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La Promesa Del Brujo

La Promesa Del Brujo

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Pareja destinada / Brujas / Amor en la guerra / Familias enemistadas / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Estefaniavv

Ella no recuerda nada. Él no puede olvidar. Atados por una maldición que los obliga a renacer para perderse, Rose y Dagmar se encuentran de nuevo en el siglo XXI. Él es un brujo que desafía las leyes de la magia; ella, una estudiante de arte que ignora su pasado real. ¿Podrá esta vez, Dagmar cambiar el destino?

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Capítulo 17: Comunicación en sueño.

—Acero de Sangre —dijo, reconociendo las armas—. Tus tías han guardado bien el secreto. Esas dagas son la razón por la que tu linaje sobrevivió tanto tiempo sin magia propia.

—Sé dónde están, Dagmar —le dije, ignorando su comentario—. Tuve una visión. La biblioteca del puerto. Mañana no quiero solo mover agua o encender antorchas. Quiero aprender a usar esto.

Él asintió, entendiendo que el tiempo de las sutilezas se había terminado. Nos dirigimos al patio trasero, protegidos por los hechizos de ocultamiento que él había reforzado. Bajo la luz de una luna menguante, la clase de magia se transformó en una danza de combate mortal.

—La magia debe fluir a través del acero, Rose —instruyó, moviéndose con una gracia depredadora—. No trates la daga como una herramienta separada de ti. Visualiza que el fuego violeta que invocaste ayer corre por el filo de la plata. Si logras encender el acero con tu intención, no habrá armadura en la Orden que pueda detenerte.

Lo intenté una y otra vez. Mis movimientos eran torpes al principio, pero los recuerdos de las Roses guerreras empezaron a guiar mis pies. Cada vez que lanzaba un tajo, sentía una descarga eléctrica recorrer mi brazo. Dagmar me atacaba con ráfagas de energía que yo debía desviar usando el plano plano de la daga.

—¡Más rápido! —me gritaba—. ¡La Orden no te dará tiempo para pensar en Aristóteles o Platón! ¡Siente el odio de los que te cazaron! ¡Siente el amor de los que perdiste!

En un arrebato de frustración y poder, grité. Una llamarada violeta envolvió el cuchillo de plata, convirtiéndolo en una antorcha de luz purificadora. Lancé un tajo al aire y la energía cortó una de las ramas del viejo roble del jardín como si fuera mantequilla, dejando el corte cauterizado y brillante. Me detuve, temblando, viendo el poder destructivo en mis manos. Dagmar se acercó y, por primera vez, no hubo distancia. Me tomó de los hombros y me atrajo hacia él en un abrazo protector y feroz.

—Eso es, Rose. Esa es la fuerza que los aterra —susurró contra mi cabello—. Mañana iremos a explorar los alrededores del puerto. No entraremos, aún no estás lista, pero necesito que confirmes tu visión. Si están allí, el tiempo de esconderse ha terminado. Tendremos que atacar antes de que ellos terminen de triangular tu posición.

Cuando Dagmar se marchó, regresé al interior. Mis tías seguían allí, limpiando las dagas con un aceite que olía a romero y hierro.

—Mañana iré al puerto —les anuncié.

Egle dejó de limpiar y me miró con una tristeza infinita.

—Lo sabemos. El destino siempre nos lleva al mismo lugar, mi niña. Solo recuerda una cosa: esas dagas matan seres mágicos, sí. Pero también son un recordatorio de que tú, a pesar de todo ese fuego violeta, sigas siendo humana en tu corazón. No dejes que la guerra te convierta en algo que no reconozcamos.

Subí a mi cuarto, guardando la daga bajo mi almohada. Cerré los ojos y, por primera vez, busqué la visión voluntariamente. Vi la biblioteca del puerto una vez más, pero esta vez, uno de los hombres de túnica gris levantó la cabeza y pareció mirarme directamente a los ojos a través del espacio y el tiempo.

—Te veo, Anomalía —susurró una voz en mi mente.

El despertar tras la visión del puerto fue como emerger de aguas frías. La voz de aquel hombre de la Orden seguía vibrando en mis sienes: "Te veo, Anomalía". El santuario de mi habitación, con sus paredes familiares y el aroma a lavanda de mis tías, ya no se sentía seguro. Me vestí mecánicamente, ajustando la daga de plata a mi muslo bajo los jeans, y salí hacia el castillo antes de que el primer rayo de sol saliera.

Al llegar, encontré a Dagmar. Su figura oscura recortada contra la piedra milenaria parecía la de un rey esperando el inicio de una guerra que ya daba por perdida.

—Ellos saben que conozco su ubicación, Dagmar —solté sin preámbulos, mi respiración agitada por la caminata—. El que me vio en la visión... no era un simple soldado. Ir allí ahora sería caminar voluntariamente hacia la muerte. Es una trampa.

Dagmar asintió lentamente, descendiendo los escalones con una gracia felina. Sus ojos buscaron los míos, analizando el rastro del miedo que aún quedaba en mis pupilas.

—Tienes razón. Han aprendido a explorar en las corrientes de tus visiones. Por ahora, nuestra mejor arma no es el ataque, sino la enseñanza. Necesitas comprender la arquitectura de la magia, no solo su fuerza bruta. Debemos aprender a entrelazar nuestras esencias hasta que seamos un solo muro impenetrable. Si el Orden intenta golpearte, debe encontrarse con el peso de nuestras mil vidas combinadas.

Bajamos a las profundidades del castillo, a una zona que no conocía: la Cripta de los Lamentos. Era un espacio circular, tallado directamente en la roca viva de la montaña. Las paredes estaban cubiertas de inscripciones en un idioma que mis ojos no reconocían, pero que mi sangre saludaba con ojo de reconocimiento.

—Aquí las leyes de la física son solo sugerencias —explicó Dagmar, situándose en el centro de un mandala de tiza blanca—. Iniciemos con la fonética del poder. La magia no responde a deseos, Rose, responde a mandatos.

Pasamos horas en una penumbra iluminada solo por esferas de luz que él invocaba con un chasquido. Me enseñó la "Lengua ancestral", una jerga de sonidos guturales y vibraciones que hacían que el aire se espesara.

—Repite conmigo: Aethel-vyr, ignis vinculum —ordenó.

Al pronunciar las palabras, sentí que mi garganta se calentaba. No era solo hablar; era proyectar la voluntad a través del sonido. Juntamos nuestras manos en el centro del círculo. El contacto fue como cerrar un circuito eléctrico.

—Ahora, visualiza el flujo —susurró él—. No somos dos personas. Somos una sola corriente.

Recitamos el hechizo de unión al unísono. Un torrente de energía violeta y negra brotó de nuestras manos entrelazadas, elevándose como un pilar de fuego frío que hizo vibrar los cimientos del castillo. Por primera vez, no sentí que el poder me dominaba; sentí que yo era el poder. La sensación de plenitud fue tan abrumadora que, al terminar la práctica, el agotamiento me golpeó como una maza física.

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Laura Diaz
excelente historia
Estefaniavv: Qué bueno que le gustó 🩵🩵
total 1 replies
Estefaniavv
♥️
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