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Las órdenes privadas de mi jefe

Las órdenes privadas de mi jefe

Status: Terminada
Genre:Oficina / Romance de oficina / Amor a primera vista / Romance oscuro / Amor platónico / BDSM / Completas
Popularitas:206.8k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Fabiana Luna

Alegra Vega creía que el peor peligro de trabajar para Alejandro Montero era su carácter frío y autoritario. Hasta que entró en su estudio secreto y encontró decenas de pinturas de ella: arrodillada, vendada y completamente entregada.
Él la sorprendió con el cuaderno abierto.
—Cierra la puerta.
Alegra obedeció.
Lo que comienza con pintura sobre la piel pronto se convierte en órdenes, seda, palmadas, placer contenido y noches en las que su jefe deja de fingir que no desea poseerla. Pero el verdadero escándalo llegará cuando la tensión abandone el estudio y termine sobre el escritorio del hombre más poderoso de la empresa.

NovelToon tiene autorización de Fabiana Luna para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

Capítulo 5: Café a las 8:15

Alegra llegó a la oficina a las siete y media con un café para Alejandro en una mano y un elote preparado en la otra.

El elote era para ella. Lo había comprado en el puesto del metro y no había podido resistirse. Le echó limón, chile en polvo y una cantidad indecente de mayonesa, y se lo fue comiendo en el elevador con la expresión solemne de alguien que comete un crimen menor y lo disfruta.

Si mi mamá me viera comiendo esto a las siete de la mañana, me deshereda. Aunque para desheredarme tendría que tener algo que heredarme.

Se limpió los dedos con una servilleta antes de entrar a la antesala y colocó el café exactamente en la esquina del escritorio de Alejandro, sobre un posavasos que ella misma había traído de su casa. Dos de azúcar. Sin leche. A las 8:15 en punto.

A las 8:17, él entró a la oficina. Saco gris oscuro, camisa blanca, corbata que Alegra no supo identificar pero que probablemente costaba más que su renta. Pasó frente a su escritorio sin mirarla.

—Buenos días, señor Montero.

—Buenos días.

Entró a su despacho. Alegra lo observó a través del cristal: dejó su maletín, se sentó, vio el café. Lo tomó sin comentarios. Lo bebió mientras leía algo en la pantalla.

No dijo gracias.

Alegra no se lo tomó personal. Ya empezaba a entender que con Alejandro Montero, la ausencia de crítica era el elogio más alto.

La rutina se instaló con la precisión de un mecanismo de relojería.

Café a las 8:15. Agenda a las 8:30. Documentos clasificados por prioridad sobre su escritorio antes de las nueve. Almuerzo —pedido al restaurante de abajo, siempre proteína con verduras, sin carbohidratos extra— a las dos en punto. Si había juntas, ella preparaba la sala. Si había llamadas, ella filtraba. Si él necesitaba algo, le enviaba un mensaje de una línea por el sistema interno. Nunca más de cinco palabras.

"Café."

"Sala 3 a las 4."

"Cancela Monterrey."

"El reporte."

"Gracias."

Ese último aparecía con frecuencia suficiente para que Alegra empezara a coleccionarlos mentalmente, como quien junta estampitas. Un "gracias" de Alejandro Montero valía, en su economía interna, lo que un discurso de agradecimiento de cualquier otro ser humano.

La segunda semana, se atrevió a hacer algo que no estaba en ningún manual de protocolo secretarial.

Le dejó una galleta junto al café.

Era una galleta de mantequilla, comprada en la panadería de la esquina, envuelta en una servilleta. No tenía nota. No tenía explicación. Era solo una galleta al lado de un café.

Esa mañana, Alegra observó a través del cristal cómo Alejandro entraba, veía el café, veía la galleta. Se detuvo un segundo. Tomó el café. No tocó la galleta.

Error. Demasiado informal. Demasiado atrevida. Va a pensar que soy una ridícula.

Al final del día, cuando Alegra recogió la taza vacía del escritorio, la galleta no estaba.

