, y por primera vez, no fue un gesto de dominación, sino de una ternura oscura.

—No nos van a atrapar, Leni. No mientras mi sangre siga corriendo por tus venas.

Salieron del taller justo cuando el sonido de helicópteros negros empezaba a ensordecer el barrio Perpetuo Socorro. La cacería global había comenzado.

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Alma Guentes
más capítulos autora está buenísimo 👏👏👏
Camila Nava
maraton maraton otra vez
♡ Dayana💕
me encantaron los capítulos 🤭 quiero más
♡ Tu y yo bebe 🫦
que forma de traer un recado 🤭 quiero que me den las noticias así 🤣
♡Maye
las capítulos🤭 si no es mucha molestia 🤭
♡ Lau
esta muy buena, espero pronta actualización 🤭
♡ ^Majo^
yo elijo por ti🤣 me quedo en los brazos de él y en lo que no son los brazos también 🤭
♡ ^Majo^
waoooo que entrega ☺️/Awkward/
♡ ^Majo^
/Awkward//Awkward//Awkward/ me sonroje
♡ Tasharen ^_^
quiero más 🤭
Ley Ruiz
MARATON MARATON MARATON
Camila Nava
maraton maraton maraton
Lola Dolores
maraton maraton 👏
Ivonne selva k
más capítulos 😭
Camila Nava
tremenda presentación 👏
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