Morí deseando cambiar el destino de un personaje trágico… y desperté en su cuerpo.
Ahora soy Lysander Valemont, el omega caprichoso prometido con el temido Duque Kael Aetherion.
En la novela original, nuestro matrimonio era infeliz y yo terminaba muriendo después de dar a luz.
Pero esta vez no permitiré que la historia termine igual.
Aunque Kael me odie… aunque todos crean los rumores sobre mí…
Haré todo lo posible para cambiar nuestro destino.
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Capítulo 10
Cuando Lysander abrió los ojos, la primera sensación que tuvo fue extraña.
Calma.
Una calma suave y tibia, muy diferente al desorden ardiente que había sentido durante la noche.
Parpadeó lentamente, todavía un poco adormecido.
La luz de la mañana entraba por las ventanas, bañando la habitación con un brillo dorado y tenue.
Por un instante, todo pareció tranquilo.
Hasta que recordó.
Su celo.
Kael.
Y la cercanía de la noche anterior.
Sus ojos se abrieron un poco más.
Giró lentamente la cabeza…
Y lo vio.
Sentado junto a la cama, en una silla cercana a la ventana, estaba Kael Aetherion.
Aún vestía la misma ropa oscura de la noche anterior, aunque su postura seguía siendo impecable, como si incluso después de pasar horas allí no se hubiera permitido relajarse del todo.
Sus ojos estaban cerrados.
No parecía profundamente dormido, pero sí descansando apenas.
Lysander se quedó completamente inmóvil.
¿Se quedó… toda la noche?
El pensamiento lo sorprendió más de lo que esperaba.
En la historia original, Kael jamás habría hecho algo así.
Ni siquiera se habría acercado tanto.
Ni siquiera habría entrado.
Pero él se había quedado.
Y aunque no lo hubiera tocado más allá de lo necesario…
Había permanecido a su lado.
Como si de verdad hubiera decidido asegurarse de que estuviera bien.
Lysander bajó la mirada a sus manos, que descansaban sobre la sábana.
Su cuerpo aún se sentía algo débil, pero el calor de la noche anterior había desaparecido casi por completo.
Había sobrevivido.
Y no solo eso…
Había cambiado algo.
Sin darse cuenta, se movió un poco sobre la cama.
El leve sonido hizo que Kael abriera los ojos de inmediato.
Su mirada se enfocó en Lysander casi al instante.
Durante un segundo, ninguno de los dos habló.
Luego Kael se incorporó ligeramente.
—¿Cómo te sientes?
Su voz era más baja de lo habitual, probablemente por el cansancio.
Lysander tardó un momento en responder.
—Mejor…
Kael asintió una sola vez.
Su mirada recorrió brevemente el rostro del omega, como si estuviera comprobando por sí mismo que realmente estaba bien.
—Tu aroma ya se estabilizó.
Lysander sintió una pequeña punzada de vergüenza.
—Lo siento…
Kael frunció ligeramente el ceño.
—¿Por qué te disculpas?
—Por… causarte problemas.
La respuesta salió más suave de lo que esperaba.
Kael guardó silencio unos segundos.
Luego se puso de pie.
Su figura alta proyectó una sombra tranquila sobre la habitación mientras se acercaba a la cama.
—No fue un problema.
Lysander levantó la mirada lentamente.
Kael estaba lo bastante cerca como para que su presencia volviera a sentirse intensa… aunque ya no de una forma amenazante.
—Era algo natural —continuó Kael con serenidad—. No tienes que disculparte por eso.
Las palabras hicieron que el pecho de Lysander se apretara un poco.
Era una frase simple.
Pero también inesperadamente considerada.
Él asintió despacio.
—Aun así… gracias por quedarte.
El silencio volvió entre ellos.
Esta vez no era incómodo.
Solo… nuevo.
Kael desvió la mirada por un segundo, como si no estuviera del todo acostumbrado a recibir ese tipo de agradecimiento.
—No podía dejarte solo en ese estado.
Lysander lo observó en silencio.
Y por primera vez, esa frialdad tan marcada en Kael no le pareció tan absoluta.
Había rigidez, sí.
Había distancia, también.
Pero debajo de eso…
Había algo más.
Algo que el Kael de la novela original jamás había mostrado tan pronto.
Una pequeña preocupación.
Tal vez incluso… responsabilidad.
—Entonces… —murmuró Lysander con suavidad— ¿eso significa que ya no me odias tanto?
La pregunta salió antes de que pudiera detenerla.
Los ojos de Kael volvieron a él.
Por un segundo, el duque pareció sorprendido.
Luego, muy ligeramente, sus labios se tensaron.
No era exactamente una sonrisa.
Pero era lo más cerca que Lysander lo había visto de una.
—No te adelantes demasiado.
Lysander no pudo evitar sonreír un poco.
—Lo tomaré como un progreso.
Kael lo observó unos segundos más.
Y aunque su expresión volvió a ser seria, esta vez no había la misma dureza de antes.
—Descansa hoy.
Lysander parpadeó.
—¿Y el consejo imperial?
—No irás.
La respuesta fue inmediata.
—Pero tú dijiste que—
—Lo sé.
Kael interrumpió con calma.
—Y cambiaré la fecha.
Lysander lo miró sorprendido.
—¿Vas a mover una reunión del consejo imperial… por mí?
Kael sostuvo su mirada con tranquilidad.
—No te llevaré en ese estado.
El corazón de Lysander dio un pequeño vuelco.
No era una frase romántica.
Ni siquiera cercana.
Pero en ese momento…
Sonó peligrosamente parecida a una preocupación real.
Kael se giró para dirigirse hacia la puerta.
Pero antes de salir, se detuvo.
—Lysander.
El omega levantó la vista.
—Sí.
Kael no se giró completamente.
Solo lo suficiente para que su perfil se viera bajo la luz de la mañana.
—Si vuelve a pasar…
Su voz fue baja, firme.
—No intentes soportarlo solo.
Lysander se quedó inmóvil.
Y antes de que pudiera responder, Kael abrió la puerta y salió de la habitación.
El silencio volvió a llenarlo todo.
Lysander permaneció sentado sobre la cama, mirando la puerta cerrada.
Su corazón latía un poco más rápido de lo normal.
No por el celo.
No por el calor.
Sino por algo mucho más difícil de controlar.
La sensación de que…
Poco a poco…
Kael Aetherion estaba empezando a abrirle un espacio en su vida.
Y quizás…
Solo quizás…
Ese espacio podría convertirse en algo más.
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