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¿Será demasiado tarde, señor Rodrigues?

¿Será demasiado tarde, señor Rodrigues?

Status: Terminada
Genre:Romance / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:4
Nilai: 5
nombre de autor: Dayane Castro

Carolina Ferreira creía haber encontrado el amor de su vida. Se casó llena de sueños e hizo todo lo posible para que el matrimonio funcionara. Pero, con el tiempo, empieza a sentir que algo no encaja. La distancia de Henrique Rodrigues no proviene solo de palabras duras, sino también del silencio, la frialdad y las ausencias nocturnas que hieren más que las peleas.

Henrique carga con un pasado que Carolina no conoce del todo y unas decisiones que nunca fueron realmente suyas. Mientras ella insiste en amar, él se cierra. Pero ningún corazón aguanta amar solo para siempre. Y cuando el sentimiento empieza a enfriarse, las consecuencias pueden ser irreversibles, y Henrique descubrirá que no se debe pisotear un corazón apasionado. Pero ¿será demasiado tarde?

NovelToon tiene autorización de Dayane Castro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Carol,

Los días van pasando, y él sigue entrando y saliendo de casa. Ya ni siquiera me importa, aunque siempre me dé explicaciones de dónde va y de dónde viene. Pero llega el día en que el abogado me llama, diciéndome que el juez ha aceptado mi solicitud de divorcio contencioso.

Oficialmente, ya soy una mujer divorciada. Siento como si un peso se quitara de encima de mí, respirando el aire de la libertad. Henrique llega más temprano hoy, pareciendo estar animado con algo. Se sienta en el sofá a mi lado y me toma la mano.

—Listo, problema resuelto, Tatiane ya no será un problema en nuestra vida.

—Ella nunca fue un problema para mí, Henrique. El problema siempre fuiste tú. Ella era una mujer soltera que podía involucrarse con quien quisiera sin darme ninguna explicación. Pero tú eras mi esposo y me debías fidelidad.

—Era no, yo soy tu esposo. Mira lo que compré para nosotros dos. —Saca dos pasajes de avión del bolsillo del traje. —Vamos a Foz do Iguaçu, vamos a tener nuestra luna de miel.

—¿Qué día iremos?

—Mañana por la tarde, tenemos que estar en el aeropuerto a las 13:00. —Estoy de acuerdo con él, siendo tan fría como él siempre lo fue. Él se va a su habitación todo emocionado, y mi corazón hasta se siente mal por hacerle esto. Tomo aire y suelto un suspiro lento, pues no puedo hacer más nada.

Antes de irme, voy a necesitar sacar dinero de su cuenta, pues no podré ir a la casa de Bia, como había planeado, pues seguramente allí será el primer lugar donde me buscará.

Casi toda mi ropa ya está en su casa, solo dejé algunas aquí para ir usándolas hasta que salga la respuesta del juez. Pero puedo llevar todo en una mochila. Me levanto del sofá y entro en mi habitación, voy a esperar a que sea de madrugada para salir de casa. Le envío un mensaje a Bia para que no duerma, pasaré la noche allí y mañana por la mañana tomaré mi rumbo.

Me quedo acostada en la cama hasta las 2:00, entonces, coloco mi ropa en la mochila y salgo de la habitación. La dejo en el suelo y abro la puerta de la habitación de Henrique muy despacio, y veo que está durmiendo profundamente.

—Hasta nunca más, espero que seas feliz con tu novia —digo en susurro—. Todavía te amo, pero voy a hacer todo lo posible para sacarte de mi corazón. Adiós, Henrique Rodrigues.

Cierro mis ojos dejando que las últimas lágrimas rueden, las últimas, porque nunca más voy a llorar por él nuevamente. Tomo la mochila y salgo de casa yendo hasta mi coche. Cuando voy a pasar por el portón, el guardia de seguridad me mira frunciendo el ceño.

—Tengo que llamar al señor Rodrigues para informar su salida, señora.

—No me importa, solo abre el portón para que salga. Cuando era él quien salía, nadie me avisaba. —Él asiente y abre el portón.

Entonces, acelero el coche, pero en vez de ir con él hasta la casa de Bia, voy con él hasta el aeropuerto y lo dejo estacionado. Llamo a un Uber y espero a que llegue. No sé si Henrique ya está rastreando mi nuevo celular, entonces, así que el Uber llega, lo dejo dentro de la guantera junto con la llave del coche. Algunos minutos después, llego a la casa de Bia y pago el Uber con dinero. Ella sale al portón y entramos juntas.

—¿Qué hago si él viene detrás de ti?

—Lo que quieras, menos entregarme. Mañana voy a ir a Santos, solo para despistarlo de mi pie y después voy a mudarme a algún estado y comenzar mi vida.

—¿Vas así, sin saber a dónde vas?

—Voy sin dirección fija, no puedo correr el riesgo de que Henrique me encuentre. Mantente atenta a él, pues así que se case con aquella rubia de farmacia, yo fijo mi vida. —Ella asiente y nos quedamos conversando por un tiempo en el sofá. Acabamos durmiendo aquí mismo, pero somos despertadas con los golpes violentos en el portón de Bia. —Es él, ¿qué hago?

—Dormimos demasiado, Carol. Pero ven acá, ya sé qué hacer. —Seguimos hacia el fondo de su casa y ella abre un portoncito. —Quédate aquí, no hagas ningún ruido. —Ella cierra el portoncito con llave y sale. Busco un lugar más escondido y me quedo quietecita, pero desde aquí puedo oír sus gritos.

—¡SÉ QUE ELLA ESTÁ AQUÍ!

—Ella no está, Henrique, ella dijo que vendría para acá, pero aún no ha llegado.

—Ella salió de casa de madrugada, ¿a dónde podría ir si no fuera para acá? —Cierro mis ojos, y veo por la rendija del portoncito, sus zapatos. —La necesito, necesito que ella vuelva a casa. Tenemos un viaje hoy, de nuestra luna de miel.

—Sé todo lo que ha sucedido, señor Henrique, pero ¿no cree que usted tomó esa actitud demasiado tarde?

—Me tardé en verla, pero ¿ahora que me enamoro, ella me abandona?

—Por eso dicen que no se debe pisar un corazón enamorado. La primera vez que ella vino aquí a mi casa, ella estaba desesperada, pensaba incluso en pintarse el cabello de rubio por su causa. Disculpa mi sinceridad, pero usted merece todo el sufrimiento.

Tomo aire y suelto, a pesar de que Bia habla demasiado, ella lavó mi alma. Oigo su celular sonando y él contesta, preguntando dónde. Deben haber encontrado mi coche en el aeropuerto.

La forma será que yo vaya en autobús hasta la terminal Barra Funda, y de allí yo tome un autobús para ir a Santos. No puedo dejar ningún rastro que lo ayude a encontrarme. Aunque lo ame mucho, y viendo su cambio, sé que un día él meterá la pata nuevamente, y siempre voy a sufrir de nuevo y de nuevo. Lo mejor que tengo que hacer ahora es dejarlo libre para el verdadero amor de su vida.

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