Una noche de fiesta fue el inicio de su condena. Matteo "El Halcón" Moretti, el criminal más temido del país, puso sus ojos en ella y decidió que le pertenecía.
Arrancada de su vida sencilla, Ana descubre que su cautiverio no fue un error: ella es la heredera perdida de la Dinastía Castellanos, un imperio que todos creen muerto.
Atrapada entre la obsesión del hombre que la compró y la traición de quien decía amarla, Ana deberá elegir: ser una víctima sumisa o convertirse en la reina que destruirá a sus enemigos.
¿Qué pesa más: el miedo al monstruo que la posee o la sed de venganza?
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La visita de la víbora
La primera semana en la mansión Moretti había sido un desierto de lujo y silencio para Ana. Sus días estaban cronometrados: seis horas de estudio intensivo con tutores privados que Matteo había contratado, una hora de ejercicio en el gimnasio acristalado que daba al bosque, y cenas tensas donde el "Halcón" la observaba como si fuera un problema matemático complejo que aún no terminaba de resolver.
Sin embargo, el aislamiento se rompió la tarde del jueves.
—Señorita Ana, tiene una visita —anunció la ama de llaves—. Una joven llamada Jessica. Dice que es su mejor amiga y que trae materiales de la universidad que usted olvidó.
Ana sintió un vuelco en el corazón. ¿Jessica? No era su amiga más cercana, pero era un vínculo con su vida anterior. Quizás ella sabía algo de Miguel. Quizás él le había enviado un mensaje secreto.
Jessica entró en la pequeña sala de estar de la suite de Ana, entornando los ojos ante la opulencia del lugar. Llevaba un vestido ajustado y demasiado maquillaje para una visita de tarde. Sus ojos recorrieron las molduras de oro y las alfombras persas con una mezcla de hambre y resentimiento.
—Vaya, Ana... —dijo Jessica, dejando una carpeta sobre la mesa—. Así que este es el "sufrimiento" que te obligó a dejar a Miguel. Suiza se ve muy diferente desde las colinas de los Moretti.
—No es lo que parece, Jess —susurró Ana, cerrando la puerta para que el personal no escuchara—. Mi padre... Matteo está pagando todo. Es un trato. No tuve opción.
Jessica soltó una risita cínica mientras se sentaba, cruzando las piernas con elegancia ensayada.
—Claro, el sacrificio de la mártir. Pero deberías ver a Miguel, Ana. Ese chico que tanto llorabas... bueno, digamos que no ha perdido el tiempo.
Ana se tensó, acercándose a ella.
—¿Lo has visto? ¿Cómo está? ¿Me ha buscado?
—¿Buscarte? —Jessica fingió una mueca de lástima—. Ana, Miguel desapareció de la universidad al día siguiente de que te fueras. Pero no porque estuviera triste. Se le ha visto en el sector norte, en coches que tú y yo no podríamos pagar ni en tres vidas. Dicen que siempre fue un mentiroso, que su "humildad" era solo una fachada para esconderse de algo oscuro.
—Eso no es cierto —defendió Ana, aunque la voz de Matteo en la cena anterior resonó en su cabeza: "Tu pobre Miguel tiene fantasmas más grandes que yo".
—Cree lo que quieras —continuó Jessica, levantándose y caminando hacia el ventanal—. Pero mientras tú estás aquí encerrada jugando a la ingeniera arrepentida, él ha vuelto a su verdadera vida. No te buscó, Ana. Ni una sola llamada, ni un mensaje a nosotras para saber de ti. Simplemente cerró el capítulo y se fue con los suyos.
Lo que Ana no sabía era que Jessica no estaba allí por amistad. Antes de entrar a la habitación, Jessica se había asegurado de dejar su perfume en el pasillo, esperando cruzarse con el dueño de la casa. Y su deseo se cumplió.
Al salir de la habitación de Ana, Jessica se encontró con Matteo en el gran salón. Él la observó con la frialdad de quien mira a un insecto molesto, pero Jessica, valiente por su ambición, le sostuvo la mirada.
—Señor Moretti —dijo ella, con una sonrisa sugerente—. Solo quería agradecerle por cuidar tan bien de mi amiga. Aunque me temo que ella sigue muy pendiente de lo que dejó atrás... de Miguel.
Matteo se detuvo, sus ojos oscuros clavándose en los de la chica.
—¿Y por qué me importaría a mí lo que una estudiante piensa de un fantasma?
—Porque ese fantasma está haciendo ruido —soltó Jessica—. Miguel está moviendo hilos en la ciudad. Está buscando aliados. Si yo fuera usted, me aseguraría de que Ana sepa que su "héroe" no es más que otro criminal, quizás peor que los que ella cree conocer.
Matteo guardó silencio, analizando la utilidad de la envidia de Jessica.
—Eres una mujer ambiciosa, Jessica. Eso puede ser útil, o puede ser mortal. Por ahora, sigue informándome de lo que se dice en la universidad sobre ese chico. Si lo que dices es valioso, habrá una recompensa. Si me mientes... desearás no haber subido nunca a esta colina.
Dentro de su habitación, Ana lloraba en silencio sobre los libros de ingeniería. Las palabras de Jessica se sumaban a las de Matteo, creando una verdad distorsionada pero coherente: Miguel la había abandonado. El hombre de los ojos miel, el que prometía una vida sencilla, simplemente había borrado su rastro cuando ella más lo necesitaba.
Miró el plano que estaba dibujando para su tesis. Sus manos temblaban. Se sentía estúpida por haber sacrificado su honor por un hombre que, al parecer, nunca fue quien dijo ser.
En ese momento, la puerta se abrió. Matteo entró sin llamar. No traía documentos ni amenazas. Se acercó a ella y, por primera vez, no hubo sarcasmo en su voz.
—Llorar por el pasado es un desperdicio de energía, Ana —dijo él, entregándole un pañuelo de seda—. Te dije que todo el mundo miente. La única diferencia entre Miguel y yo, es que yo te mostré mis colmillos desde el primer día. Él te hizo creer en cuentos de hadas mientras escondía sus garras.
Ana lo miró, con los ojos empañados por la rabia y el dolor.
—¿Y qué quieres que haga? ¿Que te agradezca por secuestrarme?
—Quiero que aceptes la realidad —Matteo se inclinó, su rostro a milímetros del de ella—. Estás sola en este mundo, excepto por mí. Tu padre vive porque yo quiero. Tu carrera sigue en pie porque yo lo permito. Y tu antiguo amor... bueno, él ya ha vuelto a su nido de serpientes.
Matteo le tomó la mano, forzándola a soltar el lápiz.
—Odiame todo lo que quieras, Ana. Pero hazlo sabiendo que soy el único que no te ha engañado sobre quién es.
Esa noche, Ana no soñó con Miguel. Soñó con un bosque oscuro donde dos lobos peleaban por ella, y en el sueño, ella no sabía cuál de los dos era el que realmente quería devorarla. La duda había echado raíces, y el plan de Matteo de aislarla emocionalmente estaba funcionando a la perfección.
pero estaría muerta como le dijo matteo
ojalá no sea verdad
pero ellos también no debieron actuar a si humillandote lo hiciste para salvarle la vida
si ella es tomada una heredera 🤔
pero cuando se entere de lo que tenía pensado el miguelito con ella como verá esto por una parte se puede decir matteo la salvo de ese maldito
ojalá Matteo se entere sus informantes se están pasando el por qué el miguelito quiere a toda costa a Ana
entonces el sabrá que viene de una familia fuerte🤔
pero será que le hicieron algo para a si poder tener a su merced a Ana