Me llamo Ren, soy un chico de 17 años, y tras un accidente inexplicable desperté en un mundo completamente ajeno al mío. Un lugar regido por reglas que apenas logro comprender, donde lo más importante no es la fuerza ni la inteligencia… sino la reproducción.
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 20
...-- UNA SEMANA Y MEDIA DESPUÉS DE LLEGAR A ESTE MUNDO --...
Había pasado ya una semana y media desde mi llegada a este mundo… y una semana desde que estaba con Zeon. Puede que, en mi mundo anterior, ese tiempo no significara demasiado, pero aquí… todo se sentía distinto, más intenso, más rápido.
Suficiente como para darme cuenta de algo que antes jamás habría aceptado con tanta facilidad.
Me sentía atraído por él.
Y ahora… éramos una pareja.
Aun así, en el fondo de mi pecho persistía una inquietud que no lograba ignorar. Este no era mi mundo, no era mi lugar… y tarde o temprano tendría que enfrentar esa realidad.
Me pregunté si Zeon podría ayudarme.
Si estaría dispuesto a hacerlo.
Con ese pensamiento en mente, me dirigí hacia él. Se encontraba cazando en el bosque, deslizándose con esa elegancia silenciosa que parecía natural en él.
—Zeon… —lo llamé.
Él se giró apenas, mirándome con atención.
—¿Sí?
Dudé un instante, pero aun así reuní valor.
—¿Algún día… me dejarás irme…?
Su reacción fue inmediata. Su expresión cambió, su ceño se frunció con una claridad que no dejaba lugar a dudas.
—No.
Su respuesta fue tan rápida como firme.
Su mirada se clavó en la mía, intensa, penetrante… tan hermosa que me erizó la piel, tan fuerte que hizo que mi corazón se acelerara sin permiso. Por un momento, sentí que me arrastraba hacia él.
Pero no podía distraerme.
No ahora.
—Zeon… —continué, intentando mantener la calma—. ¿Me ayudarías… en lo que sea que te pidiera?
Él no respondió de inmediato.
Se acercó.
Sentí su mano deslizarse suavemente por mi mejilla, subiendo con lentitud hasta rozar mi oreja. Un escalofrío recorrió mi cuerpo.
—¿Qué es lo que deseas? —preguntó con una voz baja, casi suave.
Tragué saliva, sintiendo el calor subir a mi rostro.
—Yo… quiero que me ayudes a encontrar los siete rubíes.
Por primera vez desde que lo conocía, lo vi realmente sorprendido.
Sus ojos se detuvieron en mí con una intensidad distinta.
—Los siete rubíes… —repitió en voz baja.
—¿Hay algún problema? —pregunté, inquieto.
Pero en lugar de responder con palabras, me tomó de la cintura y me atrajo hacia él.
El beso llegó sin aviso.
Sus labios se unieron a los míos, y su lengua, cálida y extrañamente diferente, se entrelazó con la mía. Un cosquilleo recorrió mi garganta, haciendo que mi respiración se volviera irregular.
Intenté separarme, jadeando, confundido…
Pero entonces habló.
—Ren… ¿me amas?
Mi mente se quedó en blanco.
—… —no pude responder de inmediato.
Mi corazón latía con fuerza, y mis pensamientos se desordenaron.
¿Cómo podía responder a algo así?
Era guapo… sí.
Era gentil… en su propia forma.
Pero yo… yo era un hombre.
Aunque ahora tuviera un cuerpo de mujer...
Y además… sabía que algún día me iría.
Eso era lo que pensaba.
Pero cuando abrí la boca… lo que salió fue completamente distinto.
—Me gustas…
Zeon se quedó inmóvil por un instante, claramente sorprendido.
Yo reaccioné sonrojado de inmediato, alterado.
—¡Pero solo un poco! ¡Un poquito!
Él sonrió.
Y esa sonrisa…
Esa sonrisa fue, sin duda, la más hermosa que había visto jamás.
