Marcia Montero lo tiene todo: belleza, inteligencia, una pastelería próspera y una familia adinerada que la adora. Lo único que no tiene es el respeto de su marido.
Rodrigo Mendoza nunca supo con quién se casó. Para él, Marcia no es más que una empleada de pastelería, una esposa sumisa a la que puede ignorar, humillar y relegar al papel de sirvienta gratis en la casa de sus padres. Su madre, doña Carmen, la desprecia por "pobre". Su hermana Isabella la insulta sin pudor. Solo don Alfonso, su suegro, la trata con dignidad.
Cuando Marcia descubre que Rodrigo la engaña con Pamela —una compañera de trabajo que miente sobre su origen tanto como él miente sobre su estado civil—, decide que ya es hora de dejar de fingir. Pero no actuará por impulso. Reunirá pruebas, trazará un plan y esperará el momento perfecto para quitarse la máscara.
Lo que Rodrigo y su familia no saben es que la mujer a la que tratan como basura es heredera de un imperio empresarial. Que la pastelería donde "trabaja" le pertenece. Que su hermano Gabriel es novio de Valentina Reyes, la mismísima dueña de la empresa donde Rodrigo presume de gerente. Que cada ascenso, cada privilegio que Rodrigo disfruta, se lo debe a ella.
Y cuando la verdad salga a la luz —en el peor momento posible para Rodrigo—, no habrá vuelta atrás.
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03
Cuando llegó la hora del almuerzo, Valentina le envió la ubicación del restaurante. Marcia tomó un taxi y se dirigió al punto de encuentro.
Entró al local buscando a su futura cuñada y sonrió al verla sentada en una de las mesas.
—Valentina, perdón por hacerte esperar —se disculpó mientras se acercaba.
—Para nada, yo también acabo de llegar. Siéntate —Valentina le señaló la silla frente a ella.
—Gracias —Marcia se sentó.
—Pide algo primero, yo todavía no ordené —Valentina le pasó el menú.
—¿Tú qué quieres? —preguntó Marcia hojeando las páginas.
—Lo mismo que tú —respondió Valentina.
Marcia ordenó para las dos. Mientras esperaban la comida, conversaron con naturalidad.
—Oye, Marcia, ¿puedo preguntarte algo? —dijo Valentina.
—Claro, dime.
—Es sobre tu esposo. Sobre Rodrigo —Valentina hizo una pausa para observar la reacción de Marcia.
—¿Rodrigo? ¿Qué pasa con él? —el corazón de Marcia se aceleró.
En realidad, ella también quería preguntarle sobre Rodrigo, pero ya que Valentina había tocado el tema, mejor dejó que hablara primero.
—Rodrigo presentó a una tal Pamela como su futura esposa en la oficina. Y les dijo a todos que es soltero —soltó Valentina sin rodeos.
—¿Quién es Pamela? —preguntó Marcia.
—Una empleada de mi empresa.
Interrumpieron la conversación cuando el mesero llegó con los platos.
—Buen provecho —dijo el joven con amabilidad.
—Gracias —respondió Valentina.
Retomaron el tema mientras comían, sin dejar de hablar de Rodrigo y su amante.
—¿Pero Rodrigo no sabe nada de nuestra relación, verdad? —preguntó Marcia.
—Claro que no. Si supiera quién soy yo, jamás se habría atrevido a andar exhibiéndose con Pamela en la oficina —Valentina esbozó una sonrisa cargada de ironía.
—La verdad es que últimamente yo también lo notaba raro. Frío, distante. Y esta mañana lo vi en su auto con una mujer que no conozco, muy acaramelados los dos —Marcia le contó lo que había presenciado.
—¿Vas a seguir así, Marcia? Tu marido te está engañando —le dijo Valentina sin tapujos.
—Por ahora déjalo así, Valentina. Voy a reunir pruebas. Todas las que pueda. Después decidiré qué hacer —explicó Marcia con calma.
—¿Hasta cuándo vas a permitir que Rodrigo y su familia te humillen? Tu mamá y los demás se la pasan preocupados por ti —Valentina no ocultó su frustración.
—Necesito pedirte un favor. No le digas nada a Gabriel ni a nadie más. Déjame juntar las pruebas primero. Después, te prometo que no voy a decepcionar a nadie —Marcia la miró a los ojos.
—Está bien, Marcia. Pero si me permites un consejo: piénsalo bien antes de que esto llegue demasiado lejos. Rodrigo y su familia solo te ven como su criada gratis. Lo único que les importa es el dinero y una mujer que pueda dárselos —Valentina fue directa.
—Valentina, todo este tiempo aguanté el trato de Rodrigo y su familia. Lo tomé como un acto de lealtad. Pero ahora que sé que me engaña... ya no quiero ser la Marcia débil de antes —dijo con la voz teñida de decepción.
—Tienes que levantarte, Marcia. No te dejes caer —la animó Valentina.
—Lo sé. A partir de ahora voy a reunir todas las pruebas de la infidelidad de Rodrigo. ¿Me ayudas? Tú puedes enviarme fotos o videos cuando ellos estén juntos en la oficina —le pidió Marcia.
—Por supuesto. Con mucho gusto —Valentina le dedicó una sonrisa cómplice.
—Ahora entiendo por qué mi mamá me pidió que ocultara mi identidad frente a Rodrigo y su familia. Seguramente tuvo un presentimiento sobre ellos —dijo Marcia con un hilo de tristeza.
—No te pongas triste. Yo te voy a ayudar. No estás sola —Valentina le apretó la mano.
—Gracias, Valentina. Me alegra mucho que Gabriel haya encontrado a alguien como tú —Marcia sonrió con los ojos brillantes.
Cuando terminaron de comer, Marcia revisó su teléfono. Rodrigo le había enviado un mensaje a su cuenta falsa.
—Maldito descarado —murmuró negando con la cabeza.
—¿Qué pasó? —preguntó Valentina.
—Mira esto: le mandé una solicitud de amistad a Rodrigo desde mi cuenta falsa, y en cuanto vio que la foto de perfil era de una mujer bonita, me escribió un mensaje directo. Es un mujeriego de primera, no puede ver una falda sin ir detrás —Marcia acababa de confirmar la clase de hombre con el que estaba casada.
—Marcia, me tengo que ir a la oficina. Si me entero de algo, te aviso —Valentina se despidió después de pagar la cuenta.
—Sí, yo también vuelvo a la pastelería —Marcia asintió.
Decidió responderle a Rodrigo. Seguiría fingiendo que no lo conocía.
[Hola, guapa. ¿Puedo conocerte?] —decía el mensaje de Rodrigo.
[No sé... ¿Y si tu esposa se enoja?] —respondió Marcia, haciéndose la difícil.
[No tengo esposa. Estoy soltero] —contestó Rodrigo.
Cínico. Tiene esposa y amante, y todavía se declara soltero. Sinvergüenza, pensó Marcia sacudiendo la cabeza.
Rodrigo siguió enviando mensajes repletos de halagos. Marcia le seguía el juego; quería ver hasta dónde era capaz de llegar.
Ya veremos, Rodrigo. Voy a descubrir quién eres en realidad. Seguiré con esta máscara y fingiré que no te conozco. Y cuando tenga todas las pruebas de tu porquería... te juro que vas a arrepentirte.