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El Juego De Las Apariencias

El Juego De Las Apariencias

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Matrimonio arreglado / Enfermizo
Popularitas:322
Nilai: 5
nombre de autor: E.white Verdun

​¿Hasta dónde llegarías para sobrevivir en un mundo de mentiras?
​Elara Varela ha perdido su herencia y su dignidad a manos de su propia familia, pero tiene una última carta que jugar, un matrimonio arreglado con el hombre más poderoso y enigmático de la región. Damian Montecristo vive confinado a una silla de ruedas, rodeado de enemigos que acechan su imperio.
​Lo que nadie sospecha es que ambos guardan secretos letales. Elara oculta una mente brillante tras su fragilidad, y Damian esconde una fortaleza que desafía a la parálisis que todos creen real. En esta red de engaños, traiciones y ambición, lo único prohibido es confiar... y, sin embargo, es lo único que podría salvarlos.
​Bajo una misma máscara, la verdad es el arma más peligrosa.

NovelToon tiene autorización de E.white Verdun para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La llama que nunca se apaga

Pasaron décadas, luego siglos, y el mundo cambió muchas veces: surgieron y cayeron gobiernos, se transformaron las fronteras, aparecieron nuevas formas de vivir, trabajar y relacionarse entre las personas. Sin embargo, en las tierras que un día cuidaron Damian y Elara, algo permaneció inalterable y firme como las montañas que las custodiaban, el recuerdo vivo de su historia y la fuerza de sus enseñanzas. La gran mansión Montecristo seguía en pie, renovada y ampliada con el paso del tiempo, conservando siempre sus rasgos originales y ese aire de dignidad y serenidad que la caracterizaba; en sus salones y jardines seguían viviendo sus descendientes, quienes llevaban con orgullo su nombre y, mucho más importante aún, su forma de ser y de entender la vida.

Cada generación recibía al crecer el mismo legado de palabras y ejemplos, la historia de dos personas obligadas a ocultarse bajo apariencias falsas, que aprendieron a confiar el uno en el otro, a buscar la verdad por encima de todo y a transformar el sufrimiento en bien para todos. Se contaba no como un cuento antiguo o lejano, sino como una lección siempre nueva y necesaria, que lo que vemos por fuera casi nunca revela lo que hay en el fondo, que la justicia y el amor son más fuertes que cualquier mentira o ambición, y que cada ser humano lleva dentro de sí una grandeza capaz de cambiar su destino y el de quienes lo rodean. Se guardaban con inmenso respeto los escritos que ellos mismos redactaron, los objetos que usaron, los lugares donde vivieron sus momentos más importantes; no como reliquias vacías, sino como señales visibles de lo que se puede lograr con integridad y valentía.

Hubo tiempos difíciles, épocas de confusión, de injusticia extendida o de peligros graves que amenazaban con destruir cuanto habían construido. En esos momentos, cuando todo parecía perdido o olvidado, siempre surgía alguien de su estirpe o incluso personas ajenas a su linaje pero atraídas por su ejemplo que recordaba sus palabras, recuperaba su forma de actuar y lograba restaurar la paz, la verdad y el bienestar. Comprendían entonces que el verdadero legado no son las tierras ni las riquezas, que pueden perderse o cambiar de manos, sino las ideas nobles, los principios rectores y la capacidad de amar y servir a los demás; esos bienes nadie puede arrebatarlos mientras se transmitan de corazón a corazón.

También hubo quienes, desde fuera o incluso desde dentro, intentaron tergiversar su historia: hacerla más fantástica, olvidar sus errores y luchas, convertirlos en figuras intocables o distantes, o usar su nombre para justificar acciones que ellos jamás habrían aprobado. Pero siempre hubo otros que con sabiduría y calma recordaron la realidad verdadera: que eran personas de carne y hueso, con miedos y debilidades, que tuvieron que aprender poco a poco a ser valientes y buenas, que se equivocaron y supieron corregir, que se amaron y se apoyaron mutuamente hasta lograr lo imposible. Y esa versión sincera y humana fue la que perduró, porque es la que realmente sirve de guía a los demás: si ellos pudieron hacerlo a pesar de todo, cualquiera puede hacerlo también.

Con el paso de mucho tiempo, su historia cruzó las fronteras de sus antiguos dominios y se extendió por tierras muy lejanas, contada de mil formas distintas, adaptada a costumbres y creencias diferentes, conservando siempre su esencia profunda. Se convirtió en un símbolo universal: la idea de que todos llevamos alguna vez una máscara, impuesta por otros o puesta por nosotros mismos por miedo o inseguridad, y que la mayor aventura y la mayor dicha de la vida consiste en quitárnosla, mostrarnos tal como somos, encontrar a quien nos quiera y nos valore de verdad, y construir juntos algo hermoso y duradero.

En el lugar donde descansaban sus restos se colocó con el tiempo una inscripción muy sencilla, sin títulos ni grandezas, que resumía todo cuanto significaron para el mundo.

Vinimos ocultos bajo apariencias ajenas.

Descubrimos la verdad y el amor.

Transformamos el dolor en luz.

Recuerda, lo esencial siempre se oculta a la vista,

pero se revela al corazón que sabe mirar con sinceridad.

Y así, aunque hacía siglos que ya no estaban físicamente entre los vivos, su llama seguía ardiendo clara y fuerte, iluminando caminos para quienes se sentían perdidos, dando esperanza a quienes sufrían engaños o soledad, enseñando a todos que el amor verdadero y la valentía de ser fiel a sí mismo son las fuerzas más poderosas y eternas que existen. Lo que empezó como una historia pequeña y llena de sombras se había convertido en una luz inmensa que no se apagaría jamás, recorriendo generaciones y viajando por todo el mundo, recordándonos siempre que bajo cualquier máscara hay una vida digna de ser amada y respetada, y que la verdad, aunque tarde en salir a la luz, termina por brillar con más fuerza que cualquier oscuridad.

Muchos viajeros, maestros y personas buscadoras de la verdad acudían a aquel lugar sagrado, no para adorar a quienes allí descansaban, sino para renovar su propio compromiso de vivir con honestidad y bondad. Se sentaban bajo el viejo roble que ellos tanto amaron, leían sus palabras escritas con tanta sinceridad y sentían cómo su ejemplo cobraba nueva vida en cada corazón dispuesto a escucharlo, demostrando que las almas nobles nunca mueren del todo mientras su mensaje siga guiando a los demás.

Y aunque el tiempo seguía transformando todo lo visible, cambiando formas, nombres y paisajes, la enseñanza fundamental permanecía intacta y tan vigente como el primer día, que cada uno de nosotros lleva su propia historia de máscaras y verdades, de miedos y amores, y que al atreverse a ser auténticos y a amar sin reservas, nos convertimos también en parte de esa luz eterna que ellos ayudaron a encender para siempre.

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