Me vendí a un mafioso por un año para salvar la librería de mi madre, pero él decidió que si soy su esposa, soy suya para siempre.
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La Frambuesa se Hace Arándano
Elena estuvo 3 días sin abrir el sobre blanco.
3 días mirando la caja fuerte de la librería donde Lorenzo lo guardó junto al contrato de 12 meses, junto a la carta de Suiza, junto a la prueba de EMBARAZADA 3+ y junto al broche de libro de Irina. 3 días pasándole por al lado como si fuera una granada que podía explotar y matar a todos.
Lorenzo tampoco lo abrió. Dijo "cuando tú quieras, yo estoy". Pero no dormía. Se quedaba despierto hasta las 3 am mirando la caja fuerte desde la cama, con la pistola en la mesita, como si el sobre fuera a salir caminando y a decirle "tu esposa es hija de tu guardaespaldas".
Viktor tampoco dijo nada. Siguió llegando a las 7 am, con traje negro, con cara de piedra, con el café que Elena ya podía oler sin vomitar porque a las 9 semanas la náusea empezó a irse un poco. Siguió poniéndole los zapatos a Elena cuando Lorenzo no estaba, porque Elena ya no se podía agachar bien aunque su panza todavía era plana, era más por flojera y porque le gustaba que la consintieran.
Al cuarto día, a las 9 semanas exactas, Elena estaba en la biblioteca con escalera que Lorenzo le construyó, con 9 semanas y 1 día, tamaño arándano según la lista del doctor calvo que Lorenzo tenía pegada en el refrigerador con imán, con un libro de Jane Austen que por fin podía oler sin vomitar, cuando Viktor entró sin tocar, como siempre, con una carpeta.
"Señora, los papeles de la sucursal de Wicker Park. Para firmar."
Elena firmó sin mirar, como siempre que Viktor le traía papeles, porque confiaba en él más que en nadie después de Lorenzo. Viktor agarró la carpeta y se dio la vuelta para irse, pero Elena dijo:
"Viktor."
Viktor se detuvo. No se volteó. Se quedó de espaldas, con la mano en la puerta.
"¿Cuántos años tienes trabajando con los Volkov?"
"30 años, señora. Desde los 15."
"¿Conociste a mi madre? ¿A Clara Moretti?"
Silencio de 8 segundos. Viktor respiró hondo. Se notaba porque su espalda enorme subió y bajó.
"Sí, señora. La conocí."
"¿Cómo era?"
Viktor por fin se volteó. Con cara de piedra, pero con ojos rojos otra vez, como el día del sobre.
"Era... era como usted. Terca. Leía mucho. No le tenía miedo a Nikolai. Nadie no le tenía miedo a Nikolai. Ella no. Le decía 'Nikolai, bájate de ahí que te vas a caer' como si fuera niño. Y él se bajaba."
Elena se levantó del sillón, con su panza de arándano que no se notaba pero que ya sentía, y caminó hasta él. Hasta quedar a un metro. Viktor olía a cuero, a pistola limpia y a café negro, igual que Lorenzo, pero distinto.
"¿Eres mi padre?"
Viktor se desmoronó. No lloró. Los hombres de piedra no lloran. Se arrodilló. En la biblioteca con escalera, con libros de 1800 alrededor, Viktor, el guardaespaldas que había matado a 12 hombres con sus manos, se arrodilló frente a Elena, de 9 semanas, arándano, y le agarró las manos.
"No quería que lo supieras así. Con un sobre de Dmitri. Quería decírtelo yo. Desde que llegaste con tu suéter roto y debiendo 487 mil, supe que eras mi hija. Por tus ojos. Tus ojos son de Clara. Y tu terquedad es mía. Perdóname. Perdóname por no decirte. Nikolai me pagó 40 millones para decir que eras de él. Me dijo 'si dices que es tuya, te mato a ti y a Clara'. Y yo tenía 20 años. Y tenía miedo. Y Clara tenía miedo. Y aceptamos. Y él le dio el dinero a Clara para que se fuera. Y yo me quedé limpio las botas a su familia 30 años para poder verte de lejos cuando venías a la biblioteca con tu madre de niña y no sabía que eras tú."
Elena no lloró. Se quedó quieta, con las manos de Viktor, grandes, callosas, frías, entre las suyas pequeñas y calientes de embarazada.
"¿Mi madre te amaba?"
"Sí. Mucho. Más que a Nikolai. Más que a nadie. Me escribió hasta que se murió. Cartas que nunca te enseñó porque decía que si sabías que tu padre era un guardaespaldas y no un estudiante italiano ni un mafioso millonario, te ibas a avergonzar. Y no quería que te avergonzaras de mí."
