Valentina tenía 17 años cuando conoció a Lautaro, un amor inesperado que llegó para cambiar su vida para siempre. Entre miradas, promesas y momentos inolvidables, descubrió un sentimiento que creyó que duraría toda la vida.
Pero a veces el amor no alcanza.
Los malos entendidos, las personas equivocadas y las decisiones tomadas demasiado pronto los separaron. Mientras Lautaro siguió adelante con su vida, Valentina intentó olvidarlo, aunque una parte de su corazón siempre quedó en aquel pasado.
Con los años, Valentina construyó una familia junto a Franco, un hombre que le dio amor, estabilidad y un hogar. Se convirtió en esposa y madre, aprendiendo que la vida puede regalarte una felicidad diferente a la que imaginaste.
Pero hay recuerdos que el tiempo no consigue borrar.
Porque algunas personas no desaparecen de tu corazón, aunque pasen los años, aunque cambien las vidas, aunque los caminos se separen.
Y cuando el destino decide volver a cruzarlos...
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Capítulo 22 – El principio del fin
Habían pasado casi cinco meses desde que Valentina y Lautaro se conocieron.
Cinco meses de mensajes interminables, llamadas hasta la madrugada, salidas con amigos y un amor que parecía hacerse más fuerte con cada día.
Para todos los que los conocían, eran la pareja perfecta.
Pero no existe el amor perfecto.
Y había personas esperando el momento justo para demostrarlo.
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Aquella semana, Lautaro empezó un nuevo trabajo.
Los horarios eran más largos y el cansancio se hacía notar.
Ya no podía responder los mensajes al instante como antes.
A veces tardaba una hora.
A veces dos.
Valentina intentaba entenderlo.
Sabía que estaba ocupado.
Pero, sin darse cuenta, empezó a extrañar la atención constante a la que se había acostumbrado.
Una noche, después de casi cuatro horas sin hablar, le escribió.
"¿Todo bien?"
La respuesta llegó varios minutos después.
"Perdón, recién salgo del trabajo."
"Pensé que te había pasado algo."
"No, mi amor. Solo estoy muerto de cansancio."
Ella respondió con un corazón.
Pero una pequeña parte de ella sintió miedo.
No por falta de amor.
Sino porque las cosas estaban cambiando.
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Del otro lado, Lautaro también sentía el peso de la rutina.
Extrañaba verla más seguido.
Extrañaba tener tiempo.
Una tarde, mientras tomaba mate con Martín, suspiró.
—Siento que no le estoy dedicando el tiempo que merece.
Martín lo miró.
—Si ella te quiere de verdad, va a entender.
—Lo hace...
Pero igual me duele.
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Micaela observaba todo desde lejos.
Ya no intentaba acercarse a Lautaro.
Ahora solo esperaba el momento exacto.
Y ese momento llegó una tarde cualquiera.
Axel le envió un mensaje.
"Creo que encontré la oportunidad."
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El sábado, el grupo volvió a la discoteca.
Todo parecía normal.
Hasta que Lautaro recibió una llamada del trabajo.
Tuvo que salir unos minutos para atender.
Valentina se quedó bailando con Camila y Sofía.
En ese instante, Micaela aprovechó.
Se acercó a Valentina con una expresión seria.
—¿Podemos hablar un segundo?
Valentina la reconoció enseguida.
—¿Qué querés?
Micaela bajó la mirada, fingiendo sentirse incómoda.
—No quiero problemas.
Solo pensé que merecías saber la verdad.
Valentina cruzó los brazos.
—¿Qué verdad?
Micaela respiró hondo.
—Lautaro estuvo conmigo hace unos días.
Hubo un silencio pesado.
Valentina sintió que el corazón le daba un vuelco.
—No te creo.
—No esperaba que me creyeras.
Por eso traje esto.
Le mostró la pantalla del celular.
Era una conversación.
Mensajes donde supuestamente Lautaro le escribía.
"Te extraño."
"No le digas nada a mi novia."
"Nos vemos el martes."
Valentina sintió un nudo en el estómago.
No sabía que aquellas capturas eran completamente falsas, editadas por Axel para que parecieran reales.
Las miró durante varios segundos.
Micaela guardó el celular.
—No quiero destruir tu relación.
Solo pensé que tenías derecho a saber.
Se dio media vuelta y se fue.
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Camila había visto parte de la conversación desde lejos.
Corrió hasta Valentina.
—¿Qué te dijo?
Ella permanecía inmóvil.
Con los ojos llenos de lágrimas.
—Que Lautaro me está engañando.
Camila negó enseguida.
—Vale...
No le creas.
Ella levantó la vista.
—Me mostró conversaciones.
—Eso puede ser falso.
—No lo sé.
Su voz empezó a quebrarse.
Por primera vez desde que conocía a Lautaro...
La duda ya no era pequeña.
Ahora dolía.
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En ese mismo momento, Lautaro regresaba sin imaginar lo que acababa de ocurrir.
Vio a Valentina llorando.
Corrió hasta ella.
—¿Qué pasó?
Ella dio un paso hacia atrás.
Él quedó completamente confundido.
—Vale...
¿Qué tenés?
Ella levantó lentamente la mirada.
—Necesito que me digas la verdad.
Lautaro sintió un escalofrío.
No entendía nada.
Pero, por primera vez desde que se conocían, vio en los ojos de Valentina algo que nunca había visto.
Desconfianza.
Y esa mirada le dolió mucho más que cualquier mentira que alguien pudiera inventar.