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Los Gemelos Ocultos De Mi Esposo Mafioso

Los Gemelos Ocultos De Mi Esposo Mafioso

Status: Terminada
Genre:Mafia / Mujer poderosa / Reencuentro / Completas
Popularitas:832.5k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Lobelia

Victoria no huyó por falta de amor, sino por instinto de supervivencia. Al descubrir que el hombre que amaba, Dante Moretti, era el heredero de un imperio manchado de sangre, decidió que sus hijos no nacerían en una jaula de oro rodeada de enemigos. Cinco años después, bajo una identidad falsa y en la humildad de un pueblo costero, Victoria cría a León y Cristo. Los gemelos son el vivo retrato de Dante: poseen su mirada gélida y un temperamento indomable que ella lucha por suavizar.
​Dante, consumido por la amargura y la creencia de que Victoria lo abandonó por traición, ha pasado media década buscándola. Cuando una filtración de seguridad en su organización revela el paradero de su "única debilidad", Dante llega dispuesto a cobrar venganza. Sin embargo, el impacto de ver a dos pequeños guerreros con sus propios ojos cambia las reglas del juego. Ahora, Victoria debe volver al mundo que odia para proteger a sus hijos, mientras Dante descubre que el mayor peligro para su familia no está

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Capitulo 9

​La lluvia de la madrugada en San Vicente no era como las tormentas de Long Island; era una llovizna fina y persistente que calaba hasta los huesos, envolviendo el pueblo en una mortaja de neblina. Dentro de la cabaña, el silencio era tan frágil que el roce de una tela se sentía como un grito.

​Victoria no había dormido. Había pasado las últimas tres horas sentada en el borde de la cama, observando cómo el reloj de pared marcaba el fin de su anonimato. Sabía que Dante estaba afuera, en algún lugar de la oscuridad, esperando. Pero el instinto de una madre que huye no conoce la rendición, solo la pausa.

​—León, Cristo... despierten —susurró, moviéndolos con suavidad.

​Los niños abrieron los ojos al unísono. No hubo quejas ni ruidos de somnolencia. En sus pequeñas mentes, el juego del "viaje secreto" seguía en marcha. Victoria les puso las mochilas en silencio. Sus manos, antes hábiles para la costura, ahora torpes por el terror, apenas podían abrochar las correas.

​—Vamos a salir por la ventana del patio trasero —les indicó al oído—. No miren atrás. Pase lo que pase, sigan el camino de los pinos hasta el muelle.

​Subió a Cristo al alféizar primero. El niño saltó hacia la hierba mojada con la agilidad de un gato. León lo siguió, deteniéndose un segundo para mirar a su madre con una seriedad que le partió el alma. Victoria saltó después, sintiendo el barro frío tragarse sus zapatos. El aroma a tierra mojada y jazmín era lo último que quería recordar de ese lugar.

​Avanzaron agachados, pegados a la estructura de madera, evitando las zonas donde la luz de los faroles de la calle pudiera delatarlos. Victoria sentía el corazón martilleando en su garganta, cada latido una súplica al cielo. Estaban a solo diez metros del linde del bosque. Una vez allí, las sombras serían sus aliadas.

​Pero la libertad es un espejismo cuando el dueño del desierto ha decidido cerrar el paso.

​A mitad del jardín, una luz cegadora se encendió de golpe, cortando la neblina como una cuchilla quirúrgica. Luego otra, y otra más, hasta que el patio trasero quedó iluminado con una claridad artificial y violenta.

​Victoria se detuvo en seco, protegiendo a los gemelos con su cuerpo. El corazón se le cayó a los pies al ver las siluetas que emergían de la oscuridad. No era uno, ni dos. Una docena de hombres con trajes oscuros y armas largas formaban un semicírculo perfecto, cerrando cualquier posibilidad de huida. El brillo del metal bajo la lluvia era la confirmación de que la paz había muerto.

​—¡Atrás! —gritó Victoria, aunque sabía que no había lugar adonde ir.

​De entre las sombras de un viejo roble, una figura se materializó con la parsimonia de quien sabe que ya ha ganado la partida. Dante Moretti caminó hacia la luz, con un abrigo largo de cachemira oscuro que ondeaba ligeramente con la brisa. No llevaba armas; sus manos estaban hundidas en los bolsillos, y su rostro, iluminado por el resplandor de los focos, era una máscara de una frialdad absoluta.

