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Los gemelos del CEO intocable

Los gemelos del CEO intocable

Status: Terminada
Genre:CEO / Madre soltera / Doctor / Embarazo no planeado / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:191.3k
Nilai: 4.4
nombre de autor: Ruby_Blair

Seis años atrás, Luz Acosta fue traicionada por su propia familia, acusada de una vergüenza que no pudo explicar y echada de la casa como si nunca hubiera llevado su sangre.

Ahora volvió a Buenos Aires con dos hijos, una identidad que todos buscan y una sola idea clara: nadie va a volver a usarla.

Pero apenas pisa la ciudad, Ciro desaparece unos minutos y regresa con un hombre que no debería cruzarse en su camino: Bruno Ferrer, dueño de un imperio, frío hasta la crueldad y famoso por no dejar que ninguna mujer se le acerque.

Tina, en cambio, lo mira una vez y decide que ese hombre tiene que ser su papá.

Luz no quiere saber nada con Bruno. Bruno está convencido de que ella se le acercó con segundas intenciones. Y mientras los Acosta intentan volver a encerrarla en el papel de hija descartable, un secreto de aquella noche de hace seis años empieza a salir a la luz.

Dos hijos. Una traición vieja. Un padre que no sabe que lo es.

Y una mujer que esta vez no piensa bajar la cabeza.

NovelToon tiene autorización de Ruby_Blair para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

### capitulo 4

En el complejo nuevo, Luz miró las dos valijas grandes y las cajas apiladas en la entrada.

No iba a poder subir todo de una sola vez.

—Tina, no te cuelgues con el jueguito. Cuidá a tu hermano. Subo estas cosas y vuelvo por ustedes.

—Sí, mami, tranquila. Yo cuido a Ciro.

Tina no levantó la vista de la tablet.

Luz suspiró y se agachó frente a Ciro.

—Vos quedate con tu hermana. No te vayas a ningún lado, ¿sí?

Ciro asintió con seriedad.

Luz cargó una valija y una caja, y entró al edificio.

—Medio, medio, cubran medio —murmuraba Tina, concentradísima—. Dale, cubrime, boludo...

Ciro no tenía el menor interés en el juego. Miró alrededor, aburrido, hasta que una Rolls-Royce negra avanzó por la calle interna del complejo.

La reconoció.

El auto.

Y adentro, junto a la ventanilla entreabierta, estaba él.

El señor del aeropuerto.

La cara de Ciro se iluminó. Levantó la mano y saludó.

Pero el hombre no lo vio.

Ciro dio un paso. Después otro.

La emoción le ganó a la prudencia.

Corrió hacia el auto, sin mirar el desnivel frente a sus pies.

Pisó mal.

Su cuerpo rodó por los escalones y cayó directo hacia el carril.

—¡Cuidado!

Bruno reaccionó antes que Facundo.

Le arrebató el volante y lo giró con fuerza. El auto se salió de la calle, cruzó el borde del césped y chocó contra una columna de piedra.

El parabrisas estalló.

Bruno levantó el brazo por instinto para protegerse la cara. Los vidrios le abrieron una línea larga en la piel.

Facundo tardó un segundo en recuperar el aire.

—¿Quién deja a un nene así suelto? —soltó, pálido—. Jefe, ¿está bien?

Bruno miró la sangre que le bajaba por el antebrazo. Abrió la puerta y bajó.

Ciro ya estaba de pie. Corrió hacia él, vio la manga teñida de rojo y los ojos se le llenaron de lágrimas.

—¿Vos?

—¿Vos?

Bruno y Facundo hablaron al mismo tiempo.

La sorpresa de Bruno fue silenciosa. La de Facundo, en cambio, le ocupó toda la cara.

Ciro abrió su libretita con manos temblorosas.

Perdón.

Le mostró la palabra a Bruno y volvió a mirar la herida.

El chico parecía tan culpable, tan triste, que cualquier reproche se le murió a Bruno antes de salir.

—¿Dónde están tus padres?

Ciro no respondió. Toda su atención seguía en la sangre.

Bruno aflojó la voz sin proponérselo.

—No es nada. No llores. Volvé con tu familia.

El auto no podía moverse, así que Bruno empezó a caminar hacia su casa.

Después de unos pasos, notó que Ciro lo seguía.

Quiso decirle que se fuera.

Lo miró.

El nene tenía los ojos húmedos y la boca apretada.