No quedaba ni una migaja.

Los días pasaron y Alegra aprendió a leer a su jefe como se lee un idioma sin gramática: por intuición, por repetición, por los silencios entre las palabras.

Aprendió que cuando se aflojaba la corbata, estaba cansado. Cuando giraba el bolígrafo, estaba irritado. Cuando se levantaba a mirar por el ventanal con las manos en la espalda, estaba pensando en algo que no tenía que ver con el trabajo.

Y cuando la puerta del estudio se cerraba y el olor a pintura se filtraba por debajo, significaba que algo lo estaba consumiendo por dentro.

No preguntaba. No comentaba. Simplemente registraba, como una estación meteorológica que mide la presión sin juzgar la tormenta.

El jueves de la segunda semana, Alegra estaba terminando de archivar unos contratos cuando Héctor apareció con su energía habitual.

—¿Ya comiste? —preguntó, apoyándose en su escritorio.

—Traje de mi casa.

—¿Qué trajiste?

—Chilaquiles que me sobraron de ayer.

—Hoy no. Hoy vamos por esquites. Necesito contarte algo.

Héctor la sacó de la oficina con la eficiencia de un secuestrador que ha hecho esto muchas veces. Afuera, sentados en la banca de un parque corporativo que parecía diseñado para que nadie se sentara en él, Héctor le habló bajito.

—¿Le dejaste una galleta en el escritorio?

Alegra se tensó. —¿Cómo sabes?

—Porque hoy me preguntó —Héctor imitó la voz de Alejandro, bajando el tono hasta que sonó como el rumor de una corriente subterránea—: "¿Tú le dijiste que me dejara una galleta?"

—¿Y qué le dijiste?

—Le dije que no tenía idea. —Héctor se comió un esquite con una sonrisa—. ¿Sabes qué es lo interesante? No me dijo que le molestara. Solo preguntó.

—¿Y eso qué significa?

—Significa que se la comió, le gustó y quiere saber quién tuvo la audacia. —Héctor la miró—. Sigue dejándolas.

Alegra frunció el ceño. —No quiero que piense que estoy tratando de...

—¿De qué? ¿De ser amable? ¿De tratarlo como a un ser humano? Niña, ese hombre lleva trece años rodeado de gente que le tiene miedo o que quiere algo de él. Tú le dejaste una galleta. Es lo más humano que le ha pasado en meses.

Alegra no supo qué responder a eso. Se comió su esquite en silencio, pensando en un hombre que pintaba solo en un cuarto cerrado y que se comió una galleta de mantequilla sin decir una palabra.

Al día siguiente, dejó otra galleta. De chocolate esta vez.

Cuando recogió la taza al final del día, la galleta había desaparecido. Y junto al posavasos, algo que no estaba ahí antes: la servilleta, doblada en cuatro, con una sola palabra escrita en tinta negra, con una caligrafía tan precisa que parecía impresa:

"Gracias."

Alegra se guardó la servilleta en el bolsillo del blazer. No supo por qué.

Esa noche, antes de irse, pasó frente a la oficina. Las luces estaban encendidas. La puerta del estudio, cerrada. El olor a pintura era más fuerte que de costumbre.

Se detuvo un momento en el pasillo, mirando la rendija de luz bajo la puerta.

Pinta mucho esta noche. ¿Qué lo estará alterando?

Sonrió para sus adentros, sacudió la cabeza y caminó hacia el elevador.

A su espalda, en el estudio, Alejandro Montero dejó el pincel sobre la mesa. Se miró las manos: manchadas de azul y ocre. Miró el papel frente a él. Una silueta. Caderas anchas. Una sonrisa apenas esbozada. Hoyuelos.

Era la cuarta vez que pintaba el mismo rostro esa semana.

Se pasó la mano por la cara, dejándose una línea de pintura en la mejilla. Cerró los ojos.

—Basta —se dijo.