​—Es una noche muy húmeda para un paseo, Victoria —dijo Dante. Su voz, aunque baja, cortó el sonido de la lluvia con una autoridad que hizo que los gemelos se tensaran.

​—Déjanos ir, Dante —suplicó ella, con la voz rota por la desesperación—. Tienes todo el poder del mundo, tienes el dinero, tienes el imperio. ¿Para qué nos quieres a nosotros? Solo seremos un recordatorio de lo que odias.

​Dante se detuvo a tres metros. La luz se reflejaba en sus ojos grises, dándoles un aspecto metálico, inhumano. Miró a León y a Cristo, quienes lo observaban con una mezcla de odio puro y esa curiosidad instintiva que los unía a él.

​—¿Lo que odio? —Dante soltó una risa seca, un sonido carente de cualquier rastro de humor—. Me tomó cinco años entender que lo que odiaba no era tu partida, sino el vacío que dejaste. Me convertiste en un rey sin herederos y en un hombre sin centro.

​Dio un paso al frente. Los hombres armados no se movieron, pero la presión en el aire aumentó.

​—Ya te dejé ir una vez, Victoria —continuó él, y esta vez su voz se volvió más profunda, cargada de una posesividad que la hizo temblar—. Hace cinco años, permití que el caos de esa noche me cegara y te perdí de vista. Fue el error más grande de mi vida. No habrá una segunda vez. No importa cuánto corras, no importa cuántos bosques cruces o cuántos nombres falsos te inventes. El mundo es pequeño para alguien con mis recursos, y tú eres demasiado importante para mi legado.

​León dio un paso al frente, apretando los puños.

​—No vamos a ir contigo —dijo el niño, con la voz firme a pesar de la lluvia que le empapaba el rostro—. Mamá no quiere.

​Dante miró a su hijo. En ese momento, no hubo desprecio por la insolencia infantil. Hubo un respeto retorcido.

​—León —dijo Dante, pronunciando el nombre con una extraña reverencia—, tu madre ha hecho un gran trabajo ocultándoles la realidad. Pero mírame. Mira a estos hombres. Mira este poder.

Este es el mundo al que pertenecen. No pueden esconderse de lo que llevan en la sangre.

​—¡Su sangre es mía! —gritó Victoria, abrazando a León por los hombros para atraerlo hacia ella—. ¡Yo los alimenté, yo los cuidé mientras tú estabas ocupado contando cadáveres y dinero sucio! ¡No te pertenecen!

​Dante se acercó más, ignorando las armas y la lluvia. Se detuvo justo frente a ella, tan cerca que Victoria pudo ver las gotas de agua deslizándose por su mandíbula afilada. Él extendió una mano y, con una suavidad que resultaba más aterradora que cualquier golpe, le apartó un mechón de cabello mojado de la frente.

​—Su sangre es de ambos, Victoria. Pero su futuro es mío —susurró él—. Puedes entrar en ese coche por tu propio pie y conservar el respeto de tus hijos, o puedo hacer que mis hombres los suban por la fuerza. No me obligues a ser el villano en su primer recuerdo de mí.

​Victoria miró a su alrededor. Estaba rodeada. Los gemelos la miraban, esperando una orden, una señal de esperanza que ella ya no podía darles. Vio la mirada de Cristo, analizando las armas con una fijeza inquietante, y la de León, listo para lanzarse a una pelea que no podía ganar.

​Comprendió que si seguía resistiéndose, el trauma para ellos sería irreversible. Dante no se detendría. Él no conocía la piedad cuando se trataba de lo que consideraba suyo.

​—Si vamos... —dijo Victoria, con las lágrimas mezclándose finalmente con la lluvia—, júrame que no los convertirás en lo que tú eres. Júrame que tendrán una opción.

​Dante la miró fijamente. Por un breve segundo, la máscara de acero flaqueó y ella vio al hombre que una vez le prometió el cielo antes de entregarle el infierno.

​—Te juro, Victoria, que tendrán todo lo que yo nunca tuve: un padre que los proteja y un imperio que nadie se atreva a tocar.

​Dante hizo una señal con la mano. Los hombres armados bajaron sus armas al unísono y se abrieron para formar un pasillo hacia el coche de lujo que esperaba al final del camino.

