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¡No Soy Pobre, Cariño!

¡No Soy Pobre, Cariño!

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Juego de roles / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Completas
Popularitas:5
Nilai: 5
nombre de autor: Leni Anita

Marcia Montero lo tiene todo: belleza, inteligencia, una pastelería próspera y una familia adinerada que la adora. Lo único que no tiene es el respeto de su marido.

Rodrigo Mendoza nunca supo con quién se casó. Para él, Marcia no es más que una empleada de pastelería, una esposa sumisa a la que puede ignorar, humillar y relegar al papel de sirvienta gratis en la casa de sus padres. Su madre, doña Carmen, la desprecia por "pobre". Su hermana Isabella la insulta sin pudor. Solo don Alfonso, su suegro, la trata con dignidad.

Cuando Marcia descubre que Rodrigo la engaña con Pamela —una compañera de trabajo que miente sobre su origen tanto como él miente sobre su estado civil—, decide que ya es hora de dejar de fingir. Pero no actuará por impulso. Reunirá pruebas, trazará un plan y esperará el momento perfecto para quitarse la máscara.

Lo que Rodrigo y su familia no saben es que la mujer a la que tratan como basura es heredera de un imperio empresarial. Que la pastelería donde "trabaja" le pertenece. Que su hermano Gabriel es novio de Valentina Reyes, la mismísima dueña de la empresa donde Rodrigo presume de gerente. Que cada ascenso, cada privilegio que Rodrigo disfruta, se lo debe a ella.

Y cuando la verdad salga a la luz —en el peor momento posible para Rodrigo—, no habrá vuelta atrás.

NovelToon tiene autorización de Leni Anita para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

12

El día que Rodrigo y su familia tanto habían esperado por fin llegó. Ese domingo irían a la villa y verían la plantación de té en la sierra. Pamela ya le había avisado a su madre que ella y Rodrigo pasarían por allá.

—Por fin nos vamos. Ya no aguantaba las ganas de conocer a tus papás —dijo doña Carmen con el rostro iluminado de alegría.

—Sí, señora. Yo también le avisé a mi mamá que hoy vendrían Rodrigo y su familia. Ella ya tiene todo preparado para recibirnos —comentó Pamela con una sonrisa.

A Rodrigo y a su familia no les importó en lo más mínimo lo que sintiera Marcia. Estaban convencidos de haber encontrado a la mujer ideal: rica, con clase y digna de ser nuera y esposa de Rodrigo.

Apenas el auto de Rodrigo se alejó, Marcia también salió de la casa. Pasaría primero por la pastelería y después iría a ver a sus padres. El mes siguiente era la fiesta de compromiso de Gabriel y Valentina, y Marcia planeaba darles a Rodrigo y a Pamela una sorpresa en esa celebración.

Una sorpresa que no olvidarían en toda su vida. Marcia tenía la firme intención de humillarlos delante de todos. Siendo empleados de la empresa de Valentina, sin duda los invitarían. Y Marcia no iba a desperdiciar esa oportunidad para dejarlos en evidencia.

* * *

En otro lugar, en una villa lujosa en la sierra, una mujer de mediana edad se afanaba preparando todo para la llegada de su hija. Era doña Nancy, la madre de Pamela.

Estoy felicísima. Por fin mi hija va a conseguir un hombre rico. Tengo que recibirlos como se debe; voy a hacer que queden impresionados con lo elegante de este lugar, se dijo para sus adentros.

Doña Nancy y su esposo vivían en una casita pequeña detrás de la villa. La propiedad pertenecía a sus patrones, los verdaderos dueños de la plantación de té. Su marido, don Antonio, había sido designado capataz para supervisar la plantación. Ella, por su parte, trabajaba como recolectora de hojas de té y, además, ambos se encargaban de cuidar y mantener la villa de la familia.

—¡Qué delicia de aire! Qué fresco —doña Carmen bajó la ventanilla del auto cuando empezaron a adentrarse en los vastos terrenos de la plantación.

—Sí, señora. Ya no puedo esperar para ver la villa de la familia de Pamela —Isabella tampoco disimulaba su entusiasmo.

—Tranquilas, ya casi llegamos —respondió Pamela con una sonrisa.

