Ella renace en un mundo mágico lleno de reglas sociales y apariencias, pero ella decide ser feliz, siendo quien es y no cambiando por nadie.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Salón de te
Después de cenar, Kayla se sentía mucho más animada.
El aire del puerto era agradable, el sonido del mar la relajaba y las luces de los barcos hacían que todo pareciera todavía más hermoso.
—Quiero recorrer un poco el puerto
dijo Kayla, levantándose.
Benjamin la miró.
—Pensé que estaba cansada.
Kayla hizo una pequeña pausa.
—Sí...
Luego sonrió.
—Pero también quiero conocer el lugar.
Benjamin suspiró.
—Podemos recorrerlo mañana.
Kayla hizo un pequeño puchero.
—Pero quiero hacerlo ahora.
—Lady Kayla.
—Solo un poquito.
—Es tarde.
Kayla cruzó los brazos.
—Quiero mirar las tiendas.
Benjamin la observó.
Aquella expresión era exactamente la de una niña haciendo un berrinche.
Finalmente, Kayla soltó un suspiro.
—Está bien.
Benjamin asintió, satisfecho.
—Regresaremos.
—Pero antes quiero hacer una cosa.
Kayla se giró y entró nuevamente al salón de té del que acababan de salir.
Benjamin se quedó afuera.
[¿Qué está haciendo ahora?]
Esperó.
Un minuto.
Dos.
Finalmente decidió entrar.
Pero antes de hacerlo, vio a Kayla hablando con la vendedora.
—¿Podrían enviarme algunos de esos pastelitos pequeños a la mansión Laurent?
La mujer la miró sorprendida.
—¿Para cuándo, mi lady?
—Para el desayuno de mañana.
La vendedora miró discretamente hacia la entrada.
Allí estaba el duque Laurent.
Había visto a ambos llegar juntos.
Había observado cómo conversaban.
Y ahora aquella hermosa señorita estaba encargando comida para la mañana siguiente.
[¿Ella vive con el duque Laurent?]
La mujer sonrió.
—Por supuesto, mi lady. Le enviaré su pedido temprano.
—Muchas gracias.
Kayla sacó su monedero.
Pero antes de que pudiera pagar, Benjamin entró.
—¿Qué está haciendo?
Kayla se giró.
—Comprando pastelitos.
Benjamin miró la mesa.
Luego la miró a ella.
—Acaba de cenar.
Kayla asintió.
—Sí.
—¿Y ya está pensando en lo que comerá mañana?
Kayla sonrió.
—Sí.
La vendedora observó la escena.
Primero miró a Kayla.
Después al duque.
Luego volvió a mirar a Kayla.
Y sonrió discretamente.
Había trabajado muchos años en aquel salón de té.
Había visto suficientes parejas discutir por cosas mucho más absurdas.
[Qué pareja tan curiosa.]
Benjamin terminó pagando el pedido antes de que Kayla pudiera hacerlo.
—¡Gracias!
—De nada.
Kayla se despidió alegremente.
—Nos vemos mañana.
—Hasta mañana, mi lady.
Benjamin salió detrás de ella.
Pero apenas llegó afuera...
Kayla ya estaba caminando hacia el otro lado.
—Lady Kayla.
Ella no respondió.
Benjamin caminó detrás de ella.
—Lady Kayla.
Nada.
Finalmente la alcanzó.
Kayla estaba completamente distraída mirando unas gaviotas.
—¡Mire!
Señaló hacia arriba.
—¡Son enormes!
Benjamin miró las aves.
Luego la miró a ella.
—Tenemos que volver.
—Sí.
Kayla siguió caminando.
La vendedora observaba desde la puerta del salón de té.
Al ver al duque ir detrás de Kayla, sonrió.
[Definitivamente no puede estar ni un minuto sin ella.]
Y suspiró.
[Qué romántico.]
Benjamin, por supuesto, no tenía la menor idea de lo que estaba pensando aquella mujer.
Él solo quería volver a la mansión.
El camino de regreso fue mucho más tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Benjamin miró a Kayla.
Ella estaba apoyada contra el asiento.
Sus ojos se cerraban lentamente.
