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Esposa Sustituta

Esposa Sustituta

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Mafia / Completas
Popularitas:12.6k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Ella es obligada a tomar el lugar de su hermana en un matrimonio arreglado entre clanes de la mafia

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Capitulo 23

La luz del amanecer se filtró por las cortinas cuando Alessandro abrió los ojos.

Ella seguía allí. Dormida, con el cabello desparramado sobre la almohada, los labios entreabiertos, la cicatriz en su labio visible en la luz tenue.

La miró un largo rato.

Luego, sin poder evitarlo, inclinó la cabeza y la besó en la frente. En la mejilla. En la comisura de los labios. Una y otra vez, como si no pudiera detenerse. Como si nunca fuera suficiente.

Alma se movió en sueños, murmurando algo ininteligible. Él sintió cómo algo se le apretaba en el pecho.

No quería pensar en lo que significaba. No quería ponerle nombre.

Solo quería quedarse allí un poco más.

Pero el día los esperaba afuera.

El desayuno fue tenso desde el primer momento.

Vanessa estaba ya sentada cuando Alma y Alessandro entraron al comedor. Sus ojos recorrieron a la pareja con rapidez. Notó que venían juntos. Su sonrisa se tensó apenas, pero no dijo nada.

Gerónimo estaba a su lado, con su copa habitual de vino, observando la escena con diversión.

Alma se sentó en su lugar sin mirar a nadie. Alessandro ocupó su sitio en el extremo de la mesa.

Fue Vanessa quien rompió el silencio.

—¿Podemos ir a pasear hoy? —preguntó, con un tono alegre—. Hace tanto que no salimos.

—¿Cómo cuando éramos jóvenes? —dijo, girándose hacia Alessandro—. Por favor, conduce tú.

—Yo no subo si él conduce —intervino Gerónimo con una sonrisa—. Temo por mi vida.

—Vamos, por favor —insistió Vanessa, con esa voz que parecía tener un efecto en Alessandro.

Él asintió.

—Está bien.

Vanessa sonrió triunfante. Pero Alessandro no había terminado.

—Tú también vienes —le dijo a Alma, sin preguntar.

Alma levantó la vista de su plato.

—No es necesario.

—Es cierto —intervino Vanessa rápidamente—, no es necesario.

—Si es necesario —respondió Alessandro con la voz cortante—. Ella es mi esposa.

Vanessa apretó la mandíbula. Su mirada se clavó en Alma con un desagrado que apenas disimuló.

—Por supuesto —dijo, con una sonrisa forzada—. Como quieras.

Cuando llegó el momento de subir al coche, Alma se dirigió al asiento del copiloto.

Pero Vanessa fue más rápida.

—Lo siento, querida —dijo, deslizándose en el asiento con una sonrisa que no dejaba lugar a dudas—. Adelante es mi lugar.

Alma se quedó con la mano en la manija de la puerta.

—No —respondió, con la voz firme—. Yo soy la esposa. Voy adelante.

—Alessandro —Vanessa se giró hacia él con una sonrisa dulce—. Explícale que siempre fue mi lugar.

Alessandro estaba detrás del volante, con las manos apoyadas en el cuero.

—En la próxima puedes venir adelante —dijo, y sus palabras fueron para Alma.

Alma sintió cómo algo se rompía dentro de ella. Otra vez. Siempre la dejaban atrás.

—Está bien —dijo, y su voz sonó extrañamente tranquila—. Como quieran.

Cerró la puerta del copiloto y se subió atrás. Se sentó en el asiento trasero con los brazos cruzados, la mirada fija en la ventanilla.

Vanessa le lanzó una sonrisa de triunfo por el espejo retrovisor. Alma no le devolvió la mirada.

El viaje fue interminable.

Vanessa habló sin parar durante todo el trayecto. Recordó anécdotas de juventud, lugares donde habían ido, cosas que habían hecho. Gerónimo reía de vez en cuando. Alessandro conducía en silencio.

Alma no dijo una palabra.

Miró el paisaje desfilar por la ventanilla con los brazos cruzados, los labios apretados. No iba a darles el espectáculo. No iba a mostrar que le importaba.

Porque no le importaba. No podía importarle.

