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Noventa Días Para Equivocarme

Noventa Días Para Equivocarme

Status: Terminada
Genre:CEO / Mujer poderosa / Amor eterno / Completas
Popularitas:98.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

10 años de trabajo. Un imperio millonario. Y solo 90 días de vida.
Para el mundo, yo era la ejecutiva perfecta; para mi familia, solo una tarjeta de crédito. Nadie me quería de verdad, hasta que un diagnóstico terminal lo cambió todo: me quedan tres meses.
Si voy a morir, romperé cada una de las reglas que me mantuvieron cautiva.
Sin pensarlo dos veces, caminé directo al despacho de mi mayor rival en los negocios: el hombre más arrogante, insufrible y provocador que conozco. Esta vez no vine a hacer negocios... vine a vivir aunque sea una farsa.
¿Qué tan lejos llegarías si supieras que no tienes nada que perder?

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo X El fin de una vida y el inicio de otra

Punto de vista de Victoria

Me había ido de la clínica sin esperar los resultados. Me convencí a mí misma de que no era nada, de que solo era mi cuerpo cobrándome las facturas por los años sin descansar, por las noches sin dormir y el estrés acumulado. Sin embargo, a primera hora de la mañana, antes de que pudiera sumergirme en el caos de la gala de beneficencia, el teléfono sonó. Era el doctor Rivas citándome con urgencia en su consultorio.

El estómago se me apretó. Sabía que algo andaba mal, así que fui directamente a la clínica antes de pasar por la oficina; sabía que una vez que pisara la empresa, el trabajo no me dejaría salir.

—Buenos días, doctor —dije con la voz helada, ajustándome la chaqueta del traje para ocultar el temblor involuntario de mis manos.

—Buenos días, señorita Valenzuela. Gracias por venir tan rápido —respondió el doctor Rivas. Su rostro era una máscara de gravedad que me erizó la piel.

—No tengo mucho tiempo —lo atajé, apretando la correa de mi bolso—. Dígame para qué me ha llamado.

—¿Viene sola? ¿Alguien la está acompañando? —preguntó, apoyando los codos sobre el escritorio con una preocupación tan explícita que me dio náuseas.

—Mi asistente me espera en la empresa —respondí con una indiferencia fingida, cruzándome de brazos—. Por favor, doctor, vaya al grano. Estoy muy ocupada. Disculpe la rudeza, pero solo recéteme unos analgésicos más fuertes para el dolor y sigamos cada quien con sus vidas.

El doctor Rivas me miró en silencio. No había molestia en su rostro, solo una compasión aplastante, piadosa. Y esa mirada me aterrorizó más que cualquier síntoma.

—Siento mucho decirle que lo suyo no se quita con analgésicos, Victoria... Su condición es sumamente delicada.

—¿Qué tengo? —exigí, sintiendo que el aire del consultorio se volvía denso, difícil de tragar.

—Usted tiene cáncer de estómago —habló con una precisión profesional que sonó como un disparo—. Está en una etapa muy avanzada y...

—¿Y qué, doctor? —lo interrumpí, sintiendo una ola de terror helado recorriéndome la columna—. Para esto existen tratamientos. Sé que la quimioterapia es agresiva, pero no tengo problema en someterme a lo que sea necesario. Puedo pagarlo, puedo conseguir a los mejores especialistas del país.

—Los tratamientos disponibles en este punto solo la ayudarían a prolongar su vida un par de meses más —respondió en un murmullo apesadumbrado—. Lo siento, Victoria, pero el deterioro es irreversible.

Me quedé de piedra. El mundo a mi alrededor pareció congelarse; el sonido del reloj de pared se volvió un ensordecedor golpe en mis oídos. Yo, Victoria Valenzuela, la mujer que había reconstruido un imperio con las uñas, la que creía que el mundo le pertenecía a fuerza de voluntad, no tenía ninguna esperanza. Estaba acorralada.

—¿Cuánto tiempo me queda? —pregunté. La voz me salió seca, tajante, como si estuviera pidiendo el balance de una cuenta bancaria.

—A lo sumo... tres meses. Lo siento mucho.

Sonreí. Fue una sonrisa amarga, rota, cargada de una ironía maldita. Me puse de pie con la lentitud de quien lleva encima toneladas de plomo.

—Victoria, por favor, escúcheme —insistió el médico, levantándose también—. Podemos iniciar cuidados paliativos y tratamientos de contención. Si tenemos suerte...

—No haré nada —lo corté, mirándolo fijamente a los ojos con la última reserva de mi orgullo—. Seguiré con mi vida exactamente como siempre. Y le exijo, por la confidencialidad médico-paciente, que no le diga una sola palabra de esto a nadie. Solo envíeme a la farmacia los medicamentos necesarios para controlar el dolor y déjeme ir.

Salí de la clínica caminando como una autómata, envuelta en una burbuja de airerarecido. Rogaba internamente por despertar de esa pesadilla, pero no había despertar posible. Era mi realidad. Iba a morir y no había ningún contrato, ningún dinero ni ninguna influencia que pudiera salvarme.

Subí a mi auto y conduje a ciegas hasta las afueras de la ciudad, ascendiendo por el camino de tierra hasta la colina donde solía ir con mi padre cuando él necesitaba pensar. Apagué el motor. El silencio del paisaje me aplastó la garganta.

Y entonces se rompió la presa.

Las lágrimas brotaron sin control, calientes y desbordadas.