Bruno giró la cara.

No dijo nada.

Pero caminó más lento.

Cuando Tina terminó la partida, levantó la vista.

—Tronquito, ¿qué estás...?

El lugar estaba vacío.

La tablet casi se le cayó de las manos.

—¿Ciro? ¿Ciro?

Luz acababa de bajar del ascensor cuando encontró a Tina esperándola con lágrimas en los ojos.

—Mami... Ciro no está.

—¿Qué?

Luz salió corriendo. Miró las cajas, la entrada, el camino. Nada.

El miedo le partió la voz.

—Tina Acosta, ¿qué estabas haciendo? Te dije que cuidaras a tu hermano.

Tina empezó a llorar.

—Perdón, mami. Perdón.

Luz se arrepintió apenas vio su cara. La abrazó fuerte.

—No. Perdón vos. Mamá no tenía que gritarte.

Si a Ciro le pasaba algo, la responsable era ella. No una nena de cinco años.

Dejó a Tina dentro del departamento y bajó a buscarlo.

El complejo tenía cámaras, seguridad en la entrada y personal en las garitas. Si Ciro no había salido, todavía podía encontrarlo.

Tenía que encontrarlo.

En la zona de casas del mismo complejo, Facundo apareció con un botiquín.

Bruno se sacó la camisa. Del tejido cayeron pedacitos de vidrio. El corte del brazo era largo, rojo, feo.

Ciro lo miró y volvió a llorar.

Como Bruno no podía dejar que nadie lo tocara, ni siquiera Facundo, tuvo que curarse solo. Tomó alcohol y lo volcó sobre la herida.

El ardor le tensó la mandíbula.

Ciro se acercó enseguida y sopló con cuidado sobre el corte.

Bruno se quedó quieto.

Ese gesto simple, torpe, le calentó un lugar del pecho que no sabía que seguía vivo.

Ciro escribió rápido.

Mamá dice que si soplás, duele menos.

—Ya no duele —dijo Bruno.

Fue casi una sonrisa.

Ciro abrió una sonrisa enorme.

Bruno limpió la sangre. Cuando estiró la mano hacia el frasco de pomada, Ciro se lo alcanzó antes. Después le dio la gasa. Después las tijeras.

Durante todo el proceso no apartó los ojos de la herida.

—Es un corte chico. Estoy bien.

Ciro no pareció convencido.

—Hace rato que saliste. ¿Tus papás no van a preocuparse?

El nene se sobresaltó.

Tomó la libreta y escribió con apuro.

Bruno esperó.

No le gustaban especialmente los chicos. Tampoco los odiaba. Pero con Ciro tenía una paciencia extraña, como si viera delante suyo una versión pequeña de algo que él había sido.

Quizá por eso.

Quizá porque dolía reconocerlo.

Ciro le mostró la página.

No tengo papá.

¿Podés llamar a mi mamá?

Abajo había un número.

Bruno lo miró.

Su memoria para los números era impecable.

Ese número era el mismo que la mujer del auto le había dejado la noche anterior.

No recordaba bien su cara.

Pero sí recordaba el modo en que se había metido en su auto, la ampolla vacía en la mano y ese papel sobre el asiento.

¿Tanta casualidad?

Luz revisó las cámaras de la garita con el corazón en la garganta.

El guardia le confirmó que ningún nene había salido por la entrada.

Eso la calmó apenas.

Ciro seguía dentro del complejo.

Mientras miraban las grabaciones, sonó su celular. Número desconocido.

—¿Hola?

La voz que respondió fue baja y fría.

—Tu hijo está conmigo.

El mundo se le heló.

—¿Quién sos? ¿Qué le hiciste a mi hijo?

La llamada se cortó.

Un mensaje llegó enseguida.

Zona de casas. Lote 5.

Luz no pensó.

Corrió.

Bruno dejó el celular a un costado.

Facundo se tocó la nariz, incómodo.

—Jefe, dicho así... suena a secuestro.

Ciro estaba sentado en el sillón, dibujando otra vez. Bruno, ya con otra camisa, trabajaba con la notebook sobre las piernas. El cuello abierto y la postura relajada le daban una calma que no combinaba con la llamada que acababa de hacer.

Cuando Luz llegó, la escena la frenó en seco.

Un hombre y un nene sentados lado a lado. Cada uno en lo suyo. Silenciosos. Cómodos.

