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Destellos De Traición

Destellos De Traición

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Reencuentro / Venganza
Popularitas:8.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Abigail ha pasado años tallando la vida perfecta: una carrera prestigiosa como diseñadora de joyas de alta gama y un matrimonio que creía inquebrantable con Julián. Sin embargo, la perfección se astilla cuando descubre que su esposo y Mónica, su mejor amiga y socia, no solo mantienen un romance clandestino, sino que han estado conspirando para robar sus diseños y dejarla en la quiebra.
​En medio del colapso de su mundo, reaparece Sebastián, un antiguo amor de la juventud que ahora es un magnate de la industria minera de gemas. Mientras Abigail planea su venganza —una tan fría y elegante como un diamante—, deberá decidir si permite que el fuego del pasado con Sebastián purifique su corazón o si las heridas de la traición la han vuelto tan dura e impenetrable como la piedra que diseña

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 17

​El edificio de Sterling & Co. se erguía contra el cielo de la mañana como un monumento a la sofisticación, pero para Abigail, cruzar el vestíbulo de mármol se sintió como entrar en una fosa común de lealtades muertas. Llevaba un traje sastre color perla, una elección deliberada: quería parecer suave, casi descolorida, una mujer que finalmente se había rendido al peso de las circunstancias.

​Al entrar en la oficina compartida, el silencio se instaló como una neblina pesada. Julián y Mónica estaban inclinados sobre una mesa de luz, revisando lo que ellos creían que eran los diseños finales para la firma francesa.

​—Buenos días —dijo Abigail, su voz era un hilo de seda, carente de cualquier arista de reproche—. He traído algunos archivos que faltaban en el inventario.

​Julián se irguió, ajustándose los puños de la camisa con ese aire de gallo de pelea que ahora a Abigail le resultaba patético.

—Abby, no esperábamos verte hoy. Pensé que te tomarías el resto de la semana para... asimilar las cosas.

​—El trabajo es el mejor refugio, Julián —respondió ella, caminando hacia su escritorio con una parsimonia estudiada—. Mónica, espero que el desarrollo de la colección vaya bien. No quisiera ser un estorbo.

​Mónica soltó una risita nerviosa, acomodándose el collar de zafiros que, convenientemente, hoy llevaba oculto bajo una blusa de cuello alto.

—Para nada, Abigail. Tu guía siempre es... inspiradora

​Mientras ellos volvían a sus murmullos, Abigail se sentó en su silla de cuero. Con movimientos lentos y precisos, abrió su bolso y extrajo una pequeña agenda de piel. Dentro, camuflado en el lomo, se encontraba un dispositivo de grabación de alta sensibilidad proporcionado por Elías Thorne.

​Con una calma que le helaba la propia sangre, deslizó el dispositivo en la ranura oculta de la base de su lámpara de escritorio, un lugar que ella misma había diseñado años atrás. Luego, activó la sincronización con su teléfono móvil bajo la mesa.

​Estar en la misma habitación con ellos era un ejercicio de resistencia física. Abigail sentía una náusea constante, un impulso primario de gritarles la verdad en la cara, de arrancar ese collar del cuello de Mónica y de abofetear la suficiencia de Julián.

​Sin embargo, lo que proyectaba era una apatía melancólica. Se obligó a mirar unos bocetos antiguos, fingiendo que se le escapaba una lágrima que rápidamente limpió con un pañuelo. Necesitaba que ellos la vieran derrotada. La soberbia de Julián se alimentaba de su supuesta debilidad; cuanto más rota pareciera ella, más descuidado se volvería él.

​Cerca del mediodía, Abigail anunció que saldría a almorzar sola.

—Necesito aire fresco. Volveré en un par de horas —dijo, cerrando su oficina pero dejando la conexión de audio abierta en sus auriculares inalámbricos mientras caminaba hacia el ascensor.

​Apenas se cerraron las puertas del elevador, el audio cobró vida en sus oídos.

​"¿Se ha ido?", se escuchó la voz de Mónica, ahora despojada de su tono sumiso.

"Sí, está acabada, Mónica. ¿Viste sus ojos? Ya ni siquiera pelea. Es como un animal herido esperando el final", respondió Julián con una frialdad que hizo que Abigail apretara los dientes.

​"Me pone nerviosa tenerla aquí, Julián. ¿Y si sospecha algo de los diamantes de ese tal representante suizo?"

​"No sospecha nada. Está demasiado ocupada llorando por los rincones. Mañana firmaré el traspaso de los fondos para el primer lote de gemas. Una vez que esas piedras estén en nuestro poder y los franceses vean el prototipo, Sterling será solo un recuerdo y nosotros estaremos en un avión hacia Lyon".

​Abigail se detuvo en la acera, frente a un escaparate, simulando revisar su teléfono. El audio era nítido. Julián empezó a detallar cómo pensaba "inflar" los costos de producción de la colección inexistente de Abigail para justificar el desvío de capital hacia la compra de los diamantes en bruto de Sebastián.

​Era una confesión completa de administración desleal y fraude corporativo.

​"¿Y qué haremos con ella cuando la cláusula expire?", preguntó Mónica.

"Le dejaremos la casa. Es lo menos que puedo hacer por la mujer que me hizo millonario.

Además, sin la marca, no tendrá dinero para mantenerla. Acabará vendiéndola y desapareciendo. Es lo mejor para todos".

​Abigail cortó la grabación. No temblaba. Al contrario, sentía una energía eléctrica recorriéndole las venas. La confirmación de que Julián planeaba dejarla en la calle, "por su propio bien", eliminó cualquier residuo de duda sobre la agresividad de su contraataque.

​Regresó a la oficina una hora después, llevando una bolsa de una librería.

—He comprado algunos libros de arte —le dijo a Julián con una sonrisa lánguida—. Creo que necesito volver a las bases.

​—Me parece excelente, Abby. Tómate todo el tiempo que necesites —respondió él, dándole una palmada condescendiente en el hombro.

​Antes de que terminara la jornada, Mónica cometió un error táctico. Dejó su tableta desbloqueada sobre la mesa de juntas mientras iba al baño. Abigail, aprovechando que Julián estaba al teléfono, se acercó con la rapidez de una sombra. No buscó fotos; buscó la carpeta de "Enviados".

​Allí estaba el correo de confirmación a la firma L'Eclat. Adjunto iba el cronograma del desfile que ellos planeaban usurpar. La fecha coincidía exactamente con el límite de los 30 días de la cláusula.

​Abigail tomó una foto de la pantalla con su móvil y volvió a su lugar justo cuando Mónica regresaba.

​Al final del día, Abigail se despidió de ellos con una cortesía impecable. Julián y Mónica se quedaron en la oficina, probablemente brindando por lo fácil que estaba siendo engañarla.

​Ya en su coche, Abigail reprodujo de nuevo la grabación. La voz de Julián diciendo "es como un animal herido" resonó en el habitáculo. Ella miró su reflejo en el retrovisor. Sus ojos no eran los de un animal herido; eran los de un depredador que acababa de descubrir el punto exacto donde la yugular de su presa estaba más expuesta.

​—Sigue creyendo que estoy acabada, Julián —susurró Abigail, encendiendo el motor—. Porque esa confianza es lo único que me falta para quitarte hasta el aire que respiras.

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Marjorie Pogo
Esta super entretenida.... Es lindo ver como uno no se deja vencer por malas personas en las que uno confío eso a uno lo vuelve más fuerte☺️..... Quiero seguir leyendo hasta el final... Actualicenla pronto 🤭🥰
Ana Leidi Reinosolappot
👏☺️
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