NovelToon NovelToon
Latidos Que Se Esconden

Latidos Que Se Esconden

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Malentendidos / Romance
Popularitas:993
Nilai: 5
nombre de autor: Autor lucia

Desde la ventana de su habitación, Mireya aprendió a escapar sin salir de casa.

A sus dieciséis años, el mundo le quedaba grande: discusiones detrás de las paredes, una bebé llorando en la habitación contigua y la palabra separación flotando como una sombra imposible de ignorar. Pero al otro lado de la calle había algo distinto. O alguien.

Ryan.

Veintiuno. Cabello castaño arrulado. Ojos verdes imposibles de olvidar. Siempre tranquilo. Siempre ajeno a la mirada que lo observaba cada tarde.

Él nunca la notaba.

Hasta que el destino decidió que una ventana no sería suficiente para mantenerlos separados.

Y lo que comenzó como simple curiosidad... estaba a punto de cambiarlo todo.

NovelToon tiene autorización de Autor lucia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

Capítulo 17: Te odio

Quería salir de ahí.

No de la fiesta en general, sino de ese lugar. De ese segundo. De la imagen que no podía borrar de mi cabeza. No quería seguir viendo a Ryan con Ashlie. No quería pensar en por qué me dolía. No quería sentirme estúpida por algo que ni siquiera tenía sentido.

Respiré hondo. El aire olía a música, a alcohol, a risas. Todo mezclado. Demasiado.

Necesitaba irme.

Pero no podía simplemente desaparecer sin decir nada. Era la fiesta de Chelsy. Ella estaba feliz. Rodeada de amigos. Celebrando su cumpleaños. Y aunque yo me sintiera mal, no quería arruinar su noche.

Me acerqué a ella. Estaba sonriendo, hablando con alguien. Llevaba un vestido bonito, el tipo de ropa que la hacía ver radiante. No quería interrumpir, pero tampoco irme sin decir nada. Me incliné un poco para que me escuchara.

—Feliz cumpleaños —susurré—. Lo siento, pero tengo que irme. Después te cuento.

Ella parpadeó, confundida.

—¿Te vas? Pero apenas empezó la fiesta.

Sonreí, aunque no se sintió real.

—Sí. No es nada. Solo… cosas. Te prometo que luego te explico.

Chelsy frunció el ceño, preocupada.

—¿Estás bien?

Asentí.

—Sí. En serio. Diviértete.

No esperé más preguntas. No quería explicarlo. No podía.

Me di la vuelta y salí.

El aire afuera era más frío. Más silencioso. Pero no mejor. El dolor seguía ahí, pequeño y molesto, como una piedra en el zapato que no puedes ignorar. Caminé sin rumbo al principio, alejándome de la casa. Las luces de la fiesta se quedaron atrás, junto con la música y las risas.

No sabía por dónde ir.

Mi casa quedaba lejos. Demasiado para volver caminando sin perderme. Y el único con carro era Ryan. No podía pedirle que me llevara. No después de lo que había visto. No después de sentirme así.

Tragué saliva y seguí caminando. Quizá encontrara un camino. Quizá recordara por dónde vine.

El problema fue que, después de unas cuadras, no reconocí nada. Las calles se veían distintas de noche. Más grandes. Más vacías. Las casas no eran las mismas que recordaba. Me detuve un segundo, mirando alrededor.

¿Para dónde era?

No lo sabía.

Un nudo de ansiedad se formó en mi estómago. No me gustaba sentirme perdida. Peor aún, sola. Podía dar la vuelta, intentar volver a la fiesta, pero no quería. No ahora. Solo necesitaba seguir caminando hasta encontrar un lugar conocido.

Y entonces casi pasó.

Un ruido.

El motor de una motocicleta.

Giré la cabeza demasiado tarde. La luz del faro me cegó un segundo, y por instinto di un paso atrás. El vehículo pasó cerca, demasiado cerca, y el conductor frenó bruscamente.

—¡Oye, cuidado! —dijo una voz.

Parpadeé, aún confundida por la luz. Y cuando la visión volvió, lo vi.

Era Jack.