Me dejó sin palabras.
Antes de que pudiera reaccionar, me levantó. Mi cuerpo actuó por sí solo, y sin darme cuenta, rodeé su cintura con mis piernas. Por un segundo, él también pareció sorprendido, pero pronto se acomodó, sujetándome con firmeza, sin hacerme daño.
—Quiero enseñarte algo —dijo, con un leve rubor en su rostro.
Sentí cómo mi propio rostro ardía.
—Bueno… —respondí en voz baja, sin poder evitarlo.
......................
En el camino, Zeon me pidió que cerrara los ojos mientras me llevaba en brazos. No entendía muy bien qué planeaba, pero aun así obedecí, dejándome guiar únicamente por la sensación de su cuerpo y el suave movimiento de sus pasos.
—Abre los ojos.
Cuando lo hice, me quedé completamente inmóvil.
Frente a mí se extendían unas aguas termales, ocultas entre la vegetación del bosque. El vapor ascendía lentamente, envolviendo el lugar en una atmósfera casi irreal. El agua reflejaba la luz de una manera suave, invitante… como si aquel sitio hubiera sido descubierto solo para nosotros.
Me bajé de sus brazos con un movimiento torpe, todavía sintiendo el calor que había dejado en mi cuerpo. Mis pies tocaron el suelo con suavidad, pero por un instante dudé, como si algo en mí no quisiera alejarse del todo.
El vapor de las aguas termales envolvía el ambiente, dándole un aire casi irreal, y mi respiración se volvió un poco más lenta mientras trataba de recomponerme. No sabía si era por el calor… o por la cercanía que aún persistía en mi piel.
—La encontré anoche —dijo Zeon con naturalidad—. Pensé que te gustarían las aguas termales.
No pude evitar sonreír, olvidando por un momento todo lo demás.
—Sí… me encantan.
Mi voz salió más emocionada de lo que esperaba.
No me di cuenta en qué momento se colocó detrás de mí. Su cercanía hizo que mi cuerpo se tensara ligeramente, y luego sentí sus grandes manos deslizarse con suavidad, comenzando a levantarme el vestido con una delicadeza que contrastaba con la firmeza de su presencia.
Un estremecimiento recorrió mi cuerpo.
—D-detente… —murmuré, aunque mi voz no tenía la fuerza que debería.
Zeon no respondió.
Sus manos continuaron, traviesas, seguras desnudandome por completo.
Mi respiración se volvió irregular, y, buscando una salida a esa tensión creciente, desvié la mirada hacia el agua.
—Entremos… al agua…
—Bien.
......................
Dentro de las aguas termales, el calor me envolvió de inmediato, relajando mis músculos y nublando ligeramente mis pensamientos. Zeon me sostuvo por la cintura, acercándome a él con naturalidad... ese contacto ya era algo habitual entre nosotros.
Yo, casi sin pensarlo, volví a rodearlo con mis piernas.
Había algo en ese momento… en el calor del agua, en su cercanía… que hacía difícil resistirse.
Sus labios buscaron los míos, y el beso fue profundo, lento, cargado de una intensidad que me dejó sin aliento. Sentí cómo mi cuerpo respondía, cómo mi mente se volvía cada vez más difusa.
—Yo te lavaré —dijo contra mis labios.
Abrí los ojos apenas, aún sonrojado.
—Yo… puedo hacerlo solo…
Zeon me miró fijamente, su expresión suavizándose apenas.
—Ya somos esposos S—Ren… ¿no quieres que te lave?
Hubo un leve cambio en su tono, casi imperceptible, pero suficiente para hacer que algo dentro de mí se moviera.
Suspiré suavemente.
—Está bien…
Le sonreí con calidez, y, reuniendo un poco de valor, me acerqué para darle un beso más corto, más tímido.
A diferencia de antes, esta vez… fui yo quien dio el primer paso.