Pero no arrancó el papel. Lo dejó secar con los demás, boca abajo, como un secreto que aún no estaba listo para ser descubierto.

En el escritorio de afuera, junto a la taza vacía, la ausencia de la galleta de chocolate era la única evidencia de que Alejandro Montero era capaz de querer algo que no estaba en su agenda.

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Alba Hurtado
esta es diferente estoy encantada con tu atrapante novela esta el deseo🔥🔥de ellos la tranquilidad de el,estamos como cuando vemos peliculas de 😱 terror😨😱 el tan tan tan y llega el zarpazo el golpe 💛💙❤️🌹🇨🇴🌹
Alba Hurtado
esto esta que arde ,el esta tranquilo y ella ansiosa gracias por compartir tan atrapantenovela 💛💙❤️🌹🇨🇴🌹🇨🇴🌹
Alba Hurtado
eso digo yo estan en modo 🛩️✈️ avion estaticos cuando arranquen van hacer fuegos artificiales calentura sabrosura 💥⚡✨🔥
Alba Hurtado
esta comiendo todo lo que cocina y hector es metiche, 👀👁️👁️🤪🤣todo lo sabe me encanta el con su picardía buen humor,y ser mejor amigo del hombre frio igual al 🧊🧊 hielo,
esta de infarto cardiaco buenisima diferente tierna,como habra sido la niñez de el ,hay es donde nace la personalidad del adulto,lo que nos hacen en la niñez. queda el trauma 💛💙❤️🌹🇨🇴🌹
Alba Hurtado
me encanta hector chismoso🤣🤪 el los va a juntar,estan lentos,💛💙❤️🌹🇨🇴🌹
Alba Hurtado
estos dos tienen ✨✨ chispas quimica ella tiene la feromona de el,el olor a perfume ,estos estan tragados enamorados y no lo saben,🤪🤣🤪🤣estan como 🌋💥⚡ OMG WOW WOW volcan una chispa y sale lava ardiente calor🌋💥⚡✨🔥🔥🔥💨,esta de ataque cardiaco,muy buena entretenida cada capitulo mejor 💛💙❤️🌹🇨🇴🌹
Alba Hurtado
porque se preocupan si son primos miren la novela💛💙❤️
Alba Hurtado
le gusta alegra pero porque tendra el 👁️👁️ cuerpo frio sera asi todo lo tiene frio🤪🤣🤪🤣💛💙❤️🌹🇨🇴🌹
Chela Guidoni
todavía No entiendo tu novela,se me hace pesada
Gilma Mateus
Muy bonita historia, felicitaciones escritora, gracias por compartirla. Éxitos en tus propios trabajos.
Lorena Correa
Dios miooo!!!se hace insoportable, díganme en que capitulo se pone buena, yo he leído novelas pesadas y las he leído hasta el final porque confío en que la autora la leyó antes de subirla y en algún momento se pone buena, pero esra la verdad ya no se si en algún momento cambia , le voy a dar un par de capítulos mas y sino la dejo, me esra secando la cabeza
Sylvia Farias
me gustó el principio y los últimos capitulos fue muy monótona en el desarrollo,fue leer algo distinto
Fanny Guerra
si ya que pase estoy anciosa
Fanny Guerra
si ya que pase estoy anciosa
Esther💞🥰
acá donde vivo hemos llegado a los 38°c y sensación térmica de 45°🫣
Esther💞🥰
nueva historia, voy a leer que me depara, primer capítulo y estuvo súper bueno😊
Rubi Salgado 🇲🇽
no hay nadie 🔥🔥🔥🔥🔥 ni de 🥵🥵🥵🥵🥵🥵. 😔😔
Mariela Velazquez
Bonito. por fin una historia sin tanta maldad. gracias lo disfruté
Gilma Mateus
Escritora me encanta como escribes, también pintas la historia, hermoso, felicitaciones y gracias por deleitarnos con tan bonita historia.
Lorena Correa
si, Dios que pesada se esta poniendo!!!
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