El mismo chico de la tienda de música. El mismo que me había dicho que estaba “hecha mierda” con esa franqueza molesta pero extrañamente sincera. El mismo que no parecía preocuparse por nada.

Me quedé quieta. Él también.

—¿Otra vez tú? —dijo, bajando la motocicleta con un movimiento ágil—. ¿Planeas matarte esta noche o solo estás probando suerte?

Lo miré, sorprendida. No había rabia en su tono, solo sarcasmo.

—No te vi —respondí.

Él levantó una ceja.

—Obvio. Porque cruzas la calle como si fuera tuya.

Fruncí el ceño.

—No estaba cruzando la calle.

—Bueno, casi lo haces. Y los autos no esquivan idiotas.

Parpadeé.

—Gracias por la amabilidad.

Jack soltó una risa corta, sin malicia.

—No es amabilidad. Es sentido común.

Quise responder, pero no encontré palabras. Estaba cansada. Perdida. Y todavía con ese dolor tonto en el pecho.

Él me observó un segundo, como evaluándome.

—¿Dónde vas?

La pregunta me descolocó.

—A casa.

—Eso ya lo vi. La cuestión es dónde queda tu casa. Porque no parece que sepas.

Apreté los labios.

—Sí sé. Solo… no recuerdo bien el camino.

Jack suspiró, exageradamente.

—Genial. Otra turista perdida.

Lo miré.

—No soy turista.

—Lo que sea. El punto es que vas para el lado equivocado.

Fruncí el ceño.

—¿Cómo sabes?

Él señaló con la cabeza.

—Porque llevo toda la vida por aquí. Y esa dirección no lleva a ninguna parte. A menos que quieras encontrarte con los basureros. En ese caso, felicidades. Misión cumplida.

No pude evitar soltar una risa corta. No fue fuerte, pero estuvo ahí. Y me sorprendió.

Jack me miró como si fuera algo raro.

—¿Te estás riendo?

—No.

—Sí lo hiciste.

—Fue un error.

Él sonrió apenas, como si fuera un triunfo pequeño.

—Mejor. Pensé que eras alérgica a la felicidad.

Negué con la cabeza.

—Eres idiota.

—Y tú estás perdida. Así que estamos a mano.

El comentario no fue cruel. Solo directo. Y, extrañamente, no me molestó tanto como debería.

Bajé la mirada.

—Solo quiero ir a casa.

Jack suspiró otra vez, esta vez sin sarcasmo.

—Bien. Súbete.

Parpadeé.

—¿Qué?

—Que te llevo. No voy a dejar que sigas caminando en círculos como un zombie. Además, si te pierdes de verdad, luego será mi culpa por no hacer nada. Y no necesito problemas.

Lo miré con desconfianza.

—No voy a subir con un desconocido en una motocicleta.

Él levantó las manos.

—Perfecto. Entonces sigue caminando. Pero cuando te pierdas otra vez, no vengas a llorar.

Me mordí el labio.

No quería aceptar. No quería depender de nadie. Pero tampoco quería seguir vagando sin rumbo. El dolor en el pecho seguía, y la idea de llegar a casa se sentía lejana.

Respiré hondo.

—No voy a llorar.

Jack sonrió.

—Eso dicen todos.

Suspiré.

—Está bien. Pero solo hasta una cuadra antes de mi casa.

—Trato.

Me acerqué a la motocicleta con duda. Nunca había montado en una. Me sentía ridícula. Vulnerable. Pero no tenía muchas opciones. Subí con cuidado.

—Agárrate —dijo Jack.

—No.

Él rió.

—Como quieras. Si te caes, no es mi problema.

No me agarré.

Y cuando la moto arrancó, el viento golpeó mi rostro. Fue extraño. Un poco liberador. Por un segundo, no pensé en la fiesta. No pensé en Ryan. No pensé en el dolor. Solo en el camino que se abría frente a mí.

Quizá no era la solución.

Pero era un comienzo.

1
Mary Ney
Más capítulos por favor ☺️ gracias escritora
Yelitza Goyo
interesante 🤔🤔
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play