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Amarte Es Mi Perdición

Amarte Es Mi Perdición

Status: Terminada
Genre:Casada Con Mi Ex's Familiar / Amante arrepentido / Venganza / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

A solo tres semanas de pronunciar el «sí, quiero» ante el altar, la vida de Valery Lezcano vuela en pedazos. Su prometido, Adrián, se ha esfumado la noche anterior, escapando con quien solía ser su mejor amiga. Expuesta al escarnio público y con el orgullo roto frente a cientos de invitados, Valery se prepara para el peor colapso de su vida. Pero el desastre toma un giro inesperado cuando Marcos Sánchez da un paso al frente.
Marcos, el implacable, gélido y peligrosamente atractivo hermano mayor de Adrián, no está dispuesto a permitir que el apellido familiar se hunda en el fango. Con una mirada calculadora y una propuesta audaz, le ofrece un trato salvaje: casarse con él en ese mismo instante, unir sus fuerzas y orquestar una fría e implacable venganza contra los traidores.
El plan roza la perfección absoluta. Adrián se verá obligado a ver a su ex prometida del brazo del único hombre al que siempre ha temido y envidiado.

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Capitulo 17

La luz difusa del amanecer comenzó a filtrarse por los inmensos ventanales del ático, tiñendo las sábanas de seda gris con destellos dorados y malvas. El silencio de la mañana era absoluto, roto únicamente por el ritmo acompasado de una respiración profunda.

Valery abrió los ojos lentamente, emergiendo de un sueño profundo y sin perturbaciones, algo que no experimentaba desde hacía meses. Lo primero que sintió fue el calor. Un calor denso, magnético y abrumador que la envolvía por completo. Estaba atrapada —de la forma más deliciosa imaginable— contra el pecho firme y desnudo de Marcos.

Él la rodeaba con un brazo pesado y protector, con la mano firmemente anclada en su cintura, manteniéndola pegada a su anatomía con esa posesividad innata que ya no era una actuación para la junta directiva ni para Estela. La pierna de Marcos estaba entrelazada con las de ella, atrapando su cuerpo mojado por la complicidad de la noche anterior bajo una fortaleza de lino y deseo. Valery podía sentir el latido constante y fuerte del corazón de su esposo justo contra su mejilla, un recordatorio rítmico de la entrega absoluta que había consumido la penumbra de la habitación pocas horas antes.

Durante unos minutos, se permitió simplemente flotar en la sensación. Recordó la tormenta, el corte de luz, el pánico que la había empujado a sus brazos y cómo la fricción del frío y la lluvia se había evaporado para dar paso al fuego definitivo. Recordó la devoción en los ojos oscuros de Marcos, la intensidad de sus besos y la forma en que la había hecho sentir verdaderamente deseada y correspondida en el plano más íntimo.

Pero entonces, como un balde de agua helada, la realidad y la razón comenzaron a abrirse paso a través de la neblina del placer.

*Un Sánchez.*

La palabra resonó en su mente con la fuerza de un latigazo. Valery se tensó imperceptiblemente entre los brazos de Marcos. La última vez que se había entregado de esa manera, la última vez que había permitido que su corazón dictara las reglas del juego, había terminado plantada en un altar, convertida en el hazmerreír de la alta sociedad y traicionada por el hombre que juraba amarla. Adrián la había roto sin miramientos. ¿Qué le aseguraba que Marcos no estaba haciendo exactamente lo mismo? Sí, él la había defendido de Sienna, le había otorgado el control de la constructora y la deseaba con una fuerza que la hacía temblar, pero... ¿y si todo era parte de su guerra personal contra su hermano menor? ¿Y si ella solo era el trofeo definitivo para consolidar su posición como el verdadero alfa de la familia?

El pánico a salir herida de nuevo, a ser destruida por el apellido Sánchez, se instaló en su pecho como una garra fría.

Con un movimiento lento y precavido, Valery comenzó a deslizarse hacia atrás, intentando zafarse del agarre de Marcos sin despertarlo. Necesitaba distancia. Necesitaba recuperar su armadura de seda, su postura recta y esa frialdad sofisticada que la protegía del mundo exterior. Su cuerpo protestó ante la pérdida del contacto físico, pero su mente, presa del miedo, la obligaba a retraerse, a levantar los muros de su fortaleza antes de que fuera demasiado tarde.

Logró separar su cadera unos centímetros, pero antes de que pudiera liberar su cintura, el agarre de Marcos se tensó.

No estaba dormido. O al menos, su instinto de posesión no lo estaba.

Con un movimiento fluido y perezoso, pero dotado de una fuerza implacable, Marcos tiró de ella hacia atrás, anulando la distancia en un pestañeo y pegando la espalda de Valery contra su torso caliente. Su aliento mañanero, ronco y cargado de sándalo, le rozó la nuca, provocando que un escalofrío inmediato borrara la mitad de sus pensamientos lógicos.

—¿A dónde crees que vas, muñeca? —murmuró Marcos, su voz de barítono sonando aún más profunda, rasposa y peligrosamente sensual por el letargo del sueño.

Valery tragó saliva, forzando una rigidez en su postura que resultaba ridícula dada la falta de ropa entre ambos. Se giró lentamente entre sus brazos para quedar de frente a él, apoyando una mano en su pecho para mantener un mínimo espacio de seguridad.

—Tengo... tengo que levantarme, Marcos. Hay llamadas que hacer para la constructora, y Thiago seguro dejó pendientes —mintió ella, evitando clavar sus ojos almendrados en esa mirada oscura que parecía leerle el alma.

