Lorena Sales se mata trabajando guardias de veinticuatro horas como enfermera para mantener a flote un matrimonio que se desmorona. Su marido Jorge apenas trabaja medio turno y gasta todo en apuestas. Una noche, al regresar del hospital, Lorena encuentra a Jorge acompañado de dos hombres de traje. Llora, pide perdón, y le dice que tiene que acompañarlos.
Jorge la vendió.
Para saldar una deuda de quinientos mil dólares con el dueño de un casino, eligió entregar a su propia esposa. Lo peor es que el comprador no es un desconocido: es Ravi Dumont, el mafioso herido al que Lorena salvó la vida en un camino de tierra semanas atrás. Un hombre que, desde aquella noche, se obsesionó con ella.
Ravi es el don de la mafia italiana. Frío, brutal, dueño de casinos y de la vida de quienes lo rodean. Pero con Lorena, todo cambia. No quiere una esclava ni un trofeo. Quiere que ella lo ame, y está dispuesto a esperar, a desafiarla, a mostrarle un mundo de lujo y peligro hasta que esa mujer de carácter indomable decida quedarse por voluntad propia.
Lorena no se lo va a poner fácil. Tiene temperamento, dignidad y un pasado que le enseñó a no depender de nadie. Pero Ravi sabe jugar sucio, y entre provocaciones, celos, humor crudo y una atracción que ninguno de los dos puede controlar, la línea entre cautiva y cómplice se vuelve cada vez más borrosa.
Sin embargo, el mundo de Ravi está lleno de enemigos. Traiciones desde adentro, alianzas rotas, un rival que se obsesiona con Lorena y una familia que hará lo imposible por separarlos. En esta guerra donde el amor es tan peligroso como una bala, Lorena tendrá que decidir si Ravi es el monstruo que dice ser o el hombre que merece el corazón que nunca le dio a nadie.
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Capítulo 12
Ravi,
Me acerco a él para destrozarle la cabeza con mi puño, pero Lorena se mete en medio. Una vez más ella lo defiende. ¿Será que no se da cuenta de que él es todo un desastre?
— Eso de que seas su abogada me está irritando, mia bella.
— Cállate, Ravi. — Se voltea de frente hacia él. — Aunque no hubiera sido en el casino, tarde o temprano te ibas a hundir. Ya eras adicto a las apuestas, Jorge.
— Pero nunca aposté todo mi dinero, y mucho menos me quedé debiendo 500 mil. Un tipo que nunca vi en mi vida se me acercó cuando estaba en las carreras de caballos. Me habló del casino, que ahí sí se ganaba mucho dinero, y no ahí viendo caballos correr. Ayer me encontré de nuevo con el mismo tipo, y me dijo que Ravi le pagó para llevarme al casino.
Ah, no siempre podemos confiar en los de afuera, debí haberle pagado a uno de mis soldados para hacer el trabajo. Pero ese va a saber que el pez muere por la boca.
— No veo en qué parte te obligó a ir al casino, Jorge. — Lorena habla y yo sonrío con sus palabras. — Podrías no haber ido, haberte quedado donde estabas, o mejor, haber dejado esa vida de apuestas. La carne solo cayó en tu plato porque tú quisiste comerla.
— Sé que fui débil dos veces, por haber ido allá y por haberte entregado, pero ya no aguanto estar sin ti, cariño. — Da un paso al frente, acercándose más a Lorena. — Si dices que ya no quieres seguir con ese contrato, él está obligado a darme el empleo. Diez años pasan rápido, pero si te quedas, vas a estar casada con él para siempre.
— Las opciones cambiaron. — Los dos me miran. — Ya no quiero tus servicios, Lorena y yo ya somos una pareja literalmente, así que no te necesito. — Él la mira, y Lorena baja la cabeza. — Ve a buscar tus documentos, mia bella, tu ex y yo te esperamos aquí.
