Desperté como la villana de una novela Bueno eso crei al principio. Mi esposo está en coma, mi hijo me Temía y estamos a punto de quedarnos sin dinero. pero poco a poco algo abrirá mis ojos. Pero Esta vez cuidaré de mi familia, protegeré a mi esposo y le daré a mi hijo el amor que nunca recibió. Aunque... parece que ambos creen que me volví completamente loca. ✨💕📖
NovelToon tiene autorización de aylustar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Protegiendo
Después de espantar al hombre, Valeria volvió a ponerse los guantes.
—Bueno... basta de perder el tiempo.
Miró el enorme terreno.
Había maleza por todas partes.
Pero entre ella también crecían tomates, papas, cebollas y algunas verduras que nadie había cosechado.
—¡Sebastián no lo puedo creer!
Arrancó una zanahoria enorme.
—¡Sobrevivieron solitas!
"Eso significa que llevabas meses sin que vinieras."
Valeria observó el campo.
—¡Bueno capas Rosa ayudo!-Rie
"Rosa no puedo creer que algo que venga de la casa de mis padres nos haya ayudado"
Ella sonrió.
—Entonces tu padre nunca fueron amorosos ¿contigo?.
"¿Y tú sí?"
—No Pero estoy cambiando.
Comenzó a limpiar el terreno con entusiasmo.
Después de varias horas tenía varias canastas llenas.
Tomates.
Lechugas.
Papas.
Cebollas.
Y algunas frutas que crecían en unos árboles cercanos.
Valeria sonrió orgullosa.
—¡Somos ricos!
"No."
—Bueno... un poquito menos pobres.
"Eso sí."
En ese momento recordó la hora.
—¡Lucas!
Miró el cielo.
—¡Voy tarde!
Corrió hasta Sebastián.
—¡Vámonos!
"¿Qué hiciste ahora?"
—Tengo que buscar a nuestro hijo.
Empujó la silla de ruedas a toda velocidad.
"¡Más despacio!"
—¡No puedo!
"¡Voy rebotando!"
—¡Aguanta un poquito!
Frente a la escuela...
Lucas esperaba sentado en un banco.
Ya casi no quedaban niños.
Miraba el suelo en silencio.
—Seguro... mamá se olvidó de mí.
Bajó la cabeza.
—Otra vez...
Justo cuando estaba por levantarse...
—¡¡LUCAS!!
El niño levantó la vista.
Vio a Valeria correr empujando la silla de ruedas de Sebastián.
Tenía tierra en la cara.
El cabello completamente despeinado.
Y llevaba dos enormes canastas de verduras sobre los hombros.
—¡Perdón! ¡Perdón! ¡Perdón!
Llegó jadeando.
—No quise llegar tarde.
Lucas la observó unos segundos.
Luego sonrió muy despacito.
—Pensé... que no vendrías.
Valeria dejó las canastas en el suelo.
Se arrodilló frente a él.
—Te prometí que vendría.
Le acarició suavemente la cabeza.
—Y voy a cumplir mis promesas.
Lucas sintió que algo cálido nacía en su pecho.
Era una sensación nueva.
Valeria caminaba con su familia de regreso a su casa.
Empujaba la silla de ruedas de Sebastián mientras Lucas caminaba a su lado cargando una pequeña canasta de verduras.
—Mamá, hoy trabajamos mucho.
—Sí. Hoy cenaremos gracias al campo y la señora Rosa .
Lucas sonrió.
En ese momento, un elegante automóvil negro se detuvo frente a ellos.
De él bajó una mujer vestida con ropa de marca.
A su lado iba una niña de la edad de Lucas.
—Vaya, vaya...
La mujer soltó una risa burlona.
—¿No eres Valeria Montenegro?
Valeria levantó la vista.
Los recuerdos llegaron enseguida.
—Mariel...
Era una de las mejores amigas de Susana.
Mariel la recorrió con la mirada.
—Qué vergüenza... La esposa de un Montenegro trabajando como campesina.
Soltó otra carcajada.
—Mírate. Estás llena de barro.
La pequeña que estaba junto a ella miró a Lucas.
—Mi mamá dice que ustedes son pobres.
Lucas bajó la cabeza.
—Y tu ropa está vieja.
La niña siguió riéndose.
Valeria dio un paso al frente.
Su expresión seguía tranquila.
—Mariel.
—¿Qué?
—Con tantos hombres jóvenes y guapos que había...
Sonrió.
—¿Terminaste casándote con el viejo más rico del pueblo?
La sonrisa de Mariel desapareció.
—¿Qué dijiste?
—Lo que escuchaste.
Valeria cruzó los brazos.
—Supongo que el dinero sí compra el amor.
Mariel apretó los dientes.
Valeria se giró hacia Sebastián.
Con mucho cuidado le acomodó el cabello.
—En cambio, mira a mi esposo.
Le acarició la mejilla.
—Tiene una nariz perfecta.
"¿Qué haces ahora?"
—Su piel es hermosa.
"Valeria..."
—Y ni hablar de sus pestañas.
"Me estás avergonzando."
—Es el hombre más guapo que he visto.
Mariel soltó una risa llena de desprecio.
—Sí...
Miró a Sebastián de arriba abajo.
—Pero está en coma.
El silencio cayó por unos segundos.