Un suspiro escapó de sus labios antes de que pudiera contenerlo. Frustración pura, contenida durante horas, que se filtró en ese pequeño sonido.

—No debí venir —murmuró para sí misma.

Pero no lo dijo tan bajo como creía.

Alessandro apretó el volante con tanta fuerza que los nudillos se le blanquearon. Sus ojos se encontraron con los de ella por el espejo retrovisor solo un instante. Alma sostuvo su mirada sin parpadear.

Luego desvió la vista hacia la ventanilla otra vez.

Cuando llegaron, Alma bajó del coche antes que nadie.

Se alejó del grupo sin mirar atrás. Caminó por el sendero de tierra que bordeaba el área de descanso, con las manos en los bolsillos de su chaqueta, los pasos firmes.

El lugar era hermoso. Montañas verdes, un cielo despejado, un pequeño bosque que se extendía más allá del claro donde habían dejado los coches.

Alma se detuvo en el borde del camino y miró hacia los árboles.

Eran densos, oscuros. Si se adentraba en ellos, podría desaparecer. Perderse entre las ramas y las sombras, caminar hasta encontrar un pueblo, una carretera, cualquier cosa que la llevara lejos de allí.

¿Era el momento de huir?

Su corazón latía con fuerza. Podía hacerlo. Vanessa estaba ocupada acaparando la atención de Alessandro. Gerónimo fumaba apoyado en el coche. Alessandro estaba de espaldas, hablando con Vanessa.

Nadie la estaba mirando.

Un paso. Eso era todo lo que necesitaba.

Dio un paso hacia el borde del bosque.

Y entonces lo vio.

Alessandro se había girado. No estaba mirando hacia ella, pero si ella corría hacia los árboles, él la vería. Los guardias, que estaban cerca del área de estacionamiento, también la verían.

No podía.

No ahora.

Apretó los puños y se quedó donde estaba, con la mirada fija en los árboles que prometían libertad, sabiendo que no podía alcanzarlos.

—¿Todo bien? —la voz de Gerónimo sonó a su espalda.

Alma se giró. Él estaba allí, con una sonrisa que no le gustaba.

—Sí —respondió con frialdad—. Solo miraba el paisaje.

—No te alejes demasiado —dijo Gerónimo, con un tono que pretendía ser amable pero sonaba a advertencia—. No querrás perderte.

Alma lo miró un instante. Luego caminó de regreso hacia el grupo sin decir una palabra.

No había huido.

Pero lo intentaría de nuevo. Cuando nadie la viera. Cuando Alessandro no estuviera mirando. Cuando los guardias estuvieran distraídos.

Iba a escapar.

Y cuando lo hiciera, nadie podría detenerla.

1
Paula
me enavnto ...muy linda historia ....
Paula
hay q angutia
Paula
hay dios mio q salga todo bien
Paula
maldito loco 🥹🥹
Paula
maldito sicopata 😱😱😱
Paula
🥹🥹🥹🥹💔
Paula
hay siiii maldito infeliz
Paula
q hdp geronimo no dice nada ...i feliz .....hay Alessandro por favor q sufra por todo lo q le esta haciendo a Alma
Paula
hay dios 🥹🥹🥹
Nerika Moreno
Caramba las joyas que le regaló no son tan valiosas porque solo le alcanza para andar en autobús de pueblo en pueblo
Nerika Moreno
Mujer termina de desaparecer que nervios
Nerika Moreno
La pobre quedó para tapete
Nerika Moreno
ojalá si logré escapar y irse bien lejos😒
Paula
que bueno q geronin9 no.quiera traisionarlos
Paula
amo q estén tan enamorados ....😍
Nilce montilla
de verdad muy bonita historia, felicidades a la autora y que siga cosechando éxitos 👏👏👏👏
Paula
pero lo conoce tanto Alessandro como no se va dar cuenta qel ya sabe quien es su esposa ...q es alma y no ariana. lonpeor qes q lo va a traicionar a alesandro
Paula
jajaja me muero me imagino la cara del padre...q algo q tendría q ser un secreto todo el mundo lo sabe 🤭🤭🤭🤭
Geral Lj
no entiendo, en algunas ocasiones Alessandro la llama Alma, será que él realmente sabe que es ella?
Paula
el de la fiesta 😱😱😱😱
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