—Lady Kayla.
—¿Mmm?
—¿Está bien?
—Sí...
Cinco minutos después...
Kayla estaba profundamente dormida.
Benjamin suspiró.
[Claro. Ahora duerme tranquila]
Cuando finalmente llegaron a la mansión Laurent, el carruaje se detuvo.
Benjamin bajó primero.
Esperó.
Nada.
Miró hacia el carruaje.
—Lady Kayla.
Silencio.
Benjamin cerró los ojos.
[Sigue dormida.]
Se acercó a la puerta.
—Hemos llegado.
Kayla abrió los ojos lentamente.
—¿Ya?
—Sí.
Kayla se incorporó con dificultad.
—Estoy muy cansada.
—Lo noté.
Ella lo miró con sueño.
—¿Me puede cargar?
Benjamin se quedó inmóvil.
—No.
Kayla hizo un pequeño puchero.
—Pero estoy cansada.
—Puede caminar.
—No quiero.
Benjamin respiró profundamente.
—Lady Kayla...
Ella volvió a acomodarse en el asiento.
—Entonces dormiré aquí.
Benjamin la miró.
—¿En el carruaje?
Kayla asintió.
—Sí.
—Eso no es apropiado.
—Tengo sueño.
Benjamin respiró profundamente.
Después decidió que no iba a discutir.
—Bien.
Bajó del carruaje.
Pensó que Kayla finalmente lo seguiría.
Caminó hasta las puertas de la mansión.
Esperó.
Nada.
Se giró.
Kayla seguía dentro del carruaje.
Benjamin cerró los ojos.
[¡Por supuesto!]
El cochero miró por la ventana.
Luego hizo un pequeño gesto.
Benjamin entendió inmediatamente.
Se había quedado completamente dormida otra vez.
El duque respiró profundamente.
Muy profundamente.
Regresó hacia el carruaje con una expresión seria.
Una expresión que dejaba bastante claro que estaba perdiendo la paciencia.
Abrió la puerta.
—Lady Kayla.
Nada.
Ella dormía profundamente.
Benjamin se quedó mirándola.
[¿Cómo puede dormir así?]
Finalmente, sin decir una palabra más, se inclinó.
La tomó cuidadosamente entre sus brazos.
Kayla ni siquiera se movió.
Benjamin salió del carruaje cargándola.
Su rostro permanecía completamente serio.
Pero su expresión podía resumirse en una sola frase..
[¿Por qué me está pasando esto a mí?]
Las doncellas que estaban en la entrada vieron la escena.
Se miraron entre ellas.
Una levantó las cejas.
La otra sonrió.
Una tercera se llevó discretamente una mano a la boca.
Todas entendieron exactamente lo que parecía estar ocurriendo.
Benjamin las miró.
—No digan una palabra.
Las doncellas bajaron inmediatamente la mirada.
—Sí, mi lord.
Pero apenas él pasó...
Volvieron a mirarse.
Y sonrieron.
Benjamin subió las escaleras.
Llegó hasta la habitación de Kayla y la dejó cuidadosamente sobre la cama.
Ella se acomodó entre las almohadas.
Ni siquiera abrió los ojos.
—Buenas noches...
Benjamin se quedó mirándola.
—Buenas noches.
Kayla ya estaba profundamente dormida otra vez.
El duque salió de la habitación y cerró la puerta.
Se quedó unos segundos en el pasillo.
Completamente agotado.
Completamente confundido.
Y, sobre todo...
Completamente abrumado.
[Una señorita entra en mi habitación.]
[Se quita los zapatos durante una gala.]
[Me invita a comer.]
[Me ordena que me apure.]
[Se queda dormida en mi carruaje.]
[Y ahora tengo que cargarla hasta su habitación.]
Benjamin se llevó una mano al rostro.
[¿Cómo voy a conseguir que esta mujer entienda las normas sociales?]
Mientras tanto, dentro de la habitación...
Kayla dormía plácidamente.
Completamente ajena a la crisis emocional y social que acababa de provocar.
Y, probablemente, soñando con una cosa muy importante.
Los pastelitos del desayuno.
Dos bombas sexuales🤭👏👏