Ella era una científica que renace en un nuevo mundo. Ahora tiene magia y puede dedicarse a cumplir sus sueños.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Hielo 2
Megara se acercó a la cama y comenzó a retirar cuidadosamente el vendaje que cubría al duque Fitzroy.
Al principio pensó que encontraría una herida profunda.
Pero en cuanto retiró las últimas capas de tela, su expresión cambió.
No era una herida normal.
El duque era un hombre grande, de complexión fuerte, y aun así se encontraba completamente debilitado sobre la cama.
Su piel estaba cubierta de sudor.
Respiraba con dificultad.
Tenía el rostro enrojecido por la fiebre y, cada cierto tiempo, un gesto de dolor atravesaba sus facciones.
Megara suspiró.
[Esto es mucho peor de lo que pensaba].
Tomó aire y comenzó a examinar la zona.
Thomas, que había permanecido cerca de la puerta, terminó entrando nuevamente en la habitación.
Y justo en ese momento vio a Megara bajando cuidadosamente la sábana para poder examinar el cuerpo del duque.
Su expresión se tensó.
[No mires].
Se obligó a apartar la mirada.
Pero entonces Megara levantó la cabeza.
—Thomas.
El conde se quedó inmóvil.
Thomas.
No "conde".
No "señor".
Su nombre.
Era la primera vez que ella lo llamaba así.
Y, aunque la situación era grave, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—¿Sí?
Megara señaló al duque.
—Ayúdame.
Thomas se acercó inmediatamente.
—¿Qué necesitas?
—Sosténlo un poco. Pesa demasiado.
Thomas miró al duque.
Después a Megara.
—Está bien.
Se colocó junto a la cama y ayudó a incorporarlo con cuidado.
Entonces la herida quedó completamente visible.
Thomas dejó de sonreír.
En el pecho del duque había una herida que parecía haber sido provocada por un cuchillo.
Pero lo realmente preocupante era lo que había alrededor.
La piel estaba oscurecida.
Un tono negro se extendía desde la herida hacia los alrededores.
Megara se acercó.
Observó el color.
La inflamación.
La temperatura.
La respiración.
Sus ojos se entrecerraron.
—Está envenenado.
Thomas miró la herida.
—¿Estás segura?
Megara asintió.
—Sí.
Señaló la zona oscura.
—El veneno ya está extendiéndose.
Thomas apretó la mandíbula.
—¿Puedes curarlo?
Megara tomó uno de sus frascos.
—Puedo intentarlo.
Abrió la maleta.
Sacó una poción.
Después miró a Thomas.
—Necesito que lo sostengas.
—Lo haré.
Uno de los médicos dio un paso adelante.
—Lady maga, quizás sería mejor...
Thomas giró lentamente la cabeza.
Su mirada fue suficiente.
El médico se quedó completamente callado.
Thomas no dijo una palabra.
No fue necesario.
Megara miró la escena.
Y no pudo evitar sonreír ligeramente.
[Definitivamente sabe intimidar].
Volvió a concentrarse.
—Necesito que no se mueva.
Thomas asintió.
—No se moverá.
Megara tomó el frasco.
El líquido tenía un tono extraño.
No era una poción para beber.
Era una preparación concentrada para neutralizar venenos.
Thomas observó cómo Megara destapaba el recipiente.
—¿Qué vas a hacer?
—Aplicarla directamente sobre la herida.
Thomas miró al duque.
—Eso va a doler.
Megara suspiró.
—Mucho.
Thomas miró al duque.
—¿Me escuchó?
El duque abrió ligeramente los ojos.
—Sí...
—Entonces prepárese.
Megara vertió cuidadosamente una pequeña cantidad de la poción sobre la herida.
El efecto fue inmediato.
El duque arqueó el cuerpo.
—¡AAAH!
Un grito de dolor llenó la habitación.
Thomas sostuvo con firmeza al hombre para evitar que se moviera.
Megara mantuvo la mano firme.
—¡No se mueva!
El duque apretó los dientes.
—¡Duele!
—Lo sé.
Megara continuó aplicando la poción.
—Pero necesito que aguante.
El tono de su voz era firme.
No había miedo.
Solo concentración.
Poco a poco, el líquido comenzó a reaccionar con la zona oscura.
La piel ennegrecida empezó a cambiar.
Megara observó atentamente.
[Está funcionando].
Esperó unos segundos.
Después retiró el frasco.
—Ya.
Thomas siguió sosteniendo al duque.
Durante unos instantes nadie dijo nada.
Entonces la respiración del hombre comenzó a cambiar.
Al principio seguía siendo agitada.
Pero lentamente...
Se hizo más regular.
El pecho dejó de subir y bajar con tanta dificultad.
La tensión de su rostro disminuyó.
Megara acercó una mano para comprobar su temperatura.
Seguía teniendo fiebre.
Pero parecía menos intensa.
—Su respiración se está calmando.
Thomas miró al duque.
Después a Megara.
—¿Funcionó?
Megara observó la herida.
El negro ya no avanzaba.
—Detuvo la propagación.
Thomas soltó lentamente el aire que había estado conteniendo.
—Entonces está fuera de peligro.
Megara negó con la cabeza.
—Todavía no.
Thomas la miró.
—¿Qué falta?
Megara volvió a mirar la herida.
—Ahora tenemos que eliminar todo el veneno que ya está dentro de su cuerpo.
Tomó otro frasco.
—Y eso será mucho más difícil.
Thomas volvió a asentir.
—Entonces dime qué necesitas.
Megara levantó la mirada.
Y, por primera vez desde que habían llegado a aquella mansión, sonrió con confianza.
—A ti.
Thomas se quedó inmóvil.
Megara señaló al duque.
—Necesito que sigas sosteniéndolo.
Thomas soltó una pequeña risa.
—Ah.
Megara lo miró confundida.
—¿Qué?
—Nada.
Sonrió.
—Lo haré.
Y mientras Megara continuaba trabajando para salvar al duque Fitzroy, Thomas se quedó a su lado.
Esta vez no solamente porque quería protegerla.
Sino porque había algo que empezaba a comprender con absoluta claridad.
Megara confiaba en él.
Y escucharla decir su nombre por primera vez...
Había sido suficiente para hacer que aquel día, incluso en medio de una emergencia, se sintiera extrañamente especial.