Liam Volkov es un CEO implacable que cree que el dinero puede comprarlo todo, excepto la salud de su único heredero, el pequeño Ian, quien padece una enfermedad cardíaca degenerativa. Desesperado y tras haber despedido a diez especialistas, se cruza con la Dra. Elena Ríos, una cardióloga brillante, extrovertida y sin filtros que no le teme a sus gritos ni a su fortuna.
Mientras la villana, Sabrina Valois (la ambiciosa prometida de Liam), planea la "muerte accidental" del niño para heredar la fortuna Volkov, Elena se convierte en el escudo de Ian. Pero en el proceso de salvar la vida del pequeño, Elena terminará operando el órgano más difícil de tratar: el corazón de piedra de su padre.
NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 16
El eco de la crisis nocturna aún vibraba en las paredes de la mansión. El olor a ozono de los monitores y el rastro del miedo seguían flotando en el aire, pero para Liam, el mundo se había reducido a un pasillo frío y a la figura de una mujer que acababa de arrebatarle su hijo a la muerte.
En la biblioteca de la planta baja, bajo la luz mortecina de las lámparas de lectura, la enfermera Martha permanecía sentada, encogida, con las manos temblando sobre su regazo. Frente a ella, Liam Volkov no era el hombre de negocios que salía en las portadas de Forbes; era un depredador herido. Su esmoquin, ahora arrugado y sin corbata, lo hacía parecer más peligroso, como si hubiera mudado la piel de la civilidad.
—¿Quién fue, Martha? —La voz de Liam era un susurro que cortaba como un bisturí—. Tienes tres segundos antes de que llame al fiscal del distrito y me asegure de que no vuelvas a ver la luz del sol.
—Yo... yo no quería, señor —sollozó la enfermera, sin levantar la vista—. El niño es tan dulce... pero las deudas... mi madre está en un asilo y...
—¡NOMBRES! —rugió Liam, golpeando la mesa de caoba. El estruendo hizo que Martha saltara en su silla—. ¿Quién te pagó para administrar ese inhibidor? ¿Quién te dio las llaves para encerrar a la doctora Ríos?
Martha abrió la boca, el nombre de Sabrina bailando en la punta de su lengua. Pero entonces, recordó la mirada gélida de la prometida de Liam, la advertencia que le había hecho sobre "accidentes" que les ocurren a las personas que hablan demasiado. El miedo a Liam era inmenso, pero el miedo a la red de influencia de los Valois era un abismo oscuro.
—No lo sé —mintió Martha, rompiendo en un llanto histérico—. Fue a través de una cuenta anónima. Recibí las instrucciones por mensajes encriptados. Solo me dijeron que debía mantener al niño "tranquilo" y que la doctora Ríos era una amenaza para el tratamiento. Me pagaron por fuera, en efectivo... no sé quién es el jefe. Lo juro por mi vida, señor Volkov, ¡no lo sé!
Liam la observó con asco. Su instinto le decía que la mujer mentía por terror, pero también sabía que, legalmente, no podía sacarle más sin un interrogatorio policial que pondría en riesgo la privacidad de Ian.
—Fuera de mi vista —sentenció Liam—. Seguridad te escoltará fuera de esta propiedad. Si vuelves a acercarte a un hospital o a un niño, yo mismo me encargaré de que termines en una celda de dos por dos. Estás despedida. Y reza para que la doctora Ríos no decida presentar cargos por intento de homicidio, porque yo no moveré un dedo por ti.
Martha salió de la habitación escoltada, dejando a Liam solo con sus demonios. Él se hundió en su sillón de cuero, cubriéndose el rostro con las manos. La traición tenía un sabor amargo. Miró el frasco de "vitaminas" que aún estaba sobre la mesa. La duda sobre Sabrina seguía ahí, como una sombra
persistente, pero sin una confesión directa, se sentía atrapado en una red de seda y acero.
Elena estaba en la habitación de Ian, sentada en una silla junto a la cama, observando el ascenso y descenso regular del pecho del niño. Estaba exhausta; sus pies vendados le pulsaban con un dolor sordo y sus manos aún temblaban por la descarga de adrenalina. Cuando escuchó los pasos de Liam, no se movió.
Él se detuvo en el umbral. Se quedó allí un minuto entero, simplemente observándola. Vio la mancha de sangre en su pijama, el cabello desordenado y la forma en que su cuerpo se inclinaba protectoramente hacia Ian. Sintió una punzada de vergüenza tan profunda que le costó dar el primer paso.