Lorena asiente con la cabeza, y sale de entre nosotros dos. Me quedo mirando a este pedazo de mierda que está frente a mí, y no sé qué le vio Lorena. El tipo ni es tan guapo. Modestia aparte, yo soy mil veces mejor en todo. Entonces, ella sería muy tonta si escogiera quedarse con él.
— Abusaste de mi esposa.
— Jamás haría eso. Ella me aceptó por cuenta propia, hasta gimió mi nombre. Creo que la conoces bien, para saber que nadie obliga a Lora a nada. Y cambia de disco, ya no es tu esposa. Mañana el abogado vendrá aquí para que firmes el divorcio, vendrá acompañado, espero que no trates de hacerte el superhéroe y te niegues a firmar, porque Lorena será mi esposa como divorciada o como viuda. La decisión será toda tuya.
— Siempre juegas sucio, siempre dando opciones difíciles para que yo escoja. Pero el mundo da vueltas, Ravi, y voy a ver tu caída.
— Entonces métete en la fila, porque no eres el primero que desea mi caída. Pero llévate una sillita para sentarte, solo para que no te canses. ¿Cómo está tu mano?
Pone cara seria y se acerca a mí. Levanto la cabeza con una sonrisa de lado. Si él da el primer golpe, voy a poder decirle a Lorena que solo me defendí. Lorena vuelve con una carpeta en la mano, y se mete entre nosotros dos. Queda de frente hacia él y de espaldas hacia mí.
— Adiós, Jorge, y cuídate.
— Lorena, no quiero perderte.
— Me perdiste cuando aceptaste cambiarme por tu deuda, cuando tomaste el cheque de la mano de Ravi y te fuiste. Cuando me ofreciste como mercancía. Cuando me dejaste en manos de otro hombre. Cuando no hiciste el papel de marido, y me dejaste matarme trabajando para mantener la casa, mientras tú estabas en las apuestas.
— Yo apostaba para darte un matrimonio mejor. Si hubiera ganado...
— ¿Si? Mientras tú estabas en el "si", yo estaba haciendo dos guardias en el hospital.
— Basta, mia bella, vámonos a nuestra casa. Déjalo ahí solo. — Le tomo la mano, y ella entrelaza sus dedos con los míos, dejándome muy contento.
— Tú no mereces a Lorena, porque ella merece todo, merece el mundo, y tú no se lo puedes dar. Vámonos, amore mio. — Salgo jalándola, abro la puerta y nos dirigimos a mi auto. — Estoy feliz de que hayas aceptado quedarte conmigo, si hubieras rechazado, me habría dado un infarto ahí adentro.
— Ya me di cuenta de cómo eres, Ravi, no iba a servir de nada que yo quisiera quedarme aquí, escoger aquí, tú ibas a buscar la forma de forzarme a volver contigo. Aunque de una manera en que yo pensara que la decisión es mía y no tuya.
— Me hace aún más feliz que me conozcas tan bien, mia bella. — Doy una sonrisa y ella pone los ojos en blanco entrando al auto. Doy la vuelta y entro al asiento del conductor.
Cuando voy a encender el auto, escucho el sonido de un mensaje de celular. Ella me mira y yo frunzo el ceño. Estiro la mano para que me entregue el celular, y ella niega con la cabeza. Ahí vamos de nuevo.
— ¿Qué acordamos, mia bella?
— Tengo muchos contactos aquí, Ravi, no puedo perderlos. Hay del trabajo, de algunas pacientes lindas, no solo tengo el número de Jorge.
— Ok, déjame ver el aparato, si me gusta, te dejo quedártelo. — Lo saca de la bolsa y me lo muestra. Lo tomo en mis manos, abro la ventana y lo lanzo afuera con el auto ya en movimiento.
— Ravi... — Me reprende y yo cierro el vidrio. La loca intenta abrir la puerta del pasajero, pero después de que amenazó con bajarse la otra vez, la dejo siempre con seguro.
— Vamos a comprarte uno nuevecito, sin que tu pasado nos moleste. Y deja de poner esa cara de enojada, ya te dije que no me importa si te enojas conmigo, hago esto por tu bien, amore mio.