Clara Estrella enviada a un internado por sus padres que solo favorecen a su gemela, Clarisa. Es traida nuevamente solo para ocupar el lugar de Clarisa en un matrimonio arreglado. Lo que todos ignoran que Clara fue tomada por una organización secreta y entrenada como asesina. Por lo que ya no es esa chica retraida y complaciente, que a pesar de no querer casarse acepta al considerar a su nuevo esposo la mejor pantalla para cumplir con sus misiones. Solo debe fingir ser una esposa complaciente. ¿Podrá Clara soportar fingir? ¿Lograra cambiar la actitud libertina de su esposo? ¿Qué pasara cuando sepan lo que ella es en verdad?
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22- Plan de Clarisa
🟢CLARISA
No podía aceptar que no podía destruir a Clara. No aceptaba que siempre salga ilesa. Nada de lo que hacía en su contra funcionaba. Hice que fuera de voluntaria a ese proyecto del gobierno para que muera o al menos quede desfigurada, pero nada de eso, apareció más radiante.
La cólera me consumía.
Quise que se case con un viejo, que sufra y resulto ser el adonis al que yo admiraba. Quise que la tachen de una arpía sin códigos que se enredá con el amigo de su esposo y no funciono. Quise que quede humillada, tachada de adúltera y tampoco funcionó. Nada de lo que hiciera en su contra me salía.
Por lo que decidí fingir dar un paso atrás, dejarle creer que me di por vencida y que aceptaba el destino. Sobre todo porque mis padres a los que siempre los tuve en mis bolsillos. Mis padres que siempre me prefirieron. Ahora se atrevían a hablar bien de Clara y a compararme con ella.
"Debes ser como Clara y casarte"
"Desde que ella se casó es más coherente que tú, que solo sabes causar problemas y dejar en vergüenza a los Estrella"
No podia creer que por culpa de Clara mi padres quisieran darme lecciones. No lo iba a aceptar. Por eso cuando me impusieron que debia casarme acepté.
Yo acepté.
Así de simple. Así de sumisa.
Es lo que les hice creer.
Cuando nos reunimos con el señor Lombardi puse mi mejor cara de niña buena.
— Sí, Lombardi. Sí a todo. He sido una tonta, una niña caprichosa. Usted perdone mi rebeldía.
Se lo dije con la cabeza baja. Con los ojos brillosos. Con esa voz chiquita que aprendí a poner cuando quiero que un hombre se sienta grande.
El viejo me tomó la mano. Su mano manchada, fría. Me creyó arrepentida. Todos me creyeron domada.
Pobres.
Porque yo no me casé con Lombardi. Yo me casé con el plan.
La fiesta era un circo. Todos mirando a la novia arrepentida. Yo caminaba con mi vestido blanco, con mi nuevo cabello teñido de negro azabache, igualito al de Clara. El mismo corte. El mismo brillo.
Pasé al lado de Adrián.
Adrián no me miró. Ni una vez. Tenía los ojos clavados en Clara.
Sonreí. Astuta.
Perfecto. Que no me mire. Que no me note todavía.
Seguí saludando, girando, dejando que todos vieran mi "nuevo look".
— ¿Te teñiste, Clarisa? ¡Te ves idéntica a tu hermana!
Me dijo tía Marta.
—Si no tuvieras el vestido de novia no podria diferenciarlas.
— ¿Verdad? Quería empezar mi matrimonio como una mujer nueva — le contesté, y le regalé mi sonrisa más dulce.
Idéntica. Esa era la palabra clave.
Vi a Clara al fondo, con su vestido azul claro, riendo con sus amigas del catering, intocable. La reina que nunca tiene que casarse con un viejo.
Me acerqué con dos copas de champaña.
— ¡Hermanita! ¡Una foto por mi boda! Brindemos — le dije.
Ella sonrió. Pobre ilusa. Levantó su copa.
Me aseguro de ver que beba de ese líquido amarillo como el oro.
Y yo, "sin querer", tropecé.
Toda la champaña cayó sobre su pecho, sobre su vestido celeste. Gritó. Todos voltearon.
— ¡Ay, no! ¡Clara! ¡Perdóname, qué torpe soy! ¡Fue sin querer!
Puse mi cara de horror. La mejor actuación de mi vida.
— Ven, ven rápido a mi cuarto, te presto algo mío. No puedes quedarte así pegajosa.
La tomé del brazo. Amable. Solidaria. La llevé casi arrastrada mientras ella se quejaba del frío de la champaña.
— Tranquila, aquí tengo vestidos. Entra, entra.
Cerré la puerta de mi cuarto con llave. Sí, con llave.
Le mostré el closet abierto.
— Mira, ponte ese rojo. Te va a quedar hermoso. Yo te espero afuera para no incomodarte.
Clara se dio la vuelta, sin pudor, se bajó los tirantes de su vestido mojado. Lo dejó caer al suelo. Quedó en ropa interior, dándome la espalda.
Ese fue mi segundo.
En un movimiento, tomé su vestido celeste del suelo y me metí detrás del biombo. Me lo puse. Rápido. El corazón me golpeaba el pecho como un tambor de guerra. Me solté un poco el peinado, igual que ella lo lleva. Oscuro contra oscuro. La misma apariencia. La misma espalda.
Salí.
Clara se giró y me vio con su vestido puesto. Abrió la boca.
No le di tiempo de gritar.
La empujé dentro del vestidor y cerré de un portazo.
— ¡CLARISA! ¡ESTÁS LOCA! ¡ABRE!
— Shhh — susurré desde afuera, mientras me miraba al espejo. Perfecta. Era ella —. Ahora tú eres la esposa de Lombardi. Disfruta, hermanita. Al final te quedaste con el viejo de verdad.
La escuché golpear la madera. Pero la música de la fiesta estaba demasiado alta. Nadie iba a oírla.
Me miré por última vez. Sonreí. Triunfante.
Bajé las escaleras corriendo, con su vestido celeste, con su andar cansado.
Busqué a Adrián en la terraza. Me acerqué por detrás y le toqué el hombro, fingiendo su voz, su cansancio.
— Adrián... soy yo, Clara... estoy tan cansada de esta fiesta. Llévame de aquí, por favor. Vámonos ya.
Él se dio la vuelta y por fin, por fin me miró a mí.
Tomo su trago, asintió. Me tomo la mano. Al pasar cerca de mis padres oculte mi rostro contra Adrián. No queria que se den cuenta. Ellos pueden diferenciarnos.
—Nos retiramos. Clara esta cansada.
Les informo Adrián.
—Si, gracias por venir.
Dijo mi madre con dulzura.
Mi corazón sentía qué se salía de mi pecho, no me sentiría triunfante hasta no estar lejos de ahí.
En el vehículo de Adrián su aroma me envolvió, ese perfume con el que tuve cientos de fantasías, ahora lo tenía para mí sola. Y esta noche no lo dejaría escapar, me acostaré con él, quedaré embarazada y si llega a notar la diferencia será tarde, va a tener que hacerse responsable, va a tener que aceptarme. Conociendo los orgullosos que son los Montoya no permitirá que se enteren de que él terminó en la cama con la hermana de su esposa. Al final solo se quedara conmigo.
Clara no le perdonará que no se dio cuenta del cambio. Y mi querida hermanita aunque quiera escapar no podrá hacerlo. Me ocupé de ello, no solo la encerré, sino que en su trago le puse un pequeño incentivo para que disfrute de la noche de bodas.
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