Fanfic: acontecimientos que sucedieron 300 años despues de la guerra contra Zeus
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Capítulo 18: El Despertar del Nuevo Cisne
❄️🕊️
Habían pasado varias semanas.
El Santuario seguía en pie.
Pero algo había cambiado.
La ausencia de Hyoga se sentía en cada rincón.
Junto a las tumbas de Shun.
Ikki.
Y Shiryu.
Ahora descansaba una cuarta lápida.
La lápida del Cisne Legendario.
El viento recorría aquel lugar sagrado.
Como si las montañas mismas lloraran su partida.
El Último de los Cinco
Aquella mañana.
Seiya permanecía frente a las tumbas.
Llevaba varios minutos en silencio.
Observando los nombres grabados en piedra.
—Shiryu...
—Ikki...
—Shun...
—Hyoga...
Su voz apenas era un susurro.
—Todos se fueron antes que yo.
Una lágrima descendió por su rostro.
Recordó las batallas.
Las derrotas.
Las victorias.
Los sacrificios.
Recordó cuando eran jóvenes.
Cuando creían que nada podría separarlos.
Y ahora.
Era el último que permanecía de pie.
Solo.
—Los extraño.
Murmuró.
El viento respondió.
Como si sus amigos todavía lo escucharan.
El Peso del Patriarca
Mientras tanto.
En el Salón del Patriarca.
Aioria observaba el Santuario desde lo alto.
Su enorme capa blanca descansaba sobre sus hombros.
La muerte de Hyoga también había golpeado profundamente su corazón.
Había perdido a otro compañero.
Otro hermano de batalla.
Pero no podía permitirse caer.
No siendo el Patriarca.
No cuando Athena seguía desaparecida.
No cuando Cronos seguía observando.
—Aún debemos seguir adelante.
Murmuró.
Aunque por dentro también estaba sufriendo.
El Llamado
En la Casa de Acuario.
Algo ocurrió.
La Armadura del Cisne comenzó a brillar.
Primero suavemente.
Luego con intensidad.
Después.
Como una estrella.
Darien se puso de pie inmediatamente.
—No puede ser...
La armadura vibraba.
Respondía a una presencia.
A alguien.
A alguien que se acercaba al Santuario.
Y Darien comprendió.
—Por fin.
El Viajero
Horas después.
Un joven atravesó las escalinatas.
Cabello rubio.
Ojos celestes.
Aspecto cansado.
Su ropa estaba dañada.
Cubierta de polvo.
Y de heridas recientes.
Los guardias del Santuario lo rodearon.
Los Caballeros de Plata también.
La noticia se propagó rápidamente.
Aioria ordenó que lo llevaran ante él.
La Asamblea
Minutos después.
El muchacho se encontraba frente al Patriarca.
A su lado estaban:
Darien.
Aruel.
Daimon.
Kailo.
Tanya.
Jess.
Kyo.
Olly.
Y Seiya.
Todos observándolo.
—¿Quién eres?
Preguntó Aioria.
El joven hizo una reverencia.
—Mi nombre es Caizen.
El silencio llenó el salón.
—¿Por qué has venido?
Preguntó Aruel.
Caizen dudó.
—No lo sé.
Varias miradas se cruzaron.
—¿No lo sabes?
Preguntó Tanya.
—Sentí una voz.
Respondió.
—Una voz que me llamaba.
—Durante semanas.
—No podía ignorarla.
Darien cerró los ojos.
Ya conocía esa historia.
Era exactamente igual a la de Jess.
Kyo.
Y Olly.
El Retraso
Sin embargo.
No todos estaban convencidos.
—¿Por qué tardaste tanto?
Preguntó Kailo.
—Si eras el elegido.
—¿Por qué apareces ahora?
Caizen bajó la cabeza.
—Porque intenté llegar antes.
Todos guardaron silencio.
—Pero las fuerzas de Cronos me encontraron.
La sala quedó inmóvil.
—¿Qué?
Preguntó Belfos.
—Me persiguieron durante días.
—Tuve que esconderme.
—Pelear.
—Escapar.
Mostró las heridas de sus brazos.
Y las marcas de batalla.
No estaba mintiendo.
Había luchado para llegar.
La Verdad
Entonces.
Seiya avanzó lentamente.
Observó al muchacho.
Y sonrió.
Una sonrisa triste.
Pero sincera.
—Gracias.
Caizen lo miró confundido.
—¿Gracias?
—Sí.
Respondió Seiya.
—Gracias por responder el llamado.
Caizen no comprendía.
Hasta que notó las expresiones de todos.
La tristeza.
El silencio.
El dolor.
—¿Qué ocurrió?
Preguntó.
Y entonces.
Le contaron todo.
Athena había sido secuestrada.
Cronos había regresado.
Hyoga había muerto.
La sonrisa desapareció del rostro de Caizen.
—No...
Susurró.
Había oído hablar de Hyoga.
Incluso fuera del Santuario.
Era una leyenda.
Un héroe.
Y ahora estaba muerto.
—Llegué demasiado tarde.
Dijo.
Seiya apoyó una mano sobre su hombro.
—No.
—Llegaste exactamente cuando debías hacerlo.
El Legado del Cisne
Esa misma noche.
Caizen fue llevado a la Casa de Acuario.
La Armadura del Cisne brilló nuevamente.
Más intensamente que nunca.
Como si reconociera a su dueño.
Como si hubiera estado esperándolo.
Caizen observó la armadura.
En silencio.
Y por primera vez.
Comprendió que su vida acababa de cambiar para siempre.
Seiya se acercó lentamente.
El anciano Pegaso observó la armadura.
Luego al muchacho.
Y sonrió.
—A partir de mañana.
—Comenzaremos tu entrenamiento.
Caizen asintió.
Todavía tenía miedo.
Todavía tenía dudas.
Pero también tenía algo nuevo.
Esperanza.
Porque aunque el Cisne Legendario había partido.
Su constelación volvía a brillar.
❄️✨
Continuará...
😭❄️✨