—Se ha ido —dijo Liam, entrando en la habitación.
Elena se giró lentamente. Sus ojos castaños, usualmente llenos de fuego, estaban empañados por el cansancio.
—¿Confesó?
—Confesó que le pagaron. Pero dice que no sabe quién. Teme por su vida, Elena. Es una cobarde que prefiere el silencio a la redención —Liam se acercó a ella, deteniéndose a una distancia respetuosa—. Ya he reforzado la seguridad. A partir de ahora, solo el personal que tú apruebes podrá entrar aquí.
Elena soltó una risa seca, sin rastro de alegría.
—Tarde, Liam. Casi llegamos tarde.
Liam bajó la cabeza. El silencio se volvió pesado, cargado de todas las palabras que él no había dicho durante semanas. Finalmente, dio un paso más y, por primera vez, eliminó la barrera de su estatus. Se arrodilló frente a la silla de Elena, quedando por debajo de su nivel visual. Era un acto de sumisión absoluta.
—Elena... —comenzó él, y su voz tembló de una forma que ella nunca habría imaginado—. No tengo palabras para disculparme. Fui un ciego. Me dejé cegar por las apariencias, por la comodidad de lo que creía correcto. Te traté como a una empleada sospechosa cuando tú eras la única persona que realmente estaba peleando por mi hijo.
Él le tomó las manos. Las manos de Elena estaban frías, pero él las envolvió con las suyas, buscando transmitirle un calor que él mismo sentía que le faltaba.
—Perdóname por haber dudado de ti. Perdóname por haberte encerrado. Si Ian está vivo, es por tu valentía, no por mi dinero. Me equivoqué en todo.
Elena lo miró y vio al hombre real. No al CEO, no al heredero, sino al padre que acababa de asomarse al precipicio y se dio cuenta de que estaba solo. La rabia que ella había sentido empezó a disolverse, reemplazada por una compasión que la asustaba.
—No necesito tus disculpas formales, Liam —susurró ella, acariciando con el pulgar el dorso de la mano de él—. Necesito que entiendas que en esta casa, el mayor peligro no son las bacterias o los virus. Son las personas que sonríen mientras sostienen un veneno.
—Lo sé —respondió Liam, mirándola a los ojos con una intensidad eléctrica—. Y por eso, ya no te veo como la doctora que contraté. Eres mi única aliada, Elena. La única persona en la que confío para proteger lo que más amo. Por favor... no me dejes solo en esto.
En ese momento, la tensión entre ambos cambió de naturaleza. Ya no era la fricción de dos enemigos, sino la atracción de dos náufragos que han encontrado una balsa común. Liam no soltó sus manos; al contrario, las llevó a sus labios y besó sus nudillos con una reverencia que hizo que a Elena se le cortara la respiración.
—Me quedaré —dijo Elena, con el corazón latiéndole con una arritmia propia—. Pero no por el contrato, ni por la donación al hospital. Me quedo por Ian. Y porque alguien tiene que vigilarte a ti también, para que no vuelvas a perder el rumbo.
Liam sonrió de medio lado, una sonrisa cansada pero genuina. Se puso de pie, pero no se alejó. Se quedó allí, en el espacio personal de ella, respirando el mismo aire cargado de promesas silenciosas.
—A partir de mañana, todo cambia —dijo Liam—. Sabrina no volverá a entrar en esta habitación. Y tú... tú tendrás las llaves de todo. No solo de la farmacia, sino de esta casa.
Elena asintió, sintiendo que una nueva etapa comenzaba. La verdad estaba a medias porque el nombre de Sabrina no había salido de los labios de la enfermera, pero en el corazón de Liam, la sospecha ya era una certeza.
Se quedaron los dos allí, en silencio, velando el sueño de Ian. Liam le puso una mano en el hombro y Elena, por primera vez, no se tensó. Se apoyó ligeramente en él, aceptando ese apoyo silencioso. La guerra contra las sombras de la mansión Volkov no había terminado, pero ahora, el CEO y la doctora ya no estaban en bandos opuestos. Eran una unidad, un frente común contra la oscuridad que acechaba en los pasillos de seda.
😍😍😍
😃
😳😳😳
👏🏼👏🏼👏🏼
Demuestra que es una persona fiel a sus principios y a sí misma.
😱😱😱
🤬🤬🤬