Demasiado familiares.

La impresión le duró un segundo.

—¡Ciro!

El nene soltó el lápiz y corrió hacia ella.

Luz lo abrazó, lo revisó de arriba abajo, tocó sus brazos, su cara, su ropa.

Estaba bien.

Recién entonces respiró.

Facundo reconoció a Luz y se inclinó hacia Bruno.

—Jefe, es la mujer que subió ayer al auto.

Bruno entrecerró los ojos.

Ya lo había supuesto al ver el número.

Luz levantó la mirada hacia él.

—Señor Ferrer, veo que los rumores son ciertos. Para conseguir lo que quiere, no le importa usar a un nene de cinco años.

Pensaba que Bruno había tomado a Ciro para obligarla a tratar su enfermedad.

La cara de Bruno se volvió más fría.

—Entonces sabías quién soy.

—En Buenos Aires todos conocen al verdugo Ferrer. No se agrande.

Luz soltó una risa llena de bronca.

—Lo que no sabía era que también se metía con chicos.

Ciro tironeó de la manga de su madre, desesperado por explicar.

Luz lo apretó contra ella.

—No tengas miedo, amor. Mamá está acá.

—Señora, creo que hubo un malentendido...

—Facundo.

Bruno lo cortó sin mirarlo.

Facundo cerró la boca.

Bruno dejó la notebook, se levantó y avanzó hacia Luz.

Ella sostuvo la postura, pero el cuerpo se le tensó al enfrentarse a esos ojos oscuros.

—Ayer te subís a mi auto. Hoy “perdés” a tu hijo frente a mi casa —dijo Bruno—. Bastante creativa. ¿La próxima vas a decir que el chico es mío?

Luz tardó un segundo en procesar la frase.

—¿Qué?

—No pierdas tiempo conmigo. Me das asco.

El desprecio estaba completo en sus ojos.

Luz sintió primero rabia.

Después una risa incrédula.

¿Qué clase de hombre era ese?

1
Priscy Aquino
capítulo está feo el último capítulo bueno espero saludo
Silvia Báez de Torres
awwwwww!!! qué frustración... qué final tan incongruente 😭😭😭😭
Tere Jimenez
muy hermosa novela gracias por compartir escribes hermoso con mucha sabiduría y entendimiento sólo que siento que le diste un final muy rápido pero deseo muchos éxitos más para ti gracias
Tere Jimenez
gracias por compartir tu novela
Silme Olmedo
q paso por qué ese final así esperar tanto para que le den un final tan malo q falta de respeto escritora ni luz reconoció a su padre ni los niños tampoco 😠
Silme Olmedo
me encanta esta muy buena gracias escritora bendiciones ❤️
Liliana Torrecilla
Escritora qué te pasó tanto leer y lo terminas asi, no entiendo para qué escribis es una falta de respeto a los lectores. 😡
Nubia Ramirez
muy mal final😭
Mirleni Lopenza
Los niños lo más bonito de la novela no supieron la verdad de su padre todo quedó horrible qué lindo hubiera sido terminar los cuatro pero nada bien termino
Ana María Andarcia
La historia es muy linda pero los Protagonista, no tienen carácter, parece que no han estudiado nada y no han vivido lo que dicen que vivieron.
yelitza campos
Los protagonistas son par de b. b. s hasta cuando insulsos, más ella que él, y la torpe es la que se los llevaron en los cachos!! 🤣🤣🤣🤣🤣
yelitza campos
Auxilioooo! por favor que pase algo pronto, estoy a punto de dejarlo por la paz mental. 😡
yelitza campos
Por muy maduros que sean, son unos niños de 6 años, por DIOS!!! que desface, mejor.. que locura!! madre irresponsable!! 😡
yelitza campos
Quiero más acción y menos palabrería 😠😠😠
yelitza campos
Es hora de que estos dos avancen algo, puro formalismo y nada más!! donde queda la acción?
Eugenia Casanova
que fome! no está completa 😭
ingrid renteria
/Joyful//Joyful//Joyful//Joyful/
~√{©£¢%}✓¶🌟💖
😂😂😂😂😂😂😂
~√{©£¢%}✓¶🌟💖
esos mellizos 😂😂😂😂
~√{©£¢%}✓¶🌟💖
el niño tiene un apego profundo a su verdadero padre o será por otra situación que se le pega 😅😅😅😅
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