Marcos Castro, el implacable director de Apex Dynamics, cree que el control lo es todo hasta que la humilde camarera Sara tropieza con él. Ella trabaja sin descanso para pagar deudas médicas y posee una dignidad inquebrantable que fascina a Marcos, desatando en él una peligrosa obsesión.Para acercarse, él le ofrece empleo en su empresa. Sin embargo, Sara desconfía de los ricos y rechaza sus lujos, obligando al magnate a bajarse de su pedestal para ganarse su corazón. Entre el orgullo y una pasión salvaje e incontenible, ambos inician un intenso juego de seducción.La situación se complica cuando los secretos del pasado de Sara salen a la luz y un enemigo corporativo intenta usarla para destruir la compañía. El hermético empresario tendrá que decidir si es capaz de quemar su propio imperio con tal de proteger a la mujer que se convirtió en su dulce perdición.
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CAPITULO 17. EL BLINDAJE DEL HEREDERO
Marcos Atelier avanzó los últimos metros por el pasillo de cristal con una pesadez imponente que hacía crujir el ambiente de la planta ejecutiva. Su mirada gélida y fija ignoró por completo las explicaciones del funcionario del juzgado. Se inclinó sobre el mostrador de recepción y, con un movimiento rápido e implacable de su mano grande y de venas marcadas, barrió las copas y los papeles de la notificación judicial del suelo, recogiéndolos con una furia gélida contenida.
Acto seguido, se plantó frente al procurador, acorralando su espacio físico con su complexión robusta y sus hombros anchos. El aroma a cuero negro y cedro ahumado que desprendía parecía haberse transformado en un aura de peligro absoluto.
—Ya ha entregado la notificación, señor. Su trabajo aquí ha terminado —sentenció Marcos con su profunda voz barítona, un tono tan bajo, rasposo y peligroso que hizo que el funcionario del juzgado diera un paso atrás de inmediato—. Coja su maletín y abandone este edificio ahora mismo. Si en sesenta segundos sigue en esta planta, ordenaré a los mecánicos del taller del hangar tres que lo saquen a la calle de forma física. No vuelva a pisar Apex Dynamics.
El procurador, pálido por el miedo absoluto ante el carácter del directivo, asintió torpemente con la cabeza, recogió sus cosas a toda prisa y se deslizó hacia las puertas del ascensor privado, desapareciendo en mitad del silencio sepulcral del pasillo.
Marcos no perdió un solo segundo. Se giró hacia el suelo de la recepción, donde Sara seguía de rodillas, sollozando de forma desgarradora con el rostro oculto entre las manos, arrugando la blusa de satén azul noche contra su pecho. Lucía permanecía abrazada a ella, con los ojos claros empañados en lágrimas de pura impotencia fraternal.
Sin mediar palabra, Marcos se agachó. Con una fuerza física descomunal y una delicadeza extrema, deslizó sus brazos fuertes por debajo de las rodillas y la espalda de Sara, alzándola en vilo con una soltura pasmosa. El contacto con el cuerpo tembloroso de la joven encendió el instinto ultraprotector del heredero a niveles que jamás había calculado. Caminó a zancadas hacia el interior de su despacho principal de nogal, flanqueado por Lucía, que cerró la pesada puerta de madera noble con un golpe seco que restableció el blindaje y el secreto de la estancia.
Depositó a Sara con un cuidado infinito en el inmenso sofá de piel negra del fondo de la oficina. Se arrodilló de inmediato en la alfombra frente a ella, quedando a la altura de sus ojos color miel. Le tomó las manos frías entre las suyas grandes y firmes, infundiendo un calor abrasador que desafiaba el pánico de la joven.
—Sara... mírame. Escúchame bien. Estás bajo mi techo, mírame a los ojos —le ordenó Marcos con un murmullo ronco, usando sus dedos para levantarle la barbilla pálida—. Ese cobarde no te va a arrebatar a Matías. Te lo juré el lunes en el coche y te lo repito hoy frente a mi hermana: nadie va a tocar a tu hijo mientras yo respire en esta ciudad.
Sara levantó su mirada color miel, empañada en lágrimas de una angustia desgarradora, y le enseñó los papeles arrugados de la demanda de custodia.
—La demanda es horrible, Marcos... —sollozó Sara con una voz pastosa y quebrada por el llanto—. Los abogados de Julián alegan que soy una madre incapaz, que mi precariedad económica y el haberme mudado de barrio demuestran inestabilidad. Tienen un bufete agresivo detrás, Marcos... Van a ir al juzgado a pedir medidas cautelares para quitarme a mi bebé el mes que viene. Si pierdo a Matías, me muero... prefiero morirme antes de que ese hombre se lo lleve.
Lucía se sentó al lado de ella en el sofá de piel, tomándola por los hombros con una firmeza impecable. La joven asistente miró a su hermano mayor, analizando el fajo de documentos, y metió baza con una seriedad nítida que rompió el protocolo de las oficinas de forma definitiva.
—Marcos, esto no tiene ningún sentido —intervino Lucía, con una claridad absoluta—. Julián es un muerto de hambre, un miserable de la periferia que no tiene ni un céntimo donde caerse muerto. Es imposible que pueda costear las tarifas del bufete de abogados que firma esta demanda. Alguien muy poderoso está detrás de él,外部financiando todo esto desde las sombras para hacernos daño a través de Sara.
Marcos enderezó la espalda muy despacio, sintiendo que una furia gélida y analítica tomaba el control de sus pensamientos. Su hermana tenía toda la razón. Julián era una simple marioneta. Para plantarle cara a esta amenaza, la dinastía familiar tenía que actuar unida desde el primer minuto. Marcos caminó hacia su escritorio de nogal, tomó su teléfono móvil privado y marcó el número de la casa de sus padres. Tardó solo un tono en escuchar la voz cálida de su madre, Monique.
—¿Mamá? Necesito un favor muy importante —comenzó Marcos, con su profunda voz barítona vibrando con una gravedad que encendió de inmediato las alarmas de Monique—. Quiero que tú y papá organicéis una cena familiar en casa para esta misma noche. Avisa a mi tío Luke, a mi tía Katerina, y a mis primos Alexander y Daniel. Tenéis que estar todos, al completo. Voy a llevar a dos personas conmigo y tengo que hablar de un asunto de extrema gravedad con la familia.
Al cortar la comunicación, regresó al sofá y se arrodilló de nuevo frente a Sara, tomando su rostro almendrado entre sus manos grandes. El aroma a cuero negro y menta salvaje de él la envolvió por completo, devolviéndole la última pizca de fe que el pánico le había arrebatado.
—La ley del secreto en esta oficina se ha terminado, Sara —sentenció Marcos con una fijeza oscura y posesiva en sus pupilas—. Esta noche vas a venir conmigo y con Matías a casa de mis padres. Toda mi familia se va a enterar de lo que siento por ti a partir de este segundo, y te vamos a blindar con el escudo más poderoso de esta ciudad. Mi tío Luke y mi primo Alexander son los abogados más implacables del país y activarán toda su maquinaria. No estás sola en este abismo, Sara. Agacha esa barbilla orgullosa solo para apoyarte en mi pecho, porque te juro por el honor de los Atelier que nadie te va a separar de tu hijo.
Sara asintió en silencio, rompiendo a llorar de puro alivio humano y entregándose por completo a la firmeza de su abrazo, mientras Marcos la estrechaba contra su pecho robusto. Las cartas estaban sobre la mesa; el pacto de confidencialidad de la oficina daba paso a un blindaje familiar absoluto, preparando el terreno para una reunión en el hogar de Brandon y Monique que cambiaría el destino familiar.