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LAS LINEAS RECTAS DE TU HISTORIA

LAS LINEAS RECTAS DE TU HISTORIA

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Apoyo mutuo / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Tras la trágica muerte de sus padres, Tom llega destrozado al orfanato de Santa María. Allí encuentra una luz en la pequeña Alesandra. Unidos por la soledad, los niños se vuelven inseparables y sellan una promesa inquebrantable bajo el solsticio: un día se casarán. Sin embargo, las leyes separan sus caminos; él se marcha a los 18 años hacia la capital financiera y ella es adoptada por una familia en España.
Diez años después, Tom regresa convertido en el temido "especialista de los números" de Londres, un multimillonario implacable dispuesto a usar todo su poder para encontrarla. Cuando un peligroso sindicato criminal ataca a la familia de Alie en Madrid, los hilos del destino colisionan. En mitad de un peligro mortal y secretos de sangre, el hombre de piedra arriesgará su imperio para blindar la vida de su única constante. ¿Podrán los lienzos del pasado vencer las sombras del mañana?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 17. EL IMPACTO DEL ZAFIRO Y EL MUSGO

La mañana madrileña despertó con un cielo limpio, de un azul nítido que recortaba las siluetas de las terminales del aeropuerto de Barajas. El frío del otoño se colaba entre las pistas de aterrizaje, obligando a los reporteros a subirse los cuellos de sus gabardinas. Alie caminaba por la zona de seguridad VIP escoltada por Elisa, quien sostenía con firmeza una grabadora digital y una cámara réflex. A sus veintiún años, Alie lucía una gabardina color beige que estilizaba su figura y unos zapatos de tacón bajo que resonaban con un eco firme sobre el pavimento. Sus pases de prensa colgaban de su cuello, otorgándole el acceso preferente a la pista privada donde estaba a punto de tomar tierra el vuelo corporativo proveniente de la capital británica.

El revuelo mediático era absoluto. Corresponsales de las agencias económicas internacionales, redactores jefe de los principales diarios nacionales y cámaras de televisión formaban una barrera humana impaciente tras los cordones de seguridad. La llegada de Thomas, el especialista de los números de la City de Londres, era el acontecimiento empresarial del año en España.

—Prepárate, jefa —susurró Elisa, abriéndose paso con los codos entre dos fotógrafos de un diario económico—. El avión acaba de entrar en la calle de rodaje. En cuanto abran la escotilla, esto va a ser un campo de batalla. Si consigues que te mire, lánzale la pregunta sobre los fondos de inversión de la Castellana.

Alie asintió, aunque sentía una extraña opresión en el pecho que nada tenía que ver con la presión periodística. Su mirada azul escudriñaba la aeronave oscura que se detenía frente a ellas. Los motores disminuyeron su rugido hasta apagarse por completo, y los operarios de pista colocaron de inmediato la escalerilla de acero pulido.

La pesada puerta del avión se abrió de forma pausada. El primero en descender fue un hombre rubio, de espaldas anchas y ademanes seguros, que vestía un traje gris de corte impecable: Gustav. El informático barrió a la prensa con una mirada perspicaz y una sonrisa de medio lado, disfrutando del espectáculo mediático. Pero el verdadero impacto llegó un segundo después.

Detrás de él, enmarcado por la luz del sol que rebotaba en el fuselaje, apareció Tom. El joven CEO de veinticinco años dominaba el espacio con su imponente estatura de más de metro noventa. Vestía un abrigo de paño oscuro que realzaba sus hombros atléticos y un traje negro hecho a medida que transmitía un poder absoluto. Su rostro, de facciones angulosas y severas, permanecía impasible, inmóvil como una escultura tallada en piedra. Al bajar el último escalón de la estructura de acero, toda la prensa se le echó encima como una marea desbocada, rompiendo los límites del cordón de seguridad.

—¡Señor Thomas! ¿Cuál es el volumen de capital que destinará a la sucursal de Madrid? —gritó un reportero a la izquierda.

Alie, impulsada por su instinto periodístico y por la urgencia de cumplir con el encargo de su padre, no se quedó atrás. Aprovechó su agilidad para deslizarse entre el tumulto de micrófonos y cámaras, ganando terreno hacia la primera línea. Estaba a escasos dos metros de él, dispuesta a formular su pregunta, cuando el azar o la mala intención de un colega de profesión jugaron en su contra. El pie de un camarógrafo se interpuso en su trayectoria de forma abrupta. Alie tropezó, perdiendo por completo el equilibrio de sus zapatos.

Sintió el vacío del asfalto bajo sus pies y cerró los ojos de forma instintiva, preparándose para recibir el doloroso impacto contra el suelo de la pista. Sin embargo, el golpe jamás llegó.

Unos brazos de una fuerza descomunal e implacable la interceptaron en mitad del aire, suspendiéndola antes de tocar el pavimento. Un perfume caro de hombre, una mezcla embriagadora de madera de cedro, cuero y tabaco inglés, la envolvió por completo, aislándola del ruido ensordecedor de los flashes. Alie abrió los ojos despacio, asustada, y se encontró flotando entre los brazos del imponente CEO británico.

Tom la sostenía contra su pecho con una facilidad pasmosa, como si el peso de la muchacha no fuera más que una variable insignificante. El joven economista bajó la vista de forma mecánica para revisar el estado de la periodista que acababa de rescatar, pero en cuanto sus intensos ojos verdes se clavaron en el rostro de la joven, toda su estructura analítica saltó por los aires.

Perdió el aliento. Su cerebro superdotado, que jamás se congelaba ante las crisis de los mercados, experimentó un colapso absoluto. Allí, a escasos centímetros de su rostro, parpadeaban dos zafiros inmensos; una mirada azul, profunda y limpia que llevaba buscando de forma obsesiva durante siete largos años a través de los registros de todo el continente. Los rasgos redondeados de la niña del orfanato habían madurado hacia una belleza celestial, pero la esencia de esos ojos era inconfundible. Era Alie. Su ancla. Su teoría del valor.

Alie, por su parte, sintió que todo su cuerpo se estremecía bajo el contacto de esos brazos fuertes. Al mirar hacia arriba y quedar atrapada en aquella verde mirada de musgo húmedo, una corriente eléctrica de recuerdos borrados le sacudió el alma. Aquellos ojos... ella los había visto antes en sus sueños, en los bocetos de sus cuadernos de la infancia y en las páginas de las novelas de amor que escribía en el periódico. Una extraña familiaridad la invadió, un eco lejano que intentaba gritar un nombre en su memoria, pero que las barreras del tiempo y el olvido forzado en España mantenían bloqueado en sus labios.

—¿Se encuentra bien... Alesandra? —articuló Tom con una voz ronca que vibró directamente contra el pecho de la joven, pronunciando su nombre real con una mezcla de reverencia y posesividad que desarmó por completo a los reporteros que los rodeaban.

El reencuentro internacional de las dos almas rotas del orfanato inglés acababa de consumarse de la forma más imprevista y cinematográfica posible sobre las pistas de Madrid, activando los engranajes de un destino que no iba a permitir segundas oportunidades frente a los peligros que ya acechaban en las sombras de la redacción.

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