​Victoria tomó las manos de sus hijos. Estaban frías y húmedas. Los guio hacia el vehículo, sintiendo que con cada paso dejaba morir a la mujer sencilla que había logrado ser durante cinco años. Dante caminó a su lado, sin tocarla, pero su sombra la envolvía por completo.

​Al llegar a la puerta del coche, Dante la abrió personalmente. Victoria entró, seguida de los niños. Mientras el coche se alejaba de la pequeña cabaña bajo la lluvia, ella miró por el retrovisor. Su casa, su refugio, se desvanecía en la neblina.

​Dante, sentado a su lado en el silencio absoluto del vehículo blindado, no dijo nada. Pero por primera vez en cinco años, su mano buscó la de ella en la oscuridad del asiento trasero. Victoria no se la estrechó, pero tampoco la apartó. El "viaje secreto" había terminado; la estancia en la jaula de oro acababa de comenzar.

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Sandi Mil Sepulveda
Está novela no me pareció buena por qué empezó con un tema y en la mitad hablaba de otra cosa puede la escritora tener imaginación pero no sabe llevar bien las s hilos de la novela cambia mucho de contexto y me pareció un final muy aburrido no siguió con el hilo con el que empezó
Tita Reynoso
EXCELENTE!!!!!
Tita Reynoso
FELICITACIONES AUTORA, GRACIAS POR PUBLICAR TAN BONITA NOVELA, HUBO PARTES, QUE SUFRÍ CON LOS PROTAGONISTAS, PERO MUY TIERNA Y CON UN FINAL, QUE ES EL COMIENZO DE UN NUEVO CAMINO, EL INICIO DE LA PAZ, PARA EL GRUPO, SIN PERDER EL CONTROL PARA BIEN DE LAS SIGUIENTES GENERACIONES, MIL GRACIAS, LA SALUDO SOY TITA REYNOSO DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 🇦🇷 🇦🇷 🇦🇷 👏 👏 👏 👏 👏 ⭐🌹🌹🌹🌹🌹💖💖💖💖💖⭐⭐⭐⭐⭐
Tita Reynoso
León y Cristo están pendientes de su madre, son hermosos 👏👏👏👏👏
Tita Reynoso
VAMOS NIÑOS VALIENTES, DEFENDER A SU MADRE, ES UNA GRAN AVENTURA!!!!!! A PELEAR ESTRATÉGICAMENTE Y APOYAR A SU MADRE👏👏👏👏👏💪💪
Tita Reynoso
INTERESANTE, ESPERO QUE NO SEA DEMASIADO VIOLENTO, EL GUIÓN, ME GUSTA DE MOMENTO.🤔👏👏👏👏👏
Ana María Lastra
ya está bueno victoria, deja que Dante les enseñe algo del mundo que por herencia le corresponde, ellos no están ahí por casualidad,son hijos de mafiosos de un Don, así que colabora /Grimace//Smug//Smug//Smug//Slight/
Ana María Lastra
lo que se hereda, no se hurta, son de la dinastía legítima ☺️☺️☺️
Elvia Rosa Correa Hernandez
y no se supo de los traidores, que pasó con ellos.
Marcos.
Rosa
Elvia Rosa Correa Hernandez
muchos vacíos.
le falta mucho a esta historia.
la escritora debe revisar y complementar está historia
1234
hermosa novela te felicito cristora no despegues ni un segundo los ojos de leer la novela me gustó me encantó felicidades
Liliana Patricia Rendón Ríos
super me encanta así digan lo q digan y te contradigas me encanta esta novela x eso es novela para las q creen tener la razón de como escribes te felicito me encanta
Elvia Rosa Correa Hernandez
por que hablan de Dante?
no es Moretti?
Fernanda Fernández71
malísima la novela
Monica Torti
yo pensé que tendrían por lo menos una hija 🤔 perdona escritora pero no te leí más
Monica Torti
están en San Vicente y el cura y Marcos que pasa
Monica Torti
Tienen que ir al pueblo para aclarar lo de cura y Marcos????????
Monica Torti
y lo dejaron a Enzo no lo mataron 🤬🤬🤬
Monica Torti
cada capítulo más enredada
Monica Torti
esto cada vez se pone peor todo es al revés
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