Elena se arrodilló también. Con arándano de 9 semanas, se arrodilló frente a Viktor, en el suelo de roble que Lorenzo mandó poner, y lo abrazó.
"No me avergüenzo. Nunca. Tú me enseñaste a disparar al corazón. Tú me trajiste pan de muerto en mayo a las 4 am. Tú me pones los zapatos. Tú eres más padre que Nikolai. Nikolai nunca me puso los zapatos."
Viktor lloró. Por primera vez en 30 años, lloró. Con sonido, con hombros moviéndose, abrazando a su hija de 9 semanas de embarazo que olía a libro viejo y a aceitunas con Nutella.
Arriba, en el pasillo, Lorenzo los vio desde la puerta entreabierta. Con la pistola en la mano porque oyó ruido y pensó que era Dmitri otra vez. Vio a Viktor arrodillado abrazando a Elena. Vio a Elena abrazando a Viktor. Entendió todo sin abrir el sobre.
Bajó, sin hacer ruido, agarró el sobre blanco de la caja fuerte, lo abrió por fin, leyó la carta de Clara que decía "Viktor es tu padre, Nikolai nos pagó para mentir, perdóname por tercera vez, te amo más que a todos los libros", y la foto de Clara y Viktor jóvenes, de 1998, abrazados en la misma biblioteca donde ahora estaban abrazados su esposa y su guardaespaldas.
Y en vez de enojarse, en vez de gritar "me casé con la hija de mi empleado", Lorenzo hizo lo que haría cualquier Volkov que ama de verdad.
Fue a la cocina, le dijo a Agata "haz chocolate caliente, mucho, con malvaviscos, para tres, y trae el ultrasonido de frambuesa que ya es arándano", y subió con dos tazas.
Entró a la biblioteca, se arrodilló al lado de los dos, les pasó una taza a cada uno y dijo:
"Bueno. Ahora resulta que mi esposa es hija de mi guardaespaldas y que mi hijo es nieto de mi guardaespaldas y que mi guardaespaldas es mi suegro. ¿Saben lo que significa eso, verdad?"
Viktor y Elena lo miraron con ojos rojos.
"Que ahora te tengo que decir papá, Viktor. Y me cae mal porque siempre me dices que no me agache y ahora con razón de suegro me lo vas a decir más. Y que ahora tengo que subirte el sueldo, porque mi suegro no puede ganar menos que yo. Y que ahora este bebé arándano tiene sangre de guardaespaldas, que es más leal que sangre Volkov. Así que es más Volkov que todos."
Viktor se rio entre lágrimas. Elena se rio entre mocos. Lorenzo los abrazó a los dos, con chocolate caliente manchándole el traje.
"¿Y Dmitri?", preguntó Elena, con miedo. "Si le digo al tribunal que no soy hija de Nikolai, me quita todo. Dice que no soy Volkov."
"¿No eres Volkov?", dijo Lorenzo, tomando el broche de libro que Elena tenía puesto. "Este broche es Volkov. Tu terquedad es Volkov. Tu puntería al corazón es Volkov. ¿Qué importa de quién es tu sangre? Importa de quién es tu corazón. Y tu corazón es Moretti Volkov. Y eso vale más que 900 millones. Vamos a ir al tribunal del 20 de diciembre y vamos a decir la verdad: que eres hija de Viktor, el hombre más leal del imperio, y que por eso eres más heredera que Dmitri, porque la lealtad vale más que el apellido."
A las 12 semanas, Elena era tamaño lima. Ya no vomitaba. Ya podía oler libros viejos otra vez. Ya podía disparar otra vez, una vez al mes con protección.
Fue al búnker con Viktor, su padre, y con Lorenzo, su esposo/hermano que ya no era hermano, y disparó 3 veces.
Las 3 al corazón.
Viktor dijo "Esa es mi hija" y Lorenzo dijo "Esa es mi esposa" y los dos se pelearon por quién le enseñó mejor y Elena les dijo "cállense los dos que me duele la espalda de lima".
Esa noche, en la caja fuerte, ya no había un sobre blanco con secreto. Había una foto nueva: Clara y Viktor en 1998, Elena y Viktor en 2025 arrodillados abrazados, y el ultrasonido de arándano que ya era lima.
Y afuera, en un coche negro, Dmitri los vigilaba con binoculares, con la demanda negra en la mano, sonriendo porque todavía no sabía que Elena ya sabía la verdad y que la verdad la hacía más fuerte, no más débil.