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Ceo No Soy La Madre De Su Hijo

Ceo No Soy La Madre De Su Hijo

Status: En proceso
Genre:CEO / Padre soltero / Matrimonio arreglado
Popularitas:4.6k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Ella pasa una noche con un Ceo Y ese luego la secuestra al creer que ella esconde a su hijo

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 24

Mateo se quedó toda la noche al lado de Valentina.

No cerró los ojos sino cuando el cansancio, como un enemigo al que había combatido durante horas, finalmente lo venció. Su cuerpo se rindió antes que su voluntad, y el sueño lo atrapó en la incómoda silla del hospital, con el cuello torcido y una mano aún extendida hacia ella, como si incluso dormido se negara a soltarla.

---

A la mañana siguiente—

Valentina despertó con la luz tibia del sol entrando por la ventana.

Parpadeó. Una vez. Dos.

Y entonces lo vio.

Mateo dormía en la silla, con la cabeza ladeada y los brazos cruzados sobre el pecho. La rigidez de su postura delataba que no había buscado comodidad, sino cercanía. Sus pestañas descansaban sobre sus mejillas, y su rostro, por una vez, no mostraba aquella dureza que lo caracterizaba.

Estaba en paz.

Ella lo miró un instante, en silencio, como quien contempla un paisaje que no esperaba encontrar.

—Se ve lindo cuando está tranquilo y no me molesta —pensó Valentina, y casi sonrió.

Pero en ese preciso momento, como si sus pensamientos lo hubieran llamado, Mateo abrió los ojos suavemente.

La miró.

Y por un segundo, ninguno de los dos dijo nada.

—¿Cómo te sientes? —preguntó él, con la voz ronca y aún empañada por el sueño.

—Bien —respondió ella, y era verdad—. Gracias. ¿Por qué no te vas a descansar?

Mateo negó con la cabeza, despacio. Tomó su mano entre las suyas y la acercó a sus labios.

—No, está bien. No te preocupes, mi amor.

El beso fue leve, apenas un roce, pero suficiente para que Valentina sintiera un cosquilleo recorrerle el brazo.

—En un rato te darán el alta —dijo él, sin soltarla.

---

Y así fue.

Unas horas después, los trámites estaban hechos, los papeles firmados, las indicaciones médicas entregadas. Valentina vestía una ropa sencilla que alguien había traído para ella, y aunque aún se sentía frágil, estaba de pie.

Salió del hospital del brazo de Mateo, con la luz del mediodía deslumbrándole los ojos.

Y entonces—

El caos.

La prensa se abalanzó sobre ellos como una manada de lobos. Los flashes ardieron como pequeños soles cegadores. Las voces se superpusieron en un aluvión de preguntas, de gritos, de nombres.

—¡Mateo, una declaración!

—¡Señorita Valentina, mire aquí!

—¿Es cierto que esta embarazada?

—¿Cuando será la boda?

Mateo actuó sin dudar. En un movimiento rápido, se quitó el saco y lo envolvió alrededor de los hombros de Valentina, cubriéndole el rostro, protegiéndola del acoso, de las miradas, del mundo entero.

La apretó contra su pecho y caminó hacia adelante, abriéndose paso entre la multitud con el cuerpo como único escudo.

—No mires—murmuró contra su cabello—. Sigue caminando.

Ella obedeció, ciega de flashes, sorda de gritos, sintiendo solo el calor de él y el latido acelerado de su corazón.

Hasta que, por fin, los guardaespaldas aparecieron.

Como un muro de traje oscuro y músculo, apartaron a los periodistas con firmeza pero sin violencia, creando un corredor hacia la limusina negra que esperaba con la puerta abierta.

Mateo ayudó a Valentina a subir, entró tras ella, y la puerta se cerró con un golpe seco que selló el silencio.

El motor arrancó. El mundo exterior quedó atrás.

Dentro de la limusina, el aire era denso, tranquilo, íntimo.

Valentina se acomodó en el asiento de cuero, aún temblorosa por la embestida. Mateo se sentó a su lado, demasiado cerca, con el saco ahora arrugado sobre sus rodillas.

—¿Y Adrián? —preguntó ella, de repente, como si el nombre se le hubiera escapado sin permiso.

Mateo frunció el ceño. Su mandíbula se tensó.

—No lo sé —dijo, y aquella respuesta venía acompañada de un tono enojado, cortante, que Valentina ya comenzaba a reconocer.

Ella lo miró de reojo.

—Se ve que sigue molesto con Adrián por alguna razón —pensó, pero no dijo nada. No era el momento.

El resto del viaje transcurrió en silencio. Ella mirando por la ventana, él mirándola a ella.

---

Al llegar a la mansión—

El auto se detuvo frente a la imponente entrada. Los guardaespaldas abrieron las puertas, y Mateo bajó primero, ofreciendo la mano a Valentina para ayudarla a descender.

Atravesaron el portal juntos.

Y al entrar en la gigantesca sala, allí estaba Adrián.

De pie junto a la chimenea apagada, con los brazos cruzados y el rostro iluminado por una mezcla de alivio y furia contenida.

—¡Valentina! —exclamó, dando un paso hacia ella—. Estuve muy preocupado.

Valentina abrió la boca para responder, pero Mateo se adelantó. Su voz fue un latigazo.

—¿Quién te dejó entrar?

Adrián no retrocedió. Alzó la barbilla con un gesto que era puro desafío.

—Está también es mi casa —exclamó, y sus palabras resonaron en la sala como un eco de advertencia.

El silencio que siguió fue de esos que preceden a las tormentas.

Mateo lo miró con odio frío.

Adrián devolvió la mirada con fuego contenido.

Y Valentina, en medio de ambos, sintió que el aire se volvía irrespirable.

Porque sabía, sin que nadie se lo dijera, que aquella guerra recién comenzaba.

1
Tere Jimenez
muy interesante el capítulo gracias
Tere Jimenez
cada capítulo es más interesante felicidades
Tere Jimenez
cómo que estamos muy intriga dos perdió la memoria y le robaron el bebé
Tere Jimenez
muy interesante la novela gracias por compartir
Karina Vazquez Gonzalez
interesante historia
💙💫Géminis 💫💙
🤭🤭
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