Pamela rebosaba energía; iba señalando el camino con aire de dueña. Quería que Rodrigo se casara con ella cuanto antes, y por eso se había inventado que era una mujer adinerada, propietaria de una plantación de té y de una villa lujosa. Lo que no sabía era que Rodrigo había conseguido su puesto de gerente únicamente porque Marcia lo recomendó con Valentina.

—Ya llegamos, Rodrigo. Esa es la villa —Pamela señaló una construcción de dos plantas que empezaba a asomarse entre la vegetación.

—¡Qué cosa tan imponente! —exclamó Isabella, boquiabierta ante el paisaje.

El auto se detuvo justo frente a la villa de dos plantas. Doña Carmen no paraba de lanzar exclamaciones de asombro ante tanta elegancia.

Pamela bajó primero del auto. Una mujer de mediana edad salió a recibirlos con los brazos abiertos.

—¡Mamá! —Pamela corrió a abrazar a su madre.

—¡Ya llegaste, mi niña! —doña Nancy la estrechó con fuerza.

—Mamá, te presento. Él es Rodrigo, y ella es su mamá y su hermana —dijo Pamela, señalándolos uno a uno.

—Bienvenidos. Soy Nancy, la mamá de Pamela —se presentó doña Nancy.

—Yo soy la mamá de Rodrigo. Es un verdadero placer conocerla —doña Carmen se adelantó y abrazó a doña Nancy con efusividad.

Rodrigo le besó la mano a doña Nancy en señal de respeto, e Isabella hizo lo mismo. Estaban exultantes: el sueño de casar a Rodrigo con una mujer rica estaba cada vez más cerca.

—Pasen, por favor —doña Nancy los invitó a entrar.

El asombro de doña Carmen creció al cruzar la puerta. Cada rincón de la villa desprendía lujo y buen gusto.

Rodrigo sí que es listo: se consiguió a una mujer de familia acomodada. Ya no puedo esperar a que se casen. Voy a disfrutar a manos llenas de la fortuna de la familia de Pamela, fantaseó doña Carmen para sus adentros.

—Señora, Rodrigo, Isabella, descansen un momento, por favor. Necesito hablar con mi mamá —les dijo Pamela.

—Claro, Pamela, no te preocupes —respondió doña Carmen con amabilidad.

Pamela y su madre se escabulleron hacia la cocina.

—¿Todo bien, mamá? ¿Los dueños de la villa no van a venir? —preguntó Pamela en voz baja.

—Quédate tranquila. Ellos solo vienen en ciertos feriados, y siempre avisan antes de llegar —la tranquilizó doña Nancy.

—Menos mal. Mira, mamá: Rodrigo es gerente. Ya no aguanto las ganas de casarme con él. En cuanto nos casemos, voy a manejar todo su sueldo —le confió Pamela a su madre.

—Así se hace, hija. Tú encárgate de que Rodrigo te pida matrimonio lo antes posible —la alentó doña Nancy.

—¿Y papá? No lo he visto desde que llegamos —preguntó Pamela, al notar la ausencia de su padre.

—Está supervisando a los trabajadores en la plantación. No está en la casa —explicó doña Nancy.

—¿Papá sabe que Rodrigo y su familia vinieron?

—No, hija. A propósito no le dije nada. Si se entera de que estamos usando la villa para recibirlos, no lo va a aprobar. Así que preferí no contarle —confesó doña Nancy.

—Bueno, ya qué. Vamos con ellos, mamá —la apuró Pamela.

Madre e hija regresaron a la sala donde esperaban Rodrigo y su familia. Doña Nancy llevó bebidas y bocadillos para sus invitados.

—Sírvanse, por favor —los invitó doña Nancy.

—Muchas gracias, señora. No se hubiera molestado —dijo doña Carmen con una sonrisa cortés.

—Disculpen, Rodrigo. El papá de Pamela no está en la casa en este momento. Anda supervisando a los trabajadores; no le gusta quedarse de brazos cruzados —explicó doña Nancy.

—No se preocupe, señora. Eso habla muy bien de él: aunque es el dueño de la plantación, se involucra personalmente en el trabajo de campo —elogió doña Carmen al marido de doña Nancy.

La conversación fluía con entusiasmo. Empezaron a hablar de la boda de Rodrigo y Pamela. Todos estaban impacientes por apoderarse de la supuesta fortuna del otro bando. Sin saberlo, se hallaban atrapados en una telaraña de mentiras que ellos mismos habían tejido.

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