—¡Esto no me puede estar pasando a mí! —sollocé contra el volante, apretando el cuero hasta que los nudillos se me pusieron blancos.

Grité hasta quedarme sin aire, desahogando diez años de rabia, de cansancio y de soledad, sabiendo que el viento era el único que me escuchaba. Estuve en esa cumbre hasta el mediodía, cuando ya no me quedaban lágrimas en los ojos y el dolor del alma devoró al odio.

En medio de esa oscuridad, una sola imagen se fijó en mi mente con una claridad cegadora: el rostro de Sebastián Alarcón.

Ese hombre arrogante, inalcanzable, el rival que jamás se doblegaba ante nadie y que solo veía a las mujeres como piezas de una noche. Si me quedaban noventa días de vida antes de desvanecerme en la nada, no iba a pasarlos escondida ni compadeciéndome. Quería vivir. Quería saber qué se sentía amanecer en los brazos del hombre más codiciado de la ciudad, descubrir qué había detrás de esa sonrisa magnética que me ponía los nervios de punta. Quería quemarme en su fuego antes de que la oscuridad me consumiera.

Tomé el teléfono. La pantalla estaba colapsada con decenas de llamadas perdidas de Adriana, de mi madre y de Selene. Sonreí con tristeza al darme cuenta de que, de las tres, la única a la que realmente le importaba si yo respiraba o no era mi asistente.

—Qué vida tan patética has construido, Victoria —susurré al espejo retrovisor.

Le devolví la llamada a Adriana.

—¿Victoria? ¡Dios mío! ¿Dónde estás? ¿Sabes lo preocupada que estoy por ti? —disparó apenas contestó.

—Tranquila, estoy bien —respondí, obligando a mi voz a sonar estable—. Solo quería descansar un poco antes de la gala. Hoy no iré a la oficina, tengo asuntos personales que atender.

Hubo un silencio tenso al otro lado de la línea.

—¿De verdad estás bien? Te oyes... diferente.

—¿Por qué no lo estaría? Nos vemos en la gala benéfica, Adriana. Mañana hablamos del trabajo.

Colgué antes de que pudiera presionar más. Encendí el auto y tomé el camino de regreso a mi departamento. Mientras conducía, las llamadas de mi madre y de mi hermana seguían entrando una tras otra. Las miré en la pantalla sin responder. Habían pasado años usándome como su caja fuerte, exigiéndome mantener un estilo de vida que no les correspondía mientras me juzgaban por ser fría. Ya no más. El tiempo se me acababa a mí, no a ellas; era hora de que aprendieran a sobrevivir por su cuenta.

1
Victoria
👏👏👏
Alicia Sague
hermosooooo 😛😛😛😛 están donde corresponde
Alicia Sague
que la metan en la cárcel, peroooo
. que le den una hermosa , larga y sufrida estadía.. los tubos pueden pagar,"" mano de obra"" para hacer el trabajito bien lento y certero
Alicia Sague
la envidia y la codicia mal compañeras... 🤔🤔🤔🤔 💥💣 nunca tienen un final feliz .. entes o después se descubre... y te quedas sin nada
susej orta
muy buena, felicitaciones 👏
Marisel Rio
💕💕💕Ya odio a Victoria tan soberbia y orgullosa 🤦🤦🤦🤦
Ana Rosa Chavez Vazquez
Escritora muchísimas felicidades gracias por tan hermosa novela!!!! Dios le bendiga y que sigan los éxitos! /Pray/
Rosa Carmina Ocaña Santos
100
Maigualida Barrios
y la Adriana , no habló con Sebastián 🤔
Maigualida Barrios
Este hombre que lento, no averiguó nada ☹️
Maigualida Barrios
Dijo que el padre no luchó fue cobarde, pero ella, hasta ahora, ha hecho lo mismo☹️
Maigualida Barrios
Debiste averiguarlo desde antes... 🤔
Norym
hermosa historia 😍
Irma Colmenares
si verdaderamente un duelo por esa inversión que parece grande....me atrapo el primer capítulo.... esperando que nuestra querida escritora nos mantenga en suspenso para saber qué sucede con estos dos...... solo espero que se mantenga ese agarre en el camino de la historia.... gracias escritora por entretenernos
Irma Colmenares
s
Susana
Excelente historia me encantó escritora 💖💖💖💖💖💖💖💖
Adriana Romero
Nuevamente un éxito escritora, espero que muchas personas lean esta novela, increíble con todos los ingredientes necesarios para demostrar el cariño y pasión que pones al escribir, me encantaron los personajes, el manejo de la secuencia, la incertidumbre, el miedo, las confabulación, las segundas oportunidades, el desafío, el reencuentro de dos almas, la sorpresa, el trabajo en equipo, la seguridad emocional, la fuerza y fortaleza de Victoria y Sebastian al luchar por su amor por encima de todos, por sobrevivir a las artimañas, y ser bendecidos con su bb Andres
Adriana Romero
Una noche super especial para los dos, bien merecido, ahora a prepararse para la boda 👰‍♀️🤵‍♂️ soñada junto a su bb Andres, en paz y armonía
Adriana Romero
Espero le corten la cabeza a la serpiente 🐍 Verónica, que la agarren y no la dejen salir nunca más de la cárcel, pero antes que Victoria le de con todo
Gaby❤️
me gusta 👏🏻👏🏻👏🏻
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