Luego sonrió con malicia.
—Y además...
Se acercó a Valeria.
—¿Estás segura de que Lucas es hijo suyo?
—Después de todo...Todo el pueblo sabe cómo eras antes.
Valeria sintió que la sangre le hervía.
Miró a Lucas.
El niño estaba completamente pálido.
Apretaba con fuerza la canasta de verduras.
Como si aquellas palabras ya las hubiera escuchado antes.
Entonces Valeria dio un paso al frente.
Su sonrisa desapareció.
—Escúchame bien, Mariel.
Su voz fue firme.
—No permitiré que vuelvas a hablar así delante de mi hijo.
Sintió que las lágrimas estaban a punto de salir de sus ojos..
Mientras tanto...
En la empresa Montenegro.
En el último piso, el señor Altivio Montenegro observaba la ciudad desde la ventana de su oficina.
Era un hombre de porte elegante, de cabello ya canoso y expresión severa.
En ese momento llamaron a la puerta.
—Adelante.
Entró su secretario con una carpeta en las manos.
—Señor, ya terminé la investigación que ordenó sobre el joven Sebastián.
Altivio tomó la carpeta.
Al abrirla, su expresión cambió poco a poco.
Fotografías.
La casa deteriorada.
El campo abandonado.
Las deudas.
Los gastos médicos.
Y un informe donde se explicaba que un niño de siete años era quien bañaba y cuidaba diariamente a su padre en coma.
Altivio apretó la carpeta.
—¿Lucas... hacía todo eso solo?
—Sí, señor.
El secretario bajó la cabeza.
—No había empleados. Tampoco enfermeros.
El silencio inundó la oficina.
Altivio cerró los ojos por un momento.
—Sebastián...
Recordó el día en que nació.
Aunque pudo reconocerlo públicamente por la presión de su esposa tuvo que ignorarlo aunque es algo que él creía.
Solo... nunca tuvo el valor de protegerlo.
—¿Y ahora?
—Según el informe, la señora Valeria cambió por completo.
Altivio levantó una ceja.
—¿Cambió?
—Ahora trabaja en el campo, lleva personalmente a Lucas a la escuela y cuida del joven Sebastián.
El anciano guardó silencio.
—Curioso...
El secretario continuó.
—También hubo un incidente hoy. La señora Valeria defendió al niño cuando una mujer lo humilló en la calle.
Altivio cerró lentamente la carpeta.
—Sigan observándolos.
—¿Desea ayudarlos?
El hombre miró nuevamente por la ventana.
Antes de responder, la puerta se abrió de golpe.
Entró una mujer elegante, vestida con joyas costosas.
Era Beatriz Montenegro, su esposa y madrastra de Sebastián.
—¿Otra vez pensando en ese bastardo?
La sonrisa de Altivio desapareció.
Beatriz dejó su bolso sobre el sofá.
—Te recuerdo que la mitad de esta empresa me pertenece.
Se acercó lentamente.
—Y mientras yo siga aquí... Sebastián nunca recibirá nada.
Altivio no respondió.
Solo apretó con fuerza la carpeta que aún tenía en las manos.
Por primera vez en muchos años...
Comenzó a preguntarse si había cometido un error imperdonable al abandonar a su propio hijo.
Esa noche, después de acostar a Lucas, Valeria entró en la habitación de Sebastián.
La única luz encendida era la de una pequeña lámpara junto a la cama.
Sebastián permanecía inmóvil.
Valeria se sentó a su lado y suspiró.
—Bueno... ahora es tu turno.
Tomó con cuidado uno de sus brazos.
—Bueno con el poco dinero fuimos al doctor y el dijo que tenemos que moverlos un poquito para que no se pongan rígidos yo sabía.
Comenzó a flexionarle lentamente el brazo.
—Así... despacito.
Luego hizo lo mismo con el otro.
Después tomó sus piernas y las movió suavemente.
—No te quejes —murmuró con una pequeña sonrisa—. Sé que no puedes hacerlo, pero igual te estoy avisando.
Sebastián, por supuesto, no respondió.
Valeria dejó escapar una pequeña risa.
Después tomó un poco de crema y comenzó a masajearle suavemente las manos.
—¿Sabes algo?
Miró su rostro.
—Lucas está cambiando.
Sus dedos recorrieron lentamente la palma de Sebastián.
—Antes pensaba que nadie iba a venir por él... y ahora espera que yo vaya a buscarlo todos los días.
Sonrió.
—Hoy incluso me ayudó con las verduras.
Su sonrisa se apagó un poco.
—Y también escuchó cosas que ningún niño debería escuchar.
Valeria bajó la mirada.
—No voy a dejar que vuelva a sentirse solo.
Le acomodó la manta.
—Ni él...
Hizo una pausa.
—Ni tú.
Se quedó unos segundos en silencio.
Luego le acarició suavemente el cabello.
—Así que despierta cuando puedas, Sebastián.
Sonrió con tristeza.
—Porque tenemos muchas cosas pendientes.
°~😏~°😈😄😈😁😈😆😈😅😈😂😈🤣😈😅😈😉😈
panza a esta Valeria ya que eran tres bebés tuvo trillizos y ahora su familia creció demasiado pero están contentos como Mateo que ya vino su primera hija en verdad me gusta verlos felices y disfrutando de las etapas