Marcos se incorporó sutilmente, apoyando el peso de su cuerpo en un codo. Sus ojos oscuros, inyectados de una fijeza analítica y protectora, escanearon el rostro de Valery. Notó la ligera agitación en su respiración, la forma en que evitaba el contacto visual y esa tensión defensiva que desentonaba por completo con la mujer que se había derretido bajo sus caricias horas antes. Él entendió de inmediato. No era la constructora; era el miedo. El maldito fantasma de la traición de su hermano seguía rondando la mente de su esposa.

Una chispa de paciencia, mezclada con una firmeza inquebrantable, brilló en los ojos de Marcos. No iba a permitir que el cobarde de Adrián siguiera dictando lo que sucedía en su cama.

—Mírame, Valery —ordenó con suavidad, pero con una autoridad que no admitía réplicas.

Ella levantó la vista, encontrándose con un muro de determinación. Marcos estiró su mano libre y comenzó a trazar un camino lento con las yemas de sus dedos por la línea de la mandíbula de Valery. Su tacto era increíblemente cálido y suave, una caricia matutina que comenzó a derretir la resistencia de la chica centímetro a centímetro. Bajó por su cuello, deteniéndose justo en la clavícula, donde sus dedos rozaron el dije de corazón de oro blanco.

—Estás asustada —afirmó él en un susurro ronco, acercándose hasta que sus labios casi rozaban la oreja de Valery—. Estás levantando tus malditos muros otra vez porque crees que esto es un juego. Crees que me voy a despertar, voy a ponerme el traje y voy a tratarte como si lo de anoche fuera parte del contrato.

—¿Y no lo es? —se defendió ella, con la voz temblando sutilmente, intentando aferrarse al orgullo—. Nos casamos por conveniencia, Marcos. Para destruir a Adrián y asegurar mi posición. Lo de anoche... lo de anoche fue una consecuencia de la tormenta.

Marcos soltó una risa baja, un sonido vibrante que resonó en el pecho de Valery. En un movimiento arriesgado y cargado de erotismo, él se posicionó sobre ella, atrapándola entre sus brazos y sus piernas firmes, obligándola a sentir todo el peso de su anatomía dominante. La seda de las sábanas se arrugó bajo la fricción de sus cuerpos y el calor líquido volvió a desatarse en lo más profundo del vientre de Valery.

—No vuelvas a insultar lo que pasó aquí dentro reduciéndolo a una tormenta, Valery —dijo Marcos, sus ojos brillando con ese fuego salvaje y hambriento que la volvía loca—. Te lo dije anoche y te lo demuestro ahora: yo no soy Adrián. Mi hermano es un niño inmaduro que huye cuando las cosas se complican. Yo no juego a las escondidas. Yo no desecho lo que me pertenece, y tú me perteneces desde el momento en que firmaste ese papel y pusiste este anillo en tu dedo.

Para sellar sus palabras, Marcos bajó la cabeza y la atrapó en un beso lento, prolongado y profundamente posesivo. No era la urgencia salvaje de la noche anterior, sino una caricia húmeda y abrasadora diseñada para desarmarla, para recordarle a cada célula de su cuerpo a quién estaba unida. Valery intentó mantener las manos firmes contra su pecho, pero la delicia del contacto, la forma en que los labios de Marcos la saboreaban con una devoción absoluta, terminó por quebrar su resistencia. Sus dedos se abrieron, hundiéndose en los hombros anchos de su esposo, y soltó un suspiro ahogado que él devoró de inmediato.

La mano de Marcos bajó con lentitud deliberada por el costado de su cuerpo, acariciando la curva de su cintura y subiendo por su muslo desnudo, ejerciendo una presión firme que la hizo arquear la espalda contra el colchón. Cada roce de sus dedos largos era una declaración de intenciones: él no planeaba dejarla ir. Estaba dispuesto a quemar cada rastro de duda, a blindarla no solo de la prensa y de Sienna, sino de sus propios miedos internos.

Cuando Marcos separó sus labios por un segundo, ambos estaban respirando de manera errática, con las mejillas encendidas y los corazones latiendo al unísono. Él apoyó la frente contra la de ella, entrelazando sus dedos con los de Valery sobre la almohada, apretándolos con fuerza.

—No vas a salir herida, muñeca. No por mí —prometió Marcos, su voz rota por la intensidad de la atracción—. Quédate en mi fuego. Te prometo que es el único lugar donde estarás verdaderamente a salvo.

Valery lo miró, perdiéndose en la inmensidad de esos ojos oscuros que ahora desbordaban una honestidad arrolladora. El pánico comenzó a desvanecerse, sustituido por una certeza absoluta y deliciosa: la farsa se había terminado porque el amor —o algo peligrosamente cercano y mucho más ardiente— había tomado el control absoluto de sus vidas. Con una sonrisa perezosa y cargada de una sensualidad renovada, ella tiró de su cuello, invitándolo a perderse de nuevo en la intimidad de la mañana.

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Susana
Me encantó la historia escritora!!! Excelente....😍😍😍😍
Susana
Que hermoso como la defendió 💖💖💖
Susana
Si viva el amor ♥️♥️♥️
Susana
WOW que hermoso capitulo 💖💖💖💖
Susana
Hermoso comienzo 💖💖💖
Nereida Hernández montes
🤣🤣😂😂 Muy bien dicho 👌 y hecho para cada parásito se tiene palabras ade cuadras 😭👿😈
Nereida Hernández montes
Excelente 🤣🤣😂 así es que se trata a los hombres de poca monta es decir que no sirven😂😂🤣💚
Nereida Hernández montes
Excelente 🤣🤣😂 así es que se trata a los hombres de poca monta es decir que no sirven😂😂🤣💚
Lourdes Iglesias calderon: y ahora cuando salen los otros capítulos
total 1 replies
Ese Marcos la tendrá en sus brazos
no fue un beso para nada fingido
otra nueva historia, escritora tu no esperas
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